Cuestionamientos desde la perspectiva queer hacia el sistema de división sexual en las competencias olímpicas

Chris Mosier. Foto tomada de: smoda.elpais.com

Por Ramón Fernando Stevens Martínez[1]

Introducción

Hay normas que son violentas porque se apoyan en una concepción binaria del sexo que excluye a quienes no son capaces de adaptarse a estos rígidos parámetros. Esto es especialmente preocupante cuando se promueven desde organismos internacionales. En este sentido, una de las instituciones que más ha sufrido trasformaciones en sus nociones sobre el sexo humano y en las regulaciones que de ahí surgen, es el Comité Olímpico Internacional (COI). Dicha institución actualizó las normas que regulan la participación de los atletas transgénero, transexuales e intersexo en el 2015. Estas nuevas reglas si bien favorecieron que los juegos olímpicos se hicieran un evento mucho más incluyente, también establecieron pautas que todavía son problemáticas, ya que dejan fuera a los atletas que por diversas razones no encajan en un esquema que considera al sexo como una categoría dualista inamovible, o a los que les es imposible someterse a terapia hormonal.

El objetivo de este texto es responder a la pregunta: ¿por qué las actuales reglas de participación para atletas transexuales, transgénero e intersexuales del COI constituyen un sistema excluyente? En él, se propone que la normatividad que regula la participación de los atletas olímpicos reproduce dinámicas violentas, principalmente en dos sentidos: está sustentada en la ficción de “los dos sexos”, lo que implica que las personas tengan que atenerse a los estándares institucionales de lo que significa ser mujer u hombre; y las obliga a trasformar sus cuerpos en caso de no ajustarse al parámetro señalado. De modo que el COI, como institución, está promoviendo una idea normativa de sexo por encima de las interpretaciones personales que cada individuo tiene sobre este aspecto de su identidad. Además, aquí se apunta a que la teoría queer provee una perspectiva útil para repensar estas normas, pues permite imaginar regímenes alternativos que ubiquen el respeto a la identidad auto construida de los sujetos al centro de la organización social.

La división sexual de las competencias deportivas

Los modelos de clasificación de sexo usualmente se basan en la tipificación de cinco atributos del cuerpo para determinar el sexo de una persona: cromosomas, genitales, gónadas, hormonas y características sexuales secundarias, como vello facial o desarrollo de glándulas mamarias[2]. No obstante, los esfuerzos institucionales por encasillar los cuerpos en uno u otro sexo han fracasado en encontrar una línea indiscutible entre lo que define a una mujer y a un hombre.[3] Esto es consecuencia de que los seres humanos presentan numerosos traslapes entre cada uno de estos rasgos.[4] Hay autores que sugieren capturar la complejidad del sexo, no como una entidad singular del cuerpo, sino como una multiplicidad de características conviviendo simultáneamente en cada sujeto; cuyas múltiples configuraciones arrojan rasgos variados[5]. Otras perspectivas consideran tomar el sexo en los humanos como una especie de continuo que va de “muy masculino”, es decir, cuando todos los atributos corporales se alinean hacia un polo; a “muy femenino”, o sea, cuando los mismos atributos coinciden en el polo opuesto. De tal manera que la biología de cada persona se ubica en distintos puntos de ese espectro[6].

Las instituciones deportivas internacionales como el COI tienen una larga historia de implementar políticas para determinar quién pertenece a cada sexo: desde “certificados de feminidad” (1940), hasta estudios de cromosomas (1966)[7]. Los motivos para aplicar estas pruebas han cambiado con el paso del tiempo, la justificación actual es que se trata de un asunto de justicia, ya que los atletas no deben tener ventajas “innaturales” a la hora de competir. Aun así, el COI fue una de las primeras instituciones deportivas que impulsó criterios de integración para atletas transgénero en el plano global.[8] En octubre del 2003 el COI convocó a un panel de expertos para actualizar los lineamientos sobre participantes transexuales; éste desarrolló una serie de recomendaciones y pautas conocidas como el Consenso de Estocolmo. Las resoluciones de esta comisión fueron adoptadas por el Consejo Ejecutivo de la COI al año siguiente.

