“El Iris”, la primera revista literaria del México Independiente

Por Angélica Mayoral[1]

La consumación de la independencia representó para la prensa mexicana un cambio muy enriquecedor. Es una etapa que se caracteriza por publicaciones de índole predominantemente político y polémico.

     La primera época de estudio del periodismo que establece María del Carmen Ruiz Castañeda, una de las estudiosas más representativas de la prensa mexicana, comienza en el año 1821. Durante este periodo, la prensa se constituye principalmente por la pugna entre dos tendencias políticas contrarias: los que tenían una marcada línea liberal y aquellos con aspiraciones conservadoras.

     Fue un periodo en la historia de los medios de comunicación que por estar tan vinculados con la política, se caracteriza también por la represión hacía la libertad de expresión que adoptaron distintos gobiernos. Al mismo tiempo, se comenzó a reconocer al periodista como orientador de la opinión pública. En 1821 se publican los primeros periódicos conocidos como populacheros y anónimos entre los que se encuentra la Gaceta de Cayo Puto y El Duende de los Cafés. Sus publicaciones impactaron en los miembros de la Regencia quienes tomaron medidas represivas al respecto.

     En ese mismo año se publica el Semanario Político Literario de José María Luis Mora, de tendencia liberal, importante por haber sido uno de los primeros intentos en defender la libertad de prensa.

Las medidas represivas lejos de sofocar el ímpetu de la prensa, provocaron por contragolpe el que algunos opositores empezaran a alentar las conspiraciones, sobre todo  cuando el desacuerdo entre el Congreso e Iturbide fue haciéndose evidente [2]

     Sin duda, éste fue un periodo en el que la prensa se volvió preponderante en la contienda entre conservadores y liberales, por lo que es posible afirmar que adquirió un carácter de lucha política. Asimismo, muchos de los que colaboraron en los periódicos de la primera mitad del siglo fueron escritores de los más importantes y destacados del país que contribuyeron en gran medida a forjar la nación que hoy se conoce.

     La extensa producción de periódicos literarios a lo largo del tiempo, así como los estudios que se han realizado respecto a ellos han sido fundamentales para entender la historia política del país. De esta forma, se ha revelado que existe una relación muy estrecha entre la prensa y la literatura, la cual se vuelve más evidente durante el siglo XIX, pues en aquella época la mayor parte de los contenidos periodísticos eran literarios. De hecho, muchos de los escritores daban a conocer sus obras a través de la prensa.

     Destacan autores como José Joaquín Fernández de Lizardi en El Pensador Mexicano, Carlos María de Bustamante, Guillermo Prieto, Manuel Payno, Francisco Zarco, y Claudio Linati, fundador junto con Florencio Galli y José María Heredia, de la primera revista literaria en México: “El Iris”. Así también, colaboraciones como las de José Tomás de Cuéllar y Ángel de Campo revolucionaron la forma de hacer periodismo en el país; se innovó en el uso de las crónicas, en lo que destacan Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo y Justo Sierra, así como Luis G. Urbina, José Juan Tablada y López Velarde.

     “El Iris” corresponde a la primera revista literaria del México independiente, fundada en 1826, principalmente por Claudio Linati, es una revista de gran importancia pues representa muchas de las características de la primera república federal. Su edición se llevó a cabo por los italianos Claudio Linati y Florencio Galli, y el cubano José María Heredia.

     Claudio Linati nació en Parma, Italia, en 1790 y fue importante en México por introducir la litografía en el país, ya que éste representó un sistema muy novedoso para la época que dio paso a la reproducción de imagines con mayor facilidad. Su aportación le permitió publicar su libro Trajes civiles, religiosos y militares de México en el que presentaba una diversidad de láminas.

     En 1825, Linati llegó desde Italia al estado de Veracruz, con el propósito de establecer un taller de impresión con apoyo gubernamental. Había sido condenado a muerte en su país natal por ser un revolucionario y fue por esa razón que decidió alejarse. Antes de aventurarse en nuestro país, viajó por Francia y España, después por Bélgica, donde encontró al encargado de negocios mexicano, el dramaturgo Manuel Eduardo de Gorostiza. La amistad de Gorostiza le valió que, de acuerdo con el ministro Michelena, se le aceptara venir a México para instalar un taller litográfico.

