El rol de la mujer frente al cambio climático

(Parte II)

Po Indira Eyzaguirre

Resumen

Las sociedades desarrollan sistemas basados en ideologías que definen patrones culturales, económicos, sociales y políticos; sin embargo, en muchos de los casos no se tienen en cuenta los problemas ambientales, como el cambio climático, que -entre sus causas y efectos- está directamente relacionado a la actividad antropológica. Aunado a ello, la opresión y silenciamiento proveniente de una sociedad patriarcal causa estragos al sexo femenino, en el principal rol que tienen ellas frente a la seguridad alimentaria a nivel mundial. Ante este panorama, el presente ensayo pretende abordar la realidad del rol que cumplen las mujeres andinas, asiáticas y africanas en torno a las comunidades frente al cambio climático en diversas realidades sociales, incluyendo la capacidad de vulnerabilidad, adaptación y resiliencia mediante la simbiosis socio-natural que ellas desarrollan frente a las externalidades socio-ambientales.

La mujer andina: Perú y Bolivia

La historia de la realidad latinoamericana va acompañada de mucha violencia y genocidios desde la época de la invasión española, frente a ello se definen los nuevos patrones socio-culturales actuales. En el caso de Perú, que pasó por diversos cambios sociales y económicos orientados a la modernización a partir de los años sesenta, como la imposición de patrones tradicionales respecto al tamaño de la unidad familiar, a los roles domésticos y públicos, a las pautas de atención de la salud y de la salud reproductiva, a las prioridades de escolarización de los hijos varones; tal como mencionan Blondet y Montero (1994):

“…En el terreno político, en el decenio de los 80, se inició el restablecimiento de la democracia, luego de doce años de gobierno militar; sin embargo, a partir de esos años la crisis socio-económica se sumó a la guerra interna, la violencia desatada de los grupos subversivos se confrontaron abiertamente a las fuerzas armadas y ambos con la población civil; con 24 mil atentados terroristas, pérdidas materiales, 25 mil personas murieron en todo ese proceso en la época de 1980-1993. El debilitamiento de estado y las consecuencias de la opresión a todo nivel dejó un espacio de acción aún en esa situación a ONGs con auspicios internacionales para promover sectores populares feministas como comedores, vasos de leche, clubes de madres, entre otros con el fin de fortalecer a los grupos feministas…”

Empero, entre tantas consecuencias de opresión, se encuentra el caso de la esterilización forzosa de más de 200000 mujeres indígenas (quechuas) con la excusa de un plan masivo de salud pública a cambio de diversas promesas (económicas, alimenticias) para las mujeres que se sometían a la intervención quirúrgica con el fin de controlar las estadísticas demográficas; en la época del gobierno de Fujimori, quien junto a tres exministros de Sanidad serán denunciados por genocidio por el Congreso peruano para el año 2002. Toda esa opresión contra la mujer andina se evidencia en la cinematografía peruana como es el caso del filme dirigida por Claudia Llosa: ”La teta asustada” estrenada el 2008; la cual trata de la transmisión de una enfermedad basada en las creencias andinas de transmitir el miedo y el sufrimiento de las madres violadas a las hijas mediante la leche materna durante la época del terrorismo en el Perú; o “Madeinusa”, dirigida por la misma directora y estrenada el 2006; la cual trata de la representación y las costumbres de la mujer andina en un pueblo perdido en la cordillera blanca del Perú, muestra la opresión que sufre la mujer andina incluyendo la discriminación, el silenciamiento causado por las tradiciones impuestas y la realidad peruana que aún no es muy lejana a la realidad actual.

Aunado a ello, según un informe del Banco Mundial (2013), en la sierra peruana, las mujeres prácticamente hacen el mismo trabajo en el campo que los hombres, además de cuidar los hijos y el hogar. Pero esas labores no son suficientemente valoradas. El poco reconocimiento del papel de la mujer en la vida rural peruana ha contribuido, a su vez, a que sean sub-representadas en las directivas de las organizaciones de riego y que su voz y sus intereses no sean suficientemente tomados en cuenta en las tomas de decisiones. Sin embargo, el papel de la mujer rural en la cadena productiva de una familia en la sierra puede y debe ir mucho más allá: el impulso y el reconocimiento de la participación de las mujeres en la agricultura, su acceso a puestos de líderes en sectores y comunidades puede ayudar a mejorar los ingresos de sus hogares a la vez que se fomenta la inclusión y la equidad en una sociedad que lucha por salir de la pobreza; sin tener en cuenta, como mencionan Aderson, Marengo y Villalba (2004), que los andes tropicales albergan una extraordinaria diversidad biológica y cultural por el gran mosaico de ecosistemas, tanto los humanos como la biota se han ido adaptando a la heterogeneidad del paisaje y a las fluctuaciones en las condiciones climáticas de los andes. No obstante, los efectos del cambio climático en estos ecosistemas tan frágiles ya se han observado, es ahí que se puede reestablecer la hipótesis de lo que podría ocurrir en los próximos cien años, como en el caso de los sistemas acuáticos, donde por el aumento de la temperatura se intensifica la evaporación de lagos y humedales, sin olvidar la reducción de hábitat, disminución de las precipitaciones, que son ciclos importantes para estos ecosistemas. Por tanto, el acceso a recursos comunes como el agua se verá obstaculizado y las principales actoras sociales perjudicadas son las mujeres.

