Los espacios separatistas como recuperación y resignificación de las reuniones de mujeres

Por Ximena Cobos Cruz

Si la cultura es resultado de la relación de los grupos humanos con el espacio en que viven, en el contexto de sociedades patriarcales, donde la heterosexualidad como régimen legitima y sostiene la división sexual del trabajo, por lo que las mujeres han sido relegadas y sujetas únicamente a ocupar el espacio que Giménez Montiel (2005, pp. 11-12) considera más elemental o primario dentro del modelo escalar, la casa, resulta no tan difícil entender que las reuniones de mujeres sean una práctica cultural bastante común. Pensando en el espacio de lo público y lo privado, los hombres tienden a salir del hogar y de los territorios próximos, se reúnen en asambleas para tomar decisiones sólo entre ellos, mientras las mujeres históricamente han sido apartadas de los espacios políticos ―vistas no en igualdad, sino en oposición absoluta al hombre, no pueden compartir los espacios de toma de decisiones―, la socialización de las mujeres, entonces, es “naturalmente” conducida a agruparse entre ellas. Así pues, las mujeres no ocupan los mismos lugares en los espacios sociales porque existe una relación de poder desigual entre la clase mujeres (la clase oprimida/ subalterna) y la clase hombres (opresores/ hegemónica); el capital cultural, económico y social se les niega y restringe, al tiempo que causa la estigmatización de sus espacios, de aquí puede derivar que las reuniones de mujeres, enmarcadas bajo el estigma de un código restringido[1], se consideren mero discurso fútil, chisme. Ante este panorama, parece necesario estudiar los espacios de mujeres que se empiezan a configurar a voluntad y como reclamo ante los espacios mayoritariamente masculinos, cada vez con más fuerza, en la última década ―quizá―, bajo la condición fundamental del separatismo, para entender cómo una práctica cultural casi obligatoria ―como son las reuniones entre mujeres―, se ha subvertido, convirtiéndose en parte de la emancipación de las mujeres. Para ello, este ensayo usará a manera de guía el chisme como práctica cultural relacionada a las mujeres que constituye un estereotipo de género.

No sé aún qué pasaba antes, cuando las mujeres por ser relegadas a los espacios del hogar, de lo privado, mantenían sus reuniones, sus tertulias, sus círculos de bordados. Rosario Castellanos, en Oficio de tinieblas, revela un poco la urdimbre de estos espacios donde las señoras coletas se reunían a contar chismes, a decir verdades, a presumir, a hablar mal de la otra cuando no estaba, retrato fiel del chismorreo. Me queda una idea novelada, ficcionalizada, que habría de corroborar con etnografía, pero que puedo aventurarme a estudiar desde la observación participante sobre los espacios de mujeres, pues aquella escenificación elaborada por Castellanos es sólo la respuesta a un contexto conservador que se retrata en la novela con una intencionalidad crítica clara.

Me queda, pues, mirarnos a nosotras, la otra parte del trabajo; descubrir y delinear la narrativa de encontrarnos a solas. Es la cuarta vez que doy un taller separatista, sólo para mujeres, pero la experiencia siempre es diferente en la heterogeneidad que somos todas, en manada. Si algo prevalece es la confianza, se desmontan las enseñanzas de la enemistad y la reserva, nos abrimos sin saber más que nuestros nombres, nombres sin apellidos, sin historia familiar que poco a poco revelamos. Hablamos de los traumas, de nuestras experiencias, de nuestros dolores, ahí, a solas, porque es tan significativo que una se sienta sola si no hay hombres, al tiempo que resignificamos esa soledad como una libertad donde nadie nos juzga. Las risas, la alegría es importante, porque nos aligeramos, sacamos nuestros tonos de voz cotidianos, naturales y aunque es un taller con formalidades rompemos el paradigma de la distancia y la seriedad del registro lingüístico. Estamos formando un campo de interacción social, compartiendo y generando más capital cultural, social, pero buscando romper con las relaciones de poder, en una escucha recíproca y una participación igualitaria. Reforzando, así, una identidad colectiva basada en el sexo, que el movimiento feminista en la actualidad ha permitido, por ello no hay que olvidar que las identidades colectivas, de acuerdo con Giménez Montiel, no son por completo homogéneas ni nítidamente delimitadas, son más que un dato un acontecimiento contingente, que puede o no suceder (2010, p. 6), que se hace y se deshace, en este caso, en el seno de los círculos de mujeres, los espacios separatistas y en las marchas feministas que se convocan también separatistas cada vez con mayor hincapié.

