David González | Poemas

David González (Argentina). Ha tomado talleres con Lidia Ravonne de Huniken y Ana Maria Destefanis. Sus textos y poesía han sido publicados en diversos medios literarias, suplementos culturales y páginas webs culturales y poéticas de Latinoamérica y España. Ha participado en diversas antologías de Argentina.  Publicó la plaquette de poesía “11” (ediciones de La Mariposa y La Iguana) en el año 2016. Desde 2018 integra Paralelo 40, un colectivo literario y cultural de la comarca Viedma/ Carmen de Patagones. En el año 2019 publico 40º 63º, un poemario editado por Vela al Viento. Sube material de su autoría en la pagina https://www.facebook.com/11DGPOESIA

 

I

el cartón

amarga mi perspectiva

 

la piel

se siente ajena

al hueso

 

todo tiene más de un sentido

 

conjeturación;

 

los sin nombres

viven tras los espejos.Leer más

¡MIERDAAAAAAA!

Por Héctor Daniel Olivera Campos

 

Doce de octubre. Madrugada del setentavo día de expedición. Rodrigo se despereza. Una neblina chata envuelve la nao, pero, allí arriba, dónde él se guarnece, apostado en la distante cofa del mástil, el lugar que sus compañeros llaman el carajo, se puede divisar el cielo infinito por encima de la bruma.

 

No es la primera vez que Rodrigo hace de vigía, pero ese es un día especial, por lo que se halla inquieto y nervioso a causa de los acontecimientos que se avecinan.

 

Dos días antes había habido un motín, por fin a la tripulación se le cayó la venda de los ojos y tomaron plena conciencia del embaucador que les capitaneaba. Le echaron en cara al Patrón que los hubiera embarcado con el propósito de cruzar la Mar Tenebrosa y llegar a las islas de Cipango sin tener ni la más remota idea de la distancia a recorrer. Los tripulantes habían descubierto que les engañaba, que imantaba la brújula, que llevaba un doble cuaderno de bitácora en el que consignaba la derrota del buque, y sostenía que había recorrido en una jornada cincuenta y nueve leguas, cuando eran, en realidad, cuarenta y cuatro. Sí, habían decidido matar al Capitán, hacerlo pasar por la quilla y virar de vuelta a España. Pero volvió a surgir el genio, el seductor. Amenazó, suplicó, lloró, rio, invocó a la Providencia… Halagó la valentía de sus hombres, estimuló su vanidad y su avaricia, ofreció diez mil maravedíes al primero que avistara tierra. Y a pesar de la desesperación y la ira, les convenció de nuevo, prometiéndoles dar media vuelta si en tres días no hallaban isla o tierra firme. Y los marineros, que instantes antes se proponían matarle, acabaron arrodillados rezando a la Virgen junto a su Capitán y cantando Salve Regina. Y todo ello pese a que las provisiones de comida se habían podrido y los hombres dormían sobre cubierta incapaces de soportar el hedor que emanaban las bodegas. ¡Qué gran interprete había perdido el teatro! ¡Qué Colón tan irritable!

 

De todo lo que les dijo Don Cristóbal, una cosa era cierta: la tierra estaba cerca. Habían avistado sargazos, pelícanos y otras aves, además de vegetación flotando sobre el lomo celeste de las olas y hasta un madero tallado por manos humanas. La cuestión era: ¿a qué distancia estaba aquella tierra ignota?

 

