Una mirada al papel de la mujer latinoamericana en el punk

Por Rogelio Dueñas

Hablar de la escena punk subterránea latinoamericana es zambullirse en un vasto universo donde, muchas de las veces, la ruptura y radicalidad quedan inmovilizadas en algún panfleto hecho canción, sin llegar a encarnar un espacio real de organización y lucha. Es asomarse a una escena que a pesar de pendular entre banderas libertarias y discursos de igualdad, sigue siendo nido de masculinidades empecinadas en reducir a un plano secundario y de subordinación a las mujeres que se adentran en las aguas de este mundo alternativo. Así, regidos por lo que parece ser un pacto tácito, muchos de los hombres que aquí se conglomeran sabotean la rábida creatividad de las mujeres punks al limitar su presencia dentro de los espacios destinados para la difusión de las producciones culturales nacidas dentro de la escena, pretendiendo de esta manera que sean las voces masculinas las únicas que cobren eco mientras las mujeres desempeñan un papel mucho menos activo y mantienen en silencio sus interpretaciones de la realidad. Por fortuna, la historia demuestra que poco han valido sus esfuerzos, pues al indagar en los archivos del punk latinoamericano nos encontramos con varios casos en los que la mujer fue protagonista de momentos clave para la construcción y consolidación de dicha escena.

La Zappa, Virginidad Sacudida y SS-20

Casi una década antes de que surgiera el movimiento riot grrrl, Leer más

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MUCHO AYUDA EL QUE NO ES TROVA A propósito de Príamo, aquí yacen los restos de Héctor, de Jorge Reinun.

Por Rogelio Dueñas 

UNO

Un alarido cimbra la penumbra de horas huecas. Mientras digo esto, al pudridero que las ratas llaman talento se le cae el antifaz; devela su rostro imperturbable de asesino a sueldo. Con la atrofia del dinero a cuestas, encuentra nido en la industria musical. Ahí, gozoso, el pudridero quita las legañas del ojo del culo de un empresario-Midas de letrina (todo lo que toca lo hace mierda). Bolo alimenticio para la lógica de mercado. Pan nuestro de cada día en frecuencias radiadas estragadas por la ramplonería. De pronto, la reventazón parece impostergable.

DOS

En el capítulo anterior, hablábamos de la infamia deslustrada del dinero y sus secuaces. De chirriantes cantos a la negrura enquistados, apenas antídotos para los males de este joven siglo que se corona en virus. Que se empecina en tomarnos una panorámica bajo la bota de la satrapía milica: ¡Violenta, Parra, con tu canto sus huestes de buitres! Engulle con tu fuego disidente la vileza nacida de la normalidad.

TRES

De pronto el alarido que cimbra la penumbra de horas huecas adquiere nombre y forma. Es entonces cuando Jorge Reinun borbrota. Armado con guitarra acústica y su voz desgarbada,Leer más

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Tu nombre resplandece a distancia: entrevista a Lenguafractal

Por Ximena Cobos Cruz

Hay vacíos que te roban la profundidad del alma en expansión activa al contacto con las notas que se mezclan hasta hacer languidecer tus huesos, aquellos discos y canciones son como drogas que no te hacen efecto, producciones al gusto puro del capitalismo ramplón que cobravendecobra y todo lo vacía de significado, de potencia. Pero siempre hay fugas, resistencias al silencio a media noche; hijos no reconocidos de los maestros que libaron en ceremonias de hace años, cuando éramos más jóvenes, más atrevidos, cuando el espíritu no se rompía junto a los vasos y los cascos de cerveza estrellados contra el piso. El problema es dónde fijamos el centro, ese ombligo falacia de la luna que nos mantiene lejos de lo que atraviesa vientos de lejanos atardeceres, territorios que parecen no haber sido tocados por la banalidad y la codicia que transforma todo en industria.

Guadalajara guarda sus secretos de Lengua Fractal, de expresión abierta al contacto con otras disciplinas, de sonidos que a veces recuerdan las escenas finales de aquella película de Alberto Cortés[1] que llegó a cimbrar la recién nacida década de los noventas, una de las mejores para el rock nacional. Leer más

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Nos sobrevive la música

Entrevista a Rider Negro

Por Ximena Cobos 

Cada minuto nacen almas viejas, cientos de células que se congregan siguiendo los patrones aleatorios de las ondas sonoras que brotan de cintas y discos viejos, sudando la misma sal desde hace décadas, luminosa, caída al centro. Con la sed de seguir vivas en un eterno repetir con variaciones espontáneas la experiencia de la década en que la libertad parecía una utopía alcanzada. Pero el tiempo sobrevino a las sonrisas que se desprendían en aquellos círculos de fuego y desnudez, la historia atropelló los sueños y renacimos ansiosos de que nuestros oídos no perdieran nunca el contacto con aquello que hizo vibrar nuestros cuerpos delirantes. Leer más

