De la  neolengua al neoclic

 Repensar la política en la era del Gran Algoritmo

 

Por Leidy Viviana Padilla Márquez[1]

 

En 1984, George Orwell nos advirtió sobre el poder de empobrecer el lenguaje para domar el pensamiento; aquel régimen que eliminaba palabras como libertad o revolución nos demostraba que al borrar la posibilidad semántica, se impide imaginar cualquier horizonte distinto a la obediencia. Si bien hoy no hay decretos que prohíban términos, la dinámica de la atención en plataformas de vídeo breve genera un efecto equivalente, este desplazamiento hacia la reacción inmediata, ejemplificado en el frenesí de TikTok, encarna la fatiga de sí descrita por Byung-Chul Han, pues convierte el gesto en sustituto del concepto y disuelve los matices que sostienen la reflexión; esa fragmentación de la atención, la compulsión por deslizar el dedo una y otra vez reduce nuestra capacidad de sostener procesos de pensamiento complejos.

 

Ya lo mencionaba Hannah Arendt en la banalidad del mal,  el verdadero mal político Leer más

Mephisto demoniaco

Por Arturo Rojas Alvarado[i]

 

El alma vive gracias a que es perpetuamente tentada, aunque se resista.

Todo vive en oposición a algo. Yo soy aquello a lo que todo se opone.

– Pessoa, La hora del diablo.

 

Mephisto yergue la cabeza,
No ve elegancia ni delicadeza,
Ve destrucción, suciedad, asco y pobreza.
Y sonríe…

 

Goethe apunta que Mephistopheles no puede concebirse como un ser demoniaco, que Mephistopheles siempre niega, es un espíritu destructor por naturaleza. Lo demoníaco, mientras tanto, se despliega como esa fuerza que sobrepasa la racionalidad humana, que aterroriza naciones, a la propia naturaleza y, en especial, al espíritu de Goethe.

 

Sin embargo, esta concepción goethiana de lo demoniaco no parte de la moralina cristiana que lo niega por ser conductor del mal. Para Goethe no se aleja de ese δαíμων de la antigüedad que escandalizó a los griegos a través de su manifestación en Sócrates y que Herder consideraba un regalo celestial del genio1. Pero para Goethe es espantoso, le persigue y, por ende, huye de aquello.

 

Si Goethe le teme es por esa preferencia por lo armónico, ese amor fati que se manifiesta especialmente en su panteísmo. Lo demoniaco es avasallador, se manifiesta con ímpetu y revuelve todo como una tempestad. Solo la naturaleza misma puede vencerle, nemo contra deum nisi deus ipse. Por eso la pretensión demoniaca de sobrepasar la naturaleza no tiene éxito, por eso Napoleón cae ante las fuerzas de la naturaleza2

 

Lo demoniaco, dice Goethe, se manifiesta en una capacidad de acción decididamente positiva.3 El vínculo entre daímon y genio, entre daímon y creación, se mantiene vigente dentro de su concepción. La violencia de Beethoven y Kleist,4 los Caprichos de Paganini, todos impulsos de lo demoniaco y, por ende, creadores.

 

Mephistopheles es una criatura negativa en exceso, insiste Goethe y, en efecto, aquel afirma:

¡Finalizado! Estúpida palabra.

¿Por qué «finalizado»?

¡Finalizado y la nada absoluta son una y la misma cosa!

¿Qué nos importa entonces la creación eterna?

¿Crear acaso para transfromarlo en nada?

«¡Ha finalizado!» ¿Qué se deriva de ello?

Vale lo mismo que si no hubiese existido,

y das vueltas a la noria como si fuese algo.

Preferiría el vacío eterno. (vv. 11595-11603)5

Preferiría el vacío eterno dice aquella criatura a la que todo le parece detestable,

Los hombres me dan lástima, en sus días de miseria,

y hasta a mí mismo me disgusta martirizar a esas pobres criaturas. (vv. 296-8)5

 

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Salsa y estoicismo: la Filosofía que danza ante la tragedia

Por Leidy Viviana Padilla Márquez[1]

 