Tras la reunión de Estocolmo, el COI consideró pertinente convocar a otra comisión, en el 2014, para que se tomaran en cuenta los avances científicos en las terapias de reasignación de sexo. Las nuevas recomendaciones forman parte de las directrices actuales del COI, adoptadas en noviembre de 2015. Estas reglas desechan los antiguos requisitos y establecen que las mujeres transgénero sólo deben suprimir sus niveles de testosterona a menos 10 nanogramos por litro de sangre (10 nmo./ L-1), durante al menos 12 meses antes de la competencia; mientras que los atletas en transición de mujer a hombre pueden participar sin restricciones.[9] No obstante, la normatividad vigente sí señala que las atletas cisgénero* que presentan hiperandrogenismo, o sea, que producen mayores niveles de testosterona que los de una mujer cisgénero promedio; tienen que “corregir” su producción de hormonas “masculinas” si quieren competir[10]. Las posturas ante la normatividad vigente se encuentran divididas y el tema es cada vez más polémico, pues el COI se ha comprometido a revisar las reglas antes de las olimpiadas de verano de Tokio en el 2020.

El sexo como constructo social

Entre las contribuciones más importantes de los estudios de la mujer y, más tarde, de los estudios de género, está la diferencia que establecieron entre el sexo, que son las características físicas propias de una especie que se vale de la reproducción sexual; y el género, que se refiere a los constructos socioculturales que se montan sobre la realidad biológica de una persona[11]. Esto sirvió para desnaturalizar muchas de las diferencias que condicionan la vida de los seres humanos y que se justifican en las propiedades “esenciales” del cuerpo con el que nace un individuo. La teoría queer parte de esta división y la lleva aún más lejos, pues cuestiona la dicotomía entre el sexo y el género, en tanto que uno se considera como “natural” y el otro como categoría cultural[12]. Desde un enfoque queer, tanto el sexo como el género son construcciones sociales; la diferencia es que ambos aluden a dos dimensiones distintas de la persona.[13] Así, la idea del sexo que se ha pensado en occidente y que se ha impuesto en todo el mundo realmente no responde a la diversidad presente en el ser humano.

La perspectiva queer está particularmente interesada en analizar las figuras homosexual/heterosexual como un régimen de conocimiento/poder que modela y organiza las instituciones, los discursos políticos, la vida interior de los sujetos y los cuerpos[14]. Esta aproximación utiliza las técnicas de deconstrucción para estudiar la relación simbiótica que existe entre ciertas ideas normativas acerca de la sexualidad y los regímenes económicos, políticos, culturales e ideológicos que ostentan la hegemonía en la sociedad[15]. Estos regímenes construyen categorías que delimitan y controlan la existencia de las personas de un grupo; además, normalizan jerarquías sociales que pueden ser opresivas. Los estudios queer prestan suma atención a la manera en que los discursos construyen la vida, así, se valen de tomar la idea del sexo como constructo social para examinar las mecánicas de poder que se preocupan por conservar una precisa separación de los sexos. En otras palabras, una vez que se cuestiona la noción de que los seres humanos están perfectamente divididos en dos sexos, ¿qué otras premisas de la organización social son puestas en entredicho como consecuencia?

Percibir el sexo como un constructo social no significa que el sexo sea una categoría “inventada” o que se niegue la realidad biológica que presentan los humanos como especie; más bien, se trata de reconocer que la definición aceptada de sexo y la manera en la que las personas son categorizadas en uno u otro grupo, es determinada por la sociedad y sus supuestos sobre el funcionamiento del mundo[16]. Cuando las instituciones deciden el aspecto de la biología de los sujetos que es “la clave” para fijar el sexo de alguien: los cromosomas, los genitales o cierto aspecto del sistema endocrino; se trata de una decisión arbitraria que ignora la diversidad y variabilidad de los rasgos sexualmente dismórficos[17]. Aquí cabe hacer énfasis en un concepto relevante para las discusiones de la corriente de pensamiento queer; se trata del “derecho a la congruencia”, que es la prerrogativa que los seres humanos deben poseer de vivir según términos que tengan sentido con la manera en la que se quieren presentar[18]. Al tomar el derecho a la congruencia como una premisa de organización social, los criterios que rigen la identificación de las personas en el sistema binario pasan a segundo plano; lo cual presenta un nuevo reto: edificar un sistema eficaz, eficiente y que valore la autodeterminación de las personas.

