Por Carmina Cardiel
Emilie Blichfeldt es una directora y guionista noruega muy joven cuya filmografía no es tan conocida, pero hizo un enorme y gran trabajo con su ópera prima “La hermanastra fea” (2025) (Den stygge stesøsteren / The Ugly Stepsister). Con esta película no sólo deja en claro de lo que es capaz de realizar, sino que deja al descubierto su potencial para entender simbología y llegar a las entraña de la expectación a través de la imagen.
Arquetipos
Carl Jung decía que las personas no sólo tenemos una historia personal, sino que existe un inconsciente colectivo entendido como una dimensión profunda de la psique humana compartida por toda la especie. Jung entendía los arquetipos como formas o moldes psíquicos que se expresan por medio de diferentes símbolos de acuerdo con la época y la cultura. Por tanto, podríamos decir que los arquetipos se entienden como un patrón universal de emociones, imágenes, comportamientos y experiencias que se repiten en los mitos, cuentos, religiones, sueños y expresiones culturales de distintas épocas y sociedades. Por ejemplo, el arquetipo de la madre podría ser cualquier Diosa o divinidad femenina con la que nos sintamos en esa sutil frecuencia de cuidados y amor: La Virgen, la Madre Tierra, Hécate, entre otras.
La hermanastra fea es una adaptación del cuento de “Cenicienta”, cuya historia se remonta al arquetipo de La Mujer Salvaje y del proceso de la recuperación de la propia naturaleza instintiva. Este cuento no sólo nos habla de una mujer que ha sido maltratada y humillada, sino de una mujer que ha sido relegada a las cenizas si recordamos que todo el tiempo está en la cocina y limpiando entre hollín y polvo.
Ahora bien, las cenizas aquí no sólo deben ser entendidas como algo que carece de valor o que invariablemente será descartado. Simbólicamente las cenizas, como bien sabemos, son una representación de la vida después de la muerte, de la resurrección del Fénix; o sea del renacimiento. Es decir, las cenizas se traducen como alquimia y Emilie Blichfeldt no dejó pasar ese gran detalle en la trama de la cinta, por el contrario, lo mantiene no sólo para Agnes (Cenicienta), sino también para Elvira, su hermanastra.
Estándares de belleza eduardianos y actuales (Meritocracia estética)
Sociológicamente hablando, los cuentos de hadas tradicionales operaron por siglos como moralejas o cuentos con trascendencia moral: Si eres buena y pura (o sea hermosa), recibirás una recompensa. Esta premisa crea una falsa meritocracia estética que sigue implantada en nuestro tiempo en donde la fealdad queda confiscada a la maldad, lo grotesco, lo difícil de ver como lo sería el fracaso personal.
La directora rompe brutalmente con este arquetipo de pureza y belleza cuando nos muestra a una Agnes (Cenicienta) poco santa y pasiva. En su lugar nos presenta a una joven que tiene sus propios secretos, una vida sexual activa, estatus social y arrogancia. A su vez, Elvira es puesta en primera escena como una persona sin estatus, pero empática que es corrompida por su hábitat social y la presión del entorno. Conforme corre la cinta, podemos ver ese juego perverso del concepto de belleza femenina que realmente destruye los lazos de sororidad, transformándolos en rivalidad extrema. ¿Esto último les suena familiar respecto al concepto que tenemos de belleza en la actualidad?
La época eduardiana le precede a la victoriana y va de 1901 a 1910, identificada en el Reino Unido bajo el dominio de Eduardo VII. Fue una época que destacó por una rígida estructura de clases sociales, moda ostentosa y un estilo de vida muy despreocupado para las élites de la época. Y estas características las marca bastante bien la directora cuando nos presenta a una madrastra poco rígida si se le contrasta con el cuento de pantalla que conocemos, pues nos muestra a una madrastra bastante sexualizada y sin escrúpulos con tal de mantener su estatus social.
Aquí tenemos en primera fila una escena que retrata un cuadro bastante escalofriante por su vigencia: dinero+gracia+sumisión+juventud = Estándar de belleza hegemónica, sin tomar en cuenta el color de piel, que por supuesto entra en este juego de características de la belleza y la estética.
Pero, y a todo esto, ¿quién dice o marca la diferencia entre lo que se inunda en lo grotesco o lo que es sublime al ojo político animal? ¿Quién te dijo que eras flaca/gorda, bonita/fea, prieta/güera, alta/chaparra, nalgona/tabla, joven/vieja, puta/hermosa, frígida/caliente, pero jamás inteligente?
La Biopolítica en “La Hermanastra malvada”:
Michel Foucault define a la biopolítica como el conjunto de cálculos y tácticas que intervienen sobre una población mediante la gestión de la vida. Después de escribir “La Historia de la sexualidad”, Foucault da cursos en el Collège de France, donde formula “Los controles de población (Biopolítica)”, uno de sus dos trabajos desarrollados como polos de control, entendidos desde su concepto de poder.
