Mundo Colmena

Por Rodolfo Vázquez Jiménez

¿Quién se lo hubiera imaginado? que durante décadas se fuera germinando poco a poco, oculta y latente, una rebelión. A veces se hacía notar levemente, otras era tan silenciosa que sólo ocurría en el interior de las personas más sensibles en el inconsciente; la cultura millenial volvió al hombre más sensible, podríamos decir más dulce y tierno, preocupado por su apariencia, volviéndose metrosexual hasta el punto que lentamente, poco a poco, como perla en una ostra, perdió lo masculino, lo viril, cazador, dominante, protector, de gesto fuerte y varonil, preocupado por su hogar y familia; el sostén económico de la familia, la comunidad y el país desapareció. Ese prototipo de “varón” ahora no existe, se perdió, se disolvió.Leer más

Doce minutos por mujer

Por Andrea Pereira[1]

 

¿Quién lo mandó a meterse con una de nosotras?

Cuando a Renata se le ocurrió esa idea, pensé que era tonta y divertida, pero fue mucho más que eso.

El día que Juan Pescadilla llegó al pueblo, yo ya sabía, por rumores, el tipo de persona que era. Venía escapando de la justicia, y de dos ex esposas con hijos pequeños. Pescadilla era estafador, bígamo, había estado detenido dos veces por violencia doméstica, aún no tenía treinta y cinco años y ya había reconocido cinco hijos con apellidos falsos, es más, incluso hoy no sé si en realidad su verdadero nombre era Juan Pescadilla.Leer más

La cuota

Por José Luis Díaz Marcos

 

1

 

–¡Papá, preguntan por ti! –vocifera Ana desde la puerta bailando al son de sus auriculares. 

–¡Te vas a quedar sorda y nos vas a dejar sordos a los demás! –protesta Hugo viniendo por el pasillo–. ¡Anda, deja ya la musiquita y ponte a estudiar, que es lo que tienes que hacer!

–Venimos del ayuntamiento –anuncia un señor. Detrás, sendos operarios–. Traemos su cuota de plástico.

–Mi cuota,… ¿de qué?

–De plástico. Como sabe, o debería saber, hoy entra en vigor la nueva ordenanza municipal relativa a la asignación y custodia de residuos plásticos.

–Gracias por reprocharme lo que ignoro, señor funcionario, pero no tengo ni idea de qué me habla.

–¡Qué sí, papi: la nueva ordenanza medioambiental! –informa la adolescente, escandalosa–. ¡Aquella del buzón! ¡La que tiraste a la basura!

Hugo enrojece y la mira.

–Vale, vale… –recula–. ¡Qué genio! El día que cumpla los dieciocho…

–Usted perdone… ¿Qué me decía?

–Su cuota de plástico… –abunda, paciente–. A partir de ahora, y dada la imposibilidad de su total almacenamiento y reciclaje, los vecinos deberán acopiar la proporción de esos plásticos que, según nuestros cálculos, les correspondan. En su caso… –consulta un portafolios–. Aquí está: ¡ocho metros cúbicos!

–¡¿Ocho…?!

–Sí: el volumen equivalente a ocho mil litros.

–No puedo creerlo… ¿Y hasta… hasta cuándo…? 

–Hasta que su paulatina eliminación nos permita retirárselo.

–¡O sea: hasta dentro de… meses!

–No creo. Ojalá me equivoque, pero yo diría que hasta dentro de… años.

–¡¿Años?!

Asiente, comprensivo.

–Y, ahora, si es tan amable y me firma el recibí, los compañeros procederán a dejarle la cuota. Como ve, y para facilitar su transporte y acumulación, las infinitas formas del plástico vienen prensadas en bloques de cincuenta por cincuenta centímetros. Así, le incumben… sesenta y cuatro bloques. 

–P, pero, ¡¿dónde voy a…?!

–Aquí, en su casa. 

–Esto… ¡Esto no puede ser legal! ¡¿Y si me niego?!

El mandatario enarca una ceja, pensativo durante un segundo, y contesta con otra pregunta:

–¿Le gusta la playa?

 

2

 

Ante Hugo, extrañeza inerte, entran sesenta y cuatro bloques, sesenta y cuatro porciones cúbicas de dúctiles, hasta llenar el pasillo.

–¡Tampoco ponga esa cara, hombre! –anima uno de los soguillas–. Si le sirve de consuelo, venimos de aquí cerca y… ¡Van a tener que deshacerse de la mitad del mobiliario, por lo menos, para asumir su cuota! ¡De la mitad!