Terminada la sesión, nos quedamos a platicar ya sin tocar o llevar los comentarios al terreno de lo que el taller versa. Nos quedamos, alargamos, esto también importa, porque me dice que nos hace falta, que disfrutamos, que construimos un espacio entre nosotras, una intimidad que traspasa las diferencias, una intimidad necesaria para hablar de los temas tabú, de la menstruación, de los orgasmos, de la masturbación; cosas que a veces entre amigas tampoco llegamos a tocar por miedo a ser juzgadas, a perder superioridad moral, por descender en la jerarquía que patriarcalmente se construye, hasta que nos vamos acostumbrando y aceptando la importancia de compartir nuestras experiencias para reconocernos en la otra, pero para que ella se apoye y se reconozca también; afianzando en la práctica la ternura radical, pues “es a través de la externalización que se puede formar un sentido político”, leí por ahí en un textos sobre Gorki.

¿Son entonces, los espacios separatistas una versión contemporánea de esos espacios de las mujeres asignados por pertenecer a lo privado, que se subvierten porque ya no se aceptan de la mano de un sometimiento por condición de género, sino que se toman, se buscan, se pelean y se defienden como necesarios luego de una historia de silencio impuesto? Porque en ellos tomamos la palabra, ese instrumento de poder por el cual se controla a grupos subalterno, ese que se nos ha negado borrándonos del canon literario o reduciéndonos a literatura menor calificando los temas de los que escriben las mujeres como intimistas; o no tomando en cuenta nuestras opiniones. Así pues, pensando en perspectiva, podría reconocer que nunca hubo una disolución de estos espacios, pero se estigmatizaron, se simbolizaron desde un machismo que nos llamó chismosas, urracas, argüenderas y demás, pero ya no más, pues se han politizado.

El chisme es una práctica social que ha sido estudiada respecto a las consecuencias que tiene sobre sujetos sociales o grupos. Max Gluckman, en Gossip and Scandal, expone que el chisme y el miedo a éste funciona como controlador religioso de la moral; asimismo, Gluckman es uno de los pioneros en proponer el chisme como un fenómeno que tiene una función cohesionadora, pues mantiene la unión dentro de los grupos (Gluckman, 1963, p. 308). En contraste, Norbert Elías sostiene que el chisme no es agente cohesionador por sí mismo, sino reforzador de una cohesión ya existente (Elías, 2015, p. 180). No obstante, me parece que ambas miradas se centran más en consideran el chisme como un rumor, es decir, un acto de habla, un mensaje emitido con cierta intención sobre otros; Elías incluso plantea que “[e]l uso común nos hace considerar al chisme como información más o menos despectiva que dos o más personas se comunican entre sí” (Elías, 2015, p. 168). Empero, el chisme tiene además un carácter de acción que no es necesariamente la emisión del mensaje, sino la verbalización del sustantivo “chisme”, esto es, el chisme como una acción (Chismear) que implica la reunión de un grupo para hablar sobre los otros, sobre algún incidente ocurrido dentro de la comunidad. Siguiendo esta idea, Elías plantea la existencia de “centros del chisme”, por ejemplo, afuera de la iglesia o la capilla, en los bares y los clubes, en los teatros; lugares que en sí mismos son centros de reunión, de esta manera, se transluce la unión intrínseca entre reunión y chisme.

