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Recuento de los daños o un balance de la situación política en América Latina

Por Alonso Mancilla

Este año, en México, el gobierno fue muy importante para la política y la economía del Estado, pues ha sido el cambio hacia una administración que se deseaba desde hace ya unos 12 años, esos dos sexenios donde se habían robado la presidencia los partidos de derecha (PRI y PAN). La consagración de López Obrador fue entonces uno de los hechos fundamentales para el parteaguas latinoamericano de movilización social, y no podría ser de otra manera, ya que América Latina es el semillero del populismo de izquierda, del cual la figura fundamental son los líderes carismáticos como impulsores de la revolución.

No es que el hecho mismo de que México cambiara al administrador del capitalismo haya sido un gran hito en la historia continental, pues inclusive Obrador habría podido llegar a la presidencia como medio de apaciguamiento social o como una simple herramienta de reducción de la violencia para la paz y prosperidad de la burguesía ―tanto nacional como extranjera―, sin el afán de reducir esos planteamientos, haré énfasis en la premisa de que López Obrador sigue una línea diferencial con sus adversarios políticos y una similitud con los líderes que han puesto como herramienta revolucionaria el fortalecimiento de la soberanía nacional como vía de transformación política y económica.Leer más

El narco se desarrolla, el imperio se fortalece

Por Alonso Mancilla

“La coca la consume quién ahora está sentado a tu lado en

el tren y la ha tomado para despertarse en esta mañana,

o el conductor que está al volante del autobús que te

lleva a casa porque quiere hacer unas horas

extras sin sentir calambres en las cervicales,

consume coca quién está más próximo a ti”

Roberto Saviano, 000.

 

Las drogas como política de Estado

En todos los países del mundo estamos bajo los efectos de algo, hay quienes lo hacen con la televisión, la cultura, la ideología, que son fenómenos alienantes y cloroformantes, sin embargo, no significa que estén drogados, pues drogarse tiene el fin de modificar la actividad mental (psicotrópico), además de ser un acto estrictamente voluntario, a menos que sea administrado en contra de la voluntad o por la ignorancia del individuo.

Por consiguiente, podemos decir que más del 80% de la población mundial está drogada como “remedio” para permanecer vivo en estas condiciones modernas de producción, con la más sentida tendencia de alienarse, convirtiéndose, así, en la vida misma.

El uso de psicotrópicos ―de todos los colores y sabores― se debe a que los individuos no pueden adaptarse a un sistema social que los piensa como valor de uso, pues alterando su conciencia permiten “la anulación química pura y simple de la alteración percibida en primer lugar, que impedía la supervivencia reclamada por las necesidades de uso del capitalismo” (Herny y Léger, 1974: 11).Leer más

La Lleca, 15 años tejiendo rebeldía desde el performances continuo

Por Enpoli

La realidad es innegable aunque intente ser borrada tras esas paredes enormes, grises, frías que junto al silencio cómplice construyen la indiferencia. Cada martes, jueves, sábado y domingo, las filas, los puestos, las bolsas repletas de comida nos recuerdan que dentro hay personas vivas. Gente que no habrá de reformarse si las prácticas de poder que se ejercen sobre sus cuerpos, que los laceran, los violentan, los vulneran, no se transforman, puesto que los dispositivos de control y reinserción llevan años, siglos incluso, convertidos en empresas de marginación donde el miedo y la humillación están latentes. Es por eso, que el proyecto La Lleca representa una estrategia legítima para desrelacionar la opresión y el encierro.

La Lleca Colectiva lleva quince años de actividades continuas de trabajo al interior de los penales. Desde el 2004, quienes conforman la colectiva están convencidxs de la necesidad de entrar a las cárceles “para ver desde dentro las lagunas y exclusiones en las narrativas popular y oficial sobre la delincuencia, la inseguridad y las personas peligrosas”. No obstante, observar no es el fin último, sino el inicio de un trabajo profundo con los internos, que ha implicado el desarrollo de procesos tanto personales como sociales a través de la práctica del performance y el trabajo sobre el propio cuerpo. Nos movemos, dicen de sí mismxs, en la frontera de la institución arte, saliendo y entrando, usando la porosidad y las grietas de los dispositivos, estatales y privados, de control y encierro de saberes, de la imaginación y de la creatividad radicales. Se trata, entonces, de un esfuerzo de acompañamiento donde se pone el cuerpo, se reconoce y se deseduca de la violencia trabajando la autoestima en una apuesta por el trato humano en un contexto donde la deshumanización es la constante que atraviesa aquellos cuerpos.Leer más