Yakeline Rojas | Minificción

Petofilia

TRILLIZOS

 

Fue un parto difícil, cómo olvidarlo. La vida de los bebés corría peligro. A Rufo lo sacaron por las extremidades. X nació muerto. Lía llegó al mundo exhausta, débil. La partera, sin titubear, se le acercó y con destreza realizó un boca a boca. Nerviosa, testigo de un acto único, volvió a respirar cuando escuchó el primer ladrido.

 

 

 

PETOFILIA

 

La multitud conversaba sin cesar en el salón de la casa de huéspedes. Deborah salió en puntillas de pie de la habitación contigua: «Hablen bajito, que mi bebé acaba de dormirse». Todos se miraron mientras ella atravesaba el salón con un bozal en la mano.Leer más

Dianela Alfonso | Poesía

Dianela Alfonso (Cienfuegos, Cuba, 2001) autora emergente miembro del Laboratorio de Escrituras “Encrucijada”, un proyecto de escritura creativa dirigido por la escritora habanera Elaine Vilar Madruga. Sus poemas “El graznido de la muerte” y “Afonía”, fueron publicados en el fanzine de ficción especulativa “Retazos de Ficción” y en el blog de la Academia de Lengua y Creación Literaria (ALECLI) respectivamente. Asimismo, su microcuento “Libertad” forma parte de la colección “Dosis Mínima I” del Grupo Editorial Letras Negras. Resultó finalista en el 14º Certamen “Picapedreros” de Poesía, Guion y Microrrelato convocado por la revista “La Oca Loca”. Sus poemas “Una mujer vive en las entrañas de mi piel” y “¿Quién yo soy después de ti?” fueron publicados en el Nº 16 de la revista “Alborismos”.

 

 

 

 

Prometeo

Me fundí con la montaña,

quise admirar la cima del mundo con ojos humanos.

Les regalé la antorcha y ahora solo veo al ave,

anclada está al ciclo del agua:

se evapora, se precipita,

arremete contra mi bilis.

La agonía es tan inmortal como mi carne,

mas la llama es ya un incendio;

me complace saber que, bajo la colina,

el águila cocina cerebros con mi hígado.

 

 

 

Palas Atenea

Cuando vi rodar su sangre por la jLeer más

Alienación | Narrativa

Por Diony Scandela

 

La ventana abierta de par en par. El día soleado que muestra su mejor optimismo hacia un ilusorio y lejano horizonte de sucesos; el vendedor es inglés (aseguran muchos), los clientes son latinoamericanos. De todo el extenso cono sur se congregan compradores; ahora bien, no se sabe con exactitud si aquello es una simple tienda de víveres o un supermercado, nadie puede definir realmente qué tipo de negocio es. Una inmensa cola busca definir qué hacía allí.

-No hay una lista de precios ni empleados -comentaba un cliente a otro.- De hecho no se sabe cuándo abrió el negocio.

-Mira. Allí está el gerente atendiendo y a la vez haciendo las cuentas.

-Bonito sombrero de hongo- señala el otro con burla.

El otro bosteza al ver la inmensa cola que tiene en frente. Hay quince o tal vez veinte personas aglomeradas bajo el sol inclemente de la mañana.

-Aun no entiendo ¿Qué buscan los clientes en específico? Veo comida, otros compran libros y…Mira, allí uno ha comprado un par de zapatos.

El otro se cruza de brazos:

-Que se vayan al carajo. Leer más

Zyanya Velázquez | Poesía

Zyanya Velázquez (1996) Soy mujer, hija y amiga, facilito talleres artísticos y de escritura para mujeres e infancias y soy profundamente soñadora. Mi nombre significa siempre, me gusta escribir, crear vínculos profundos con mis amigas, viajar, bailar, y aprender cosas nuevas. En mi práctica laboral y cotidiana creo en la pedagogía como la posibilidad de brindar alternativas de convivencia y construir puentes de diálogo con el mundo.

 

 

 

Plenitud

Tejí el presente con mis manos. 

Acaricié la tierra con mi lengua,

mis pupilas se convirtieron en cuarzos.

Solo el mar y mi voz cantaron esa historia.

 

Yo era un vientre que nacía, rojo, gigante y vivo. 

Grávida, preñada del canto de los pájaros. 

Alimenté a la tierra con mi fruto.

Nacimiento imaginario. 

Dios, el mundo, mi abuela.

