Elogio

 Por Julio Macott

El Ministro de Salud de Colombia ha liderado, sin descanso, con aplomo, con conocimiento y con acierto una destacada gestión del sistema de salud que ha permitido atender la enorme tragedia que nos ha tocado vivir este año y que le costó la vida a casi ¡50.000! personas. Le faltaba poder anunciar que hay un camino claro para vacunar a la mayor parte de la población, que es la única manera en que saldremos de la tormenta, y finalmente lo pudo hacer. Ahora tiene el círculo perfecto.

En los cargos públicos, los funcionarios tienen eso que los abogados llaman una obligación de resultado. No se trata de hacer todo lo posible, sino de lograrlo, y la opinión ciudadana, con el enorme y creciente poder que le dan las tecnologías de la comunicación, es implacable y este Ministro lo ha logrado: fortalecer el sistema de salud para que en ningún lugar del país haya existido colapso a pesar de la altísima demanda de servicios, especialmente los de cuidados intensivos.Leer más

Una vieja fábula para la «nueva normalidad»

Carlos Vargas (México). Profesor en el Colegio de Filosofía y de Pedagogía de la Universidad Nacional Autónoma de México impartiendo cursos de Metafísica, Filosofía de la educación y Enseñanza de la Filosofía. Autor de numerosos textos y libros vinculados a estos temas.

En este texto cautivador, lleno de contenido y notas reflexivas, alternando entre una sugerente fábula de Higinio y conceptos de Martin Heidegger, el filósofo mexicano Carlos Vargas, nos lleva a pensar la situación actual. La cura, el cuidado de sí mismo, ¿qué quiere decir hoy en día cuidarse? Este tipo de preguntas o cuestiones tan fundamentales, permiten a Vargas remarcar que los humanos se cuidan para persistir y que el que se cuida, al mismo tiempo, cuida a otros. Analizando aspectos de nuestra situación actual, remarca que el sistema económico imperante considera a la salud como un recurso, como un medio que hace posible el ejercicio productivo. También que la nueva «normalidad», lo que tiene de “normalidad” es, más bien, pretender que las relaciones económicas y de explotación sean como eran antes. Por eso nos invita a la reflexión y al cuidado, como medida prioritaria e inalienable para la preservación del preciado tesoro de nuestras existencias.

David Sumiacher

Enviado el: 22 de septiembre de 2020

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somos

 

UNA VIEJA FÁBULA PARA LA «NUEVA NORMALIDAD»

Existe una vieja fábula, atribuida al autor latino Gayo Julio Higinio, en la que se cuenta el origen del ser humano. En dicha fábula se narra que un buen día, una entidad mítica llamada Cura caminaba por un río y vio que había arcilla; cautivada por algún tipo de inspiración, tomó ese material y elaboró un ser muy peculiar. Sin embargo, la creación de Cura no poseía vida, por lo que acudió al dios Júpiter para que éste insuflara el aliento vital a su criatura. Júpiter accedió y logró que la entidad formada por Cura adquiriese vida. Pero, desde luego, los favores divinos no siempre son gratuitos y este caso no fue la excepción. El dios Júpiter deseaba que esa nueva criatura tuviera su nombre y fuera su posesión, dado que había sido él quien le otorgó el aliento vital. No obstante, Cura se negó a que su creación tuviese el nombre de Júpiter, pues afirmaba que la entidad en disputa era creación suya. En medio de la polémica se apareció la diosa Tellus (en latín, el nombre de la personificación mítica de la Tierra es Tellus, de donde procede el término telúrico). Esta deidad indicaba que ese nuevo ser habría de ser propiedad suya y debía tener su nombre, puesto que el material con el que había sido hecho, era suyo. Así pues, la discusión no lograba resolverse, por lo que pidieron la intervención de un dios más viejo y, por tanto, más sabio: Saturno. Tras enterarse de la situación, Saturno concluyó lo siguiente: dado que Júpiter infundió el hálito vital, cuando ese ser (y cada miembro de su estirpe) muriese, el alma de la criatura sería propiedad de Júpiter. Dado que el cuerpo de este ser fue hecho de Tellus, al morir, sus restos corporales habrían de yacer en la tierra; de aquí que los cuerpos tendrían que ser inhumados. Y puesto que Cura fue quien diseñó a esta criatura, mientras ésta tuviese vida, la propia Cura sería responsable de su existencia. Finalmente, respecto al nombre de esta nueva entidad, Saturno sentenció que debería tener el nombre del material con que fue elaborado. Puesto que en latín el término humus significa tierra (en el sentido de material), esta criatura habría de tener el nombre de humanus, es decir, humano[1].Leer más