La salsa no es solo un sonido que emerge del Caribe, es un modo de estar en el mundo, una forma de conjurar la adversidad con ritmo y cadencia. Nacida del mestizaje y la diáspora, su esencia encarna una resistencia que no se limita a soportar el infortunio, sino que lo transforma en arte, en movimiento, en celebración. Este ritmo de las Antillas no es solo una expresión cultural, es también un saber que se inscribe en el cuerpo y la memoria de quienes la viven. En cada clave, en cada golpe de conga, se articula una filosofía que dialoga con algunas de las más profundas reflexiones sobre la existencia humana. ¿Qué nos dice la salsa sobre la condición humana? ¿Cómo su cadencia refleja la tensión entre el destino y la libertad? Al igual que el estoicismo y el existencialismo, la salsa propone una respuesta ante la tragedia: si la vida es incierta, si el dolor es inevitable, entonces solo nos queda el acto radical de bailar sobre nuestras propias ruinas, de encontrar en el movimiento una afirmación desafiante de la vida misma.

 

El estoicismo, nacido en la Grecia helenística, nos enseñó a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, el destino es inamovible, pero la virtud radica en nuestra respuesta ante él. Y, en la salsa, esa respuesta no se limita a resistir, se convierte en una celebración de la vida misma, en un acto de transgresión frente a lo que parece inmutable; con sabor y cadencia, genera su propia filosofía, un saber caribeño nacido en esas calles que no se someten al destino, sino que lo reconfiguran y lo subliman en movimiento.

 

Esto se percibe claramente en las letras de Héctor Lavoe en el  “El día de mi suerte”: “Cuando llegará el día de mi suerte, Sé que antes de mi muerte Seguro que mi suerte cambiará...”

 

Este canto no es solo una espera pasiva, es una invitación a la perseverancia, aLeer más

Parresía: Conciencia y libertad

Por Lina Marcela Arana Paz[1]

 

Resumen: En el mundo antiguo griego aparece el concepto de parresía, haciendo alusión a la franqueza que se debe tener como ciudadano ateniense; sin embargo, esta práctica necesaria para la sociedad puede ocasionar muchos problemas al individuo que lanza su opinión y que va de acuerdo a un sentir, que no es relativo como de pronto los sofistas lo podría catalogar. De este modo, la parresía puede acercarse a ser un método pedagógico que indudablemente conduce a la virtud porque con la parresía se fortalece la valentía y se asume todas las consecuencias, para valorar la coherencia entre el decir y el actuar como, por ejemplo, lo hizo Sócrates cuando fue sentenciado a muerte.

 

***

La parresía es un concepto que encontramos en el periodo clásico y helenístico griego, el objetivo principal de la parresía es hablar o alzar la voz para darle paso a una opinión que puede no ser grata para muchos, y por consiguiente actuar en función de ella. De este modo, la parresía se podría pensar como un modelo pedagógico que busca dar a conocer algo que está oculto o que es difícil de exponer.

Por lo tanto, al ejercer la parresía no importan las consecuencias, porque inevitablemente está implícito un diálogo entre sus interlocutores, que no necesariamente es pausado, sino más bien acalorado por su misma impulsividad o valentía.

Recordemos a Sócrates como figura incómoda para los atenienses por su personalidad reflexiva que estimula la duda, mas no la imprudencia; sin embargo, aunLeer más

El hombre absurdo: entre Sísifo Y Calígula

Por Lorenzo Spinoza

La antropología filosófica en Albert Camus parte de un posicionamiento respecto al mundo, en el cual entra en conflicto la subjetividad. La afirmación sartriana “la existencia precede a la esencia”[1] también tiene aquí su lugar, mediante connotaciones particulares al respecto de la relación entre el mundo en sí mismo y el sentido dado por el individuo. El mito de Sísifo muestra esta problemática mundo-sujeto precisamente como un conflicto que es generado únicamente al presentarse la contradicción entre ambas, no en cada una de sus partes de forma independiente.  

Es así como el mundo, en vez de hostil al sujeto, se plantea como indiferente a éste, no se mide con lo racional. El sujeto intenta formar un sistema y ordenar el mundo según su deseo de unidad y racionalidad, pero resulta vano. De esta forma el sujeto puede encontrar el absurdo precisamente en esa dicotomía: “Lo absurdo depende tanto del hombre como del mundo”.[2] 

La conciencia de esto es un trago amargo. Se desmoronan todos los castillos armados en bases inestables. Por esto, Camus presenta el problema del suicidio como Leer más

Marguerite Porète: Mística y Liberación del Alma

Por Victoria Marín

Marguerite Porète fue una autora francesa del medievo, que perteneció al grupo de las beguinas. Vivió durante el siglo XIII, un siglo marcado por la búsqueda de nuevas maneras de entender la espiritualidad, de vivir, saberse y expresar, también caracterizado por la presencia activa de las mujeres en el campo de la teología.

