No hay placer, sino maldad: la obra de Flannery O’Connor

Por Brenda Berenice Zambrano Córdova[1]

“Flannery O’Connor, autora de una de las obras más extrañas, perturbadoras e inclasificables de la literatura universal”.

Gustavo Martín Garzo

Flannery O’ Connor, sureña de Savanah, nace en 1925 en una familia católica, este último elemento lo encontramos inmerso en sus relatos, donde juega un papel fundamental, ella misma decía que lo que le había dado forma a su escritura era “ser católica y sureña.” Fue una representante de la generación de los llamados escritores del sur, que floreció en Estados Unidos en el siglo XX.

Un hombre bueno es difícil de encontrar”, el relato en el que nos centraremos, nos deja con desconcierto, vacío y fascinación, tal fascinación nos orilla a conocer más de la escritora, aunque al adentrarnos en su vida nos desconcertamos aún más, pues la imagen de la autora de aquel inquietante relato del asesino desalmado, la abuela perversa, los niños detestables, no corresponde a la granjera sureña y devota que cualquiera puede imaginar. Leer más

La danza y su alma. Un poema de Jaime Torres Bodet confrontado con un diálogo de Paul Valéry

Por Miguel García

Empezar a decir versos es entrar en una danza verbal

Paul Valéry

 

«Danza» y la poética onírica de Jaime Torres Bodet

Llama

que por morir más pronto se levanta,

flotas entre las brasas de la danza.

Y te arranca de ti,

al principiar, un salto tan esbelto

que el sitio en que bailabas

se queda sin atmósfera.

Así el pedazo negro de la noche

en que pasó un lucero.

Pero de pronto vuelves

del torbellino de las formas

a la inmovilidad que te acechaba

y ocupas,

como un vestido exacto,

el hueco

de tu propia figura.

Pareces una cosa

caída en el espejo de un recuerdo:

te bisela

el declive del tiempo.

Un minuto después, estás desnuda…

La brisa

te peina el ondulante movimiento

y, a cada nueva línea

que las flautas dibujaban en la música,

obedece una línea de tu cuerpo.

¡No resonéis ahora,

címbalos, que la danza es como el sueño![1]

«Danza» apareció incluido en el libro Destierro en 1930 —aunque ya había sido antologado por Jorge Cuesta en su Antología de la poesía mexicana moderna en 1928, e incluso publicado antes, en El Universal Ilustrado del 10 de febrero de 1927, mismo año de publicación de Margarita de niebla, su primera novela—. Rubio Pacho señala que el libro es «decididamente vanguardista […] a través de imágenes surrealistas y del verso libre, trazó una imagen mecanicista y desolada del mundo».[2] Quizás nuestro poema llegue a ser un intento por huir, mediante la danza (sensibilidad, ritmo), de ese mundo mecánico. James Swan sostiene que en la obra de JTBLeer más

El Teatro de la crueldad y el problema de la representación: formas de lo negativo y lo positivo en El teatro y su doble

Por Víctor González Astudillo

El presente ensayo es un intento por resumir los puntos centrales de la teoría artaudiana respecto a la teatralidad, con el fin de reactualizar algunos puntos claves en las lecturas que llevaron a cabo tanto Susan Sontag en su texto Una aproximación a Artaud, como Jacques Derrida en El teatro de la crueldad y la clausura de la representación, pensando en el contenido de los dos manifiestos del Teatro de la crueldad. Me enfocaré particularmente en dos puntos: el significado del concepto de “crueldad” en la obra de Artaud, para luego pasar a una discusión teórica respecto a su noción de metafísica, dado que esta faceta del arte es lo que haría del drama un objeto inútil. El teatro debe cortar su relación parasitaria con las palabras, para transformarse, así, en pura acción.Leer más

El Horror y la carne: El antropófago de Pablo Palacio

Por Karla Hernández Jiménez

Pablo Palacio fue un escritor ecuatoriano, nacido en Loja en 1906, cuya obra se caracterizó por un deseo de innovar y experimentar con las formas gramaticales.