Aunado a ello, existe una dimensión de género que atraviesa al fenómeno del chisme. Marcela Lagarde sostiene que “el chisme es un espacio cultural de las mujeres” (Lagarde, 2005, p. 348), como se decía al inicio de este ensayo, las mujeres han sido sometidas a ocupar únicamente el espacio de lo privado, sus limitaciones condicionan sus relaciones sociales sólo con sus congéneres, Lagarde lo reconoce y sostiene que, en el pasado, era una cuestión general que las mujeres sólo tuvieran contacto con sus comadres, lo cual puede suceder en la actualidad en casos de opresión máxima o libertad reducida, por ello, el chisme también se conoce como comadreo. Para la autora, el chisme es uno de los tantos medios por los cuales se aceptan los estereotipos de la feminidad, pues sirve para aprender ideología e interiorizarla, además gira en torno a los mandatos de madre/esposa. Entonces, el pensamiento corriente de que el chisme es propio de las mujeres, no sólo es un estereotipo de género en sí mismo, sino que en él se constituyen y refuerzan modos de comportamiento, vistos como negativos, asociados con lo femenino, pues el deber ser femenino supone la honestidad, la dulzura y la bondad, lo cual se encuentra ausente en el chisme por su carácter violento y el uso, en muchas ocasiones, de la mentira. El chisme resulta contradictorio en su naturaleza, al tiempo que es un espacio asociado con lo femenino, es mal visto porque rompe con los patrones de buen comportamiento del deber ser de las mujeres, a saber, sólo las mujeres son chismosas, los hombres no; pero sólo las malas mujeres son chismosas, las buenas no, las buenas se cuidan del chisme (Lagarde, 2005, pp. 348-350). Asimismo, aquel rasgo de negatividad se relaciona en cierta medida con el doble poder que tiene el chisme; tanto Gluckman, como Elías y Lagarde reconocen que el chisme así como puede legitimar a alguien, tiene la capacidad de desacreditarlo. Como subrayaba Gluckman, el rasgo moral del chisme tiene que ver con el control, y si el chisme además perpetúa los estereotipos de lo femenino es también por el miedo al descrédito, por la función coercitiva del chisme; el comportamiento ceñido al deber ser femenino, al epítome de buena mujer, se cumple por miedo al escarnio social, al señalamiento como puta, mala madre, mala esposa, mala hija, loca (Lagarde, 2005, pp. 350).

Uno de los rasgos más difundidos respecto al estereotipo de lo femenino es que las mujeres no son amigas entre sí ―la peor enemiga de una mujer es otra mujer, dice un refrán bastante detestable―, en ese sentido, el chisme es un espacio de rivalidades, se habla sobre sí misma o sobre las otras como una reafirmación de una misma, un movimiento medido de distinción frente a las otras, así lo comprueba Julia cuando invita a las señoras de ciudad Real a su casa, en Oficio de tinieblas; esta búsqueda de distinción mediante el chisme conduce al mismo tiempo a una igualación, el chisme es un código común a todas. Así, a decir de Lagarde, el espacio del chisme es también un lugar para hablar de las experiencias, emociones y placeres; es ahí donde, asegura la autora, se adquiere conciencia de que a veces a las otras les ocurre lo mismo que a una (Lagarde, 2005, pp. 355-356).