Ante toda esta problemática de la realidad peruana, existen muchos estudios sobre la mujer como pilar de la seguridad alimentaria en las zonas rurales; enfrentando como primer obstáculo la falta de reconocimiento del trabajo doméstico diario, el trabajo no remunerado ni registrado oficialmente, la limitación de participación política y también familiar, entre otros. Así, como menciona Fuentes Henry (2010), sobre la importancia de la mujer en la seguridad alimentaria en los altos andes peruanos debemos reconocer que:

“…La contribución de la mujer en los aspectos señalados da cuenta de su enorme importancia en la seguridad alimentaria de las zonas rurales. En tal sentido, los programas y proyectos sobre esta problemática no deben perder de vista las consideraciones de inclusión y de género para asegurar resultados y sostenibilidad. En estos aspectos las mujeres podrían encargarse de procesos que mejoren la economía campesina familiar a partir de mejoras productivas, como por ejemplo: la producción de lácteos y sus derivados, artesanía, clasificación de fibra de alpaca, entre otros. Un ejemplo adicional y muy valioso es la experiencia huancavelicana es el cultivo de hortalizas en invernaderos conducidos por mujeres. En nuestra experiencia, esta acción no incrementó las tareas de la mujer sino que se complementó con sus otras tareas. Las mujeres fueron capacitadas en la producción de hortalizas y luego continuaron con la comercialización de la misma en las ferias locales de Huancavelica. De esta forma, los recursos que ingresan por esta actividad y manejados por la mujer, son utilizados en reales necesidades de las familias, tal como educación, salud o alimentación. Esta experiencia, además, mejora su condición dentro de la familia pues a sus tareas en la familia se suma el acceso y manejo a recursos monetarios, así lo manifiesta una de las mujeres que formaron parte del proyecto de desco: “antes íbamos a la feria a comprar, ahora vamos a vender”. Esta cita nos habla claramente del enorme impacto de esta actividad. A estas experiencias se suman otros estudios que revelan la asociación entre mejoras en seguridad alimentaria y el acceso de las mujeres a ingresos propios. Por tanto, las intervenciones en seguridad alimentaria públicas y privadas tienen el enorme desafío de reorientar sus lineamientos para asegurar el tratamiento de los problemas que limitan el papel de la mujer en la seguridad alimentaria…”

El caso de Bolivia no es tan lejano a la realidad actual de la mujer peruana en el mundo andino. En La Paz, Bolivia, la situación de la mujer en los barrios marginales tiene relación con la agresividad masculina causada por el dinero y por los celos, que perjudica opresivamente a las mujeres. Allí, se ven protestas contra la violencia feminicida que tiene su expresión en asesinatos causados por infidelidad, por la concepción tradicional del hombre de cree que las mujeres “sirven” sólo para procrear hijos (su descendencia), no valorándolas como mujeres, esposas y trabajadoras. Junto con el problema social de la pobreza extrema, se hace crítica la realidad de la mujer boliviana, quienes trabajan en el comercio de frutas, golosinas, venta de comida, lavado de ropa, hilado y tejido de lana, empleadas domésticas con una jornada típica iniciándose a las cinco de la madrugada para hacer la limpieza total del hogar, dispononer la alimentación de los hijos, asegurar su educación saliendo del “trabajo”, a las siete u ocho de la noche después de comercializar sus productos. Por tanto, como es de suponer, la jornada laboral de las mujeres en mayor que la de los hombres; así como la contribución económica suele ser mayor por parte del género femenino.

Ante ello, se debe pensar en la “revolución”, y transformar esa situación requiere ir más allá de los límites de un sistema obsoleto, incluyendo las lecciones aprendidas como los avances que tuvieron las mujeres en la construcción socialista soviética. Así, la “revolución femenina”, con la búsqueda de equidad, podrá acabar con esta opresión y con la construcción de una sociedad más justa en términos socio-ambientales.

