Autogol, la desaparición de la liga de ascenso

Por Alonso Mancilla

No era de esperarse, mucho menos se imaginaba, que el fútbol desaparecería, pues en el mundo podrían suceder un sin fin de cosas pero entre ellas no estaba el paro del fútbol; tuvo que venir la pandemia para que se parara el deporte más popular del mundo. Como todos los sectores, el fútbol no estaba preparado para dejar de producir ilusiones, risas, emociones y, por su puesto, dinero.

Asimismo, como sucede con las empresas del Grupo Salinas, de Slim o con las cadenas de supermercados, las cuales han dado golpes mortales a la clase trabajadora: reducción de salarios, asistencia obligada a los sitios laborales, despidos y, el ya famoso, Homeofice ―sin mencionar las muertes sufridas por consecuencia de esto―, al fútbol le dieron un golpe certero, específicamente a la Liga de Ascenso.

Enrique Bonilla, el rostro detrás de los grandes empresarios, dueños de los equipos de fútbol y presidente de la Liga Mx, anunció que desaparecería la Liga de Ascenso por los próximos cinco años para, así, convertirla en una liga de desarrollo. Bonilla aprovechó que los trabajadores “se quedan en casa” para aventajarse con un gol y ganar el partido.

Este gran golpe bajo no podría darse de otra manera sino en lo “oscurito” y sin ética, por su puesto ―–la burguesía siempre ha actuado así―, pues no les importa si a los jugadores los dejan sin trabajo y mucho menos quitarles el sustento familiar; de lo que se trata es de que ya no era rentable el “negocito”, pues, según explicó Bonilla, la liga de ascenso perdió ingresos, tanto en patrocinios como en los derechos de televisión. Sin embargo, lo que no dice es que ya no se podía acumular tanto en pocas manos, es decir, hubo una democratización de los derechos televisivos, pues los partidos ya se pasaban, además de en los canales de Televisa deportes, en ESPN y Fox Sports. En los patrocinios no es que hubiera un déficit, sino que los otorgaban más empresas, pero pequeñas. Ya saben, la democratización de algo no le gusta y no se lleva bien con el sistema de destrucción imperante.

Además, según bonilla, hay un déficit de 25 millones de pesos que se debe cubrir cada año por equipo y hay algunos que no lo pueden hacer, por lo que prefirió desaparecer la liga de ascenso; esto, por su puesto, porque el déficit lo tendrían que pagar los “grandes empresarios” de la “gran” Liga Mx, situación que les causó un fuerte dolor en sus cuentas bancarias por su naturaleza de acumular y acumular grandes riquezas. Y pues sí, mejor desaparecer un mal negocio, verdad.

Lo anterior lo justificó Bonilla afirmando que la liga de desarrollo será un semillero de jugadores a la que se le inyectarán 240 millones de pesos anuales por temporada (20 millones por equipo de la Liga Mx), sin embargo, se le volvió a olvidar mencionar que los grandes burgueses de la Mx prefieren invertir en jugadores que les regresaran ganancias ―claro, en menos de 5 años―, puesto que en la liga de ascenso sus ganancias eran bajas y no controlaban a los equipos, como sí lo podrán hacer con la liga de desarrollo. En síntesis, tenían problemas en pagar el déficit de 25 millones, pero no tienen objeción en soltar los 20 millones por el semillero ¿incongruencia?.

Además, la Asamblea de Dueños de la Liga Mx supuestamente ―igual que en Los Simpsons, cuando se reúnen los más poderosos de Springfield en una mesa ovalada para tomar la decisión de matar a Homero― haría mesas de trabajo con equipos de la liga de ascenso para su rescate ―o para comprarlos y callarlos―. Esta asamblea, a través del dirigente de Ascenso Mx, dijo que se les daría una compensación de 60 millones de pesos a los 12 clubes de categoría de plata.

Por consiguiente, estamos ante la neoliberalización de la Liga de Ascenso, pero no para hacer de ella un negocio privado ―eso ya lo era―, sino como la estrategia que se utiliza para desaparecerla, es decir, al más puro estilo de la privatización de TELMEX o de Luz y Fuerza del Centro, el mecanismo es hacerlas quebrar mediáticamente con propaganda negativa: el bajo nivel de la liga, estadios que no cumplen con los estándares, equipos plagados de extranjeros, etcétera; para terminar en un negocio de poquísimas manos y, por ende, de una acumulación mayor.

