Conoce lo nuevo

¿Qué es ENPOLI?

Columnas de opinión

Tomar Partido

Por Alonso

Pincha sin miedo

Deconstruyendo-nos

Por Angélica

Dale click

La Guerra de las Ideas

Por Ximena

Clickea

¿Ya nos sigues?

Johanna Marcela Rozo Enciso| Poemas

Pamplona, Colombia (1985).Docente del programa de Comunicación Social de la Universidad de Pamplona, directora del taller de escritura Rayuela que pertenece al Ministerio de Cultura. Ha publicado dos libros de poesía y en diferentes antologías de su país. Productora y locutora de radio. www.lenguajedemujer.blogspot.com

 

CUANDO DIOS ESTABA ENFERMO

 

Cuánto necesito para comprender el ser inmutable que soy.

El espejo arroja imágenes pálidas que no responden nada.

Los minutos previos a la muerte no son suficientes.

Cuánto más necesito para creer que somos  un suspiro extraviado de la hipocondría de Dios.Leer más

De pasajes y paseos comerciales, políticas públicas e intenciones subyacentes

Foto tomada de: Diario octubre

Por Ximena Cobos Cruz 

Estos meses de júbilo, descontento, incertidumbre, críticas prematuras y algunas acertadas es necesario hacer ejercicios profundos de memoria, no sólo pensando en que la memoria histórica es una de las grandes ventajas de los pueblos para no repetir errores y construir hacia el futuro. En ese sentido, hacer consciencia de las calles que transitamos en lo cotidiano, reparar en cómo las habitamos, mirarnos en ellas en perspectiva es reconocer o no cambios en las prácticas sociales de uso del espacio, lo cual sirve mucho en el análisis y crítica tanto de políticas como de acciones gubernamentales.

El Centro Histórico de la Ciudad de México es un espacio que guarda un simbolismo ligado a la identidad nacional por su naturaleza arquitectónica, la cual “reúne los testimonios de seis siglos (del XV al XX) de historia”[1], además de que en él convergen la presencia de tres Méxicos: el prehispánico, el colonial y el independiente[2] Esa huella histórica facilita la consolidación de discursos oficiales que promueven una idea de mito fundacional en dicho espacio y que extienden su valor mediante la protección de sus edificios, pretendiendo resguardar la memoria viva de la construcción de la nación, baste conocer que “de los 4200 edificios del centro, más de la tercera parte están catalogados como monumento histórico”[3]. Aunado a esto, su centralidad, como punto de partida del trazo de la ciudad, le suma importancia y lo convierte en el único centro de referencia a nivel social y político[4]. En ese sentido, como lo explica Monnet[5], al transformar el mito en discurso de propaganda y arrojarlo al campo de la lucha social se puede conseguir que sea un instrumento de movilización, por lo que, de acuerdo con Soltero, la razón de finalizar marchas o campañas en el Zócalo está en capitalizar su valor simbólico[6].Leer más

La soberanía como herramienta de liberación: la propuesta de Venezuela

Imagen: «De Guevara a Chávez» por Bein Hein

Por Alonso Mancilla

Estados Unidos es uno de los pocos países hegemónicos, por decirlo de una forma políticamente correcta, pues el poder ha mitificado el concepto imperio, que no es otra cosa que pasar por encima de los otros Estados soberanos para conquistarlos y subordinarlos, ya que los extorsiona, amenaza y sabotea. No es nuevo que utilice a Juan Guaidó como herramienta para interceder “divinamente” en asuntos nacionales de Venezuela, pasó en México muchísimos años, por ejemplo, con la firma del tratado “McLane-Ocampo”, que sirvió para que el presidente Benito Juárez fuera reconocido por los Estados Unidos y para derrotar, con ayuda Yanqui, a los conservadores mexicanos que estaban en guerra (civil) con los liberales; por su parte, el presidente Porfirio Díaz cedió las aguas transfronterizas a Estados Unidos con la celebración del tratado de aguas, el cual dejó en gran desventaja a México; también utilizando a Díaz, se presentó el periodo de expansión, pero esta vez de forma económica, es decir, por medio de “fomentar las inversiones estadounidenses en este país y así lograr una paulatina y gradual integración económica de México a Estados Unidos (Herrera, 2011: 170), incluso, para 1910, Norteamérica había invertido en México 45% del total de las inversiones hechas en toda América Latina; en tanto, en 1923, Álvaro Obregón firmó los tratados de Bucareli para que Estados Unidos reconociera su gobierno como oficial, lo que significó un retraso en desarrollo por 30 años. No hablemos de la integración de México al Banco Mundial, a la OCDE, al FMI y la firma del Tratado de Libre Comercio.Leer más