La importancia de mantener en jaque al Estado

Por Alonso Mancilla

En un artículo anterior, Coronavirus ¿qué hay después?, mencioné que no podíamos salir de la pandemia como si no hubiese pasado nada, es decir, como si cambiáramos de canal en la TV por los comerciales y volviéramos al canal para seguir viendo nuestro programa favorito, pues antes de la pausa no era “un mundo feliz”: había muerte, destrucción y explotación de la humanidad; durante la pausa se agudizó la violencia hacia las mujeres; y, ahora, observamos cómo se vuelven a normalizar los males que impone el capitalismo. Sin embargo, no todo es negativo, las protestas —que también se habían pausado— han vuelto a surgir.

No olvidemos que nuestro enemigo sigue siendo el mismo, la burguesía, y que a lo largo de la historia, se ha puesto muchas playeras, pues es el dueño de los equipos, no sólo de fútbol, sino de lo que representa el fascismo, el racismo, el machismo, el capitalismo, el neoliberalismo, la religión, el patriarcado y la clase social; los cuales, además, juegan en la misma liga, para tener más probabilidades de ganar y, así, la victoria siempre estará asegurada para la burguesía.

Claro está que no hablamos de fútbol, pero es una buena analogía del enemigo al que nos enfrentamos y que se encarna en el Estado burgués —pongámosle la playera que sea—, lo que significa que el asesinato del estadounidense George Floyd; la muerte de Giovanni López, en Jalisco; la agresión a Melanie, de tan sólo 16 años, en la Ciudad de México; las violentas detenciones en Neza de Alexia Ortíz y Jhoany Álvarez; y la detención arbitraria de Inés Mancilla que asistía a una manifestación en Guadalajara; son a causa del supuesto poder “legítimo” del Estado, es decir, perpetrados por la policía ejerciendo una de sus facultades. Por lo que, aunque se intente hacer creer que hay gobiernos de izquierda —como el del presidente López Obrador a nivel nacional o el de Claudia Sheinbaum en la Ciudad que, cabe mencionar, repudiaron los actos— administran el capitalismo, o sea, el Estado burgués.

Asimismo, ni uno ni otro caso son ajenos entre sí, pues podemos confundirnos porque una muerte sucedió en Estados Unidos, otra en México, detenciones violentas en el Estado de México y en la Ciudad agresiones de la policía hacia manifestantes —destacando que a las mujeres se les ha violentado más—, pero no, no son acciones dislocadas, pues son agresiones del brazo armado del Estado, la ideología impuesta a punta de cañonazos, como ya habría anunciado Gramsci.

Al mismo tiempo, tampoco es que las manifestaciones en contra de la violencia de Estado ejercida por su policía sea el punto de inflexión, aunque cabe destacar que es el detonante, por la única razón de que encuentra a un enemigo concreto y visible; me explico, que el detonante sean los asesinatos cometidos por la policía no significa que se devele todos los conflictos detrás del sistema. Esto es, la desigualdad o la pobreza no encuentran al enemigo concreto, pues creemos que por falta de nuestras capacidades no somos ricos o nos falta esforzarnos más, que justo es el pensamiento falaz que nos ha impuesto el neoliberalismo.

Así pues, conforme las manifestaciones vayan subiendo de tono, subirá, al mismo tiempo, la consciencia de clase, pues ese conocimiento y concientización se va generando por la discusión y la acción colectiva que se detona en el ceno de la lucha contra el enemigo visible, el Estado burgués. Esto quiere decir que las demandas se convertirán de sanciones a la policía —“justicia para los muertos”—, a la consecución de derechos para la clase proletaria —oferta de empleo, seguro de salud, mejora de las condiciones de trabajo, una casa digna y un largo etcétera—, lo que la social-democracia —reformadora de derechos— aprovechará para seguir administrando el capitalismo, eso sí, ésta es otra discusión a la que no nos meteremos hoy.

Del mismo modo, el Feminismo —que se había hecho la vanguardia revolucionaria y no le falta razón, pues es la liberación de la liberación—, no sólo en México sino en el mundo, comenzó a unirse no porque tuviera conciencia de las estructuras de opresión sino por las agresiones que las mujeres sufren principalmente en el transporte público y la calle; justamente, el debate con ellas mismas y con la realidad, además de las manifestaciones constantes, lograron una conciencia y la construcción del feminismo en la praxis.

Por otra parte, aunque se diga que la pandemia hace daño a la humanidad, la verdad es que para algunos fue algo bueno, “un milagro de Dios” y si no preguntémosle al neoliberal presidente de Brasil, Bolsonaro; al traidor de Ecuador, Lenin Moreno; a la autoimpuesta presidenta en Bolivia, Jeanine Áñez y los más de 30 años de totalitarismo en Chile en representación de Sebastián Piñera. A ellos los salvó la crisis sanitaria, ya que las manifestaciones se agudizaban cada día y ponían en jaque a sus gobiernos, que, sí, va otra vez, representan al Estado burgués.