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Riot Grrrl is not dead: Pussy Riot, nuestras salvadoras

Foto de @GiorgioDammit 

Video cortesía de Patricia Ireta 

Por Ma. Fernanda Lugo Vázquez[1]

Es imposible hablar de Pussy Riot como íconos contemporáneos sin hacer la relación con la escena punk, el “Riot Grrrl” y el feminismo contemporáneo. Asimismo, no podemos ignorar la gran influencia del Riot Grrrl como movimiento que revoluciona el punk, la música y el alcance del feminismo en la década de los 90. Mismo que aparenta estar perdido y sin rumbo al principio del milenio, pero que con el surgimiento de los espacios digitales de interacción y los medios globalizados parece tener un resurgimiento prometedor.

Terminaban la década revolucionaria de 1960 y una ola de música, manifestaciones y fanzines se avecinaba. La revolución psicodélica quedaba olvidada entre los callejones sucios de Londres y los bares infestados de hijos de inmigrantes. Algo disidente y rebelde se comenzaba a manifestar dentro de los amplificadores del CBGB. Algo llamado Punk. Durante la década de los 70, una serie de bandas emblemáticas, fanzines y demostraciones públicas le dieron pies, cabeza y botas a este movimiento. Con mucha representatividad musical y desobediencia civil, el punk empezó a tomar el mundo, en constante revolución, y proclamar la suya, una revolución con tintes anarquistas, colores oscuros y a la vez chillantes, música estruendosa y mucho descontento.Leer más

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La voz y el gusto

Foto de Jamiecat http://www.flickr.com/photos/jamiecat/3832713465/

Por Miguel García[1]

miguel@tango.com.mx 

 

«Yunta oscura trotando en la noche…», canta Alberto Castillo. Y María Dolores, mi madre (a quien llamaremos Lola), suspira, pierde la mirada en sus adentros y suelta un susurro que dice: «esa voz…» No necesitó decir más, no quiso ahondar en el agrado que le provocó el cantor, se limitó a decir lo que dijo y ya. El conocimiento del tango de Lola abarca algunas letras del repertorio gardeliano y un número reducido de interpretaciones y orquestas, algunos títulos evidentemente famosos, algunos artistas como Hugo Del Carril y Libertad Lamarque (a quienes no cuenta entre sus predilectos), pero en su gusto, siempre Gardel, el incuestionable, el inamovible.

El México tanguero es gardeliano. Cuántas veces no me habré topado con un viejo que me habla de tango como cosa propia, de sus tiempos, que enumera «A media luz», «Caminito» o «Yira, yira». ¿Qué habría sucedido si el astro no hubiera cerrado los ojos en el accidente de Medellín y hubiera concretado la famosa gira latinoamericana que culminaría en México? ¿O necesitaría esa muerte prematura para erigirse en lo que es ahora, un mito mundial? Jamás lo vamos a saber. Lo que sí es evidente es la afición que los mexicanos entendidos le tienen a Gardel, pues todos hemos escuchado al menos el nombre y su relación con el tango, a pesar de que no sepamos más que eso.Leer más

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ONE

Foto:Ross Halfin, tomada de Revolvermag

Por Christian Jiménez

 

Corría 1981, año en el que el archipiélago de Palaos se independizaba de Estados Unidos, Ronald Reagan tomaba posesión como presidente de ese país (quien meses después se salvó de un atentado), y en un túnel a 494 metros bajo tierra, en el área U2es del sitio de pruebas atómicas de Nevada, se detonaba una bomba atómica Akavi, de 20 kt.; Grecia entraba a la unión Europea; en El Salvador comenzaba la guerra civil y, meses después, las fuerzas armadas perpetraban la masacre de El Mozote; golpe de Estado en España; Ali Agcha atentaba contra el Papa Juan Pablo II; Israel llevaba a cabo un ataque aéreo sorpresa denominado Operación Ópera; en Egipto, se asesinaba al presidente Hosni Mubarak; y la lista sigue.

Y en ese contexto, en medio de toda esta adversidad, dos chicos (Lars Ulrich y James Hetfield) en Los Ángeles, California, a los que posteriormente se les unirían Dave Mustaine y Ron MacGovney (y quienes serían sustituidos por Kirk Hammett y Cliff Burton), se juntaban para formar una de las mejores bandas de trash metal —si no es que la mejor, cuestión de gustos— de todos los tiempos. Sin lugar a dudas, estoy hablando de Metallica, banda que llegó para cambiar la forma de hacer y ver el metal en todo el mundo, de revolucionar los sonidos, cuyas letras se alejaban de lo convencional.Leer más

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