–Consuela mucho, sí…

–Quién iba a creer que llegaríamos a estos extremos… –siente el otro– ¡Ahora todos, quieras o no, con síndrome de Diógenes por culpa del maldito plástico! Esto… 

Hugo cierra, aturdido:

–Sí, quién iba a creer…

–Pues muchos –asegura Ana, al fondo.

–¡¿Y tú, qué haces ahí?! ¡No te había dicho…! 

–¡Y dale, Perico al torno! De verdad: qué pesadito te pones a veces… Por si te interesa la opinión de una socia de Grimpís, esta movida ha sido tan chunga como la de mi ex: ambos la veíamos venir, pero no hemos querido verla, a ver si cambia, a ver si cambia, hasta que, ¡pum!, ha petao´, y ni cambio ni leches.

»¡Pues tal que así, en pleno 2031, con el dichoso plastiquito! Tanta envoltura, que mira que nos gusta envolverlo todo, y tan poco reciclaje, que mira que reciclamos poco y mal, que…

–¡…llegan los del ayuntamiento y te encasquetan, por orden del señor alcalde, o de quien sea, dos metros cúbicos de botellas, tapones, bolsas y yo qué sé más hasta que, dentro de unos añitos de nada, sea posible su reciclado!  Y digo yo: ¡¿Es que no hay vertederos?!

–Claro que los hay. Pero, como todo, son limitados y están, ya casi como todo también, saturados. ¡¿Y qué pasa entonces con los productos plásticos y sus más de ciento treinta sustancias tóxicas?! ¡¿Los seguimos dejando por ahí, de cualquier manera?! Imagina, por ejemplo, ¡qué fuerte!, el incendio de toneladas y toneladas de esos productos: ¡nuevas emisiones a lo que nos queda de atmósfera!; ¡más contaminación, ya casi imposible, de ríos y acuíferos!… ¡Una catástrofe, papá! ¡Otra catástrofe!

–Bien, vale… Me rindo: como dice el tango, el mundo es una porquería y debemos asumir nuestra culpa. Entendido. Ahora, y yendo a lo práctico, querida afiliada de Grimpís,… ¡¿dónde narices ponemos…?!

–Pues… La cinta de correr y las pesas hace siglos que ni las tocas: a la vista está… Y tus librotes y maquetas acaparan polvo y espacio en casi todas las habitaciones. Si lo piensas… 

–¡¿Qué?!

–Ya me dirás si no…

–Claro, claro… Pues, en ese plan, también podríamos prescindir de cierto equipo de música y de sus gigantescos altavoces, de cierta colección de cedés, de ciertos armarios llenos de ropita ni siquiera estrenada…  Sí, creo que, en conjunto, liberaríamos mucho, mucho espacio. ¿No crees?

 

3

 

04:00 AM. 

Una furgoneta rodea la casa del señor alcalde. Dos encapuchados, un hombre y 

una fémina, empiezan a descargar bloques de plástico prensado: uno, dos,… treinta y ocho, treinta y nueve,… sesenta y tres, sesenta y…

–¡Quietos! ¡Policía!

–…cuatro…

–¿De verdad creían que…? Para su información, ustedes son los séptimos de esta semana. ¡Y aún es miércoles! En fin… Ahora, venga: carguen su cuota antes de que aparezcan los siguientes, que ya hoy se irán de playa.

«¡¿Irnos de…?!».

Sesenta y cuatro, sesenta y tres,… 

–Papi: me duele el lomo…

–¡Claro: y a mí, el mío!

…treinta y nueve, ¡ay!, treinta y ocho, ¡ay!…

 

4

15:00 PM. 

Playa. 43ºC. Una veintena de condenados por infringir la ordenanza municipal relativa a la asignación y custodia de residuos plásticos peina la arena en busca de eso, de fragmentos dúctiles.

–¡J, jefe,… no podríamos esperar a que… a que bajase un poco el sol? –pregunta alguien.

–¡No! ¡Calla y recoge!

–¡¿Y si… me niego…?!

–¡¿Y si dejo la sombra, el ventilador y el mojito, y voy con la porra?!

.

.

.

–¡Aaagh, papi! Tengo mucha…

–¡Sí, ya lo sé: yo también y… y me aguanto!

 

Procedimientos

Por José Luis Díaz Marcos

No hay absurdo que no haya sido apoyado por algún filósofo.
Cicerón

 

Onofre Ruiz, agricultor jubilado, sesteaba plácidamente en un banco del parque cuando un repentino traqueteo lo devolvió a la realidad. Aún amodorrado por la neblina del sueño, confirmó la llegada de un diminuto y destartalado camión en cuyas puertas podía apreciarse, mayúsculas con escudo, un excelentísimo membrete:

 

AYUNTAMIENTO

DE

ABSURDALIA DEL CAMPO

 

            Lejos de la molestia, Onofre agradeció la forzada vela. «Mejor. Así me ahorro tener que buscar una obra con la que distraerme», se dijo.