El color de la justicia

Por José Corona Padilla 

 

Llamaba injusta a la vida cuando los planes que había pensado se derrumbaban, con ellos llegaban las frustraciones y otros problemas de inseguridad que detuvieron mi crecimiento por un tiempo. Eso pensaba mientras caminaba hacia Xo’iep, una comunidad perteneciente al municipio de Chenalhó. Era nuestra cuarta concentración en el proyecto educativo de Las Abejas de Acteal, ubicado en Yabteclum. Las clases seguían, pero tuvimos que salir temprano para llegar a la casa de Juan, por necesidades de apoyo fisiológico a una niña.

Andábamos por un camino de terracería, mientras mi amigo me contaba el motivo de la urgencia: íbamos a conseguir dinero a su casa, para comprar medicina en San Leer más

Schopenhauer, Los Heraldos Negros y la desesperanza que circundó el planeta en el 2020

Por Márcia Batista Ramos

 

Al acercarse a las últimas semanas de un año totalmente inaudito, que obligó a todos a pensar en la dicotomía vida-muerte, encontré un poema de César Vallejo “Los Heraldos Negros” y me pareció que el poeta peruano había previsto, además de su muerte (“Me moriré en París con aguacero \un día del cual tengo ya el recuerdo”), la muerte de nuestros días…la muerte de nuestro mundo. Puesto que el título es una evocación de los mensajeros de la muerte, los cuales, obviamente, solo pueden anunciar el dolor.

Ese dolor, inexplicable, que llegó cambiando el orden del mundo, dolor que se levanta desde lo más subrepticio del ser humano, pareciera previsto al leer los versos de Vallejo, que lo visibiliza desde el primer verso del poema que tiene una estructura de círculo vicioso: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”

Desde la óptica trágica de César Vallejo, con atributos schopenhauereanos, solamente por el hecho de existir el ser humano tiene que lidiar con el sufrimiento.Leer más

Concientización y acción

Retos de la nueva década para el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe

Por Rocio Saldaña Sausa[1]

En el plano internacional, este año ha marcado un hito en la historia de todos los países, ya que todos se vieron afectados por la pandemia del Covid-19, directa o indirectamente. Una pandemia que nos obligó a estar en casa para poder protegernos y proteger a los demás, una pandemia tan invasiva y viral que no nos dio tiempo de prepararnos para una paralización económica y de aislamiento social, una pandemia que aún sigue siendo noticia y que nos ha hecho reflexionar la fragilidad de nuestras vidas aparentemente normales, lo que me lleva a conjeturar la siguiente pregunta: ¿nuestras acciones antes de la pandemia nos llevaban a hacia algún fin? Mucho más allá de un fin económico y de supervivencia, es preciso indicar que los avances en menos de 50 años, tomando como punto de partida la aparición del teléfono móvil, han sido claramente vertiginosos. Todos estos avances en pos de importantísimos argumentos como el progreso, el cual sin duda nos ha traído muchos beneficios, pero ha acarreado también desfavorecedoras repercusiones en contra del medioambiente o, dicho en otras palabras, en contra de nuestro propio hogar como seres humanos. Dicho esto, ¿existen maneras de progresar sin impactar negativamente en las futuras generaciones? En los últimos años, debido a la urgencia ambiental, la mayoría de los países, incluidos los principales contaminadores mundiales, tienen prioridades de reformas y recomendaciones que abordan los obstáculos ambientales y de crecimiento. Sin embargo, todas estas acciones pueden quedarse solo en papel sin el accionar de las personas. El movimiento colectivo en las comunidades es una solución fundamental para el problema medioambiental pues, si bien un país puede estipular leyes para reducir ciertos elementos contaminantes, la tendencia de consumo define el desarrollo económico de un país o comunidad. Tal como señala Bischhoffshausen: “El poder político presiona a través de la legislación, los grupos ecologistas a través de acciones públicas y los consumidores comienzan a exigir productos verdes en el mercado” (Mejía, 2010). Por ahora, la relevancia que tiene el desarrollo sostenible en la vida de las personas alrededor del mundo es como una pequeña corriente que surge en una marea inminente que no sabemos si terminará por explotarnos en la cara o se disipará.