La mujer asiática: El caso de la India

Existe una abismal diferencia entre los derechos de las mujeres en la India, ya que la desigualdad de género traspasa cualquier situación. En India, una sociedad patriarcal y, en algunas zonas, altamente extremista en términos de tradición -como el caso de la práctica antigua del “Sati” o quema de mujeres por quedar viudas al morir sus maridos-, el 80% de matrimonios son concertados por familiares, por ende la mujer sólo es vista como un bien económico, siendo sometida a decisiones opresoras. Para esta problemática socio-cultural, la constitución india reconoce la no discriminación de género en los artículos 14, 15 y 16; en concreto, en el artículo 15 (3), permitiendo al Estado tomar medidas especiales para garantizar la igualdad para mujeres y niñas; así como el artículo 39 que insiste en la creación de políticas gubernamentales que aseguren los derechos iguales de género, como el salario justo. Asimismo, en el 2001, se promovió la ley de prohibición del matrimonio infantil que forma parte de la enmienda de la ley de Matrimonio Hindú de 1955, proporcionando el derecho a las mujeres y niñas a rechazar un matrimonio infantil arreglado y fija los 15 años como edad mínima para contraer matrimonio. Aunque, según la UNICEF, existe un 56% de casos de matrimonio precoz en la India rural y un 29% en el área urbana.

Otra enmienda importange fue la hecha en 1984 a la Ley de Prohibición de Dote, donde se reconoce como una tradición ofensiva hacia la mujer incluyéndose en el Código Penal un ítem referido a “Muerte por Dote”. Aunque se validó esta legislación, la realidad aún evidencia lo contrario, ya que la tradición continúa, incluso, muy intrínseca en la estructura de las sociedades indias, por ello se sigue acordando previo al matrimonio la cantidad de dote y, aún después de éste, se sigue exigiendo más dote por parte de la familia del marido. Siguen existiendo, además, casos en la actual India de mujeres impulsadas al suicidio o al exilio por presión económica. Asimismo, en el 2005, se impulsó la Ley de Protección a la Mujer por Violencia Doméstica, pretendiendo asegurar la autonomía de las mujeres; sin embargo, las barreras culturales y la dependencia económica hacen imprácticas estas leyes. No está de más recordar que la violencia a la mujer se desarrolla en tres contextos: la familia, cuando incluye en sus estructuras la jerarquización; la comunidad, cuando permite el control con la hegemonía masculina; y a través del consentimiento del Estado, que llega a legitimar algunos derechos de los hombres sobre las mujeres.

Así, también, en el 2003 se impulsó la Ley de Técnicas de Diagnóstico de Preconcepción y Prenatales para reducir el infanticidio femenino a través de la prohibición de revelar el sexo del bebé antes de su nacimiento; no obstante, aún continúan los abortos selectivos en función del sexo, el abandono de las mujeres neonatales o de los bebés de sexo femenino, pese a la presencia de ONGs y otras ayudas, debido al temor de la dote y las pérdidas económicas, gracias a una visión de la mujer como bien económico. A su vez, mediante una enmienda, realizada en 1986, de la Ley de Tráfico Inmoral se reconoce la explotación sexual masculina o femenina haciendo las leyes más rigurosas contra los traficantes, ya que cada día alrededor de 200 niñas y mujeres son introducida al tráfico sexual ilegal en la India, el 80% de ellas lo hace contra su voluntad por pobreza extrema o analfabetismo. Según la Oficina Central de Investigación de India, hay 3 millones de prostitutas en el país de las cuales el 40% son menores. El gran problema es la falta de transparencia del Gobierno y la débil persecución que se hace de este tipo de delitos, ya que la mayoría de los crímenes no son penados, por lo tanto no son erradicados.

Por su parte, el trabajo femenino en la India es “invisible”, ya que el 95% de las mujeres trabajan en el sector informal económico por lo que su trabajo no es reconocido en las estadísticas oficiales. Ellas ejercen trabajos en el sector agrícola, principalmente en las zonas rurales, donde la mano de obra es de 40%. Pese a la feminización agrícola, ellas no gozan de independencia económica por la cultura patriarcal y las tradiciones, ya que la mujer, en la India, no puede acceder a las herencias ni poseer propiedades dependiendo totalmente de sus padres o maridos.

Respecto a la educación, se prioriza a los niños sobre las niñas, debido a que su formación es innecesaria por la dependencia futura a un hombre, por lo que quedan relegada a las tareas del hogar; esto ocasiona que las niñas se queden en sus casas aprendiendo, mediante la observación, las prácticas de sus madres en el día a día. Así, las exigencias profesionales son mayormente masculinas (médicos, ingenieros) como parte intrínseca de la estructura social hindú; por ende, el futuro de las mujeres queda obstaculizado y, por qué no, silenciado. A causa de los matrimonios concertados, las dotes y los problemas de educación, existe una gran discriminación a la mujer en el sector salud, se encuentra en las estadísticas mayor porcentaje de niñas desnutridas y con embarazos precoces. Asimismo, las mujeres no cuentan con ningún tipo de poder o decisión dentro de la pareja, lo que les impide controlar sus relaciones sexuales haciéndola más vulnerable ante enfermedades de transmisión sexual como el SIDA.