Un sistema de participación excluyente

Para comprender el sistema de participación olímpico actual, es necesario ahondar en el concepto de fair play, ya que es la noción sobre la que descansa la división sexual del deporte profesional. Esta idea supone que la competencia deportiva es más justa cuando las personas participan sin la ayuda de elementos que no son “naturales”[19]. La idea de que se pueden lograr competencias con un piso más o menos parejo, cuando los individuos presentan características diversas desde el nacimiento, requiere que la autoridad institucional elabore un discurso para colocar como admisibles ciertos rasgos que diferencian a las personas: la estatura, el tamaño de las extremidades, la resistencia al sol de la piel; junto con los aditamentos deportivos que claramente son artificiales. Así pues, es importante reflexionar sobre la manera en la que el poder institucional hace “admisibles” ciertas diferencias y no otras, como el que se tome como justo que un corredor con más melanina en la piel compita en un maratón diurno contra una persona de piel clara.

La concepción contemporánea de fair play también está íntimamente relacionada con la idea de que la testosterona es la característica responsable de que los sexos tengan diferentes capacidades deportivas. Sobre lo anterior, Karkazis y Jordan-Young señalan que esta idea está enraizada en una mala comprensión de la naturaleza de la testosterona y sus efectos en el cuerpo humano.[20] Etiquetar a la testosterona como una hormona netamente masculina sugiere que está restringida a los hombres y que es ajena al cuerpo de las mujeres, lo cual ignora el hecho de que las mujeres también la producen como parte del sano funcionamiento de sus cuerpos. Además, la evidencia científica demuestra que la relación entre la capacidad atlética y los niveles de testosterona no es tan directa. La noción prevalente es que a mayor testosterona los atletas tendrían mejores resultados; el problema es que esta idea combina una serie de creencias equivocadas, como que se necesitan las mismas habilidades para tener un buen desempeño en todas las disciplinas y que la testosterona las potencia todas[21]. Si bien hay un consenso en la comunidad científica de que la testosterona es un factor clave de por qué los hombres deportistas de élite son típicamente entre 10-12% más rápidos y más fuertes que sus contrapartes mujeres, este conocimiento es cada vez más cuestionado[22].

En el 2004, un estudio analizó los niveles de testosterona y diferentes tipos de fuerza en atletas de diversas disciplinas; descubrió que no había relación entre la testosterona y la fuerza explosiva, y que había una relación negativa entre altos niveles de testosterona y la fuerza de resistencia[23]. En el 2014, otro proyecto examinó los perfiles hormonales de una muestra de 693 atletas de élite pertenecientes a 15 disciplinas distintas. Los resultados arrojaron que el 16% de los hombres tenían niveles de testosterona inferiores al rango normal, algunos tan bajos que fueron imposibles de medir, mientras que el 13.7% de las atletas presentaban niveles superiores a los normales, incluso dentro del rango masculino[24]. La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF por sus siglas en inglés) organizó su propia investigación en el 2018 con 1100 corredoras en 11 eventos deportivos. El informe reveló que, en 3 de las 11 competencias, las mujeres que registraron menores niveles de testosterona tuvieron mejor desempeño que sus compañeras[25]. La información de estas investigaciones corrobora que los niveles de testosterona entre atletas de élite masculinos y femeninos puede traslaparse; y que, para la mayoría de los deportes, los niveles de testosterona no se correlacionan con un rendimiento superior.

Discursos como el del fair play, que tienen la capacidad de naturalizar lo que en realidad son decisiones institucionales, están diseñados para sostener estructuras que le dan sentido a la cosmovisión de la sociedad de una época y, más específicamente, las estructuras de poder que organizan esa sociedad.[26] Otro aspecto para considerar es que la división del mundo del deporte en dos categorías deja fuera a todas las personas que no se reconocen con algún sexo o género. Algunas personas no se sienten cómodas identificándose simplemente como hombres o mujeres; sienten que su identidad de género es más complicada de describir. Algunos individuos pueden considerar que su género se ubica justo en medio entre el binario, mientras que otros pueden sentirse principalmente hombres, pero no 100% hombres (o viceversa, no sentirse 100% mujeres)[27]. Igualmente, algunos sujetos pueden rechazar por completo la definición de su género en términos de hombre y mujer, para referirse a sí mismos como otra entidad: tercer género, bigénero, andrógino, género fluido, queer y sin género.