Rodrigo cree haber visto algo y se frota los ojos. Se trata de una colina en la que se refleja con timidez la luz de la luna. Aguza la vista y frunce el ceño. A su garganta quiere acudir una palabra: ¡Tierra! Pero espera a estar seguro. Sí, sin duda, hay tierra a la vista. Rodrigo piensa que si da la voz de alarma salvará la vida de su Capitán, ese ser vanidoso y cruel que afirma protagonizar una empresa divina. Si grita tierra, diez mil maravedíes van a su bolsa. Eso…, en teoría, si no se los queda el Capitán rapaz. ¿Cómo puede uno fiarse del Almirante? Rodrigo, por ser el más fiel, lo atendió durante un par de días que estuvo con fiebres y tuvo ocasión de husmear los documentos que escondía en su camarote. Ha leído una copia de las Capitulaciones de Santa Fe; un acuerdo por el que los Reyes le otorgan al Capitán el título de “Almirante de la Mar Océana” y “Virrey de todas las tierras que se descubran”, así como el diezmo de todas las riquezas obtenidas. ¿Y qué hay para su fiel marinería? ¡Nada! Hombres que han dejado familia atrás y arriesgan tanto o más su vida que su Capitán en la aventura; que bregan y sudan en cubierta bajo un sol que les quema la piel y se trepan a los mástiles sin más protección que una medalla de la Virgen pendiendo del cuello. Nada para ellos, los imprescindibles. Fatigas, penalidades y escorbuto, esas son sus recompensas.

 

¡Puto genovés! ¡Maldito bastardo avaricioso! Si Rodrigo grita ¡tierra! salva la vida a Colón. Pero lo que brota de su garganta como un aullido es: ¡Mierdaaaaaa!

 

Desciende el vigía de la cofa. La tripulación se agita en cubierta, legañosos y somnolientos interrogan a Rodrigo: 

 

-¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? ¿Has gritado tierra?

-¡Mierda, he gritado mierda! –replica el vigía- No esperemos ni un segundo más. Matemos ya a ese hijo de puta de Cristóbal Colón. ¡A la horca con él!

 

Presto, Juan de la Cosa trenza la soga.

 

Dorian Gabriel Castillo (in memoria) |Poemas

Dorian Gabriel Castillo. (1984 – 2020., Nezahualcóyotl, México). Amante de la literatura, parte de fundamental de los primeros poetas de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Fue fundador del primer encuentro de poesía Con Puro Tino, que se llevó a cabo en cuatro ocasiones con sede en esta casa de estudios. Amante del siglo de oro español, así como de Lope de Vega y Garcilaso de la Vega entre otros. Sus gustos también fueron la bohemia y la música de Silvio Rodríguez y Fito Páez. Este escritor cuenta con una amplia obra literaria, que habría que publicar, es además muy querido por gran parte de la comunidad universitaria de la UACM.

 

Me estoy muriendo mamá

Me gusta amarte

Qué hago

Tener hojas de enero marchitas

Me estoy muriendo

Y no quiero.Leer más

Carlos Cuaquentzi | Poemas

Carlos Cuaquentzi. «Poeta de bares» y «realista sucio». Estudió la licenciatura en Filosofía, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; es licenciado en Historia por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Actualmente estudia la licenciatura de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de  la Ciudad de México.
 
 

NEW VIETNAM

¿Quién sabe si Vietnam
era Keneddy o Nixon
o un whisky doble
o las putas en el bar bajo
luz roja y violeta?
Bombas de napalm
y niños incinerados
mujeres ultrajadas
en el suelo de los pueblos
de tierra agua sol.
Corre un veterano arrepentido
y patea el culo de policías
en tanto grita
¡No hay patria
nunca existió!
Jodido viejo
podrido por fuera.
Se escuchan en las noches
los pisotones de los vietcongs
en las calles de Los Angeles
Washington
y New York…

Pelotones de jóvenes
y sus chicas guapas
de faldas cortas
y coloridas bragas
drogados todos
con lisérgicos y cocaína
marchan
bajo lunas de plomo
entre palmeras
y gritos;
herederos enervados
de la violencia-mom.
Así es

New Vietnam.

Ahí se escuchan las canciones
de dolor y rabia
de las mujeres desnudas
blancas y amarillas
que son impudicia
obscenidad,
mujeres de muslos
y pechos grandes
mujeres que son sangre
y sustento
para las almas
de los soldados muertos
que yacen en Huế y Saigón.

En las calles negras
corrompidas
de las grandes ciudades
de los Estados Unidos
hay vergüenza y soledad
trozos brillantes de

New Vietnam

¿A quién hiere
la realidad?