     Es importante mencionar que su interés por visitar el país obedecía también a motivos políticos. Tanto Linati como Florencio Galli cuando llegaron a México ya habían sido expulsados de su país a razón del fracaso de los intentos revolucionarios italianos de 1821. Ambos se exiliaron en la Península Ibérica antes de su paso por México. Linati y Galli formaban parte de una organización revolucionaria conocida como los carbonarios, que los había hecho participar en revoluciones liberales en Italia y España, y que además los mantenía proscritos en su país. La Carbonería fue una sociedad secreta fundada en Nápoles a principios del siglo XIX. Los carbonarios sostenían un ideal republicano y constitucionalista, por lo que se levantaron en contra de Joaquín Murat, rey de Nápoles, por voluntad de Napoleón Bonaparte.

     Linati se estableció en México solamente durante un año, pues posteriormente regresó a Europa. Sin embargo, en 1832, decide volver a México, pero cuando apenas desembarcó en Tampico adquirió una fiebre que terminó con su vida.

Linati llegó al país en septiembre de 1825, mientras que Galli, por su parte, ya se encontraba en  México por lo menos desde enero del mismo año, trabajando en las minas de plata de Tlalpujahua, ocupación que tuvo que abandonar por motivos ideológicos.[3]

     Por su parte, José María Heredia fue un poeta cubano muy destacado, su obra se orientó hacia el romanticismo poético latinoamericano. Denunciado en su país por conspirar contra la dominación española, huyó hacia Estados Unidos, después viajó a México. Caracterizado por haber sido un personaje revolucionario, se menciona sobre Heredia:

El ámbito del romanticismo en el que lo sitúa su tiempo histórico y su temperamento apasionado le hace desbordarse con ímpetus de torrente en la expresión poética de su afán de acción revolucionaria. Se solidariza con las luchas por la independencia de pueblos lejanos en la geografía y asocia sus luchas con la que el suyo debe emprender sin demora…[4]

     En septiembre de 1825, José María Heredia llegó a territorio mexicano. Fue el primer presidente de la República, Guadalupe Victoria, quién invitó al poeta al país, Heredia tomó dicha invitación como una oportunidad para acercarse a una recién independencia latinoamericana, se involucró tanto en México que su obra poética se expandió en el territorio. También llegó a ser ministro de la entonces llamada Audiencia de México.

Desde las tribunas parlamentaria, judicial, académica y las periodísticas de que dispuso, y a través de sus obras poéticas y dramáticas, no cesó el ciudadano Heredia de luchar por las aspiraciones del nuevo hombre de América a un modo de vida regido por la libertad y la justicia, ni tampoco de combatir actitudes, hábitos y pragmáticas lesivos a los ideales de la revolución emancipadora.[5]  

     Así pues, por el carácter de lucha y compromiso con las causas sociales que tenían sus fundadores, es posible observar una tendencia liberal en lo que sería una de las publicaciones más importantes para los autores y para el país: “El Iris”. Esta fue una revista fundada al paralelo de los trabajos de enseñanza sobre litografía que realizaba Linati en México. Incluso, en febrero de 1826, en la publicación aparecieron las que se suponen las primeras litografías hechas en el país.

     En la presentación de la publicación, los fundadores sostuvieron que el objetivo de la misma consistía en ofrecer distracción al público y que específicamente se dirigía a lo que denominaban el “bello sexo”, lo que se transparentaba en cada una de las secciones que conformaban la revista: literatura, música, teatro, artículos de divulgación cultural y moda. En la introducción que realiza el propio Heredia, expone los objetivos de forma directa:

El único objetivo de este periódico es ofrecer a las personas de buen gusto en general y en particular al bello sexo, una distracción agradable para aquellos momentos en que el espíritu se siente desfallecido bajo el peso de atenciones graves, o abrumado con el tedio que es consiguiente a una aplicación intensa, o a la falta absoluta de ocupación.[6]

     La publicación fue influenciada por el formato de las revistas publicadas por Rudolph Ackermann, un importante librero y editor londinense. Para 1826 ya se conocían en México sus publicaciones entre las que destacaba la colección completa de las Variedades o el Mensajero de Londres y gran parte de los números de Museo Universal de Ciencias y Artes, estas fueron las principales motivaciones que atrajeron la idea de editar una publicación similar pero nacida en México.