El gran desafío para la democracia india es incluir la participación de las mujeres a nivel político, es decir, dar poder a la mujer para la toma de decisiones, lo cual no fue incluído como demanda sino hasta la creación del Comité sobre la Condición de la Mujer en la India, o CCMI, en 1976. Aunque, por otra parte, el gran problema de la India es la pobreza extrema, causado por el sistema de castas. Si bien esto tiene como resultado que la casta más denigrada sea la de los Dalit,como menciona una entrevistada en el documental “Shakti el poder de las mujeres” del canal New Atlantis Full (2011): las mujeres en la India son » más pobres que el más pobre entre todos los hombres”.

Afortunadamente, frente a toda esta problemática que sufren las mujeres en la India y su importante papel en la agricultura familiar, la seguridad alimentaria y, por lo tanto, su rol frente al cambio climático se incentivan proyectos socioambientales que mitigan la desertificación y erosión causada por factores climáticos y antropológicos como la agricultura industrial, el sobrepastoreo, la deforestación y las prácticas de irrigación. Así, la ONG Youth for Action (YFA) incentiva a fortalecer los conocimientos tradicionales de las mujeres rurales, con el objetivo de dar posesión autoritaria y voz a las mujeres mediante la capacitación educativa a mujeres del distrito de Mahaboobnagar de estado de Andhra Pradesh, quienes desarrollan capacidad de liderazgo. Son mujeres preocupadas por su realidad social y su entorno ambiental, ya que ellas administran los recursos naturales como el agua, el combustible, el forraje y lasbfrutas. Siendo éstas mujeres quienes sufren en primer grado las consecuencias de la degradación de los recursos naturales por encontrarse estrechamente ligadas a su ambiente.

Este proyecto de género incluyó, más puntualmente, capacitar a las beneficiarias para desarrollar capacidades de liderazgo y trabajo en equipo, ayudándolas a terminar sus estudios; se analizararon, también, otras fuentes de ingreso como plantaciones de mango, cultivo de hortalizas, explotación de recursos lácteos, entre otras actividades; ya que ellas tienen que afrontar los cambios en los hábitos alimenticios en un escenario donde la presión del mercado internacional llevó a la intensificación de la agricultura y la sobreexplotación acuífera que generan externalidades negativas en la composición físico-química del suelo, obteniendo como consecuencia suelos degradados, cuyo grado de fertilidad es baja. Ante toda esta problemática, se desarrolló la arboricultura, con las mujeres trabajando durante el verano de 1992-1993; se limpió el terreno, se construyeron diques de contención hídrica, se instaló un vivero y se practicó la horticultura. Finalmente, los hombres se interesaron en estas actividades y se comprometieron a sembrar 34 hectáreas de tierra, así, se acordó compartir las actividades y responsabilidades de gestión de la tierra.

En síntesis, pese a toda la problemática socio-económica e histórico-cultural que vive en el día a día la mujer india, no todo está perdido, ya que existen muchas ONGs e instituciones como movimientos para iniciar a fortalecer la independencia económica de las mujeres mediante bancos financieros para el acceso al crédito con el fin de mejorar la calidad de vida, y como SEW (Self Empoyed Womens Association) brindando seguro a todas sus asociadas.

La mujer africana: Casos de países africanos

Las situaciones más críticas y extremas que las mujeres viven se registran en los países del África, las causas son la opresión y el silenciamiento a nivel cultural, económico, político y social al que son sometidas diariamente. Tal es el casos de Ruanda, Sierra Leona y República Democrática de Congo (RDC), donde las guerras civiles (1998-2003) dejaron externalidades negativas, incluyendo desplazamiento forzado, violencia sexual como arma de guerra, restricciones para el acceso de ayuda comunitaria, una débil estructura política y económica, que en apariencia son sólo situaciones sociales y culturales; sin tener en cuenta los factores ambientales como la desertificación, la erosión, la contaminación hídrica y todos los efectos del cambio climático sobre tierras africanas. Así pues, el acceso a la educación y la salud es nulo para las mujeres y niñas en RDC; aunadp a ello, según las estadísticas, los niveles de agresión sexual en RDC son los más altos a nivel mundial (1152 mujeres son violadas a diario). Según el informe de American Journal of Public Health, dichos delitos son perpetrados por los principales actores de las guerras civiles: militares congoleños, tropas rebeldes y reclutados soldados, sin olvidar que el 57% de las mujeres embarazadas padecen de anemia, según el Banco Mundial. Estas mujeres agredidas sexualmente sobreviven en campos de refugiados en Ruanda, además de wue el 60% de mujeres y niñas sufren de VIH, según Caddy Adzuba. Al respecto, una activista congoleña que ganó el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en el 2014 menciona:

«Hoy, la mujer congoleña víctima de los conflictos armados, violentada y violada, ha perdido toda su dignidad y vive en la deshonra. Ella, cuyos órganos genitales fueron sometidos a los ultrajes más viles, condenada a la esclavitud sexual y rechazada por su propia comunidad, lleva 18 años sufriendo: 18 años de tortura, 18 años de destrucción, 18 años de huída errante y desplazamiento, 18 años de pobreza extrema»

Las externalidades de la Guerra Mundial Africana, la Guerra del Coltán o la Gran guerra de áfrica son conflictos armados más devastadores que provocaron genocidios de cerca de 4 millones de personas. Todos estos delitos han quedado impunes y sin ningún tipo de justicia, pese a los intentos de organizaciones como el caso de los nueve centros de ayuda del PNUD donde se suministra asistencia jurídica y médica a víctimas de violencia sexual. Sin embargo, es sólo una solución para la punta del iceberg de toda esta problemática social.

Para el caso de Sierra Leona, donde las guerras duraron casi una década, dejando 50000 muertos y donde se cometieron atrocidades contra mujeres, donde, como en una película de terror, los niños y niñas se convierten en máquinas de matar bajo efecto de drogas, tal como lo menciona el funcionario de Protección de la Infancia, Michael Charley, para UNICEF: “A estas niñas y niños se les concedían altos rangos. Se les nombraba coroneles y generales, y esto hacía que se sintieran poderosos”. Pese a que, actualmente, gracias a los esfuerzos de organizaciones se ven pancartas de paz diciendo: “no, no a la guerra. Queremos la paz”, la violencia contra las mujeres, niños y niñas continúa, delitos que al igual que en RDC no se denuncian y quedan impunes.

Tal es el caso de generales rebeldes tutsis y extremistas religiosos, como se evidencia en el documental de la televisión francesa en el canal TV Odisea (2007), “Coltán: Comercio sangriento”, en la entrevista en el Cuartel General de L. Nkunda:

“…(Relato de periodista) bajo su nombre domina toda la región, el control es estricto por temor a un atentado. Este es el general Nkunda, sin armas, hace alarde de la tranquilidad de un oficial británico. Incluso, en el corazón de su territorio está rodeado de guardaespaldas que omnipresentes no nos quitan los ojos de encima (…) Se considera a sí mismo un hombre de Dios; (Nkunda) ésta es nuestra capilla, ésta es nuestra bandera, nuestro estandarte. Los caracteres están en hebreo, (relato de periodista) el general se ha asignado a sí mismo el papel de Moisés; (Nkunda) “todo aquel que acepta que Jesús es el rey de reyes y señor de señores es miembro de nuestro grupo, es nuestro hermano, ese es un mensaje que nos envió Dios el 10 de abril del 2007. Estábamos reunidos aquí en la sala y el Señor nos envió un mensaje: Que deberíamos cambiar las cosas. (Relato de periodista) ¿Usted es pastor?, eso se remonta a varios años; (Nkunda) sí, se remonta a varios años, soy Pentecontista por adición, pero naturalmente soy adventista del Séptimo día, vivir en la selva no me impide continuar con esta misión eclesiástica. (Relato de periodista) En su solapa un ícono que dice: Rebels for Chris. (Nkunda) es una organización, es de origen americano. Predican muchas veces en las rebeliones. (Relato de periodista) el pastor ha reclutado a sus seguidores en donde menos habría esperado. (Nkunda) Entre nuestra gente que se ha unido, reza por Rebels for Chris y muchos de ellos son musulmanes y han escrito algo allí abajo (muestra en la pared) que no sé qué es, no sé leerlo. (Relato de periodista) ¿Se le han unido musulmanes? (Nkunda) Sí, tenemos una doctrina, nuestra doctrina es la justicia cristiana y cuando un musulmán se adhiere a la justicia cristiana, debe tener un comportamiento consecuente a pesar de su fé musulmana. (Relato de periodista) Puede que sea un hombre de dios, pero el pastor es sobre todo un combatiente. (Nkunda) Jesús dijo os doy las ovejas para dar la vida en abundancia, quiere decir que el pastor tiene el deber de proteger a las ovejas sobre todo, si la situación es armada el pastor debe proteger a las ovejas de forma armada. (Relato de periodista)…él prefiere a sus aguerridos combatientes que lo adulan,… le debe su apoyo al presidente Kagame, un tutsi como él, presidente de Ruanda……quienfinancia su rebelión a través de la extracción de minerales como oro, coltán, entre otros…”

Ante todo esto, el panorama general en países del África no mejora, se evidencia desplazamientos forzados causados por las mismas guerras, y discriminaciones por depuraciones étnicas, lo que causa problemas sociales y de salud como la expansión del VIH en estos campamentos, ya que muchos de los “brujos” o “chamanes” tienen la tradición de decir a los portadores de este virus que la cura es ultrajar a niñas vírgenes.