 

 

 

Punta cometa

Nada de prisaLeer más

Mi cuerpo, mi enemigo | Ensayo

Por Carmen Escalante

Un calor horrendo hizo presa de mí. La blusa me asfixiaba, el corazón me latía al mil. Un deseo fuerte y molesto me impulsaba a cortarla por la mitad y quitármela, pero algo me detuvo, estaba en el camión rumbo a mi casa y, obviamente, no podía desnudarme en la calle.

Pensé que había sido la tela de la blusa, que me quedaba algo pequeña, que mis pechos se habían hinchado repentinamente con la menstruación, alguna de esas cosas. Y me olvidé del asunto.

Seguí con mi vida normal, pasaron los meses y llegó la pandemia. Al entrar a la pandemia yo pesaba 58 kilos, llevaba una alimentación balanceada y me ejercitaba dos o tres veces a la semana según el tiempo, el cansancio o las actividades que tuviera. Mi vida social era aceptable.

Todo parecía transcurrir en perfecta calma y en una perfecta rutina donde yo, ya sabia mas o menos que pasaría cada día en mi vida.

Nadie me advirtió lo que era la menopausia, ni la perimenopausia, ni nada de eso. En mi familia, jamás nadie habló de eso. Alguna vez una de mis tías me dijo que no soportaba traer la ropa puesta y que tenía mucho calor. Mi madre mencionaba algunos síntomas pero jamás, claramente, la palabra menopausia. Mi abuela, me engañó a mis 15 y ella a sus 80, con que seguía menstruando… Esa plática era un tabú. Un secreto Leer más

Zaira Moreno | Poesía

Zaira Moreno (México, 1997). Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Ha publicado escritos en Áspera Fanzine, Periódico Poético, Revista Engarce, Poesía de morras, Revista Estrépito, Especulativas, Revista Literaria Polilla, Revista Monolito, Sorelle Magazine, Paradigma, Revista Alcantarilla, entre otros. Ha participado en la exposición El arte de ser mujer (2023) en Casa Quinqué y Feria del Fanzine (2021) en Casa Vidrio. Realizó la gestión e impresión del fanzine Ciudad, resultado del taller Escribir la ciudad del Laboratorio de Arte Público. Además de escritos, realiza collages digitales y análogos. Actualmente labora en Impronta Casa Editora.

 

Sin título

llego tarde

a los primeros lugares de la escuela

al dinero y privilegio

al talento

a la piel lisa y pálida

a la obediencia

a las curvas del cuerpo

al trabajo estable

y a la reciprocidad. 

                              

llego tarde y 

me desbordo.

 

 

 

Agua

El océano dentro de mí, se desLeer más

Existir y resistir en la periferia | Ensayo

Por Alejandra Millán

 

Cuando era niña jugaba con los zapatos llenos de lodo y las rodillas raspadas en una calle sin pavimento. Me bañaba en una tina amarilla con el agua calentada bajo el sol y con frecuencia comía sardina que mi mamá compraba cuando podía y que almacenaba para cuando no hubiera para comer. Mi mamá vendía pambazos, tacos, esquites, limpiaba casas y cuidaba a algunos de sus sobrinos para solventar los gastos. Fue en el cuerpo y en la vida de mi madre que aprendí a resistir en la periferia, a sobrevivirle al sistema patriarcal en la pobreza, en las calles en las que ya no se respetaban las vidas, en las que había cada vez más asesinatos, adicciones y, en general, muerte.

Resistir en la periferia significa sobrevivir al señor que te acosaba cuando ibas a las tortillas, al amigo de tu hermano que te acosó cuando empezaste a crecer, al vato que te seguía cuando regresabas de la secundaria y a los que siempre estaban tomando o drogándose en la esquina por la que tenías que pasar para ir a la tienda.

La periferia es bastante más dura en unos y otros lugares. La periferia es la venta de niñas en Guerrero, la explotación sexual de mujeres en Tlaxcala, las miles de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, los feminicidios en el Estado de México, el abuso sexual de niñas que se esconde en los “secretos de familia” y la prostitución como única “opción” para comer o alimentar a tus crías en la precariedad.

