El origen del arte

Por Francisco Sagredo[1]

En el origen, mezclado e irreconocible, el ritmo, ese que posee la cualidad de gobernarnos, y la poesía, esa que según los antiguos atraía a los dioses, eran parte de la magia, del encantamiento. La palabra, aún demasiado emparentada al aullido, se servía de la intuición y, por lo tanto, le traducía en sus propias formas, las cuales ameritarían un estudio empírico de su génesis para ser comprendidas. Antes de que nos hiciéramos conscientes del escenario que habitamos, antes de que el teatro interrumpiera al rito, antes de que la introducción nos diera pistas de entendimiento, existían estímulos o hechos clave que permitían una asociación de entendimiento contraria a diferenciar una dicotomía entre actor y espectador, explicada la obra en sí misma y por sí misma, ya que los sujetos implicados constituían la naturaleza y no eran sujetos observadores. Consideremos que en un momento de la historia griega el denominado “Ditirambo”, rito primaveral al dios Dionisio, Leer más

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¿Por qué no podemos prescindir del teatro?

Por Dora Gema Castillo[1]

Quienquiera que sea usted… Yo siempre he dependido de la bondad de los extraños.

Blanche Du Bois

Por primera vez en cuatro meses, me he dispuesto a disfrutar y opinar de una puesta en escena en formato digital, Un tranvía llamado deseo. Solo puedo decir que Tennessee Williams es un completo salto al abismo que traemos dentro, un tranvía llamado desolación. He hecho lo mismo que hubiera hecho en un teatro é, incluso, he aplaudido al final. No hay sentido en renegar si haremos por un tiempo teatro en un formato extraño, siempre y cuando dispongamos la vida con la misma emoción en tal encomienda. Si me preguntan por qué no podemos prescindir del teatro, colocaría a ese individuo en una butaca, en un sillón, sobre cualquier sitio en que se sintiera cómodo y me pondría a actuar. No es retórico referirse al teatro como aquel lugar al que acudimos a ser espectadores de nuestra propia existencia[2]. Es, tal cual, recordarse lo irracionales, Leer más

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El Teatro de la crueldad y el problema de la representación: formas de lo negativo y lo positivo en El teatro y su doble

Por Víctor González Astudillo

El presente ensayo es un intento por resumir los puntos centrales de la teoría artaudiana respecto a la teatralidad, con el fin de reactualizar algunos puntos claves en las lecturas que llevaron a cabo tanto Susan Sontag en su texto Una aproximación a Artaud, como Jacques Derrida en El teatro de la crueldad y la clausura de la representación, pensando en el contenido de los dos manifiestos del Teatro de la crueldad. Me enfocaré particularmente en dos puntos: el significado del concepto de “crueldad” en la obra de Artaud, para luego pasar a una discusión teórica respecto a su noción de metafísica, dado que esta faceta del arte es lo que haría del drama un objeto inútil. El teatro debe cortar su relación parasitaria con las palabras, para transformarse, así, en pura acción.Leer más

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Ahí dice

Imagen tomada de http://www.premiereactors.com

Por Lilia Rojas [1]

Como si fuera la verdad. Ahí dice, está escrito. Como si al leer y comprender el código, el signo, la palabra…Ya. La verdad se apuntalara.

 

Lo escrito ha constituido la autoridad intelectual desde la invención de la imprenta. Desde entonces ha habido mucho, muy diverso, perseguido, maldito, paria, desconocido, pero igual impreso, oscuro, popular, obligado, fundador, luminoso, necesario, pertinente, urgente. Una vida humana no es suficiente para aspirar a leer todo lo escrito. Sin olvidar que la imprenta no inventó la escritura. La memoria de las hazañas humanas apremiaba desde el inicio de los tiempos. Aunque con la imprenta y la producción pletórica de literatura de todo tipo, la democratización del saber pudo ser vislumbrada. ¿Qué había antes? Hay muchos libros al respecto, bibliotecas enteras, de distintas épocas, además, con sus respectivas historicidades. Antes de la escritura había culturas orales que utilizaban técnicas de memoria basadas en la repetición. Entonces la comunicación necesitaba de personas vivas que replicaran y entendieran.

 

¿Que cómo lo sé? Lo leí. Sólo así pude imaginarlo y hacer esta grosera generalización. Porque desde que estoy consciente, he dado por hecho que las respuestas están en los libros, como si fuera algo sin historia, algo que es intrínseco a la vida. Las narraciones orales que permitieron conservar las hazañas de Aquiles, Ulises ─sólo por mencionar algo popular─ y compañía eran relatos no organizados contados oralmente hasta la saciedad, una tras otra vez. La oralidad es patente en la asociación de adjetivos para recordar a los hombres, el taimado Ulises, por ejemplo. Pero eso no fue articulado así la primera vez. En ese entonces, en el momento de la primera emisión sonora de la historia del héroe, el español no existía. ¿Cómo sé todo esto? Lo leí y eso me permitió desafiar mi concepción de cosas que daba por hecho porque cuando yo nací, ellas ya estaban ahí.

 

¿Y si lo que me dijeron fuera todo una especulación? ¿Por qué habría uno de creer todo eso? ¿Tanta autoridad tiene el libro para que a partir de lo que «dice» tu concepción de la vida cambie?Leer más

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Desobedecer

Foto tomada de theatredelacite.com

Desobedecer

Por Liliana Rojas[1]

 

Dos amigas mexicanas fueron al teatro en París para fortalecer sus lazos fraternos. Desobedecer. Así se llamaba la obra. Fortalecer los lazos fraternos como motivo válido para ir al teatro, como justificación. Porque en la cotidianidad la justificación es más importante que el sentido. Sin embargo, para qué iría uno al teatro si no va a ver algo que tenga sentido. Además la obra se llamaba Desobedecer, qué diablos.

            En todo caso, qué menospreciado está el sentido en estos días. San Agustín dice que no sabría definir el tiempo, pero que sí sabe lo que es. Lo mismo aplica para el sentido. Si no le preguntan a uno, uno siempre sabe lo que es. Aunque el tiempo y el sentido no son la misma cosa. Qué coincidencia que los que juegan con la escena han mistificado las dos cosas, el sentido y el tiempo.

            Porque el sentido no es un objeto transhistórico que existe de por sí. Qué bueno, muchas personas nacen sin él y serían, sin duda, víctimas de la eugenesia. Ojalá eso fuera una distopía lejana. No lo es, no se olvidan las víctimas del sentido unilateral y totalitario, bien peinado…

            El sentido se construye, se crea, se esculpe, se manufactura. La actividad transformadora de la preferencia de uno puede verbalizar el sentido. Es una falacia decir que no todo lo que se hace sobre escena tiene que tener sentido. No es que «tenga» que tener sentido. Como si uno pusiera en pausa su existencia histórica para, ahora sí, despojar de sentido el momento. «¡Tengamos un momento puro! ¡Quitémosle el sentido!» El sentido no es el oxígeno o la luz solar aunque sí se encuentra maleable en las distancias entre los sujetos.Leer más

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