La pandemia del COVID-19 ha afectado a prácticamente todos los países, pero Latinoamérica es una de las regiones más afectadas a largo plazo. Este hecho ha marcado un punto de inflexión, que para bien o para mal, nos lleva a la crítica de varias acciones políticas, económicas, gubernamentales y sociales que se han venido ejecutando antes de la pandemia, y que ahora han quedado en segundo plano debido al mismo; pero que, sin duda, configuran el núcleo de causas por las que la mayoría de países de nuestra región ha sufrido devastadoras consecuencias.

Pezzini (2020), Director del Centro de Desarrollo de la OCDE y Asesor Especial del Secretario General de Desarrollo de la OCDE, en una entrevista para la OPEC mencionó lo siguiente:

“…La crisis del COVID-19 nos muestra el costo de la inercia y exige la reconfiguración urgente de una cooperación multilateral más inclusiva. Uno que involucre a los gobiernos en pie de igualdad para administrar y proteger mejor los bienes públicos globales, ya sea la salud o la emergencia climática”.

Las principales consecuencias financieras y económicas de esta crisis conllevan daños colaterales como mayor pobreza, mayor desigualdad, irregularidades en la educación, menos salud alimenticia y menor capacidad hospitalaria para atender tanto a las personas infectadas por el covid-19 como a las que no lo están, pero requieren tratamiento hospitalario. La magnitud de esta crisis sanitaria a grandes rasgos es bastante mayor que la crisis financiera pasada, tal y como informa Guterres (2020). pues según el Fondo Monetario Internacional, después de reevaluar las perspectivas de crecimiento para 2020 y 2021, ha declarado que hemos entrado en una recesión, tan grave o peor que la crisis del 2009. La irrupción de la pandemia en un estado de debilitamiento económico mundial que arrastramos desde aquella crisis, nos lleva a preguntarnos: ¿por qué no nos hemos podido recuperarnos desde entonces? ¿Y por qué no somos capaces aún de amortiguar el impacto de ninguna crisis?, si bien las causas de estas no son las mismas, las consecuencias son parecidas: fuertes tasas de desempleo y endeudamiento para subsanar el tejido productivo y de bienestar familiar; además, de un gran reloj que va contra el tiempo para que el cambio climático sea irreversible ¿Cómo es que hemos terminado tan mal? Desde 1987, gracias al Informe Brundtland conocemos sobre desarrollo sostenible, sabemos que el desarrollo debe ir de la mano con la proyección hacia el futuro, de manera que logremos satisfacer las necesidades del hoy, pero con la visión de que también debemos dejar para el mañana. Sin embargo, a este concepto no le hemos dado la importancia que se merece. Según las Naciones Unidas, en su reporte sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible del año 2019, se han logrado buenos avances como la accesibilidad de las personas a la energía sostenible y la mejora de la salud en cuanto a la reducción de enfermedades infecciosas consideradas muy peligrosas. No obstante, aún no hay tantas noticias positivas que opaquen a las negativas, por ejemplo: el deterioro del medioambiente está avanzando a ritmos muy alarmantes, lo cual se refleja en la elevación considerable de la temperatura en los últimos cuatro años, y en el constante peligro de extinción de millones de especies de animales y plantas. Asimismo, los suelos continúan degradándose de manera descontrolada debido a factores como incendios, deforestación y fenómenos provocados por el ser humano. El hambre en el mundo sigue aumentando, y pese a que haya progresos en temas relacionados con la salud de la población mundial, todavía al menos el 50% carece de servicios de salud esenciales. La educación aún requiere de atención, pues más de la mitad de los niños del mundo no cumplen las normas exigidas en materia de lectura y matemáticas. Esto se debe a que hay muchas regiones del planeta en las que los niños siguen sin tener acceso a una educación básica. En términos de igualdad, las cosas tampoco mejoran. En todo el mundo las mujeres continúan enfrentándose a desventajas estructurales y a la discriminación por diversos motivos laborales, sociales e incluso sexuales en algunas regiones. Evidentemente, la falta de resultados positivos en áreas urgentes deja aún mucho por trabajar en función del desarrollo sostenible.