Su principal obra, El espejo de las almas simples, enfrentó la censura y la persecución de la Iglesia Católica debido a su naturaleza contestataria en un sentido religioso, místico y filosófico. Sin embargo, a pesar de la oposición, Porète persistió en la difusión de su mensaje de liberación del alma a través de la conciencia y la divinidad.

Este libro pertenece al género literario conocido como “speculum“. En el contexto de la literatura de la Edad Media se refiere a un tipo específico de obra que funcionaba como un “espejo” o guía en la que se presentaba información variada y reflexiones sobre diferentes temas. Estos especula (plural de speculum) eran compendios o colecciones de conocimiento que abarcaban una amplia gama de temas, como la moral, la ética, la religión, la filosofía, la historia, la ciencia, la política y más.

El término speculum proviene del latín y significa “espejo”, por lo que, en esencia, estas obras se consideraban espejos en los que los lectores podían verse a sí mismos, reflexionar sobre la vida y aprender lecciones valiosas. Los specula eran una forma común de transmitir conocimiento y sabiduría en la Edad Media.

Ahora bien, la figura del espejo que abarca la obra de Porète es mucho más compleja, puesto que no solo el libro es espejo, sino también el alma, el alma que se vacía de sí para reflejar y engendrar lo divino y el amor. Su estructura está compuesta por un díptico asimétrico, con la primera parte compuesta por diálogos teológicos y alegóricos, y la segunda parte narrada en primera persona, con un tono más autobiográfico. A lo largo de la obra, Margarita explora temas como los siete estados de perfección y las tres muertes del alma.

Uno de los temas más importantes que aborda es la descripción del almaLeer más

El miedo sin adjetivo

Por María de Jesús López Salazar[1]

 

Creemos que existe un límite en el miedo.
Sin embargo, sólo es así hasta que nos
encontramos con lo desconocido. Todos
disponemos de cantidades ilimitadas de terror – (Peter Hoeg)-.

 

El miedo es uno de los sentimientos más antiguos de la condición humana. Emerge ante las nociones de riesgo, ausencia de seguridad o de control acerca de la realidad social o su entendimiento, en aquellos momentos en que la humanidad se halla en tensión ante el mundo y su crisol de expresiones. Aquí es importante señalar que emoción y sentimiento no son lo mismo; y el miedo, más que una emoción, es un sentimiento, pues como indica Antonio Damasio (cit. en Executive Excellence, 2011: s/p.):

Una emoción está siempre referida a una secuencia de acciones y los sentimientos se refieren a los resultados de esa secuencia de acciones. Es importante que nos demos cuenta de que frente a un peligro (que da miedo), lo que nos salva –y hace actuar– es una serie de acciones que se desencadenan, no el sentimiento de miedo. En cambio, si tienes sensación o sentimiento de miedo, es ese sentimiento lo que va a guiar tus acciones futuras.

En tal sentido, el miedo es parte de una estrategia de supervivencia que prepara al ser humano para su defensa (Jaidár Matamoros, 2002:104). Por consiguiente, su existencia “no es un accidente, sino una manera de comprender y vivir el mundo y la condición humana de una forma enteramente brutal” (Ramírez Fierro, 2002:160), pues hay una diferencia específica entre miedo y terror: “El miedo anida lentamente y crece conforme lo procura el pensamiento. (…) Pero el terror es el salto momentáneo, el espanto frente a la visión, el balde de agua fría ante el reino de lo monstruoso” (Lazo, 2012:32).[2]

Sin embargo, entender qué quiere decir miedo en nuestro tiempo presente es complicado, teniendo en cuenta que se trata del campo de la definición de los sentimientos, más si se considera que: “En ciertos periodos se incrementa y en otros desciende. También cambia aquello a lo que tenemos miedo, y cómo respondemos” (Joanna Bourke cit. en Antón, 2006: s/p.). Con todo, su existencia es tangible y posible de rastrear. Por ser un senLeer más