En esta ciudad
las madres fornican
con los hijos
en habitaciones
de seis dólares
con los animales hocicos
llenos de vodka
y lenguas mordidas
con esputos corintos de Cristodolor.

Caliente licor llueve
rocío delicioso en las puntas
de los dedos
en las puntas de pezones duros
erectos
de bailarinas
bajo las hélices
de helicópteros
verdes poderosos
asesinos
que empujan aire
y la oda de silencios y estruendos
en la voz del infante
que ha perdido todos los días todo el futuro
en el infierno del mal morir .

En la ciudad
entre edificios
jovencitas sonrientes
de hermosas bocas rosas
y pies tersos limpios
cruzan la avenida
sobre esta fétida
y corrompida
promesa venenosa
azul blanca roja
que es

New Vietnam.

Hay juegos de póker
entre soldados y demonios
y juegan muertes
y juegan almas
y vírgenes pierden su virtud
eufóricas por una nueva vida
entre ases reinas reyes
golpeadas por gélidos céfiros
destellos de falsa felicidad.

Ahora el ejército
melancoliza ebrio
y extraña el sabor óxido
de la sangre
en los dientes
en las palmas
en clamores de héroes
que no volverán.

En este lado fantasma del planeta
hay cascadas de risotadas y lágrimas lúgubres
y se camina con la muerte al lado
alienado demente
mira los asesinatos-resurrección
mira la lucha de pueblos que lloran
se oponen
mira la lucha iniciada por
unos pocos residentes
de

New Vietnam.

Y se sabe que será un fracaso
y que la sinfonía del suicidio
franca honesta
incluso ella desaparecerá…

——-
Bauhmsky
Abril 14, 2020.

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Daniel Frini | Poemas

Daniel Frini (Argentina, 1963). Participó en varias antologías en diversos idiomas. Publicó “Poemas de Adriana”, “Manual de autoayuda para fantasmas”, “El Diluvio Universal y otros efectos especiales”, «Nueve hombres que murieron en Borneo» y “La vida sexual de las arañas pollito”. Obtuvo varios premios, el último el 1er Premio del III Concurso Microrrelato Ilustrado Universidad de Jaén.

 

Será

Será que antesdeayer nos despertamos vándalos
y rompimos abrazos, como quien va y rompe vidrios.

Será que ayer nos despertamos cuerdos
y sopesamos opciones como quien malabarea
por monedas
en semáforos que andan proponiendo destinos.

Será que hoy nos despertamos ángeles
y andamos emparchando empachos,
y volviste a elegirme,
y te elegí de nuevo.
Y te ando proponiendo casamiento
en lugares tan románticos
como la góndola de los embutidos,
y me andás contestando paraqués,
si está bien así.Leer más

Óscar Páez | Poemas

Óscar Páez (1993 Huatusco, Veracruz) 
Autor del poemario Los castigados. Estudió creación literaria en el taller red de letras 2019, ensayo con Laury García Dueñas, literatura con el escritor Edgar Pérez, Poesía con el poeta Ángel Vargas y corrección del texto poético con el poeta Jorge Humberto Chávez.

 

soñé con un perro
con un perro desollado
cantaba su cuerpo su
cuerpo rojo silbaba 

Blanca Varela

 

Rojo lamento 

Mi madre soñó con un perro,

un perro desollado a media noche,

un perro que lleva mis vísceras,

mi ropa, la medida de mis ojos,

la oscuridad de mi cabello,

mis tenis rotos

y mis ansias de libertad.

Mi madre soñó con un perro

que le dice mamá y lanza ladridos

en forma de auxilio,

auxilio mamá, auxilio, auxilio.

Soñó con un perro cubierto de sarna,

cubierto de mí,

de mi sombra,

sombra de cuchillos y balas

que atraviesan la piel del can,

del hombre, del niño.

Mi madre soñó con un perro, con un perro

desollado que responde a mi nombre y aúlla

a la noche con lágrimas y gritos.

Mi madre soñó con un perro de 26 años,

desesperado jugando su infancia,

en el cadáver de su propia forma.Leer más

Abraham Montelongo González | Poemas

Abraham Montelongo González (Veracruz, 1994). Poeta y escritor autodidacta, con ensayos,  poemas, y cuentos publicados en diversas revistas digitales como Primera Página y la Piedra de Sísifo.