En relación a los términos “crecimiento sostenible” y “crecimiento sostenido”, el Banco de Desarrollo de América Latina (2019) señala que son diferentes, pues el primero se refiere al patrón de desarrollo en un sentido amplio, mientras que el segundo hace referencia a un patrón de crecimiento económico caracterizado por una marcha persistente y poco volátil de la tasa de crecimiento. Sin embargo, ambos términos se complementan porque tanto el crecimiento sostenido contribuye a lo sostenible, al perseguir la visión de crecimiento a largo plazo, el uso más equilibrado y eficiente de los recursos económicos y naturales; y por los mismo, el crecimiento sostenible también contribuye al sostenido pues promueve el uso más racional y responsable de los recursos naturales y políticas de inclusión y promoción de soluciones y tecnologías verdes que, a final de cuentas, generan oportunidad rentables de nuevos negocios. Analizando estos términos podemos decir que América Latina y el Caribe no han crecido en términos de crecimiento sostenible ni de desarrollo económico. Es así que cuando hablamos de la economía Latinoamericana no podemos dejar de mencionar a la comúnmente denominada “trampa de ingresos medios”; es decir, la dificultad de sostener por más de una década tasas de crecimiento promedio por encima del 5%, y que además sean acompañadas con la reducción de desigualdades y la consolidación y perfeccionamiento de las instituciones democráticas. Al analizar la economía de muchos países de Latinoamérica, podemos notar un patrón de acumulación de capital y una estructura productiva basada en la extracción de materias primas para la exportación; y tal como lo afirman Sachs y Warner (en Alarco y Castill, 2018), los abundantes recursos naturales producen un falso sentido de seguridad y conducen al gobierno a perder la necesidad de diseñar, implantar y dirigir políticas apropiadas para el crecimiento económico. Asimismo, en forma directa la abundancia de recursos naturales reduce los incentivos privados y públicos para ahorrar e invertir, y por eso disminuye el crecimiento económico. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2011), los diferentes problemas sociales como la pobreza extrema y el desempleo se originan por un mismo hecho en común: la asignación evidentemente incorrecta del capital durante las dos últimas décadas, en la que se ha visto reflejada la dirección de gran cantidad de capital hacia propiedades, combustibles fósiles y activos financieros; en contraste, de una pequeña cantidad que se invirtió en energías renovables, eficiencia energética, transporte público, agricultura sostenible, protección de los ecosistemas y de la diversidad biológica, y conservación del suelo y el agua. La mayoría de las estrategias de desarrollo y crecimiento económico promueven una rápida acumulación de capital físico, financiero y humano, a costa de un agotamiento y una degradación excesivos del capital natural, del cual forman parte nuestros recursos naturales y ecosistemas. Con toda esta información, ya tenemos una buena noción de por qué nuestros países de Latinoamérica no han tenido un crecimiento ni desarrollo económico sostenible, y por qué es tan importante que tanto los ciudadanos como la política de un país tengan esta postura de desarrollo para un buen plan de Gobierno; puesto que las medidas o leyes que no protegen ni mejoran los medios de vida rurales y el bienestar social son insostenibles en el tiempo. De igual manera, depende de cada uno de nosotros mejorar los modelos de negocio y exigir modelos que respeten a los trabajadores y al planeta.

En cuanto a este año, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2020), hemos podido notar a escala mundial avances que se esperaban aún dentro de algunos años más, avances impuestos de forma casi obligatoria debido a la crisis causada por el coronavirus, pero que sin duda nos han ayudado a contrarrestar el nivel de contagios, a la par que nos han ayudado a seguir con el funcionamiento de la economía y la sociedad. El uso disruptivo de las tecnologías digitales para desarrollar actividades productivas, educacionales, de salud, de relacionamiento y de entretenimiento, nos ha permitido observar el desenvolvimiento de la sociedad con la tecnología, los retos para mejorar el desarrollo de dichas actividades, así como las brechas de acceso a la tecnología digital y las posibles soluciones a estos problemas. Entonces, ¿la pandemia es totalmente un hecho atroz, o podemos verla como una oportunidad de mejora? United Nations nos da un atisbo de esperanza en su reciente actualización sobre el ODS 13: Acción por el clima.

“A medida que los países se centran en reconstruir sus economías tras la COVID-19, los planes de recuperación pueden dar forma a la economía del siglo XXI para que sea limpia, verde, sana, segura y más resiliente. La crisis actual es una oportunidad para llevar a cabo un cambio profundo y sistémico hacia una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta.” (United Nations, 2020)

Así pues, el 2020 no es del todo un año malo, nos dio una pausa y nos invitó a reflexionar, y aunque no lo queramos, nos está dejando grandes lecciones, como la de darnos por enterados que la forma en la que se estaba avanzando no estaba funcionando eficientemente, y que realmente hay nuevas maneras de lograr grandes avances con mejores resultados.

