El docente en la actualidad

Por Dalia Elvira Carrillo Martínez[1]

Durante mucho tiempo, se consideró que un docente tenía éxito si los alumnos lograban un buen rendimiento escolar, medido y mediado cuantitativamente por las clásicas evaluaciones. Sin embargo, en la actualidad, los logros académicos alcanzados no son suficientes para reconocer la labor del docente, la sociedad ha creado nuevas demandas y retos para la escuela, de manera que el rendimiento del alumnado ahora está vinculado a desarrollar personas con habilidades sociales con el objetivo de que logren un buen desempeño ante los problemas actuales y para esto se exige que exista un buen docente (Esteve, 2015).

El problema ha empezado desde no definir ¿qué es ser un buen docente? O ¿de acuerdo con quién?, pues no se puede tener sólo un camino para llegar a ser considerado como tal. En cambio, si se evitara la homologación de las prácticas y dentro de las aulas se fomentara más la innovación, a la agenda pública sólo le restaría propiciar las condiciones óptimas, como servicios básicos dentro de las escuelas, reconocimiento social a su labor, salarios justos, entre otros, para que el docente entonces sí pueda realizar su labor educativa con las condiciones necesarias que coadyuven al mejor desempeño de él y sus alumnos (Amaya & Beltrán, 2013).

De este modo, la profesión docente llega a representar una actividad inacabable en la que siempre se está pensando en qué más se puede hacer y qué se puede mejorar, incluso, algunos profesores desempeñan con alegría y pasión su labor, mientas que para otros esta actividad puede representar un estrés tan grande y constante que cabe la posibilidad de llegar a romper su equilibrio personal.

Las causas de esta tensión pueden ser múltiples, pero una de las más constantes resulta ser la idealización en la formación docente en la que se vende la idea de que el docente es la figura que entrega y recibe amor de sus alumnos, sin importar el pasar de los años; y no es que esto no sea del todo cierto, pero la frustración viene cuando el docente descubre que todo se centra en lo que debe conseguir, en lo que debe pensar y hacer pensar (Esteve, 2015).

Infortunadamente, el sistema en sí supone que un docente puede enseñar una materia con solo dominar el tema, no obstante, al estar frente a las aulas se descubre el entorno complejo y variante que éste representa, es cierto que no se puede preparar a los profesores para cada situación que se pudiera presentar en el aula, pero sin duda generar motivación e interés en los alumnos puede representar un muro para los docentes, a los que sólo se les llega a explicar su significado no su aplicación (Esteve, 2015).

Y es que el docente se encuentra en constante tránsito, va desde asumir su papel en el aula y generar un clima que cree adecuadas relaciones afectivas, además de educar con valores que, en muchas ocasiones, para la sociedad contemporánea, quedan de lado. En ese sentido, a partir de una preparación integral, tanto el docente como el alumno podrán disfrutar de una mutua relación enriquecedora que permita a los dos desarrollar al máximo sus capacidades (Esteve, 2015).

El desarrollo integral que busca la educación no es algo nuevo, en el artículo tercero de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos se enfatiza que la educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano, contribuirá a mejor la convivencia humana, y será de calidad, (Constituyente, 2012); lo cual se relaciona con habilidades emocionales. En este tenor, se refleja la necesidad de la sociedad de no sólo desear que las escuelas formen profesionistas que manejen contenidos, sino que sepan desenvolverse en la compleja sociedad actual.

Por ello, las nuevas reformas educativas, planes y programas de estudio están encaminados a lograr una formación docente que evite o disminuya situaciones como la deserción escolar, la falta de interés del alumno, la inasistencia, etc. Para lograr todo esto se piensa qué estrategias puede ocupar el docente para que el alumno aprenda mejor, qué recursos nuevos y/o tecnológicos puede emplear en su clase, cómo acomodar el aula para que pongan atención los alumnos, capacitaciones constantes y los largos requerimientos oficiales que exigen en su formación, que sin duda alguna han permitido alcanzar avances dentro de la educación.

Pero, lamentablemente, no se piensa que estas situaciones puedan estar provocadas por la baja autoestima docente, la insatisfacción laboral, la baja motivación o la falta de inteligencia emocional, es así que, aun cuando que el docente domine todo un cúmulo de conocimientos y tenga una vasta preparación dentro de su ámbito profesional, ya no es suficiente el saber sino el ser (Hernández, 2017).