En el presente sistema, los atletas que sienten que las etiquetas de “hombre” o “mujer” no los describe tienen que adecuarse dentro de un tipo, porque son las únicas dos opciones que este régimen les permite. Esto es una violación a su derecho de congruencia. Además, están aquellas personas trangénero que no pueden o no desean recurrir a algún proceso quirúrgico u hormonal para ser consideradas como una persona del sexo del que se saben parte. Cabe reconocer que hace falta hacer más investigaciones para comprender mejor los diferentes componentes de la sexualidad humana y el rol que juegan sus múltiples elementos en la habilidad deportiva de los individuos. Quedan todavía muchas preguntas sobre el funcionamiento de la testosterona, así como los alcances de los tratamientos de transición hormonales y quirúrgicos. Algunas posturas plantean que la inclusión de los atletas transexuales, transgénero e intersexuales debe ser pospuesta hasta que se tenga mejor conocimiento sobre estos temas, pues la inclusión de personas transexuales en las categorías femeninas supone una grave injusticia para las atletas cisgénero[28].

¿Cómo conseguir un balance entre la necesidad de inclusión, el respeto a la identidad de las personas y unas competencias que sean percibidas como lo más justas posibles? Los científicos Taryn Knox, Alison Heather y Lynley Anderson han propuesto un sistema que transforme radicalmente la actual organización basada en la división sexual del mundo del deporte[29]. Su propuesta consiste en el desarrollo de un algoritmo que combine múltiples factores que influyen en las capacidades atléticas de las personas, tales como la estatura, el peso, la capacidad muscular, el tamaño del corazón y los niveles hormonales. A partir de esta información se crean rangos en donde participan las personas con facultades similares, sin importar su sexo o identidad de género. Knox et al. recomiendan que este algoritmo debe ser adaptado a las necesidades de cada disciplina, ya que se requieren diferentes habilidades atléticas para sobresalir en cada uno de los deportes[30]. Este modelo de organización podría ser la respuesta a los problemas que se han identificado en esta sección del texto respecto al sistema actual y es más coherente con la perspectiva queer, ya que asegura el derecho a la coherencia que este enfoque defiende.

Conclusiones

Los nuevos parámetros establecidos por el COI respecto a la participación de atletas transexuales han hecho de los juegos olímpicos un acontecimiento más incluyente. No obstante, persisten las restricciones del sistema basado en la división binaria del sexo. Básicamente, el nuevo estándar está centrado en las hormonas: a cierto límite de testosterona un sujeto puede clasificar como “mujer” o pertenecer a la categoría masculina. Lo anterior complica la participación de mujeres cisgénero que naturalmente producen más testosterona de lo “normal”, de las mujeres transexuales que no pueden o quieren someterse a terapia hormonal, y la de aquellas personas que no se autoidentifican con ninguno de los dos sexos. La nueva normatividad ha sido cuestionada por la evidencia científica que complejiza la relación directa entre los niveles de testosterona y el desempeño atlético de los deportistas: si la presencia elevada de esta hormona no siempre se traduce en mejor desempeño, se desvertebra su uso como criterio para dividir las competencias en aras de mantener la justicia.

La teoría queer hace hincapié en los aspectos socioculturales presentes en la concepción del sexo que se hacen pasar por verdades de la naturaleza; así como en el derecho de las personas a vivir y presentarse según una identidad que tenga sentido en sus propios términos. Las discusiones que genera esta postura sirven para más que enriquecer el debate académico, pueden ayudar a visibilizar las redes de poder que dependen de considerar al sexo como una categoría concreta e inamovible. Cuando se analizan las reglas del COI a partir de la sensibilidad queer sus limitaciones se vuelven evidentes; pero también se abre el horizonte hacia nuevas posibilidades de crecimiento humano, demolición de injusticias y comprensión de la diversidad. Desde este enfoque es posible ingeniar novedosos modelos de organización social que no se fundamenten en nociones estables del sexo o en la división sexual. Propuestas como las de Knox et al., que sugieren ubicar a los atletas en categorías que aludan a sus rangos de capacidad corporal, en lugar de a su sexo, dan testimonio de que es viable ingeniar sistemas alternativos una vez que se rompen las concepciones tradicionales sobre el sexo para explorar nuevos matices.

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[1] Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de San Luis; actualmente cursa la Maestría en Ciencia Política en El Colegio de México. Él está interesado en la intersección entre la sexualidad humana y las dinámicas políticas, principalmente en el ámbito internacional.

[2] Riley J. Dennis, Trans Women are not «Biologically Male» | Riley J. Dennis, video, 2017, https://www.youtube.com/watch?v=eWVRzGMVXbM&t=210s.

[3]Rebecca Jordan-Young y Katrina Karkazis, «Some of Their Parts » Gender Verification » and Elite Sports», Anthropology News, 2012: 2.