En un Ecuador dominado aún por el costumbrismo y el realismo social, Palacio manifestó en su obra un carácter rupturista por lo cual se le llegó a considerar como uno de los primeros exponentes de la vanguardia ecuatoriana, aunque actualmente sea poco conocido.

De su producción, los cuentos son quizás uno de los puntos máximos de experimentación para Palacio debido a que en ellos dejó plasmado ese punto de quiebre presente tanto en la forma como en el contenido de los mismos, tal como comenta Celina Manzoni (2000): “Sus actos de escritura se proponen desenmascarar la retórica del realismo, es decir, la ficción de realidad que los textos realistas presentan como «la realidad». Una propuesta que no supone recuperaciones ni ampliaciones, sino quiebra: su escritura crea un centro «otro», en torno del cual se constituye; se vuelve excéntrica, se coloca en los márgenes de lo canónico”Leer más

Alaíde Foppa y la reivindicación feminista en tres de sus poemas

Por Rogelio Dueñas

Una vez que todo fue destruido una sola cosa me faltaba: yo misma.
Medea

UNO

A pesar de la vastedad de evidencias, aún hay quien se niega a aceptar que el concepto “tradicional” de familia juega un papel fundamental en la violencia estructural ejercida hacia las mujeres. Como si el destino de cientos de ellas no fuese consecuencia de un proceso de socialización al que se hallan supeditadas desde la primera infancia, en donde se les presiona para que acaten normas permeadas de sumisión con el fin de fortalecer y extender el dominio de la dupla capitalismo/patriarcado.

DOS

Se busca por todos los medios que a la mujer le sea vedado todo, incluyendo la palabra y la interpretación de la realidad; todo parece indicar que esas también son cosas de hombres.Leer más

“El Iris”, la primera revista literaria del México Independiente

Por Angélica Mayoral[1]

La consumación de la independencia representó para la prensa mexicana un cambio muy enriquecedor. Es una etapa que se caracteriza por publicaciones de índole predominantemente político y polémico.

     La primera época de estudio del periodismo que establece María del Carmen Ruiz Castañeda, una de las estudiosas más representativas de la prensa mexicana, comienza en el año 1821. Durante este periodo, la prensa se constituye principalmente por la pugna entre dos tendencias políticas contrarias: los que tenían una marcada línea liberal y aquellos con aspiraciones conservadoras.Leer más

EL FIN DEL ANTROPOCENO

Una reflexión acerca del poemario Apokalipsis de Arnulfo Vigil

Por Isaac Gasca Mata[1]

La postmodernidad y su inmanente multiplicidad de discursos ha permitido que en los últimos años estilos, ideas, y corrientes de pensamiento se fusionen para sustentar expresiones que antaño parecían irreconciliables. En la literatura actual no hay periferias, no hay márgenes, centros ni perspectivas unilaterales. Al contrario, hay una representación caleidoscópica del mundo y la Historia. Al respecto, el sociólogo francés Gilles Lipovetsky considera que:

“El postmodernismo se rebela contra la unidimensionalidad del arte moderno y reclama obras fantasiosas, despreocupadas, híbridas (…) no tiene por objeto ni la destrucción de las formas modernas ni el resurgimiento del pasado sino la coexistencia pacífica de estilos, el descrispamiento de la oposición tradición-modernidad, el fin de la antinomia local-internacional” (Lipovetsky, 2003: 122)Leer más

El sino podrido del poeta: Un vistazo relámpago a la vida y obra de Jacobo Fijman

Por Rogelio Dueñas

No hay canto sin llanto.
Es el misterio de la llaga el que estructura la metáfora.