La sociedad moderna se caracteriza por ser dinámica y la globalización le ha traído grandes transformaciones sociales afectando directamente la escuela, la cual sufre de una inestabilidad progresiva. La constante exigencia de la vida actual requiere de una distinta formación en las aulas, por lo tanto, la política educativa se centra en hacer frente a esos requisitos sociales (Matus, 2013). Esta necesidad educativa deja de lado al docente, el cual se encuentra presionado por la sociedad y desafiado a mejorar su práctica lo que lo expone a una continua crítica social debido a la incapacidad por no dar respuesta a las demandas actuales.

La docencia, igual que cualquier otra profesión, debe estar sujeta a constante capacitación otorgada precisamente por las políticas educativas, esas que buscan un aprendizaje integral en los alumnos y que aunque no desconocen la figura del docente en este proceso sí lo lleva a sentirse desvalorizado aumentado el llamado malestar docente. En ese sentido, ejercer la docencia es una tarea compleja y llena de desafíos que requiere de compromiso, pero también de preparación, más aún, en la sociedad actual para la cual el dominio de los contenidos ya no es suficiente, pues ahora el docente interviene además en los problemas de la estructura social de los alumnos (Matus, 2013).

Si bien el docente dentro de sus primeros años de ejercicio laboral forma su identidad profesional, debe estar en constante preparación, además de desarrollar competencias propias de su labor, no obstante, para ello se tienen que ofrecer nuevas oportunidades de actualización que sean convenientes para resolver los problemas actuales dentro del aula no sólo de los alumnos sino, además, de los docentes que deben de interactuar todos los días con esos problemas (Matus, 2013).

Es así que, el ejercicio profesional docente en la actualidad es muy confuso debido a la necesidad social de especialistas en determinada área, por lo cual llegar a ser docente se torna complejo y requiere de tiempo y mucho esfuerzo. Específicamente, en el profesor universitario se hace invisible la dimensión personal dentro de su profesión y es que se piensa que la calidad de la enseñanza no se puede ver afectada con lo que el profesor piense, crea y viva, y se deja de lado que precisamente esas características personales del docente son lo que motiva al alumno (Zabalza, 2016).

El docente actual vive entre innumerables actividades como: tesis, cursos, congresos y por supuesto dentro de las aulas con horarios irracionales, esta competencia por consolidarse dentro de su profesión ha obligado, en muchas ocasiones, a dejar de lado su desarrollo personal. Entonces, la condición laboral de los docentes también afecta su estabilidad, además de las exigencias burocráticas.

Así pues, para ser docente hoy, no basta con una especialidad, se requiere además una formación pedagógica que apoye en el conocimiento de los estudiantes, a supervisar el proceso de enseñanza-aprendizaje, motivar, tutorizar, evaluar, etcétera. Es aquí donde ese cúmulo de habilidades, actitudes, aptitudes y conocimientos denominados, competencias docentes, apoyarán el buen desempeño de la profesión.

Por otra parte, hoy en día, los docentes se convierten en modelos para sus alumnos, algo que sin duda hace crecer más la interminable lista de responsabilidades que requiere su profesión, pues además de tener la preparación académica, también deben estar preparados física y emocionalmente para poder ser ejemplo para sus alumnos y cumplir con las expectativas sociales tan cambiantes y exigentes (Hassan, Robani, & Bokhari, 2015).

Ahora bien, para el docente será aún más complejo desarrollar empatía y motivar a sus estudiantes si él mismo no cuenta con esa madurez personal y satisfacción laboral que conforman las bases de una docencia de calidad, si bien el aprendizaje de los estudiantes universitarios depende de su esfuerzo y disciplina también depende de las oportunidades de aprendizaje, los recursos empleados y por supuesto el mal o buen docente guiando su aprendizaje (Zabalza, 2016).

El perfil docente

Los grandes cambios en el ámbito laboral que ha traído consigo la globalización y las nuevas tecnologías de la información han generado nuevas necesidades de preparación, mismas que la escuela ha demostrado incapacidad en cumplir.

Derivado de esto se refleja el interés en otros escenarios de formación no solo dentro del ámbito formal. Y es que resulta complejo hablar de la profesionalización y lo es aún más cuando se alude a la profesionalización de los docentes universitarios (Tejada, 2013).