En esta socialización donde se nos educa a las mujeres más para la rivalidad que para el afidamento y la sororidad, por mucho tiempo creí que no podía socializar con otras mujeres, así, gracias a mi incursión en el feminismo, tomé la decisión de sanear mis relaciones con las otras. A partir de ello, a finales del 2018, decidí convertir mis talleres en espacios separatistas, espacios sólo para mujeres donde pudiéramos escucharnos, consiente del privilegio que es el uso de la palabra, la desigualdad en el campo de lo literario, la apropiación del capital cultural por parte de los hombres, que deviene en un despojo a las mujeres. De todos los talleres ha resultado el establecimiento de un vínculo fuera y posterior a éste. Nos hemos encontrado en marchas, en bazares, en festivales sin ponernos de acuerdo, es claro que el taller nos hizo encontrarnos por intereses en común que nos conducen a mirarnos en otros sitios, pues, volviendo a Giménez Montiel, las identidades colectivas implican, en principio, una definición común y compartida de las orientaciones de acción. No obstante, es necesario que esa orientación sea incorporada como un valor, un modelo cultural que se incorpora en rituales, prácticas y artefactos culturales (2010, p. 7), en ese sentido, los espacios separatistas propician prácticas y rituales que van constituyendo la orientación de acción compartida. Somos las mismas ―y nos vamos sumando― las que queremos convivir en espacios sólo para mujeres que se han propuesto como espacios seguros, libres de violencias. Nos hemos agregado a redes sociales y seguimos los proyectos de las otras, extendimos, pues, al mundo virtual la presencia en la vida de las demás asegurando una especie de permanencia, de cruces de caminos constantes y posibles, no nos dejamos perder en la marea de gente que habitamos las ciudades.

Esta experiencia me permite reconocer las lógicas que se subvierten respecto a lo que se supone son las reuniones de mujeres. En principio, ya no suceden por una obligatoriedad, por una imposición de reunirnos entre nosotras a falta de opciones al estar fuera de los espacios públicos, oprimidas y obligadas al mandato de lo privado como espacio de lo femenino. En ese sentido, la territorialidad en que se establecen las reuniones de mujeres se traspasa, ya no son reuniones que se suscriben entre mujeres que conviven en los territorios próximos de la casa, el pueblo, el barrio; salimos de esos espacios para encontrarnos con otras en un campo social común, que estamos construyendo entre todas. Asimismo, como ya se expuso antes, las reuniones de mujeres están caracterizadas por funcionar bajo el estigma del fenómeno del chisme, lo que nosotras hacemos, por el contrario, tiene sus orígenes no en la validación y perpetuación de los estereotipos del deber ser femenino, sino en la voluntad de escucha que planteaban los grupos de autoconsciencia que las feministas radicales implementaron en Estados Unidos, al igual que las feministas de la diferencia lo hicieron en Italia. Lo que se subvierte, entonces, son los valores negativos de los que están cargadas las reuniones de mujeres, intrínsecamente relacionadas con el chisme; no nos reunimos para diferenciarnos de la otra, sino para reconocer que lo personal es político en tanto que lo que le sucede a una, le pasa a otras porque estamos dentro del mismo sistema de opresión. Es por eso que los grupos separatistas están encaminados a la enseñanza de múltiples disciplinas con el feminismo como principio guía, primero, porque la ética feminista implica el respeto a la otra, lo que totalmente está ausente en la lógica violenta del chisme que puede tener costos sociales. Bajo esa ética feminista y el principio de sororidad, se rompe también con el mito de la enemistad y la rivalidad entre mujeres, que a través del chisme se perpetúa. No obstante, la idea del chisme como reforzador de la cohesión grupal se mantiene por la palabra compartida, por el carácter de diálogo que implica el chisme; la carga negativa se desplaza fuera de los grupos separatistas, porque sin el chisme se deja fuera su carácter de rumor, para convertirse en diálogo; éste, a su vez, permite una reapropiación de la palabra, rompiendo con el silencio impuesto en esa lógica de poder donde la voz la tenían sólo los hombres. Así, también, el feminismo como principio que atraviesa los espacios separatistas, desde los círculos de autoconsciencia, hasta los talleres separatistas actuales, busca desmontar los mandatos del deber ser femenino; en el taller de narrativa, por ejemplo, leemos cuentos escritos por mujeres que trastocan y critican estos lugares que se ha dicho debe ocupar y cumplir la mujer dentro de la sociedad ―los artefactos culturales a los que Giménez Montiel se refiere―, se analizan en grupo con el fin de comprender varias cosas: a) que los mandatos sociales son parte de la opresión y hay que desmontarlos, b) que la literatura escrita por mujeres puede ser crítica de la condición de la mujer y c) que como escritoras nóveles podemos tocar temas desde una perspectiva crítica a partir de la literatura y no sólo en el campo de la crítica y la teoría. En suma, se ha dado la vuelta a las reuniones de mujeres bajo un principio de construcción colectiva en igualdad, se deja fuera a los hombres porque se considera que tienen ya muchos espacios públicos y privados donde ellos son el foco, el canon, la norma, y es necesario construir nuestros propios referentes, lo cual es casi imposible lograr sin escuchar a la otra y reconocernos en ella.

