Autogol, la desaparición de la liga de ascenso

Por Alonso Mancilla

No era de esperarse, mucho menos se imaginaba, que el fútbol desaparecería, pues en el mundo podrían suceder un sin fin de cosas pero entre ellas no estaba el paro del fútbol; tuvo que venir la pandemia para que se parara el deporte más popular del mundo. Como todos los sectores, el fútbol no estaba preparado para dejar de producir ilusiones, risas, emociones y, por su puesto, dinero.

Asimismo, como sucede con las empresas del Grupo Salinas, de Slim o con las cadenas de supermercados, las cuales han dado golpes mortales a la clase trabajadora: reducción de salarios, asistencia obligada a los sitios laborales, despidos y, el ya famoso, Homeofice ―sin mencionar las muertes sufridas por consecuencia de esto―, al fútbol le dieron un golpe certero, específicamente a la Liga de Ascenso.

Enrique Bonilla, el rostro detrás de los grandes empresarios, dueños de los equipos de fútbol y presidente de la Liga Mx, anunció que desaparecería la Liga de Ascenso por los próximos cinco años para, así, convertirla en una liga de desarrollo. Bonilla aprovechó que los trabajadores “se quedan en casa” para aventajarse con un gol y ganar el partido.Leer más

Cuestionamientos desde la perspectiva queer hacia el sistema de división sexual en las competencias olímpicas

Chris Mosier. Foto tomada de: smoda.elpais.com

Por Ramón Fernando Stevens Martínez[1]

Introducción

Hay normas que son violentas porque se apoyan en una concepción binaria del sexo que excluye a quienes no son capaces de adaptarse a estos rígidos parámetros. Esto es especialmente preocupante cuando se promueven desde organismos internacionales. En este sentido, una de las instituciones que más ha sufrido trasformaciones en sus nociones sobre el sexo humano y en las regulaciones que de ahí surgen, es el Comité Olímpico Internacional (COI). Dicha institución actualizó las normas que regulan la participación de los atletas transgénero, transexuales e intersexo en el 2015. Estas nuevas reglas si bien favorecieron que los juegos olímpicos se hicieran un evento mucho más incluyente, también establecieron pautas que todavía son problemáticas, ya que dejan fuera a los atletas que por diversas razones no encajan en un esquema que considera al sexo como una categoría dualista inamovible, o a los que les es imposible someterse a terapia hormonal.

El objetivo de este texto es responder a la pregunta: ¿por qué las actuales reglas de participación para atletas transexuales, transgénero e intersexuales del COI constituyen un sistema excluyente?Leer más

El descarado carasucia de Guardiola

Foto tomada de El Confidencial

Por Alonso Mancilla 

I

Esta mañana desperté y me levanté con un único pensamiento: hoy se juega una jornada más del “deporte más hermoso del mundo” ―como lo anunciara cada tarde, después de más de casi 15 años, Luis Omar Tapia― de la UEFA Champions League.

Como cada día, fui a la esquina del mercado ―cerca de casa― compré el diario y, después de saludar al “jugos”, me daría cuenta que no traía la llave, tuve que tocar pero no abrían la puerta, volví a dar unos fuertes pinchazos con las monedas pero sin respuesta; así que decididamente me dispuse a hacer lo impensable y a enfrentarme con mi compañera ―me dije: claro que sí― y chiflé hasta el desgarramiento pulmonar.Leer más

Rossana Guzmán Vilchis, México en los Parapanamericanos de Lima

Por Ximena Cobos CRUZ

Existe un suplemento del periódico Reforma llamado “Club”, en el que ―si uno tiene suscripción, porque cómo le encanta sacar dinero a este tabloide―, puede mirarse la vida frívola de la clase alta mexicana, entre fiestecitas de caridad para “ayudar” a artesanas de los pueblos originarios, hasta los eventos de fin de semana en el liceo donde los niños y adolescentes salen en desfiles de moda y concursos irrisorios; imagen tras imagen con pie de foto aclarando con nombre y apellido, puntualmente, quiénes son todos esos señores, señoras, niños y fetitos en desarrollo. Hace casi un mes, dicho suplemento se centró en los atletas rumbo a los Juegos Panamericanos, competidores de canotaje, equitación, incluso surf, jóvenes cuyos colegios están altamente equipados o tienen los recursos de sobra para poder entrenarse y llegar a ser atletas de alto rendimiento sin ningún obstáculo más que sus propias convicciones. Pero en la realidad ―porque aquella esfera cristalina del dinero es falsedad a cada paso― la vida de los deportistas en México no es la de los privilegios, la facilidad de pagar un entrenador, conseguir acceso a instalaciones adecuadas, menos aún si se trata de competidores con alguna discapacidad.

Mi nombre es Guadalupe Rossana Guzmán Vilchis, nací un 31 de diciembre de 1988 en la Ciudad de México. Rossana vio la luz por primera vez en un país donde los servicios médicos exudan carencias, ética dudosa y empatía casi nula. Yo, al nacer, tuve una asfixia severa por negligencia médica, lo que me causó secuelas de parálisis cerebral. Mis primeros años de vida estuve en rehabilitación física y, afortunadamente, mis padres ―que son profesores, ahora jubilados―, estuvieron muy al cuidado de mi desarrollo físico y mental. Desde niña me ha gustado el deporte y siempre he hecho ejercicio como rehabilitación. Leer más