Por Ernesto Del Toro[1]
Es casi seguro que si alguna vez escuchamos la frase “¿Si tus amigos se avientan a un pozo, tú también te avientas?, provenía de un adulto reprendiendo a algún joven por haber hecho algo malo, junto con un grupo de amigos (amigas o amigues), además, suponía un comportamiento que no había aprendido en casa.
Se les olvidaba que el joven al haber hecho eso que se supone no hacía, prácticamente ya se había aventado a un pozo. Porque, como muchos de nuestros padres, no estaban enterados de la llamada “conducta social” (1), que dista mucho de nuestra conducta individual. Por ende, no entendían por qué lo habíamos hecho. Y de seguro, nosotros tampoco lo entendíamos. Lo que sucede es que se ponen en juego mecanismos de socialización, sobre todo en edades tempranas, así como las propias dinámicas del grupo
Pero, no son todos los actos ni todos los escenarios, ni todas las personas, las que influyen en nuestra conducta. Entonces, ¿qué es lo que provoca esta conducta social? La respuesta, para efectos de este trabajo, es la facilitación social (2).
Además de todo lo que implica en una edad temprana la socialización y la propia dinámica de los grupos, estos ya no son necesarios para influir. Un joven puede actuar de cierta manera para poder pertenecer a un grupo, como parteLeer más