 

 

Bibliografía.

Elías, Norbert (2015). Establecidos y marginados, México: Fondo de Cultura Económica.

Giménez Montiel, Gilberto (2005). “Territorio e identidad, Breve introducción a la

            geografía cultural”, Trayectoria, vol. VIII, núm. 17, enero-abril, pp. 8-24.

——- (2010) Cultura, identidad y procesos de individuación, México: Universidad Nacional Autónoma de             México, Instituto de Investigaciones Sociales.

Gluckman, Max (1963). “Gossip and scandal”, Current Antropology, vol. IV, núm. 3,

            junio, pp. 307-3016.

Lagarde y de los Ríos, Marcela (2005). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas,

             presas, locas, México: Universidad Nacional Autónoma de México.

 

[1] v. Lagarde y de los Ríos, Marcela (2005). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas, locas, México: Universidad Nacional Autónoma de México, p. 348: “El lenguaje del chisme gira en torno a códigos cifrados en refranes que sintetizan el pragmatismo mágico del sentido común”.

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Los límites que precisa la democracia para no vivir una democracia limitada

Por Francisco Tomás González Cabañas

Ya no se trata de los de arriba o de los de abajo, como se pregonaba desde trincheras intelectuales recientes. Que, en Eritrea, haya existido, además con éxito, un movimiento “Marxista-Leninista” que tomó el poder en nombre del ¿proletariado? de tal país es la muestra cabal del tongo, del timo, en que han caído algunos con respecto a tal interpretación política como subproducto de un poder que se entroniza, elecciones condicionadas (por la pobreza, la marginalidad y la promoción del miedo) mediante. El paradigma de crisis en que estamos insertos, producto de la pandemia, pone en evidencia la carencia de la intelectualidad reciente de no proponer vacunas o remedios para autoritarios disfrazados de democráticos, que diseminan temor y pavor, so pretexto de defender la vida ante la contingencia de lo desconocido. Esta demarcación del limo o límite tendría como finalidad que quepan todos los mundos posibles dentro de un mundo, en donde lo único que no tenga lugar sea la violencia de quiénes seguirán buscando excusas para actuar, Leer más

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«Pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado»

LA RESIGNIFICACIÓN DEL MUNDO SOCIAL EN EL SANTUARIO DEL DIVINO NIÑO JESÚS DEL 20 DE JULIO

Por Brenda María Diaz Vargas[1]

 

RESUMEN

El estudio buscó comprender hasta qué punto algunos procesos constitutivos de la Modernidad, tales como la secularización, han resignificado las prácticas religiosas asociadas a la imagen del Divino Niño Jesús, ocurridas en la iglesia del Divino Niño del 20 de Julio, al sur de la ciudad de Bogotá. La metodología trabajada en esta investigación estuvo inscrita en el enfoque cualitativo con la dinamización del diseño de la Etnografía, permitiendo describir, analizar e interpretar la postura de algunos de los asistentes a la Iglesia del 20 de Julio, frente al problema de un posible desencanto de las prácticas religiosas. Después de todo el análisis de la información lograda in situ, resultaron cuatro hallazgos importantes, a saber: la imagen del Divino Niño evidencia una postergación de la Modernidad, si se entiende como proceso unificador de progreso social a través del empoderamiento racional, siendo esta imagen clave de inclusión social, al tiempo que símbolo de nación; finalmente se confirma que todo esto está condensado en un referente que sostiene regímenes conductuales místico-populares.