De lo que se trata es de tener mano de obra barata que le genere grandes ganancias al dueño de las empresas, perdón, de los clubes de fútbol, pues así los grandes trabajadores que salgan del semillero podrán subir a la liga profesional con salarios precarios, ya no como en la liga se ascenso, donde se generaban jugosos contratos para los mejores jugadores de esa categoría, entonces, trabajarán más, con más presión, pero con una remuneración precaria. Negocio redondo ¿no?.

Además, ya hablando del ámbito deportivo, la liga de formación bajará la audiencia y con ello, los patrocinios, por lo que de nuevo los otorgará un número reducido de empresas ¿tal vez Televisa deportes? Si lo pensamos bien, en cinco años ―que se detendrá el ascenso y descenso―, el dueño de toda la liga será uno.

Por otra parte, es un hecho que el fútbol mexicano corre el riesgo de seguir bajando cada vez más su nivel, pues no se piensa en lo deportivo, mucho menos en lo humano ―que son los trabajadores que juegan al balompié―, todo se supedita a lo económico, el ejemplo más claro de cuando pasa esto lo podemos observar en la neoliberalización del sistema de salud. Hoy, en la pandemia, vemos cómo son ineficientes estos sistemas alrededor de todo el mundo, porque se priorizó lo económico por encima de la vida y ahí están las consecuencias.

Asimismo, muchos de los que saben de fútbol se han manifestado en contra de esta medida, entre ellos está el entrenador del “Leganes” Javier Aguirre, quien dijo que la aspiración de los federativos mexicanos es adherirse a la liga estadounidense. No le falta razón en que así sea, pues desde los tiempos en que México se independizó, Estados Unidos siempre lo ha querido como su sirviente y, una vez más, vemos cómo le roba soberanía fútbolística ―el derecho a la autodeterminación: darse la mejor forma de torneo, la que más le convenga―, como consecuencia, utilizaría a la Liga Mx para desarrollar, fortalecer y agigantar la MLS, pues esa gran cantidad de jugadores ―en su mayoría muy buenos― se trasladará a la liga del país imperialista, ocasionando que crezca su nivel; además de que esta pensada adherencia generará ganancias en dólares para la burguesía mexicana, por lo que significará un gran trozo de carne jugoso para su disfrute.

Así pues, a todas luces se vislumbra que es un negocio venido desde la burguesía estadounidense y aceptada por la mexicana, que prioriza lo económico. Por lo que entrenadores y exjugadores de todo el mundo se han manifestado en contra de esta gran injusticia, sin embargo, no basta con hacer presente tales injusticias si no se actúa en contra y eso sólo depende de los jugadores, pero no sólo de la Liga de Ascenso sino de la Liga Mx; de llevar a cabo acciones que puedan contrarrestar la situación. Si no se unen seguirá pasando como hasta ahora, pero si se lograra un sindicato estaríamos hablando de una transformación, no sólo fútbolística, sino social. Se ve difícil, pero tiene que aprovecharse el contexto internacional, los apoyarían no sólo el sindicato argentino de fútbolistas que ya se manifestó, sino estaríamos hablando de los grandes sindicatos del mundo, como el español o el inglés, inclusive la FIFA y organizaciones defensoras del fútbol, de derechos humanos y laborales estaría dispuestas a ponerles cara.

En otro escenario se encuentra el nuevo proyecto la “Liga de Balonpié Mexicano”, proyecto que encabeza Carlos Salcido como presidente, quien aseguró que tiene 20 equipos registrados y en espera 8 más, por lo que de concretarse la liga de balompié, será la alternativa a la Liga Mx. Sin duda, parece ser un proyecto que da esperanza al fútbol mexicano, ya que no estará enfocado plenamente a lo económico sino a lo deportivo y humano, pues Salcido aseguró que trabajarán con los valores de humildad, unidad, disciplina, además de que tendrán sus propias reglas, es decir, apunta a dejar fuera el mercantilismo futbolístico.

Además, el proyecto de Carlos Salcido y compañía vislumbra ser parte de la transformación social, no solamente porque la toma de decisiones será democrática ―los jugadores tendrán voz y voto―, sino porque desde el reglamento se prohibirán los gritos racistas y homofóbicos, inclusive no se permitirá el acceso a las barras que sólo han generado violencia.

Para ir concluyendo, podemos decir que el fútbol sin duda tiene que transformase y eso sólo implica ir hacia adelante, no retroceder como pretende el grupo burgués detrás de Enrique Bonilla, por lo que no solamente hay una alternativa, hay dos y creo que van de la mano: la creación del sindicato de futbolistas y el desarrollo de la Liga del Balompié Mexicano, para que, así, se vaya quedando solo el grupo encabezado por Bonilla y tengamos el fútbol que merecemos, uno más deportivo y humano, pues como ya habría dicho Albert Camus “todo lo que sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

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