El descarado carasucia de Guardiola

Foto tomada de El Confidencial

Por Alonso Mancilla 

I

Esta mañana desperté y me levanté con un único pensamiento: hoy se juega una jornada más del “deporte más hermoso del mundo” ―como lo anunciara cada tarde, después de más de casi 15 años, Luis Omar Tapia― de la UEFA Champions League.

Como cada día, fui a la esquina del mercado ―cerca de casa― compré el diario y, después de saludar al “jugos”, me daría cuenta que no traía la llave, tuve que tocar pero no abrían la puerta, volví a dar unos fuertes pinchazos con las monedas pero sin respuesta; así que decididamente me dispuse a hacer lo impensable y a enfrentarme con mi compañera ―me dije: claro que sí― y chiflé hasta el desgarramiento pulmonar.

Después de hacer tal hazaña me acobardé ―no debí haber chiflado―, salió ella y gritando me dijo: ¡cabrón, no soy perro! ―al mismo tiempo que cerraba la puerta en mi cara―. Además de pedir disculpas y ser la burla vecinal, sabía que hoy no iba a ser un día cualquiera como todos los demás.

Ya me había dado cuenta que no tomaría el café cargado de cada mañana; sabía que hoy no me hablaría la susodicha, al mismo tiempo entraba en cuenta que tampoco vería el único televisor que teníamos. Hoy sería una prolongada y distinta jornada de caras largas.

Después de mi cagada, decidí leer el diario y, aunque siempre elijo la sección de política, hoy elegí la de deportes: sentado en la banqueta, lo abrí deprisa ―como un autómata― y fui directo a los horarios de los partidos de la “Champions”. Desilucionante por su puesto, me encontré con una mediocre jornada de encuentros: el aburridísimo Real Madrid de Zidane contra los Turcos, la Juventus del decadente Cristiano contra los Rusos del Lokomotiv, los parisinos sin el eterno lesionado Neymar contra el Brujas, el hegemónico Bayern Munich contra los Griegos, el aguerrido pero lento Atlético de Madrid contra las aspirinas alemanas, el suertudo subcampeón de la Champions contra los serbios y un largo etcétera.

 

II

Después de haber leído la sección de política y sentirme agradecido, eufórico y feliz porque el pueblo sabio de Bolivia reafirmó a Evo Morales como su mandatario; porque el pueblo Ecuatoriano sigue en resistencia en contra el bestial FMI; porque el pueblo Catalán no cede ante las arbitrariedades de la in-justicia de España; porque el digno pueblo Chileno va por la Huelga general en contra de las reformas de despojo; porque el pueblo Haitiano se levanta; porque el pueblo Venezolano y Cubano no ceden ante el imperialismo yanqui; porque todas estas manifestaciones se unen en una sola esperanza en contra del monstruoso capitalismo mundial. Me dispuse a ver la “Champions” con la contagiada esperanza de encontrar algún partido digno de ver.

Al término de los deberes hogareños que me correspondían, puse el partido del Real Madrid, lo puse con la ilusión de ver un partido bien jugado: con la garra de los turcos y un juego fluido del Madrid con grandes toques de balón por sus jugadores de talla mundial. Pero nada más alejado de la realidad, encontronazos del “puerco” Ramos, una media sin talento y el nuevo “7” pasado de peso y sobrevalorado. El Madrid seguía siendo el Madrid.

Hacía ya mucho tiempo que no veía un buen Real Madrid: desde que estaba el grandioso “Fenómeno”. Con el desilusionante partido se iba mi esperanza de ver una “tarde mágica” de la UEFA Champions League. Cayó el gol de los merengues y decidí cambiar de canal.

Desesperanzado y sin ganas de seguir viendo un partido más, dejé el celular donde veía los partidos ―¿recuerdan que no podría usar hoy el televisor?― y me dispuse a trabajar en el computador ―soy periodista de oficio, así que tengo beneficios laborales: trabajar desde casa algunas veces―. Pero ¡chingá!, tengo una “Lentium” y se tardó en prender, por lo que escuchaba la transmisión del partido del Manchester City vs Atalanta esperando una reacción de la pantalla. La transmisión se resumía en esto: llegada, llegada y llegada del City, gol de penal del Atalanta, 0 a 1.

 

III

Siempre pasa que a un equipo que tiene más posesión de balón y no la mete, le terminan anotando gol a contra golpe, sin embargo, eso no importaba, lo fantástico y fuera de serie que jamás había visto en toda mi vida admirando este deporte fue lo que hizo “EL Pep”.