INTRODUCCIÓN

La devoción al Divino Niño Jesús se viene cultivando desde hace unos 300 años y se practica en todos los continentes. Entre las representaciones icónicas más acreditadas tenemos el Niño Jesús de Praga Leer más

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Gorki: Apuntes de una subversión

I

De Lo Literario Y De Lo Político

Por Gandhi Monter Corona

Las obras anarquistas y, a menudo, bastante crudas de Gorki no encajan de ninguna manera en el marco de los Premios
─ Comité evaluador del premio Nobel, 1918

Alekséi Maxímovich Péshkov, de sobrenombre “Gorki” (amargo, en lengua rusa), es reconocido históricamente por ser el padre del llamado realismo socialista, el mismo que terminará imponiéndose hegemónicamente como la línea oficial en una naciente nación que vio desfilar las vanguardias más creativas del siglo XX de la mano del nacimiento de la primer Revolución Socialista de la historia. Los rusos, más que nadie, comprendieron que una revolución sólo puede ser social si subvierte la experiencia de la cotidianidad, pero, también, aprendieron muy rápido que una revolución política enfrenta la disyunción de sobrevivir a punta de bala o perecer. Gorki atraviesa ese convulso momento de la historia rusa; como el primer presidente de la Unión de Escritores Soviéticos sepultó ese “arte burgués” y encumbró un abigarrado realismo Leer más

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Yessika Rengifo | Poemas

Yessika María Rengifo Castillo (Colombia) Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magíster en Infancia y Cultura por la Universidad Distrital Francisco José De Caldas, Colombia. Ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, Proyecto Sherezade, Monolito, entre otras. 

 

Se desvanece, manos asesinas

 

La sangre negra

que cuidaba las raíces de los árboles

ha teñido la danza

de los peces en llantos.

Los girasoles

no juegan más al compás del sol.

El aire de los pesticidas

los marchita en el triste Leer más

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Crónica de una trágica etnocracia

Por Luis Carlos Bosques Carmona

 

“Si la historia la escriben los que ganan, 
eso quiere decir que hay otra historia […]” Litto Nebia

Hoy por hoy, el mundo resiste dos virus mortales que atormentan a la humanidad. Estos males – el COVID-19 y la xenofobia – se han sincronizado para revelar los defectos del Estado y la comunidad política que lo componen. Estas pestes se han propagado por el mundo, cubriendo cada rincón y espacio, y una cosa es segura: nadie está a salvo. 

Tan solo cinco días después del asesinato de George Floyd en Minneapolis, el mismo rostro de la intolerancia y la discriminación institucionalizada se muestró en Tierra Santa con la ejecución de Iyad Hallak, un ciudadano palestino desarmado y que padecía de autismo. ¿El verdugo? La misma policía quien le disparó en repetidas ocasiones. Los paralelismos de esta xenofobia institucionalizada han movilizado a la sociedad civil para detener estas prácticas repulsivas, al menos en Occidente.

El Estado israelí ha convertido estas tragedias en rutinas,Leer más

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Los absurdos aforismos de la evasión

Imagen de portada DANIEL LEAL-OLIVAS, AFP/GETTY IMAGES

Por Fausto Bonilla

 “A los hombres también nos matan, all lives matter, y a los blancos también nos discriminan” son sólo algunos de los muchos y evidentes ejemplos del esfuerzo de los opresores por desviar las conversaciones en términos de derechos y respeto a la integridad humana.   

 Es una práctica común que al invitársele a un individuo miembro de estos grupos opresores —sean los varones, las personas de tez blanca, o los y las privilegiadas económicamente— a realizar una reflexión sobre cómo es que sus formas de expresión y sus dinámicas de vida coartan los derechos de sus conciudadanos y conciudadanas, estos miembros orienten la conversación a otra zona. Leer más

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El americanime Los Jóvenes Titanes (Teen Titans)