Ramón Martínez Ocaranza

Nota introductoria

Me provocan náuseas todos esos individuos que con falsa ingenuidad sostienen que el glamour del reconocimiento y la bonanza económica son inherentes al ejercicio poético. Como si no supieran que para que eso suceda el poeta debe ajustarse, en mayor o menor medida, a los designios de las élites políticas y culturales. Como si en verdad ignoraran  que cuando el poeta decide reflejar en su obra una realidad que contraviene los valores e intereses de la clase dominante, muchas de las veces debe asumir la miseria y el ninguneo como consecuencias; sin importar cuan renovadoras o propositivas sean sus creaciones.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que la cultura hegemónica lleva a cabo para sepultar las voces de los poetas que gozan de una rábida y descarnada autenticidad, sus obras brillan. Tarde o temprano se abren paso y se propagan. De agua nueva su condición a cuestas llevan, ahogando la calumnia vertebral de la poesía a sueldo.Leer más

A propósito de «El espinazo de las lámparas», de Braulio Aguilar

Por Rogelio Dueñas[1]

La vida de la poesía, sépalo el sépalo de la flor y no el pistilo que lo canta al aire, tiene sus propios compases de espíritu y no queda sino asumirlos sin morir o morir sin asumirlos (…)
Orlando Guillén

UNO

Cada vez son más los poetas que afianzan sus obras a la lógica de la competitividad y el consumo. De ahí que nos escupan sus propuestas abarrotadas de versos inanes que al igual que la leña de pirul, no sirven ni pa’ arder; nomás para hacer llorar. Nos sorrajan sus publicaciones bien cuidadas y sus recitales en donde pesa más la promoción de la personalidad que lo medianamente logrado de sus obras. La poesía es una forma de volver mucho más humana la existencia. Sobre todo cuando los versos nacen alejados de los preceptos deshumanizantes que resuenan en los muros del capitalismo y la posmodernidad. Asir a esos falsos cimientos una facultad tan humana como lo es escribir poesía, es un acto de sumisión. ¿Por qué tantos poetas se empeñan en tomar ese camino? Y justo ahora que nos resulta tan urgente la ruptura y el desentendimiento con los valores burgueses. Si es que en verdad estamos tan conscientes de los tiempos aciagos que atravesamos, ¿por qué entonces no apartar a la poesía de los caminos donde el dinero y el ego dominen? “Eso es precisamente el narcisismo, la expresión gratuita, la primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, la reabsorción lúdica del sentido, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor convertido en el principal receptor” (Lipovetsky, 2010).Leer más

Política y literatura. Cuando convergen en una estación del año sin una esquina rota

Foto tomada de alsur.eltelegrafo.com.ec

Por Stephanie Fernández

  1. Introducción

No, no, no acabo de salir de un reclusorio, sólo pienso en lo que hizo que los pintores surrealistas dijeran que México es el país surrealista por excelencia. Lo entiendo… Y cuando digo que no acabo de salir del reclusorio es porque es cierto, pero me imagino que si uno saliera de la cárcel y se subiera en el camión le parecería “surreal” o curioso que mientras uno espera ir sin ningún inconveniente a su destino se subieran dos músicos, con su flauta y su acordeón, a tocar música gitana y mexicana (según sus propias palabras) mientras otro señor se sube a vender alegrías y amarantos al grito de lleve sus ricas alegrías o amarantos, cinco pesos, consideraría que, efectivamente, es algo que no se vería en otro país, aunque tal vez no haya salido de México, como yo, cuya imagen de otros países justifica la imaginación que da la literatura.

 

  1. Política

En los años 70 y 80, gracias al argumento de “seguridad nacional”, se dieron una serie de dictaduras en el Cono Sur de América Latina. Paraguay, con Alfredo Stroessner; Brasil, con una dictadura militar desde 1964; Bolivia, con Hugo Banzer desde 1971; Chile, con Augusto Pinochet, quien el 11 de septiembre de 1973 quitaría del ejecutivo a Salvador Allende, el cual ejercía un gobierno socialista elegido democráticamente; en Argentina, el 24 de marzo de 1976, Jorge Rafael Videla, apoyado por una junta militar, derrocó al gobierno de María Estela Martínez (aunque Argentina había tenido sólo breves periodos democráticos); en 1973 Uruguay sucumbiría a la dictadura de Juan María Bordaberry, quien, curiosamente, había sido elegido de manera democrática.Leer más