Por su parte, el caso de la violencia sexual como arma de guerra ha sido practicada en RDC, pero también en Rwanda donde se estima que el número de mujeres violadas durante los tres meses de genocidio en 1994 se sitúa entre 100000 y 250000 casos, así como en Sierra Leona con una estadística de más de 60000 mujeres ultrajadas en toda la guerra.

Sin duda, todas estas externalidades negativas afectan directamente al desarrollo socio-ambiental de un país, incluyendo los impactos negativos causados por el cambio climático que provoca desertificación e influye en el acceso a recursos esenciales como el agua; como se hace manifiesto en casos como el de una mujer africana que corrió la maratón de París con un bidón de agua sobre su cabeza y con un cartel que decía: “En África, las mujeres recorren cada día esta distancia para conseguir agua potable”; de esta forma, Siabatou Sanneh evidenció la distancia que debe recorren la gente de su aldea en Gambia para conseguir agua potable.

La mujer entorno a las comunidades

Según el documental Alma Viajera de Planet Doc (2014), la tribu EKOR localizada en las montañas del norte de Laos Annam, en los márgenes del río Mekong, en Tailandia, es una de las muchas tribus donde se ve la opresión que sufre la mujer a un nivel cultural. Los roles que cada sexo cumple están divididos por aprendizaje y observación, acciones pasadas de madres a hijos. Así, los hombres cumplen una función reproductora para asegurar la prole y mantener la población de la tribu; una vez asegurada su descendencia, pasado los cuarenta años, fuma opio para “enfrentar el día”. Cabe señalar que, en el documental, se muestra rara vez un hombre trabajando en la agricultura, mientras que las mujeres desarrollan actividades principales como limpiar la casa, se encargan de las tareas domésticas del día a día, como moler arroz que ellas mismas cultivan, abastecen de agua caminando tres kilómetros con cincuenta kilos en la espalda hasta un manantial todos los días; ellas desarrollan sus propias herramientas como barriles de bambú y cañas del mismo material para acarrear agua diariamente. Es ñor eso que insistimos que en las manos de ellas está la seguridad alimentaria de sus tribus, ya que preparan los campos para plantación de arroz y esperan lan llegada de la estación de lluvias, teniendo una filosofía simbiótica intrínseca arraigada a su tradición respecto a su ambiente, ellas colocan una hoja de las plantas locales y cantan a la “Madre Naturaleza”, como costumbre diaria, a manera de retribución por cortar leña de los bosques.

Así, es posible observar que el cambio climático puede afectar la dinámica y estructura social de esta tribu, ya que una de las consecuencias de dicho fenómeno es la disponibilidad de agua a nivel mundial. Muy posiblemente, los acuíferos superficiales y subterráneos cambien por la dinámica hídrica terrestre, ante estos cambios naturales las mujeres pueden verse sujetas a tener que caminar más kilómetros para abastecer a sus familias de este recurso tan importante y básico; dejándolas sin tiempo para el desarrollo de sus otras actividades, como el cuidado del futuro social de su tribu: sus hijos e hijas, y así asegurar su descendencia futura.

Tal es el caso de Harar en Etiopía, mencionado en el documental “El milagro del agua en el África” (2014); en donde las costumbres y la estructura social están basadas en torno a uno de los recursos más importantes y básicos de la humanidad: el agua. Son comunidades de pastores de quienes su vida cotidiana depende del “ir y traer” el agua diariamente; las niñas y mujerespor recorren aproximadamente veinte kilómetros a pie para acceder a las fuentes más cercanas de agua y llevarla hasta sus familias. Son, ademas, las madres y niños quienes se ocupan del trabajo doméstico y los hombres e hijos mayores se dedican al cuidado del ganado encargado por los ganaderos que viven alrededor, quienes impiden el acceso al agua a estas poblaciones. En dicho documental, Ardo y Nema son dos niñas que cuentan que su madre golpeó a una de ellas por lavar sus manos con agua que acababan de traer del pozo; ya que la falta de agua es extrema, por lo cual se vuelve un recurso indispensable:

“…La verdad es que nuca dejamos de trabajar, el agua nos ocupa toda la mañana y por la tarde volvemos al monte para recolectar ramas secas que vendemos en la ciudad y conseguir así algo de dinero, ese es un trabajo aún más duro que el de recoger agua pero a mí me gusta más porque así puedo ir a la ciudad; algún día me gustaría vivir allí, en la ciudad todo es más fácil, la gente tiene luz y agua sin tener que dedicarle todo el día a eso. (…) Cuando sea grande quisiera tener muchos hijos y así no sea yo quien traiga agua; sino mis hijos. Yo cuidaré de los más pequeños y de mi marido; por eso quisiera casarme con un hombre que no se vaya lejos y me deje con todo el trabajo”.

