Las mujeres no somos cis

Por Angélica Mancilla García

Durante las últimas semanas, he visto a amigas y compañeras de distintos grupos —incluso de quienes se asumen feministas— usar la frase “mujeres cis” para hablar de sí mismas y, en general, de las mujeres que nacimos con sexo femenino. El problema con esto, me parece, es que otra vez estamos dejando que se nos categorice a partir de un paradigma contra el que hemos luchado históricamente: el género. Así, pues, el presente texto es una reflexión que invita a entender de dónde viene dicho calificativo y por qué las mujeres no somos ni podemos ser “cis”.

Antes de explicar el significado de la palabra “cis/cisgénero” y de dónde viene, me parece pertinente —porque nunca es suficiente— recodar algunos de los aportes más importantes del movimiento feminista y, por tanto, de la teoría feminista. Para ello, si bien recurriré a conceptos desarrollados por la teoría feminista radical —porque sus conceptos nos permitieron nombrar aquello sobre lo que se había reflexionado desde siglos atrás—, también retomaré algunas categorías propuestas por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, así como algunos planteamientos de la filósofa argentina María Lugones, desde el pensamiento feminista descolonial; Leer más

Lesbiana: un erotismo violento

Por Camila Carrillo-Camacho[1]

Píntame una mujer peligrosa
una que coma culebras
una que ladre
que se peine la barba
una mujer con la vagina violada
con las tetas caídas
una que singue y goce
una que tenga cucarachas aladas
al lado de la cama
píntamela para poder mirarme al espejo
(de la Tierra 2005)

Se me quedaron retumbando las palabras de un amigo luego de ver la Carta a las imágenes pensativas (anexo 1): “el texto eleva el erotismo de la imagen y lo desborda a la imaginación.” Yo quiero contrastar esa idea con la siguiente, “hay regímenes del entrever: por ejemplo, en ciertas expresiones del arte erótico no se exhibe el desnudo sino que se invita a inferir formas y posturas corporales veladas por la ropa” (Abril 2013, 37). De este contraste, me da la sensación de poder crear símiles entre la imagen del vídeo como un desnudo, y el texto sonoro del vídeo como una ropa: veladura, que desbordan en la imaginación erótica. Este ejercicio comparativo juega con movimientos de contraste sumamente dinámicos: situar a la imagen que sí podemos ver en el video como desnudo velado hace que lo visto adquiera zonas de invisibilidad. Esos lugares (invisibles) que no son aprehensibles movilizan la imagen, la corrugan y entonces lo visto no se asume como verdad plana o estática, sino que genera nuevas imágenes. Esto implica que la imagen tiene cualidades creativas, no solo se crea, sino que nos recrea.Leer más

¡La revolución feminista será jurídica o no será!

Por Itzel Rocillo[1]

 

María Asunción Sandoval de Zarco logró en 1898 egresar de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, convirtiéndose en la primera mujer en México con el título de abogado. En la actualidad, la Facultad de Derecho de la UNAM indica que la matrícula de primer ingreso está conformada por 50% mujeres y 50% hombres.

     La violencia machista que sufrimos quienes optamos por esta profesión no termina en las aulas universitarias, se intensifica cuando salimos al mercado laboral, ¿A qué nos enfrentamos?, en primer lugar, a un estereotipo, las abogadas somos detestables, intratables, porque así son en general los abogados, siempre tenemos razón y tienes que tenernos miedo porque te podemos demandar. Aunque hay muchas imprecisiones técnicas en el enunciado anterior, es un clásico que acostumbran los cretinos cuando no quieren hacerse responsables de sus acciones u omisiones, “soy abogado” dicen, como si fuera una frase mágica que les permite estar justo fuera del marco de la ley.Leer más

Identidades en los cuentos de El país del Viento de Sylvia Iparraguirre

Por Lidise Yaneli Castillo Rivas[1]

Así son las cosas en Ushuaia, iguales a las de cualquier parte,
pero distintas, sobre todo en aquellos años cuando
cada cosa era un acontecimiento y parecía que pasaba
por primera y única vez.
-Sylvia Iparraguirre

La literatura escrita por mujeres ha sido minimizada históricamente, pues en el cosmos literario que conocemos, los hombres construyen y dominan el canon, pues ellos mismos colocan las obras de un mayor número de autores varones frente a una reducida cantidad de escritoras valoradas de la misma forma. Además de cargar con esta etiqueta, las mujeres latinoamericanas se encuentran ante una doble marginación, pues el mismo canon es construido desde una visión colonizadora y eurocentrista, donde la literatura hispanoamericana algunas veces es infravalorada. Resulta importante mencionar la construcción de la literatura universal desde la escritura masculina ya que Sylvia Iparraguirre[2] muestra su postura al enfrentarse directamente con una academia literaria donde no se consideraba la existencia de escritoras ni de literatura femenina:

Era una época donde se discutía si había una literatura femenina; constantemente había mesas acerca de si existía o no una literatura femenina, y existía el absurdo de ver si había diferencias de lenguaje entre la literatura escrita por hombres y la escrita por mujeres. Yo he escuchado decir a escritores de la vieja generación que no les interesaba la literatura escrita por mujeres, que seguían confinadas un poco a esa idea prejuiciosa de que las mujeres escribimos sobre las flores, los pájaros y los niños. No éramos competencia para los varones. La idea general era que los varones estaban entonces en búsquedas formales. (Iparraguirre, S.D, Infobae)

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Las mujeres y el derecho ¿aliados o enemigos?

Por Erick López Huerta

En la sociedad mexicana actual, han surgido diversos movimientos en favor de la liberación de las mujeres y en contra de la violencia de género y la desigualdad de condiciones que esta conlleva. La sociedad está dividida entre la cultura machista, los grupos feministas y la parte de la población a los que les parece indiferente lo que le pasa al sector femenino del país, porque es una realidad que, actualmente, ser mujer en México es un juego de azar, es vivir en una incertidumbre constante llena de preocupación, es una verdad innegable que no se puede ocultar con frases típicas como “andaba en malos pasos”, “salió muy tarde” o el clásico “se vestía muy provocativa”.

A simple vista, podríamos responder la pregunta inicial argumentando que el sistema jurídico mexicano favorece y protege plenamente a las mujeres, total, las que ganan los juicios de custodia en su mayoría son mujeres; hay menos mujeres en situaciones de pobreza; que del índice de homicidios del 2019 (36,476 homicidios), 32,372 fueron hombres y solo 3,874 fueron mujeres; la creación del delito de feminicidio y la diferencia de pena entre un homicidio culposo; y así podría citar un sin fin de pruebas referentes a que el sistema favorece a la mujer. La respuesta parece obvia, sin embargo, podríamos reformular la pregunta a “si el derecho favorece a la mujer ¿por qué es tan afectada?, al reformular la pregunta abrimos un nuevo paradigma que nos arroja a una cruda verdad, el aliado de la mujer no es más que un vil enemigo con antifaz.

Si el sistema jurídico apoya a la mujer, legisla normas a favor de su seguridad, protege las relaciones maternales, ¿cómo es que puede ser su enemigo?  Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de enero a junio del 2020 han registrado 489 feminicidios, un promedio de 3 feminicidios al día, lo cual suena poco en cuestiones numéricas, pero no estamos hablando de cifras, hablamos de que esos números tienen nombre y apellido, tenían metas, planes, tenían una vida; efectiva e innegablemente hay más homicidios en contra de los hombres, pero a ningún hombre lo han matado por la simple razón de ser hombre. Jurídicamente hablando, existe una doctrina que es parte de la filosofía del derecho que se llama realismo jurídico, esta doctrina les da muchísima importancia a las sentencias de los jueces y tribunales porque la sentencia es el resultado de la ley, no tendría sentido tener mil leyes que protejan los derechos humanos básicos, como lo es la vida, cuando no se dará una sentencia apropiada o ni siquiera un feminicida llegue a juicio, ¿qué sentido tiene? Nos damos cuenta, entonces, que el sistema realmente no favorece a la mujer al analizar las cifras de cuántos feminicidas llegan a tocar un penal, solo 3 de cada 100 casos de feminicidios son condenados, es una cifra extremadamente absurda, nos indica que 97 feminicidas están en libertad y en capacidad de volver a privar de la vida alguien. Un feminicida en libertad es un gran peligro para la sociedad ya que la norma jurídica regula conductas externas, no podríamos adivinar que alguien está planeando el ya mencionado delito, a esto se refiere que la vida de una mujer es una incertidumbre en este país.

Retomando la pregunta inicial, tenemos que analizar por qué si el sistema es un enemigo de la mujer, en muchísimos aspectos la favorece, podríamos hacer una analogía absurda y comparar los géneros como niños: si están haciendo algo juntos, se podría decir que si hay desigualdad física, se va a favorecer al que tenga “desventaja”; el Estado creyó que por ser mujeres necesitaban cierta ventaja jurídica, esa es la verdadera razón de que las mujeres tengan lo que podríamos describir como ciertos “privilegios”,  lo que realmente es una clara muestra del machismo que hay dentro del Estado mexicano, el hecho de que se piense que una mujer necesita ser ayudada es un claro ataque al género y a la igualdad.

