Por Carmina Cardiel
“Después de la primera copa, ves las cosas como te gustaría que fueran.
Después de la segunda, las ves como no son.
Y después de la tercera, ya las ves como realmente son.
Ese es el momento más horrible de todos”
–Oscar Wilde
La filmografía del director danés Thomas Vinterberg es breve en comparación con la de directoras/es que aquí se han dado cita para el análisis de sus cintas; sin embargo, la película de la que hoy hablaremos dista mucho de tramas que tienen como eje central el uso lúdico y recreativo de sustancias y alcohol (Transpoting, Adiós a las Vegas, Rékiem for a dream, Viaje ácido, Se va como humo, Pulp Fiction, Miedo y asco en las Vegas, entre otras) y no por ello es menos recomendable.
Al contrario, luego de su estreno en Cannes edición 2020, Druk/Otra ronda, obtuvo diversos premios como: Mejor película en BFI London Film Festival, Mejor guionista en European Film Awards, Concha de plata al mejor actor en Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Mejor director y Mejor película extranjera en 93° Premios Óscar, Mejor película extranjera en 77ª Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y la Rosa de Sant Jordi a la mejor película extranjera en la 66ª edición de los Premios Sant Jordi.
Otra ronda
El alcoholismo es una enfermedad y no un vicio, cuya dependencia al alcohol deteriora la salud física y mental (…) No hay síntomas precisos, pero existen cambios notorios en el comportamiento de la persona. Quien lo padece tiene la necesidad de beber alcohol en cualquier momento y sin control, por lo que puede realizar cualquier actividad a cambio de conseguir alcohol, además de mostrar desinterés por su salud y aspecto físico, apunta el IMSS en su página principal. Sin embargo, una persona que padece de alcoholismo no siempre cumple con estas características, ya que, como toda enfermedad, va en deterioro y, por ende, es gradual.
No toda persona que padece de alcoholismo se ve deteriorada, esto siempre va a depender de la dieta y actividad física y cognitiva que lleve quien lo padece. La Asociación Civil de Alcohólicos Anónimos, institución dedicada al tratamiento psicoemocional no formal de este estigma, ha definido el alcoholismo como algo más complejo, como una enfermedad del alma; por lo que no importan los títulos ni la cartera, el padecimiento es igual para toda la gente que lidia con la enfermedad.
Otra ronda/Druk (2020), pienso que brinda al espectador/a una oportunidad para analizar el alcohol no solo como sustancia psicoactiva de desenfrene o como un lubricante social, sino como un dispositivo de socialización; es decir, un elemento cultural que organiza la interacción de grupos, pero que también regula las emociones y establece normas implícitas dentro de estos grupos. A través de la historia de cuatro profesores de secundaria que experimentan con la hipótesis de mantener un nivel constante de alcohol en sangre para mejorar su desempeño, la cinta expone cómo el consumo alcohólico ocupa un lugar central en la vida de las sociedades contemporáneas.
Martin es un profesor de historia que ha caído en tristeza debido a la rutina que, según podríamos entender, lo ha convertido en un padre y marido totalmente invisibles. Abatido, una noche queda con sus amigos Peter y Tommy para celebrar el cumpleaños número cuarenta de su amigo Nikolaj. Entre copas de vino y vodka se menciona lo que será el suceso que desatará todos sus problemas: un psiquiatra noruego sostiene que los cuerpos humanos están diseñados para funcionar mejor con un 0,05% de alcohol en el torrente sanguíneo diariamente.
Aquí quiero mencionar que estuve investigando y la teoría es y viene mal interpretada del psiquiatra noruego Finn Skårderud. No hay evidencia científica que respalde esta teoría; de hecho, los estudios demuestran que incluso un bajo nivel de alcohol puede afectar negativamente la coordinación, el juicio y el tiempo de reacción. Así que dejemos de romantizar el alcoholismo y toda teoría a su favor en relación con el sistema de salud, porque eso no es así.
En seguimiento a la visión analítica y, en la medida posible, sociológica, en Druk, el alcohol aparece inicialmente ligado a instancias ritualizadas: graduaciones, cumpleaños, cenas familiares, reuniones entre amigos, etc. Estos momentos funcionan como rituales de integración, donde la bebida alcohólica cumple la función de ser un marcador simbólico que confirma la pertenencia al grupo. Desde una perspectiva durkheimiana, el acto de beber de forma colectiva refuerza la cohesión social, pues la embriaguez compartida suspende temporalmente las jerarquías y activa un sentimiento de comunión, de igualdad entre pares.
Y aunque la teoría jamás se corresponde con la práctica (ojalá a veces así fuera), en la película, los cuatro protagonistas retoman esta lógica ritual para escapar de su rutina profesional y emocional. El experimento se convierte en un rito que reconfigura su identidad colectiva: ya no son simples colegas, sino cómplices de una práctica transgresora que fortalece su vínculo humano, pero que a su vez deteriora el vínculo con el mundo interno.