Si bien las actuales reformas a la educación identifican al docente como un profesional al momento de hacer mejoras laborales, remuneración y reconocimiento social, la apertura en las aulas a los profesionistas recién egresados denotan un déficit en el dominio de las competencias docentes esto debido a que se considera las aulas de formación como la única manera de obtener conocimientos dejando de lado los que se pueden alcanzar dentro de contextos no formales e informales y que pueden dar respuesta a los nuevos retos de la educación (Tejada, 2013).

Para Le Boterf (1999), el profesional es la persona que sabe gestionar una situación laboral compleja. Además, identifica los componentes que destacan a un profesional:

  • Procede de manera pertinente
  • Combina recursos personales y del entorno
  • Transfiere sus recursos personales a contexto que lo requiera
  • Sabe aprender de la experiencia, y aprender a aprender
  • Se compromete con su tarea y en la relación profesional con los demás (Tejada, 2013).

Dentro de esta definición, cualquier persona que se considere profesional puede sentirse aludida, pero sin duda la profesión docente hace uso de esa gestión constantemente dentro de las aulas. Los docentes tienen que reconocer la relevancia de la calidad en la educación para que, a partir de ello, se den cuenta que la formación inicial no proporciona todos los conocimientos y capacidades suficientes para desempeñar su labor y que esta profesión es una constante preparación a lo largo de su ejercicio laboral (Tejada, 2013). Ya que hablar de un perfil profesional es hacer referencia al conjunto de competencias y capacidades que distinguen la formación de una persona que le permiten asumir las responsabilidades propias, así como las funciones y tareas de determinada profesión (Valcárcel, 2003).

Así, el nuevo perfil del docente universitario que propone Valcárcel en 2003 supone las siguientes competencias básicas:

  • Competencias cognitivas conforme a la función de profesor de determinada disciplina, formación adecuada, conocimiento amplio disciplinar específico y pedagógico, que le permitan desarrollar acciones en apoyo de los estudiantes.
  • Competencias meta-cognitivas que lo conviertan en un profesional reflexivo y autocrítico con su enseñanza.
  • Competencias comunicativas vinculadas al adecuado uso de los lenguajes científicos.
  • Competencias gerenciales propias de la gestión eficiente de la enseñanza, recursos y ambiente de aprendizaje.
  • Competencias sociales que le permitan acciones de liderazgo, cooperación, persuasión, trabajo en equipo, etc. que favorezcan la formación y disposición de los estudiantes, además de su propio desarrollo profesional.
  • Competencias afectivas que aseguren actitudes, motivaciones y conductas favorecedoras de una docencia responsable y comprometida con el logro de los objetivos formativos.

Las dos últimas competencias que representan el nuevo perfil docente remiten a visualizar la importancia de una adecuada inteligencia emocional de los docentes.

Si bien la formación docente se ha transformado gracias al acceso que se ha tenido últimamente a la educación superior, haciendo con esto las aulas más heterogéneas, los docentes de educación superior se enfrentan a transformaciones del alumnado tales como diversificación de género, edades, economía, personas que trabajan y estudian y que se convierten en estudiantes de tiempo parcial.

Esta misma diversificación hace que la preparación de los docentes en cuanto a destrezas para gestionar el día a día en sus aulas no sea una opción sino una obligación. Pero, en ocasiones, no hay preparación suficiente que apoye al docente a mediar con lo que se exige en la educación actual: manejar conocimientos, exigencias de la institución y la sociedad, trabajo burocrático, competencias socioemocionales y un largo etcétera, lo que hace que los docentes se encuentren en constante presión.

Esto deriva en la importancia, en la que ya se ha venido insistiendo a lo largo de este trabajo, de capacitarse en cuanto a inteligencia emocional descubriendo valores, auto teorías, pensamientos e identidades que involucren al estudiante como una persona completa. De modo que los docentes identifiquen carencias en este rubro, para entender la importancia de los sentimientos al momento de desarrollar competencias emocionales y sociales en los alumnos (Abadanes, 2016). Pues no se puede enseñar una competencia que previamente no se ha desarrollado, igual que no es posible enseñar con calidad ante la ausencia del bienestar docente (Abadanes, 2016).

 

Referencias

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  1. Dalia Elvira Carrillo Martínez (Tulancingo, Hidalgo, México, 1985). Licenciada en Ciencias de la Educación, catedrático de nivel superior, con una Maestría en Docencia en Educación Superior (en proceso de titulación), el trabajo mostrado es la parte de la investigación presentada para la obtención del grado.

 

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