[4] Dennis, Trans Women are not «Biologically Male» | Riley J. Dennis…

[5] Jordan-Young Karkazis, “Some of Their Parts”, 2.

[6] Rothblatt, The Apartheid of Sex: A Manifesto on the Freedom of Gender, 155.

[7] Kathryn Henne, «The “Science” of Fair Play in Sport: Gender and The Politics of Testing», Signs: Journal of Women in Culture and Society 39, no. 3 (2014): 787-812, doi:10.1086/674208.

[8]Myron Genel, «Transgender Athletes», Current Sports Medicine Reports 16, no. 1 (2017): 12-13, doi:10.1249/jsr.0000000000000321.

[9] Genel, «Transgender Athletes», 12.

[10] Genel, «Transgender Athletes», 13.

* Se trata de una persona cuya identidad de género se alinea con el sexo asignado al nacer. Hay que tomar en cuenta que es posible asumir posturas críticas y desafiantes desde esta identidad.

[11] G. Piantato, «How has Queer Theory Influenced the Ways We Think About Gender?», Working Paper of Public Health 5, no. 1 (2016), doi:10.4081/wpph.2016.6948.

[12]Antropóloco, Steven Universe y la teoría queer (Parte 1): La Identidad Sexual de las Gemas (Análisis), video, 2019, https://www.youtube.com/watch?v=AlFQBVBpb9g.

[13] Dennis, Trans Women are not «Biologically Male» | Riley J. Dennis.

[14] S. Seidman, «Deconstructing Queer Theory or The Under-Theorization of The Social and the Ethical», in Social Postmodernism: Beyond Identity Politics (Nueva York: Cambridge University Press, 2019), 116-141.

[15] Kähkönen y Sudenkaarne, “Queer, Biopolitics and Bioethics”, XI-XIX.

[16] Trav Mamone, «Is Biological Sex a Social Construct? It’s Complicated», Pastemagazine.Com, 2019, https://www.pastemagazine.com/articles/2017/07/sex-social-construct.html.

[17] Mamone, «Is Biological Sex a Social Construct? It’s Complicated».

[18] Antropóloco, Steven Universe y la teoría queer (Parte 1): La Identidad Sexual de las Gemas (Análisis), video, 2019, https://www.youtube.com/watch?v=AlFQBVBpb9g.

[19] Henne, «The “Science” of Fair Play In Sport», 790.

[20] Katrina Karkazis y Rebecca M. Jordan-Young, «Opinion | The Myth of Testosterone», Nytimes.Com, 2019, https://www.nytimes.com/2019/05/03/opinion/testosterone-caster-semenya.html.

[21] Karkazis y Jordan-Young, «Opinion | The Myth Of Testosterone».

[22] Sean Ingle, «Caster Semenya Q&A: The Runner’s Discrimination Case Explained», The Guardian, 2019, https://www.theguardian.com/sport/2019/apr/30/caster-semenya-runners-discrimination-case.

[23] Mikel Izquierdo et al., «Maximal Strength and Power, Muscle Mass, Endurance and Serum Hormones in Weightlifters and Road Cyclists», Journal of Sports Sciences 22, no. 5 (2004): 465-478, doi:10.1080/02640410410001675342.

[24] M. L. Healy et al., «Endocrine Profiles in 693 Elite Athletes in the Postcompetition Setting», Clinical Endocrinology 81, no. 2 (2014): 294-305, doi:10.1111/cen.12445.

[25] Roger Pielke, Ross Tucker y Erik Boye, «Correction to: Scientific Integrity and the IAAF Testosterone Regulations», The International Sports Law Journal 19, no. 1-2 (2019): 27-28, doi:10.1007/s40318-019-00149-4.

[26] Thomas F. Corrigan et al., «Discourses of the “Too Abled”: Contested Body Hierarchies and the Oscar Pistorius Case», International Journal of Sport Communication 3, no. 3 (2010): 288-307, doi:10.1123/ijsc.3.3.288.

[27] Trans Rights and An Terms, «Non-Binary People — Scottish Trans Alliance», Scottishtrans.Org, 2019, https://www.scottishtrans.org/trans-rights/an-intro-to-trans-terms/non-binary-people/.

[28] «Transgender Athletes: Sharron Davies Wants IOC Clarity Before Tokyo 2020 Olympics», BBC Sport.

[29] Knox, «Transwomen in Elite Sport: Scientific and Ethical Considerations”, 400.

[30] Knox, «Transwomen in Elite Sport: Scientific and Ethical Considerations”, 400.

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