La normalización social del acto de beber
Si bien durante toda la película la expectación puede llegar a sentirse ebria con tanto ambiente en medio de la trama, es de llamar la atención el aparente mandato o premisa cultural que se expresa de manera casi “natural” (en lo social nada es natural sino aprendido): Beber un poco para mejorar el día, por tanto, beber es funcional y correcto. Aquí cabría preguntarse ¿Mejorar el día con respecto a qué?
Lo más irreal, pero les aseguro que la mayoría lo vio normal, es ver cómo desde temprana edad se nos socializa hacia el consumo del alcohol. En Druk este mandato es observable también entre los estudiantes, donde la presión grupal y la competitividad en los juegos de bebida reproducen una socialización temprana basada en la idea de que la ingesta excesiva es un paso “natural” hacia la etapa adulta. Se convierte así en una especie de ritual de paso hacia la adultez, pero nadie nos explica las responsabilidades que dicho “ritual” conlleva. Esta normalización opera como un dispositivo disciplinario, en términos foucaultianos: regula comportamientos, define lo aceptable y delimita desviaciones. Los protagonistas se sienten habilitados y responsables para beber porque su entorno social lo valida y exige.
Ahora bien, desde la perspectiva psicológica, el alcohol también funciona como un regulador emocional. En un contexto de presiones laborales, crisis vitales y expectativas sociales, la bebida se usa como herramienta para reducir la ansiedad y estimular la expresividad: Martin decide probar la teoría de 0.05% diarios de alcohol ingerido para “estar bien”. Al comentar el resultado con sus colegas, no dudan en unirse al experimento y empezar a documentar todas sus experiencias y “hallazgos”. En un principio, todos sienten esa desinhibición, agitación y confianza que Martin les había comentado, pero a medida que aumentan sus dosis diarias, el plan comienza a desmoronarse. Druk nos muestra cómo el alcohol actúa como una especie de tecnología emocional que permite a los personajes recuperar la espontaneidad, la autoconfianza y la sociabilidad perdida, pero también cómo empiezan a caer como moscas al encontrarse de frente con sus miedos, sus vacíos, la angustiante sensación de haber llegado a los cuarenta y sentirse fracasado en medio de una sociedad que exige a los hombres no sólo un éxito financiero y material, sino amoroso y profesional. En serio, ¿quién puede con eso? El alcohol podría entenderse como un regulador artificial entre lo emocional y la vida diaria; sin embargo, ese regulador tiene límites y costos.
El deber ser no siempre es lo correcto
Si bien la cinta no sataniza ni idealiza el uso del alcohol, sí expone un sistema social que produce y requiere determinados consumos para sostener formas de interacción, incluso cuando estas prácticas son potencialmente destructivas. La sociedad celebra el “consumo moderado”, pero carece de configuraciones sociales claras para detener la escalada hacia la dependencia.
El dispositivo de socialización que representa el alcohol es profundamente ambivalente: por un lado, libera, acerca y dinamiza; por el otro, puede fragmentar relaciones, deteriorar cuerpos y desbordar límites personales. Druk encarna esta dualidad: los momentos “agradables” de euforia colectiva coexisten con escenas de deterioro, accidentes, crisis familiares y colapsos profesionales.
Así pues, es como podemos entender la cinta como un fiel reflejo de lo socialmente doblemoralista que atraviesa tensiones profundas: por un lado está la constante incitación a dejar de ser “niños” y convertirse en personas adultas y autosuficientes que nunca se vulneran para no parecer débiles; pero al mismo tiempo, está la necesidad de pertenencia, la gestión de las emociones, la presión normativa y la búsqueda de autenticidad, principalmente en los varones. Como dispositivo de socialización, el alcohol articula vínculos y escenarios “divertidos”, pero también revela el vacío emocional y la rigidez institucional de la vida moderna.
La cinta es una invitación a repensar hasta qué punto nuestras formas de sociabilidad se ven permeadas por el consumo compartido de sustancias que prometen alivio y conexión, y cómo esa dependencia simbólica se integra en la identidad colectiva. Más que una historia sobre el vicio o la redención como en la filmografía mencionada al inicio, Druk plantea una reflexión sociológica sobre la fragilidad de las estructuras sociales y la forma en que el alcohol llega a funcionar como un mecanismo para sostener temporalmente eso que la sociedad no logra resolver de manera estructural, ni lo hará.
Bibliografía:
- Alcoholismo, Gobierno de México, https://www.imss.gob.mx/salud-en-linea/alcoholismo
- Gusfield, J. R. (1986). Symbolic crusade: Status politics and the American temperance movement. University of Illinois Press
- Durkheim, É. (2012). Las formas elementales de la vida religiosa. Alianza Editorial.
- Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber. Siglo XXI
- Goffman, E. (1959). La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu
- Turner, V. (1982). El proceso ritual: Estructura y antiestructura. Taurus.
- Alcoholics Anonymous World Services. (2001). Alcoholics Anonymous (4th ed.) AA World Services. 62–64