A veces, sobre las que no padecen la periferia, me pregunto, ¿cuántas vLeer más

Poesía colectiva: después de leer a Diana Morán

Por Cristina, Danae, Ixchel, Laura, Priscila, Gloria, Nat, Alexa, Victoria, Liliana, Yetza y Ximena

 

Ya no soy ni seré golondrina

I

Crisis o derrota el mismo dolor del combatiente, del que resiste al mal tanto como a la vida arrojada sin aviso. Hay siempre un pájaro en el umbral haciendo preguntas, pensando en el vuelo, reparando su nido, hurgando entre sus ramas, esperando el descanso, volviendo a nacer, aleteando la herida.

 

Revolcado como mares que enfurecen

            y dejan sin hijos

            sin tierra

           sin sentidos descubiertos siempre al alba

 

¿A dónde se han marchado los sueños de verano?

 

el tiempo que no pasa en laberintos de nostalgia

La tinta de las reliquias se destiñe entre los dedos 

La lucha como una pieza sagrada en la memoria, 

que se desgasta de tanto volver a ella 

 

Los huesos que crujen

la tibia y la falange no se mueven

el frío adherido a la espera

de esqueleto que se asfixia Leer más

La casa que nos vio crecer | Narrativa

Por Giselle Arlette Velasco Matías[1]

Antes esta casa no tenía ventanas, ni parecía un pastel color durazno. El recuerdo más viejo que tengo aquí soy yo, toda despeinada y en calzones, recogiendo naranjas con una mano, mientras con la otra sostengo una muñeca igual de despeinada que yo. Es extraño, no sé qué tan real es ese recuerdo, tal vez es el recuerdo que alguien más me contó y ahora lo utilizo como mío. La verdad es que no tengo memoria sobre muchas cosas de mi infancia. Los juegos, las vistas, las travesuras se me borraron. El recuerdo propio más lúcido que poseo es cuando mi prima Nica empezó a llorar porque se cayó de la cama. Lo recuerdo porque mi papá llegó al lugar de los hechos y me pegó con el cinturón por no haber cuidado bien a mi prima, que es dos años más chica que yo. Ser mayor a veces suele ser un fastidio.

Últimamente me la paso sola en casa, sin otros seres humanos, digo. Aquí llegamos a vivir ocho personas y ahora durante el día solo estoy yo. Me acuerdo que para dormir mis papás colocaban tres sillas a la orilla de una cama para poner nuestros pies, una silla para cada par de pies. Es muy irónico porque ahora tenemos ocho colchones, si nos reuniéramos de nuevo, cada quien tendría su propia cama. Vivimos muy apretados, tanto en espacio como en comida. Mamá compraba un plátano para cada habitante de la casa porque ya no alcanzaba para comprar más. Ella salía todas las mañanas a vender quesos, iba a los pueblos cercanos y era muy conocida por todas las personas. A veces hacía trueque con la señora de la verdulería en Candelaria y regresaba con muchas verduras y frutas. Otras, no traía nada más que una cara de preocupación.

Papá ordeñaba las vacas y trabajaba en el campo. Cuando papá llegaba a la casa y mamá no estaba, mi corazón se aceleraba tan rápido y por alguna razón tenía miedo. Sentía que mi papá se molestaría y empezaría a decir cosas feas de mamá como lo hacía a veces, cosas que me dolían porque eran sobre mi Leer más

Vaitiara Villagrán | Poesía

Vaitiara Villagrán es profesora de lengua y literatura, tallerista y gestora cultural. Participó en diversas antologías, publicó los poemarios Universa (2021) y Madreselva (2023). Formó parte del Plan de lectura de la provincia de Santiago del Estero, desarrolló proyectos docentes y participó en encuentros y concursos literarios. Sin embargo, si le preguntan a ella, prefiere presentarse como lectora y aprendiz.

 

 

 

Notificación

Cumplo con avisarte que ya no soy la misma,

crucé desiertos

y separé los mares

de dudas.

Mudé la piel unas cuantas veces

y junté en mis bolsillos

todas las piedras que me arrojaste.

Si nos encontráramos en esta tarde,

no podrías reconocerme

mis ojos tienen otro color

después de la niebla del llanto.

Cumplo con avisarte que ya no soy la misma

nadé el océano

de mis vasos de agua

y construí un paraíso con mis costillas.

No podrás encontrarme en esta tarde,

estoy en otros sitios,

más venturosos,

más serenos,

aquí, no me conoce nadie.

 

 

 

Linaje

Entre todas las sombras que me cercan,

la búsqueda del aire fresco,

de la verdad genuina de mi ser incompleto.

 

El peso de mil años arrastrado

por mujeres de esta casa.

El peso de mil sueños arrastradoLeer más