La hermanastra fea introduce elementos de época que conectan con el nacimiento de la cirugía estética que se dio en el siglo XIX, esto a su vez tiene una conexión clara con el concepto foucaultiano de Biopolítica (el control que ejercen las estructuras de poder sobre los cuerpos de las personas).
En este rodaje, podemos ver imperativos institucionales como los del Sector Salud. Vemos a un cirujano rompiéndole la nariz a Elvira para dejársela “bonita” con un artefacto que le respinga la nariz. Su madre la somete a la ingesta de un huevo de una solitaria para que no le diera hambre y ésta se comiera todo lo que Elvira se metía a la boca.
Por otro lado, la escuela de modales de Sophie von Kronenberg, a la que la madre de Elvira la obliga a ir para bajar de peso, funciona como un dispositivo institucional que clasifica y jerarquiza a los seres humanos: las “Bonitas” van al frente y las “feas” van atrás.
Y bueno, las escenas del baile son horribles y difíciles de ver, pues la directora no repara en dejar al descubierto cómo los cuerpos femeninos han sido tratados históricamente como un “algo”, un objeto que se oferta y se compra, o sea, una mercancía. Todas las modificaciones corporales a las que es sometida Elvira para casarse con el príncipe la llevan a un estrés agudo que le hace perder no sólo peso, también el cabello. Todo esto a costa de la estabilidad económica de la familia. Recordemos que el matrimonio jamás ha sido como nos lo cotaron, siempre fue y ha sido un contrato social que se relaciona directamente con la materialización de un patrimonio entendido como propiedad privada desde los grupos sociales más conservadores.
Retomando y/o volviendo a los simbolismos, el cabello largo en las mujeres representa fortaleza, belleza, juventud y fertilidad, así pues, cuando Elvira empieza a perder su hermosa cabellera larga y rizada, nos anuncia que está a punto de hacerse cenizas rompiendo de esa manera con todo el sometimiento social al que fue expuesta por su madre y por la estructura jerárquica de la época, que, no muy distinta a esta, se dicta desde las esferas sociales construidas por hombres.
En otras palabras, los mecanismos de poder que transforman el cuerpo femenino en un espacio de vigilancia, disciplina y normalización, provienen desde esferas masculinizadas que ven los cuerpos femeninos como instrumentos de satisfacción económica, afectiva y sexual. Y eso se ve claramente en las escenas del baile cuando el príncipe escoge a quien será su princesa o cuando los miembros de la corte cosifican a todas las mujeres que se ofertan con su mejor vestido y gracia.
Con todo esto, también me gustaría decir que la dignidad humana se pierde en el momento en el que un ser humano es reducido a un “algo”, como sucede con los cuerpos femeninos. En la cinta, Elvira pierde por completo toda su dignidad humana y toca un fondo del cual sale literalmente a rastras. Es tanta la presión social que enloquece a tal punto que lo que llega a hacer con su cuerpo puede compararse con padecimientos psicosociales muy actuales como dismorfia, bulimia, anorexia, TLP, TPM, psicosis, entre otras.
Actualmente existe un problema que enfrenta la gen Z, y es que no se están preocupando tanto por lucir cuerpos delgados como nos tocó a la generación millennial, sino que la gen Z se caracteriza por estándares de cuidados de la piel y se someten a temprana edad a tratamientos estéticos que están cobrando la salud de quienes a muy temprana edad utilizan una rutina de skincare para gente de cuarenta+ años.
Finalmente, así como lo vimos y platicamos en #ButacaVioleta con “La Sustancia”, el concepto y estándar de belleza que se nos exige a las mujeres casi siempre resulta en sometimientos dolorosos e inhumanos al servicio de quien se presenta como comprador en esta realidad de capitalismo salvaje en donde al parecer todo tiene un precio, incluidos nuestros cuerpos.
Bibliografía:
- Blichfeldt, E. M. (2025). La hermanastra fea [The Ugly Stepsister]. Mer Film.
- El País. (2025, 18 de octubre). El Festival de Sitges premia como mejor película a ‘La hermanastra fea’, versión tortuosa de la Cenicienta. El País. Recuperado el 14 de junio de 2026, de https://elpais.com/cultura/cine/2025-10-18/el-festival-de-sitges-premia-como-mejor-pelicula-a-la-hermanastra-fea-version-tortuosa-de-la-cenicienta.html
- Foucault, M. (2007). Seguridad, territorio, población: Curso en el Collège de France (1977-1978). Fondo de Cultura Económica.
- Foucault, M. (2008). Nacimiento de la biopolítica: Curso en el Collège de France (1978-1979). Fondo de Cultura Económica.
- Foucault, M. (2009). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión (2.ª ed.). Siglo XXI Editores.
- Foucault, M. (2011). Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber (3.ª ed.). Siglo XXI Editores.
- Guzmán Martínez, Grecia (2018) Biopolítica: ¿qué es y cómo la explicó Michel Foucault? Recuperado el 14 de junio de 2026, de https://psicologiaymente.com/cultura/biopolitica
- Jung, C. G. (2002). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (Vol. 9/1 de Obra completa). Editorial Trotta.
- Jung, C. G. (2015). El hombre y sus símbolos. Paidós.