Como la madre de ella menciona en el mismo documental “Los hombres vienen y van; así son ellos como el agua vienen y van…”

 

Es evidente que estas niñas son privadas de ingresar al sistema educativo porque todo el día se mantienen ocupadas en sus tareas domésticas y no tienen tiempo para estudiar. Aunado a ello, cada vez es mayor la distancia entre sus aldeas y los puntos de acceso de agua; sin tener en cuenta las enfermedades que padecen por la calidad de ésta. Como se ve en el docuemntal, después de cumplir con la obligación de abastecer de agua a sus familias, las mujeres venden leña que ellas mismas cortan en el monte como principal fuente de ingreso, transportan caminando dos horas a pie para llevar su producto al mercado; si la venta fue buena ganan hasta tres euros, dinero que usan para adquirir bienes básicos como sal en el mismo mercado.

Aunado a ello, la problemática de la mujer a nivel comunitario, se extiende a nivel mundial, ya que el rol de las mujeres indígenas está definido por la maternidad, asociado a la reproducción física y cultural; además, por su condición de mujer, asumen una gran responsabilidad de transmitir los conocimientos y la cultura de sus pueblos (Gutiérrez, 2008). Tal es el caso de los indígenas wayuu de Guajira, Colombia, quienes usan indicadores ambientales (animales, maíz, pájaros, entre otros) para comprender los cambios de la naturaleza; por ello las ancianas podían prever eventos como las lluvias, el frío, el calor, la caída de las hojas de los árboles y por ende el cambio de una estación a otra; así como sus conocimientos sobre las medicinas tradicionales transmitidas de generación en generación mediante la mujer indígena. El rol que cumplen, entonces, es velar y proteger a sus familias, la madre tierra y la naturaleza, por ello, la gran importancia de la mujer wayuu en la sociedad. Sin embargo, estos conocimientos están cambiando ya que el clima está tornándose más impredecible, causando escasez de agua, pérdida de cosechas y, por ende, abandono de tierras; ante ello estas comunidades y su conocimiento están desapareciendo de a poco (Urlana, 2008).

Empero, este conocimiento tradicional no se está perdiendo del todo. En países andinos aún se cree en la Pachamama, la madre protectora que brinda seguridad alimentaria para miles de personas; como el caso boliviano donde viven en armonía con la naturaleza, en una simbiosis. Estos pueblos altoandinos luchan por la defensa de sus tierras (Pachamama), intentan vencer la oligarquía mercantilista, como en Cochabamba se lucha por defender la conservación del agua; buscan proteger sus ritos, costumbres y sus conocimientos ancestrales. Si bien las ideologías de colonización y capitalismo han provocado el quiebre de la relación simbiótica con la naturaleza, también existe una manera de hacer frente a toda esta “invasión” mediante el liderazgo de la presidenta indígena que está al servicio de estos pueblos; en su rol de mujer, como líder, ella tiene el poder de decisión que resguarda el testimonio y patrimonio de sus pueblos (Blanco, 2008).

Asimismo, en la Amazonía colombiana, uno de los países más diversos biológica y culturalmente con una dinámica en conocimientos tradicionales resistente por más de 515 años, la filosofía ancestral les permite comprender que son parte integra del planeta, por ello la retribución a la madre tierra está siempre presente.

Así, el problema actual que sufren las mujeres indígenas es la expansión del mercado patriarcal y sus consecuencias tales como ampliar las fronteras agropecuarias, la colonización territorial, tala y quema forestal y, claro, la explotación minera. Todas estas atroces consecuencias hacen que el papel de la mujer indígena sea complejo en cuanto a la disponibilidad de recursos que antes se encontraban cerca de sus tierras; la seguridad alimentaria de sus familias se encuentra comprometida en cuanto a cantidad y calidad, por ende, están siendo sentenciados a la extinción por la falta de opciones de adaptación a sus nuevas tierras, causada, además, por la pérdida de historia y conocimientos ancestrales (Remuy, 2008).