“El Iris” reunió en sus páginas grabados litográficos con la representación de “héroes” y “sabios americanos”, tarea cuyo antecedente se encuentra en las revistas editadas por Akermann. Asimismo, tocó temas relativos a la poesía, el teatro, la biografía, la presentación de obras y los descubrimientos recientes en las artes y en las ciencias, todo lo que nos remite también al material hemerográfico de Akermann.[7]

Linati aparece expresando en la siguiente frase de una carta que escribió a su amigo el Conde Stavoli, en la que evidentemente se refería a “El Iris”, su sentir respecto a sus proyectos:

 …decidido a civilizar a estos semi-bárbaros, estoy masticando la publicación de un periódico a mi modo.[8] 

     “El Iris” fue la primera revista nacional ilustrada; no tenía muchas, es cierto, sin embargo, este detalle resultó una relevante aportación de Linati a la publicación en el país. En algunas páginas de la revista se pueden hallar incluso partituras musicales y efigies de personajes importantes de la independencia.

            A pesar de estas características y aportes en relación al arte, “El Iris” tenía una marcada tendencia política. Sus editores tomaron posturas firmes en el contexto de conflicto que se vivía por aquellos años en México, estas ideas evidentemente se vieron reflejadas en las páginas de la publicación, lo cual provocó que su fin original, orientado hacia la literatura, resultara opacado al evidenciarse más una preocupación de corte político.

     Si bien, en un inicio, al estar dirigida a las mujeres, incluía entre sus páginas figurines de modas, cuando el contenido empezó a ser diferente, el público comenzó a notarlo y a argumentar de inmediato que aunque las intenciones originales se habían planteado al comienzo de la publicación, la revista se orientaba más hacia la política. De hecho, tras las quejas, el propio Galli confirmó que realmente se contaba con pocas suscriptoras y que esa había sido la razón por la que se habría hecho un cambio de contenido.

“El Iris” no podía sustraerse totalmente al medio en que había nacido; no era posible esquivar problemas ni dejar de vislumbrar soluciones del debate que vivía el país. Esta apreciación de orden general se reafirma, además, por la propia personalidad de sus redactores, su condición de aislados políticos, con el antecedente de que los tres militaron con pasión en sus países de origen para desterrar situaciones tiránicas; vieron en el esplendor de un país nuevo, un terreno afín a sus ideas liberales. Desde los primeros números de la revista, comienza a visualizarse la inserción de temas políticos, hasta el grado de transformarse, en los últimos, en una publicación que tiene que ver muy poco con la literatura.[9]

     El destino de “El Iris” no fue el mejor, pues su publicación sólo duró un año. Rápidamente fue acusada por varios grupos sociales de ser “subversiva, crítica y liberal” a pesar de que sus autores intentaron desmentir estas afirmaciones. Sin embargo, fue cierto que “El Iris” se trató de una revista que recibió apoyo de la logia yorkina lo que, a su vez, provocó mayores conflictos con la escocesa.

     Otro de los aspectos que llevaron al término prematuro de la revista fueron las discordias que tuvo Linati con su colaborador José María Heredia, las que se basaban principalmente en el disgusto que tenía Linati por la sátira política. Esta situación provocó que Heredia dejara de participar en la publicación  a partir del 21 de julio de 1826, aunque la revista se continuará publicando hasta septiembre del mismo año. No obstante, el hecho crucial que puso fin a la revista fueron los escritos políticos por parte de Linati que atacaban al gobierno, situación que también obligó al fundador a salir del país a finales de aquel año.

     Antes de que Heredia dejara de colaborar, cada uno de los editores tenía bien definida su labor dentro de la revista. Por ejemplo, Linati y Galli se ocupaban mayoritariamente de artículos relacionados con política, por otro lado, Heredia abordaba los temas concernientes a la literatura haciendo poesías originales y traducidas, asimismo, se dedicó a escribir biografías de importantes personajes, ensayos y crónicas teatrales aunque también incursionó en la política. Con la desaparición de “El Iris”, Heredia intentó sustituir la publicación con una revista de nombre “El Argos”:

Después del fracaso de “El Iris” y su salida por discrepancias políticas con los otros editores, Linati y Galli, Heredia publicó el prospecto de una revista, “El Argos”, pero no llegó a realizarla.[10] 