 

Chupamirtos y rompeplatos

 

Los sueños del rompeplatos
sombra de las rocas cálidas
nacen de la tierra, en las huellas de lagarto.

Bebí de las semillas divinas
en un tambo con agua fría y pedazos de ajo
puse un espejo bajo la cama
embriagándome con la ornamenta
caricia de su manto;
casi  no despierto
soñando que no despierto
y sigo soñando, soñando

Sueño que me digo
“ésta es la verdad”
luego caigo al pozo de mi cuarto
y no reconozco nada;
colibrí cruza el sol entre matas y palmas
llega a mi pecho con sed; le digo
-hay agua para beber si me sangras.

Y sangre de mí, bebe
sabe de lo que yo seré
aunque no dice nada;
mi cuerpo al vacío sede
habita la noche en el relente
bajo las farolas del muelle
con su silencio de paz
a veces fúnebre. 

Por la mañana parecerá que hubo matazón en la majada;
todos mis animales estarán mirando al cielo
algo de mi alma permanecerá en la belleza que aún nos queda
en la luz evidenciando todos los objetos.

Cuando despierto
colibrí retrocede
la abeja para de  libar
abro los ojos y muere.

A lo que dejo en onírias pertenece.

Los sueños del rompeplatos empiezan y empiezan;
son la puerta tras la puerta de mi mente.

 

Sed

I

En esta parte de Veracruz no he visto colibríes
será que aquí las flores son de los garrobos
como en Xochimilco, de las mariposas eran los floripondios
y las ramas altas de la garza y su soberbia.

II

Un día puse mis pies a descansar sobre la mesa, comencé a comer sopas instantáneas casi crudas, dejé de fumar, me puse a ver televisión pública, me revolqué en sábanas recién lavadas extasiado en aromas cítricos. Un día volví a ver caricaturas, dejé la sangre, la sangre roja y falsa del cine explosivo, donde balas y calamares se aferran a tus ojos, donde directores como psicólogos te taladran el inconsciente haciéndote vomitar luego frases robadas y poses extrañas. Un día comencé a rezarle a los santos más bajos, a dar los buenos días, a dar las gracias por todo, así siempre como arrepentido de algo. Dejé que se rompiera mi celular y accedí a la mala señal de radio, pateé la calle con botas recicladas hasta agujerearlas; cráteres de mis pasos. Entonces comencé a escuchar el asedio de las golondrinas hambrientas, que es el viento que tambalea los barcos y las personas. Entonces la sed me despertó de madrugada, sumiso al calor del golfo sacudí mis harapos de sudor. Entonces mientras caía moribunda la araña esquinera, se saló mi gusto mirando las estrellas de un cielo semi despejado en provincia.

Ahí encontré mis palmas llenas de lodo, el coraje que genera lo variable, o lo que contradice. Perpetuo ardor de no cumplir lo íntimamente planeado, como dormir profundamente distanciado de todos los sonidos animales. La vida de frente, desnuda como la trampa de un insecto, mi cuerpo crudo entre los umbrales y los sonidos. Ahí encontré la sombra de todas las pasiones que nacen del sufrir, ahí clamé por la paz de mi sueño. En la intemperie costera, la ansiedad tropical, licor de ferviente puño creador; ahí despojé mi cuerpo de todo lo que la ciudad me había otorgado, de la prepotencia de las lagartijas bajo el sol. Pero no solo yo; nos volvimos iguanas de árbol, en la mata agreste que resguarda los misterios naturales.

 

Dionisio

I

La casa sucia me está mirando
los platos mosqueados y afuera el apocalipsis
el calor aprieta mi piel, respiro viento del golfo; salitre:
alacranes rodeando mis pies
los versos, yo hundido, solos se escriben,
mientras hambriento veo a mis animales juguetear
los dolores del mar sus secretos me dicen.