Por consiguiente, que estos pueblos retomaran las manifestaciones en contra de sus gobiernos es un aliciente, no sólo para Latinoamérica, sino para todo el mundo, pues vislumbra —en plena crisis de salud— las contradicciones de un sistema opresor y desigual, que abrió los procesos que se habían pausado, ¿cómo podría la gente “quedarse en casa” cuando moría de hambre?, es decir, no es que te mate la pandemia es que te mata la desigualdad social que causa el Estado burgués y uno no puede quedarse en casa si de todos modos vamos a morir, entonces se hace necesario —como responsabilidad social— morir con dignidad.

Por otra parte, el brutal asesinato de George Floyd por parte del gobierno de Donald Trump significa, no por el acto en sí, el retumbar de las protestas en todo el mundo, pues justamente se hacen visibles esas grietas del imperio y la clase trabajadora lanzándose a través de ellas. Los hechos posteriores ya lo sabemos: destrozos, incendios y pintas por parte de los manifestantes —y no nos confundamos, son pacíficas pues no han propuesto la vía armada como forma de transformación social— dan esperanza a la agudización de la lucha de clases; mientras que el tío Mc pato responde con mensajes de odio y represión, que cabe mencionar, fue una mala estrategia para su campaña política, ya que nos encontramos con la noticia de que su gobierno va en picada, pues su contrincante directo para las nuevas elecciones, Joe Biden, lo superó hasta por 12 puntos porcentuales en las encuestas nacionales por la disputa de la presidencia.

Recordemos que la playera que trae Trump encima en este momento es la del racismo, sin embargo, representa al mismo Estado burgués, por lo que aunque Estados Unidos cambiara de presidente, éste sólo se pondría otra más de las playeras que están en el clóset esperando a ser usada. Aclarado esto, podemos decir que la puesta en jaque al Estado por parte de los manifestantes en Estados Unidos, además de que seguirá aumentando el nivel en las exigencias en contra del sistema capitalista, también será la que lleve el estandarte, pues ¿cómo atacar a otros países, si en su nación no hay paz? ¿cómo va a sostener esa imagen Hollywoodense —de que es éticamente mejor que todos y el salvador de la humanidad— que tanto presume? Obviamente nunca lo fue, pero cómo dar una imagen ante el mundo si tiene los mismos problemas que los países a los que quiere “defender”.

Este es el cenit de la discusión y permítanme ser muy repetitivo, mientras Estados Unidos, que desde el inicio de su historia ha querido mostrarse como el ser superior que no tiene problemas como los del mundo subdesarrollado, ahora los tiene —no es que no los haya tenido antes, pero ahora se hacen visibles, principalmente con las nuevas tecnologías— y su farsa se le ha caído. Entonces, estamos ante un escenario donde las contradicciones de clase se han puesto de manifiesto y las ideologías en el mundo se confrontan radicalmente, de un lado tenemos a Cuba que ha visto en su modelo económico y social (socialismo) una alternativa para la humanidad, y por el otro, a los United State, que además del ser el estandarte de la burguesía y de opresión a los países subdesarrollados, también persigue el objetivo de seguir mercantilizar a los seres humanos.

En consecuencia, las manifestaciones en contra del gobierno de Donald Trump no deben de cesar ni si quiera cuando se cambie de presidente, pues sólo estaríamos observando el cambio de amo en un mismo sistema económico e ideológico, es por ello, que se hace necesario maximizar la crítica al sistema imperante, pues no se trata de cambiar de cara, sino una ideología completa. De ahí la importancia de que en este país aumenten y se mantengan las manifestaciones en contra del régimen imperialista, esto con el objetivo de llegar a replicarse en México y en todo el mundo. De lo que se trata es de transformar, tanto en la teoría como en la práctica, el imaginario de la realidad en la que vivimos.

En suma, la idea de poner en jaque al Estado burgués es esencial en todo el mundo y eso sólo puede lograrse con las críticas que se le hacen desde un nuevo programa social —habría que empezar a trabajarlo— que tenga como base la humanidad y la naturaleza, además de abolir el patriarcado —pues de nada serviría un imaginario donde el hombre siguiera pensando a la mujer como una mercancía de consumo y un objeto de tu pertenencia— y con esos tres pilares ir repensando el mundo. Claro, empecemos con la desaparición del brazo armado, pero ¿luego qué? ¿hacia dónde vamos? ¿qué tipo de sociedad proponemos?.

 

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