     En el último ejemplar de la revista, el número cuarenta, Galli y Linati anunciaron la desaparición de la publicación, reafirmando su continuo vínculo a la cultura:  

Agradeciendo la hospitalidad mexicana y arrastrados por su estrella, puede que dejen el hermoso Anáhuac por otros climas, o tal vez la pluma por el arado, abriendo el seno virgen de tierras que desde hace siglos ofrecen en vano sus frutos espontáneos.[11] 

     Sin duda, pese a su prematura desaparición, “El Iris” fue un pilar para la construcción de revistas culturales en el futuro del país por sus aportaciones de estilo y contenido. Al tiempo que no cabe duda que es una publicación que representa una parte fundamental de la historia de México: la primera república federal, pues es una de las revistas literarias en sus orígenes más importantes del país por su tendencia política firme y su crítica al gobierno, pues refleja mucho del ambiente político que se vivía entonces.

 

FUENTES:

Augier, Ángel (julio – diciembre 1990) “José María Heredia: Novela y realidad de América Latina” Revista Latinoamericana, Vol. LVI, No. 152

Claps, María (enero – julio 2001) “El Iris. Periódico crítico y literario” Estudios de historia moderna y contemporánea de México UNAM, No. 21

González, Alejandro (edición, estudio preliminar, notas e índice analítico) en Heredia José María (2007) Miscelánea. Periódico crítico y literario. México: Instituto de Investigaciones Bibliográficas UNAM

Heredia José María (4 de febrero 1826) “Introducción en El Iris” Tomo I, No. 1

Linati, Claudio et all ( 2 de agosto de 1826) “El Iris” Tomo II, No. 40

O’ Gorman, Edmundo (1955) Documentos para la historia de la litografía en México, México: UNAM

Ruiz, María del Carmen (1998) El periodismo en México. 500 años de historia. México: EDAMEX

Schneider, Luis (1965) “El Iris (primera revista literaria del México independiente)” La palabra y el hombre, Universidad Veracruzana. No. 33

Solá Angels (abril – junio 1986) “Escoceses, yorkinos y carbonarios. La obra de O. de Attellis, marqués de Santangelo, Claudio Linati y Florencio Galli en México en 1826” Revista Historias, No. 13

[1]Angélica Mayoral Campillo. Estudiante de sexto semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Ha tomado diversos cursos y talleres en la UNAM tales como: “Gestión Cultural: Desarrollo de Proyectos Artísticos y Culturales”, “Historia del Arte”, “Creación Narrativa” y “Géneros Fotográficos” entre otros.

 

[2] Ruiz, María del Carmen (1998) “La prensa durante el Primer Imperio y la República Federal (1821 – 1835)” en El periodismo en México. 500 años de historia. México: EDAMEX, p: 131.

[3] Solá Angels (abril – junio 1986) “Escoceses, yorkinos y carbonarios. La obra de O. de Attellis, marqués de Santangelo, Claudio Linati y Florencio Galli en México en 1826” Revista Historias, No. 13, p: 77.  

[4] Augier, Ángel (julio – diciembre 1990) “José María Heredia: Novela y realidad de América Latina” Revista Latinoamericana, Vol. LVI, No. 152, p: 739.

[5] Augier, Ángel (julio – diciembre 1990) “José María Heredia: Novela y realidad de América Latina” Revista Latinoamericana, Vol. LVI, No. 152, p: 744.

[6] Heredia José María (4 de febrero 1826) “Introducción en El Iris” Tomo I, No. 1, p. 1.

 

[7] Claps, María (enero – julio 2001) “El Iris. Periódico crítico y literario” Estudios de historia moderna y contemporánea de México UNAM, No. 21, p: 7.

[8] O’ Gorman, Edmundo (1955) Documentos para la historia de la litografía en México, México: UNAM, p: 25.

 

[9] Schneider, Luis (1965) “El Iris (primera revista literaria del México independiente)” La palabra y el hombre, Universidad Veracruzana. No. 33, pp: 15 – 16.

[10] González, Alejandro (edición, estudio preliminar, notas e índice analítico) en Heredia José María (2007) Miscelánea. Periódico crítico y literario. México: Instituto de Investigaciones Bibliográficas UNAM, p: 1.   

 

[11] Linati, Claudio et all ( 2 de agosto de 1826) “El Iris” Tomo II, No. 40.

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