 

Sentite como en tu casa

Por Lic. Geraldina Dana[1]

Toda vez que nos anfitrian con la frase del título sabemos automáticamente que somos huéspedes. No extranjeros, pero tampoco residentes. Esto es así porque las personas nos relacionamos con base en roles que nos son socialmente designados a través de las palabras. A su vez, cada ámbito tiene un código propio de roles y palabras que son aceptadas —o no—. Por eso, muchos de nosotros tenemos nombres y apodos por los que sólo nos llamarían nuestras familias, parejas o amistades, mientras que, si a su vez detentamos algún cargo público, quienes quieran mostrar respeto al mismo lo utilizarán seguido de nuestro apellido. Este código de formalidad, reconocimiento de la autoridad y distancia es propio de la esfera pública. En ella, presentarán a alguien a quien en su casa llamen “Toto” como “el Ministro de Finanzas de la Nación”.Leer más

La despenalización del aborto en El Salvador ¿una solución al aborto peligroso?

Por Víctor Salmerón

El aborto realizado en condiciones de riesgo o inseguras es un problema que pone en peligro la salud y la vida de numerosas mujeres en edad reproductiva a nivel mundial, pero en El Salvador, país en donde tal práctica es ilícita en cualquier circunstancia y penada hasta con 50 años de cárcel, y doce para el personal médico que se prestara a facilitarlo, se hace más indiscutible la existencia de esta problemática. Es, pues, evidente que este asunto necesita ser estudiado y analizado sobriamente para poder ofrecer una opinión que se ajuste a las exigencias del contexto.

Al analizar este problema a nivel mundial, resulta interesante ver cómo casi todos los países en Europa han despenalizado tal práctica ―con ciertas condiciones Leer más

Necropolítica de género como régimen de gobierno

Un México sin nosotras

Por Diana Marisol Hernández Echevarría [1]

 

Incontables anuncios recorren titulares de periódicos y noticieros que dan cabida a los crímenes de género que asolan día a día a uno de los países más feminicidas: México. Un país que se llena orgulloso de ser liderado por la cuarta gran transformación donde aún no caben las mujeres[2].

Bajo el yugo de la nueva transformación y normalidad se esconden los crímenes de los cuerpos que no importan en un país que no atiende los gritos de auxilio del “Nos están matando”, donde día a día el acoso se respira y la voracidad de la violencia popular se normaliza al ver los cuerpos sin vida, los cuerpos que no importan.

En una nación soberana como lo es México Leer más

La penalización radical del aborto en la República de El Salvador (1998-2020)

Un crimen contra los derechos humanos de las mujeres

Por Sigrid Gutiérrez Aquino[1]

  1. Introducción

Los derechos humanos son inherentes a todas las personas, sin distinción alguna de raza, sexo, nacionalidad, origen étnico, lengua, religión o cualquier otra condición (ONU, 1948). Estos tienen por objetivo garantizar la dignidad humana en todos sus aspectos, lo cual incluye los derechos sexuales y reproductivos, relacionados con el libre ejercicio de la sexualidad, la reproducción, el acceso a servicios médicos de calidad, la educación sexual y la interrupción voluntaria del embarazo en los casos más esenciales para la salud mental y psicológica.

Los Estados que penalizan completamente el aborto hacen partícipes al sistema de salud, judiciario y penitenciario en una serie de violaciones contra los derechos humanos de las mujeres. Esta práctica tan radical está íntimamente relacionada con la violencia de género que existe en AméricaLeer más

La violencia de género en tiempos de coronavirus

Imagen: Martina Rodriguez temerosa detrás de su puerta. Foro de : Natalye Monroy.

Por Natalye Reyes Monroy

Las manifestaciones y las tomas de instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos por colectivas feministas a lo largo del país son acciones que resultan de una cada vez mayor necesidad de reconocimiento por parte del ejecutivo Federal del aumento de los feminicidios, la violencia feminicidas y la violencia contra las mujeres con sus multiplicidad de rostros, así como la exigencia de acciones que frenen la impunidad, la falta de justicia y resolución de las denuncias en los casos de acosos, feminicidio y violencia contra las mujeres.

“¿Podríamos darnos prisa? Mi esposo no tarda en llegar y no quiero que me vea platicando contigo”, con exaltación expresó Rebeca Aguilar mientras regaba su jardín; la señora de 43 años traía puesto un mandil roto y un ojo morado.Leer más