Breve análisis desde la sociología de la producción de los mensajes

Por: Francisco Octavio Valadez Tapia[1]*

La sociología de la producción de los mensajes (SPM) es un paradigma para el estudio de la producción mediática, siendo esta última la primera dimensión del proceso de la comunicación –las otras dos dimensiones son los mensajes y la recepción–. Considerando que la pregunta central de la cual parte la SPM consiste en: “¿Qué factores, desde dentro y desde fuera de las organizaciones de medios, afectan el contenido de los mensajes?” (Shoemaker y Reese, 1991:1 cit. por Lozano Rendón, 1997:58), es que bajo dicho marco teórico se realiza en este artículo un breve análisis de la producción de Los Jóvenes Titanes –o Teen Titans, en inglés– a partir de la condicionante individual del sexo y de los valores profesionales que son inherentes a quienes realizaron dicho producto comunicativo.[2]

La serie Los Jóvenes Titanes trata del equipo formado por los superhéroes adolescentes Robin, Cyborg, Raven, Starfire, Chico Bestia –o Beast Boy, en inglés– y Terra –esta última parte del equipo sólo por un breve tiempo–. El equipo tiene sus cuarteles generales en la Torre Titán –un edificio con forma de T– y defienden Jump City Leer más

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La Película

Por Ariel Azor

Estaba viendo una película, tirado en el sillón, tomando una cerveza y comiendo un par de aceitunas; estuve un buen rato buscando hasta que al final me decidí por una. Trataba sobre un tipo que trabajaba para los que parecían ser dueños del mundo. Era, junto a un equipo que estaba bajo sus órdenes, el encargado de encontrar a aquellos habitantes que no generaban nada para sus intereses. Directa o indirectamente, nos involucraba a todos nosotros, a todos los seres vivos. Me pareció que podría tener algo de realidad. Alguien, desde algún lugar, nos maneja con invisibles hilos, como si fuéramos títeres y en sus reuniones tomaban café del bueno y decidían quién debía vivir y quién no, quién vale la pena siga existiendo y quién no. Primero hacen lo posible por arruinarte, por sacarte todo, incluso las ganas de vivir, y después dicen que no vales nada y mandan al actor ese a matarte. Claro, también están los humanos que son inservibles por voluntad propia; es cierto que hay personas que no saben hacer nada, no les preocupa aprender ni salir adelante en la vida; también las hay que están traumatizadas o incluso algunos nos hemos vuelto ya unos viejos inservibles. Parece que el tipo de la película había matado ya a catorce millones de personas. No era que quedaran tantas personas en el mundo; otros antes habían inventado virus, enfermedades contagiosas, gases que caían de las avionetas desde el cielo, y millones morían masivamente. La sobrepoblación era un problema ya resuelto. Leer más

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Una mirada al papel de la mujer latinoamericana en el punk

Por Rogelio Dueñas

Hablar de la escena punk subterránea latinoamericana es zambullirse en un vasto universo donde, muchas de las veces, la ruptura y radicalidad quedan inmovilizadas en algún panfleto hecho canción, sin llegar a encarnar un espacio real de organización y lucha. Es asomarse a una escena que a pesar de pendular entre banderas libertarias y discursos de igualdad, sigue siendo nido de masculinidades empecinadas en reducir a un plano secundario y de subordinación a las mujeres que se adentran en las aguas de este mundo alternativo. Así, regidos por lo que parece ser un pacto tácito, muchos de los hombres que aquí se conglomeran sabotean la rábida creatividad de las mujeres punks al limitar su presencia dentro de los espacios destinados para la difusión de las producciones culturales nacidas dentro de la escena, pretendiendo de esta manera que sean las voces masculinas las únicas que cobren eco mientras las mujeres desempeñan un papel mucho menos activo y mantienen en silencio sus interpretaciones de la realidad. Por fortuna, la historia demuestra que poco han valido sus esfuerzos, pues al indagar en los archivos del punk latinoamericano nos encontramos con varios casos en los que la mujer fue protagonista de momentos clave para la construcción y consolidación de dicha escena.

La Zappa, Virginidad Sacudida y SS-20

Casi una década antes de que surgiera el movimiento riot grrrl, Leer más

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