Bibliografía

Alarco, G. y Castillo C. (2018). América Latina en la trampa de los ingresos medios o del lento crecimiento. Revista Análisis Económico. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/pdf/ane/v33n82/2448-6655-ane-33-82-5.pdf

Banco de Desarrollo de América Latina. (2019). ¿Crecimiento sostenible o sostenido? Recuperado de https://www.caf.com/es/conocimiento/visiones/2019/03/crecimiento-sostenible-o-sostenido/

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2020). Los efectos del COVID-19 en el comercio internacional y la logística. Recuperado de https://www.cepal.org/es/publicaciones/45877-efectos-covid-19-comercio-internacional-la-logistica

Guterres, A. (2020). La recuperación de la crisis de la COVID-19 deberá conducirnos a una economía diferente. Naciones Unidas. Recuperado de https://www.un.org/es/coronavirus/articles/launch-report-socio-economic-impacts-covid-19

Mejía, E. (2010). Contabilidad Ambiental. Crítica al Modelo de Contabilidad Financiera. Armenia: Fidesc.

Pezzini, M. (2020). Jobs, economies and COVID-19 in the developing world. Recuperado de https://opecfund.org/news-stories/jobs-economies-and-covid-19-in-the-developing-world

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. (2011). Hacia una economía verde: Guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza – Síntesis para los encargados de la formulación de políticas. Recuperado de https://sinia.minam.gob.pe/documentos/hacia-una-economia-verde-guia-desarrollo-sostenible-erradicacion#:~:text=Gu%C3%ADa%20%2F%20Manual%3A%20Hacia%20una%20econom%C3%ADa,la%20erradicaci%C3%B3n%20de%20la%20pobreza&text=Hacia%20una%20econom%C3%ADa%20verde%20es,promover%20un%20siglo%20XXI%20sostenible.

United Nations. (2019). The Sustainable Development Goals Report 2019. Recuperado de https://unstats.un.org/sdgs/report/2019/The-Sustainable-Development-Goals-Report-2019.pdf

United Nations. (2020). ODS 13: Acción por el Clima. Recuperado de https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/climate-change-2/

  1. Soy de Perú, nací en 1998, soy bachiller de Contabilidad y voluntaria en AIESEC Guadalajara. Mis intereses van desde las finanzas públicas hasta los problemas sociales. Creo que todos los jóvenes ahora estamos encargados de solucionar los problemas del presente para poder pensar en un futuro.

 

¡La revolución feminista será jurídica o no será!

Por Itzel Rocillo[1]

 

María Asunción Sandoval de Zarco logró en 1898 egresar de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, convirtiéndose en la primera mujer en México con el título de abogado. En la actualidad, la Facultad de Derecho de la UNAM indica que la matrícula de primer ingreso está conformada por 50% mujeres y 50% hombres.

     La violencia machista que sufrimos quienes optamos por esta profesión no termina en las aulas universitarias, se intensifica cuando salimos al mercado laboral, ¿A qué nos enfrentamos?, en primer lugar, a un estereotipo, las abogadas somos detestables, intratables, porque así son en general los abogados, siempre tenemos razón y tienes que tenernos miedo porque te podemos demandar. Aunque hay muchas imprecisiones técnicas en el enunciado anterior, es un clásico que acostumbran los cretinos cuando no quieren hacerse responsables de sus acciones u omisiones, “soy abogado” dicen, como si fuera una frase mágica que les permite estar justo fuera del marco de la ley.Leer más

La imprenta, las TICs y la nueva normalidad

 

Wilbert Tapia Meza (Perú) es profesor asociado de la Escuela Profesional de Filosofía de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, administra un conocido grupo virtual Iberoamericano de Didáctica de la Filosofía y es autor del Libro La Filosofía en Movimiento.

A partir de una comparación con el proceso de invención de la imprenta en Europa, vinculado a los procesos de difusión cultural, de acceso a la información y la posibilidad de desarrollo del pensamiento crítico, Wilbert Tapia analiza la Pandemia. Se pregunta si la denominada nueva normalidad será “normal” en algún sentido y estudia en qué medida las variaciones de las costumbres limitadas a los espacios familiares nos han cambiado. Así, observa cómo el uso de las redes informáticas ha crecido hoy mucho más que nunca en la historia de la humanidad junto a una «explosión» de seminarios, conferencias, cursos y talleres de distinto tipo, sobre temas vinculados a la filosofía y las humanidades. En medio del hastío, la frustración y la posibilidad siempre de ser manipulados, la «nueva normalidad» para este autor se abre como una posibilidad llena de alternativas que debe ser matizada con reflexión profunda, crítica y filosófica.