            Estacionado el vehículo, se apearon dos jardineros y empezaron a descargar algunos útiles. Acto seguido, descendieron también un arbolito sobre el césped, en un punto, según parecía, ya convenido.Leer más

Sombras en el abismo

Imagen de David Hockey (b. 1937), «An Erotic Etching (Scottish Arts Council 172)»

Por Daniel Jiménez[1]

“Y comprendas que estoy ardiendo por ti,
quemándome
sólo para que veas,
desde tan lejos, esta luz!”
Manuel Scorza
 

Esa tarde supe por qué le dicen calientes a las pistolas que traen un muerto, o varios, tras de sí. Fue, de hecho, la única lección que me dejó la muerte de las dos máximas promesas de la poesía mexicana: Pikachu San y Pimentel Erizo.

 

Luego de que abandoné la vecindad ubicada en la colonia El Sol, de Ciudad Neza, me entuzé el cuete entre los huevos por recomendación del Tamales, quien me lo vendió en 3 mil 500 varos, previo acuerdo por Facebook. A partir de ese momento y hasta que me cambié de ropa, mi entrepierna se convirtió en un sitio caliente y húmedo como si mi orina hubiera salido de la vejiga sin decir agua va.

 

Sin embargo, eso no me detuvo. De modo que, aún con los destos en la garganta, me trepé a la combi que va al metro Pantitlán para trasladarme al cantón del Pikachu, a quien conocí hace 10 meses en el “1er Festival de Poesía Cara de Chancros; fiesta en el infierno; abismo; cumbia y barrio” que organizó el proyecto Alma Aullante, el cual ese cabrón dirigía con la ayuda de una cuantiosa beca cortesía del Gobierno de la Ciudad de México.Leer más

!Crash¡

Foto de Olmo Calvo

 

Por José Luis Díaz Marcos[1]

–Por favor. Somos una familia normal
en una casa normal
 en un mundo normal.  
No busques… extrañezas.
                                                                                     La luz encendida,  José Miguel Vilar-Bou

 

 

–Y, ya en el ámbito internacional –enuncia la periodista–, la ONG Vergüenza de Mundo libraba de una muerte segura, hace apenas unas horas, a más de cien migrantes en el momento en que su embarcación se hundía en aguas de Hipocresía del Norte. Advertimos que las imágenes pueden herir su sensibilidad.

            Arrellanados frente al televisor, Víctor y Sofía interrumpen el aperitivo sobre sus respectivas bandejas.

            Mar adentro. La proa de una embarcación se dirige, nos dirigimos,  hacia los seres humanos que aún, a duras penas, se debaten sobre las olas. Salvavidas vuelan y caen, «…¡Chof! ¡Chof! ¡Chof!…», entre aquellos. Órdenes. Exclamaciones. Esperanza.

La proa se detiene, nos detenemos. Hijos del pánico, emergen los brazos que aún… Vergüenza les tiende, les tendemos, alguno de los suyos, de los nuestros.Leer más

Los días sin sol

Por Diego Medina 

Hace dos meses que la nave atravesó el cinturón de asteroides, pero fue hace una semana que llegamos a Júpiter, gracias al avance de la tecnología este era el menos sorprendente de los logros de la humanidad hasta ahora, de hecho el entusiasmo renovado en el progreso no sólo era un milagro que dejaba atrás el pesimismo de la era post atómica, sino que había superado el cáncer, la hambruna, el calentamiento global y la pobreza, incluso el nueve de abril del 2034 sobrevivió a una lluvia de meteoritos gigantes, gracias a la coordinación entre las cuatro Estaciones Espaciales Internacionales y los ejércitos de la Tierra, fue así que como un hormiguero que sobrevive a una lluvia torrencial en el corazón del Amazonas, los terrícolas decidimos salir a explorar nuestro vecindario después de la tormenta.Al principio los gobiernos tomaron aquello como una advertencia celestial, por no decir divina, de que el hombre tenía que asegurarse su existencia, aunque no pudiera asegurar la de la Tierra, pero los más entusiastas vieron no una señal apocalíptica sino una invitación para conquistar nuevos mundos, de tal forma que todo lo hasta entonces vivido, el renacimiento, la revolución industrial, el nacimiento de las civilizaciones, todo, parecía ahora la más remota prehistoria.Leer más