Y es que pareciera que ya habíamos visto todo del mejor entrenador del mundo: sacar al mejor jugador del momento y meter al joven Lionel Messi como referencia del Barcelona; banquear a Yaya Toure por un chico de tercera división, Sergio Busquets; poner a Messi de falso nueve, el cual rindió su mejor futbol; poner en el banquillo al grandioso Zlatan; en el Bayern paso a Kimmich de lateral a convertirlo en uno de los mejores centrocampistas. Así pues, en lo sucesivo, ganándolo prácticamente todo en las ligas locales, inclusive en el City, ganándole la Liga al campeón de la Champions. Por lo que pensé que ya había mostrado todo.

Sin embargo, el sinvergüenza de Guardiola lo volvió hacer, repensó y volvió a evolucionar el futbol ―el verdadero genio del futbol―, pues como dijera Eduardo Galeano “por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.

Tal cual, Guardiola se salió del libreto y cometió el disparate de burlarse ―en sentido positivo― de todos y cada uno de nosotros: puso a dos medios de contención en la defensa, pues piensa que si tiene todo el tiempo la pelota ―o por lo menos más del 80 %― y en ese tiempo está en mitad de la cancha rival ¿por qué tendría que poner defensas en una posición de centrocampista?.

Puso a Fernandinho y a Rodri ―que eran sus contenciones titulares o les rolaba la titularidad entre ellos― y sacó a sus defensas, no obstante, podría pensarse que sus centrales estaban lesionados, pero estamos muy lejos de entender a este gran genio del futbol: tenía lesionado a Laporte y tenía en la banca ―siempre que se está en banca es por que están en condiciones para jugar― a Nicolás Otamendi y a Jhon Stones. Inclusive, si se queremos justificar en nuestro sentido in-común que estos dos centrales no estaban para jugar más que medio tiempo, entonces estamos ante un escenario donde cada central bien pudo haber jugado medio tiempo y medio tiempo.

“El Pep” utiliza un verdadero sentido común: si juego todo el tiempo en la cancha contraria y mis salidas y recuperación del balón son a partir de media cancha, entonces necesito mediocampistas y no defensas centrales, pues para eso tengo a mi central que romperá todo, el arquero. Así pues, con brillantez, desde hace un mes iba preparando a Fernandinho como central acompañado de centrales nominales, pues a partir de que perdió el 14 de septiembre contra el Norwich en “Premier League”, se dispuso a transformar el futbol que realizaba, ya que sus centrales no tiene la ubicación o no perciben el futbol como lo hacen los mediocampistas.

Así fue como preparó a Fernandinho como defensa central, partido tras partido siendo titular en esa posición, empero, no fue sino hasta el partido contra el Wolves donde volvieron a tropezar por falta de posicionamiento en media cancha del defensa nominal Otamendi, quién fue relevado por Rodri al partido siguiente contra Crystal Palace y hoy contra el Atalanta.

En suma, hoy de nuevo me ha sorprendido el futbol, pues renace una nueva esperanza, hay sujetos como Guardiola que se lanzan a la prohibida aventura de la libertad y hacen lo impensable. Puede que su equipo siga teniendo errores ―por la esencia misma del imperfecto ser humano― como los poderosos contragolpes de equipos hegemónicos o la falta de oficio en la marca, pero hubiese seguido pasando con o sin centrales nominales. Lo que hace magnífico al “Pep” es la interpretación del futbol que tienen los mediocampistas al momento de la generación de futbol y la repartición del balón.

Ya “El Loco” lo había dicho: Guardiola construye equipos de autor, pues la capacidad de generar un estilo, que uno sólo percibe en sus equipos, excede a los jugadores que dirige ―prosigue Bielsa― no le estoy quitando merito a los jugadores, sino poniendo de manifiesto la intervención artesanal que hace sobre los equipos que le tocan. Guardiola tiene el misterio de lo indescifrable ―dice Marcelo―, hay una foto que son 10 jugadores frente al área y el City circulando, viendo cuál es la grieta por donde perforar al equipo rival. Los equipos de Guardiola son inimitables.

Y así como ha revolucionado al futbol el descarado carasucia de Josep Guardiola, “El Pep”, así también no fue un día cualquiera, terminé haciendo el amor.

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Un comentario

  1. El mejor entrenador?? Su metodologia es ineficiente; el futbol no es de merecimientos, no es de tener posicion con el balon, no es suficiente en dar mas de 200 pases por partido.
    El futbol es de goles es «resultadista»que por cierto no ha ganado champions desde que no esta con el barcelona y con «el mejor jugador del mundo que es mesi» por cierto el unico jugador que ha ganado la copa «San Juanito.»

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