De esta forma, dichos pueblos indígenas cumplen un rol importante en la seguridad alimentaria, específicamente la función de las mujeres indígenas, ya que en ellas recae la responsabilidad de hacer sostenible sus conocimientos tradicionales, como la relación con la naturaleza. Sin duda, los efectos de industrialización que influye en el cambio climático hacen a estos pueblos más vulnerables frente a este fenómeno. Por ello, como una solución, según Windurf y Jonse (2006), la soberanía alimentaria es una nueva política propuesta por los Movimientos Sociales para una gobernanza ambiental más equitativa; ésta incluye derechos a la alimentación, acceso a recursos, producción en forma de agricultura familiar y ecológica. El fin de esta soberanía es ser resilientes ante el cambio climático que afecta a los ecosistemas y los servicios que estos proveen.

Reflexionar para cambiar los discursos e ideologías opresivas

Como ya se ha mencionado, el cambio climático es un fenómeno de causas naturales y antropológicas, cuya solución se debe tratar de forma holística; incluyendo la observación de las externalidades sociales que generan los impactos ambientales como la desertificación, cambios en los ciclos hídricos que, al fin y al cabo, influyen directamente en la disponibilidad del agua, como recurso de uso común. Al mismo tiempo, este fenómeno afecta principalmente la actividad socio-económica de la agricultura, desestabilizando la seguridad alimentaria; seguridad de la que se encarga el género femenino; así es como confluyen estos dos temas de suma importancia.

La problemática del género proviene de la opresión a la mujer causado por el silenciamiento de un sistema patriarcal-capitalista y un discurso lleno de ideologías padronizadas que muchas veces no son acordes a la realidad tan diversa a nivel mundial; como menciona Leff (2007), en cuanto a las condiciones económicas e ideológicas, la dialéctica hegeliana estableció un vinculo necesario a través de la Idea como principio de identidad entre lo real y el conocimiento; así, surge la ideología del humanismo. Sin embargo, es necesario cuestionar ese proyecto filosófico de la fundación del conocimiento de un idealismo, subjetivo, y se debe buscar la unidad de lo real. De esta dorma, el materialismo histórico y el psicoanálisis producen los conceptos teóricos para analizar la subjetividad y las formas del sujeto, que son efecto del deseo inconsciente y de la lucha ideológica de clases. Es decir, la implementación de todos los “ismos” es la génesis de todas las crisis a nivel cultural, económico, social, político y ambiental.

A lo largo de la historia, la mujer sufrió, y en muchos casos aún continúa sufriendo, esa opresión, como los casos que se revidaron en esta swgunda parte; retomemos, pues, el caso de las mujeres andinas que, pese a todo el histórico violento causado por el terrorismo, la discriminación, la esterilización forzosa, entre otras violencias, mantiene la transmisión de sus conocimientos tradicionales como el uso de patrimonio biocultural en los Andes con el fin de perpetuar la seguridad alimentaria mediante el uso de tecnologías tradicionales y el arduo trabajo que ellas cumplen en el día a día.

Recordemos, también, el caso de las mujeres asiáticas y su silenciamento absoluto frente a un sistema “democrático” con la presencia de leyes que muchas veces son inconsistentes, sumado a las tradiciones impuestas, como el patriarcalismo en la India, quebllegan hasta el punto de asesinar a neonatas del sexo femenino o los casamientos infantiles. Así también, el caso de las mujeres africanas y los genocidios masivos que enfrentan, la violencia sexual como arma de las guerras civiles que generan externalidades en salud como la expansión del VIH.

Sin embargo, el panorama no es tan pesimista, ya que aún existen comunidades indígenas y tradicionales que están fortaleciendo esa adaptación al medio; principalmente en la disponibilidad de recursos comunes como el agua para consumo propio y para mantener sus cultivos; quienes aún logran entrar y salir de ese sistema en la franja límite entre el mercado y la zona de vulnerabilidad social.

Como Collado (2009) menciona, la solución más adecuada a esta problemática es hacer visible lo invisible; sólo así se construirá una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales. Esto se logrará a través del fortalecimiento de las voces femeninas, empoderar su presencia política en la toma de decisiones sociales; inclusión en la educación, salud y economía; ya que de nada sirve que exista una serie casi (in)finita de leyes, artículos científicos, libros, códigos, normas nacionales e internacionales, si no se ven resultados coherentes a esas tantas crisis que predicen un camino hacia la extinción social teniendo una gran capacidad de adaptación.

Así, las políticas y procesos sobre el cambio climático no serán eficaces ni justas a menos que tengan más conciencia de género, como mencionan Skinner y Brody (2011). Ante ello, es importante y prioritario invertir recursos para recabar datos cualitativos y cuantitativos en las investigaciones socio-ambientales.

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