David Sumiacher

 

Enviado el: 14 de septiembre de 2020

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somos

 

LA IMPRENTA, LAS TIC Y LA NUEVA NORMALIDAD

El hombre cuenta con un sistema perceptivo que le permite relacionarse con el mundo, de tal manera que puede obtener lo necesario de él para su subsistencia. Dentro de ese sistema destaca principalmente el de la visión, es uno de los sentidos privilegiados que los seres humanos hemos desarrollado para observar los objetos cercanos. La pandemia ha hecho todavía más notorio este aspecto, caminamos por las calles cubiertos con barbijos que ocultan nuestra nariz y nuestra boca, se enfatiza la vista ya que nos proporciona la información para acercarnos o alejarnos de lugares y de personas potencialmente peligrosas. Así, la pandemia ha hecho que modifiquemos nuestra manera de ver.Leer más

La vida desolada de las ciudades sin almas callejeras

Por Gabriel velázquez Quintero 

En el ocaso de una tarde de marzo, mi esposa fue recluida en el hospital que está frente a nuestro hogar. Las noticias circulaban y me decían que, en algunas semanas, volvería. Mientras, me gustaba pensar que en una de las ventanas podría verla sonreírme. Así que le serví su taza de atol, y me senté a ver todas las ventanas. Fue mi primera tarde sin ella.

No me gustaría culparnos de lo que hoy nos tiene separados. Realmente fue descuido nuestro, y del tiempo que llevamos vivos, claramente. Los setenta años que cargamos en nuestros hombros son obviamente culpables de lo débiles que nos volvemos. A cierta edad queremos demostrar que seguimos valiendo algo, que no somos un mueble más en la casa de la familia. Pero esta vez no fue el caso.

No teníamos nada que demostrar, no salimos a la calle para manifestar nuestra fuerza.Leer más

Identidades en los cuentos de El país del Viento de Sylvia Iparraguirre

Por Lidise Yaneli Castillo Rivas[1]

Así son las cosas en Ushuaia, iguales a las de cualquier parte,
pero distintas, sobre todo en aquellos años cuando
cada cosa era un acontecimiento y parecía que pasaba
por primera y única vez.
-Sylvia Iparraguirre

La literatura escrita por mujeres ha sido minimizada históricamente, pues en el cosmos literario que conocemos, los hombres construyen y dominan el canon, pues ellos mismos colocan las obras de un mayor número de autores varones frente a una reducida cantidad de escritoras valoradas de la misma forma. Además de cargar con esta etiqueta, las mujeres latinoamericanas se encuentran ante una doble marginación, pues el mismo canon es construido desde una visión colonizadora y eurocentrista, donde la literatura hispanoamericana algunas veces es infravalorada. Resulta importante mencionar la construcción de la literatura universal desde la escritura masculina ya que Sylvia Iparraguirre[2] muestra su postura al enfrentarse directamente con una academia literaria donde no se consideraba la existencia de escritoras ni de literatura femenina:

Era una época donde se discutía si había una literatura femenina; constantemente había mesas acerca de si existía o no una literatura femenina, y existía el absurdo de ver si había diferencias de lenguaje entre la literatura escrita por hombres y la escrita por mujeres. Yo he escuchado decir a escritores de la vieja generación que no les interesaba la literatura escrita por mujeres, que seguían confinadas un poco a esa idea prejuiciosa de que las mujeres escribimos sobre las flores, los pájaros y los niños. No éramos competencia para los varones. La idea general era que los varones estaban entonces en búsquedas formales. (Iparraguirre, S.D, Infobae)

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La responsabilidad histórica de los hombres es combatir el patriarcado

Por Alonso Mancilla 

De un tiempo para acá me estuve preguntando sobre el rol de los hombres, reconociendo el sistema patriarcal en el que vivimos, cuáles son esos mecanismos que reproducimos para sostenerlo, qué hay que modificar, y entre tantas preguntas algunas de las que me parecen centrales son ¿qué lugar ocupamos los hombres en este camino? ¿cuáles son los desafíos que tenemos para avanzar a una sociedad más equitativa y más inclusiva?. Para eso, este pequeño artículo, pues si bien las masculinidades somos parte del problema, también debemos de ser parte de la solución.

Cabe aclarar que este artículo de opinión de ninguna manera debe ser una receta de soluciones, donde hay pasos a seguir para generar un pan; no es eso, ni mucho menos, parte de la idea de reflexionar sobre nuestra posición como hombres en la sociedad y qué acciones o tareas desempeñamos —o no— para parar la violencia contra las mujeres.Leer más