Encuentro formas en las fracturas del techo
los seres ancestrales de la mística soledad
veo antiguas casas degradadas, y en ellas me veo
será como ver un espejo
ver al tiempo pasar.

II


Embrutece la bebida
hasta que todo parece nuevo
soy
como un niño jugando con angustia
de que termine el juego
y se deba volver a la vida mustia;
los jardines y su enredo
el sobrio desvelo;
jícara de agua fría
abandono del cuerpo.

 

III

Hay error en el placer desprevenido
sucio el ocio es un ser pervertido
el asombro de mis ojos la trampa que aprisiona;
la belleza en todas las cosas
veneno del poeta.

Dionisio colgado del marco de la puerta. 

 

 
Lluvia

I

Hay un reflejo.
Tras la nube gris.
Se rompe,
el espejo de agua.
Lluvia desciende 
sobre palabras.
¿Azur horizonte?

II
Que llueva mientras escampo.
Toda-quema-vía si callo, aquello
que guardo, como raíz sagrada.
Que llueva, me gusta alborear sombrío
con el canto mojado de las a-ninfas-ves
de la mañana.
*


III
Que llue-sagitaría-eva, hasta el hastío; vivas hierbas entre el frío; mi mente en severa calma se haya. 

 

IV
De entre gotas que caen,
lo incomunicable;
nívea flor de cactus
apunta sin filo desobediente al cielo.

Fernando Huaroto | Poemas

FERNANDO HUAROTO (Lima, Perú – 1993)
Ha publicado las plaquetas Canciones para June, Gabaratos y Devociones. Dirige Circo Editorial y el blog manualdepirateria.blogspot.com

 

 

Aeropuertos

la espero siempre a las 12

cambia los colores

de las ventanas todos los días

hoy viernes escogió el rojo

pregunta si estoy bien cada 6 minutos

me dice que no puede dormir

que ha trabajado todo el día

que está cansada

pero no puede dormir

nunca puede dormir

se desespera

me dice que está llorando

que recuerda a su madre en Chile

sabe que se va en febrero

no quisiera regresar, habla

hago como si no lo hubiera escuchado

no se da cuenta

hagamos un trato, me dice

olvidemos todo

no la entiendoLeer más

Juan Pablo Goñi Capurro | Poemas

Juan Pablo Goñi Capurro (1966, Olavarría,Argentina). Escritor, actor, dramaturgo. Ha cosechado algunos premios, publicó varios libros en solitario y centenares de textos recorren el mundo en antologías y revistas, físicas y virtuales.

 

Casi perros

 

Hemos movido la cola

desbordados de alegría,

corrimos hacia quien nos

ofreció caricias

y apoyamos nuestras cabezas

sobre piernas queridas.

Hemos ladrado a la luna

embargados por una emoción inefable,

perseguimos las sombras

dibujadas en las paredes

y jadeamos agotados

esperando el siguiente boceto.

Hemos comido sobras

agradecidos por el alimento,

mordimos huesos hasta agotar

hasta el olor de la carne

y bebimos de charcos cuando nadie

se ofreció a llenar el cuenco.

Hemos huido, hemos ladrado,

hemos andado a cuatro patas,Leer más

Florencia Chaile | Poemas

Florencia Chaile (1993, Comodoro Rivadavia, Argentina). Estudiante de la Tecnicatura Universitaria en Redacción y Corrección de Textos (U.N.P.S.J.B.). Poeta. Fotógrafa. Autora de Poemas de una Bruja (2019, Kuruf), Flujo Negro (2019, Kuruf) y Apología de los Lunares de Sangre (2020, Kuruf).

 

PANTIMEDIAS

 

Entro al Sótano. Y las veo.

Ellas están cerca de las escaleras.

Me repiten que me vaya a la mierda.

¿Cómo puedo irme a la mierda

si ellas van a seguir acá?

 

Me incomoda. Me da ansiedad.

Ellas me siguen. Me conocen.

 

Suben por mis zapatillas.

Me tocan debajo del vestido.

Juegan con mi corpiño

hasta romperlo. Me marcan

el cuello. Me manosean

dejando su saliva en mi piel.Leer más