La ficción de “identidad y pertenencia” llevada al suicidio.
Por Carmina Cardiel
“Las viudas de los jueves” (2009) está basada en la novela de Claudia Piñeiro, cuya producción señala, bajo la dirección de Marcelo Piñeyro, los problemas de la crisis económica argentina del 2001. Esta obra no sólo habla de los problemas de los ricos, sino de la descomposición social dentro de grupos cerrados que, a estas horas del neoliberalismo, viven en algo que se le parece a una eterna ficción, no sólo en el sur de América en donde se desarrolla la historia, sino que es muy vigente en distintos países, como el nuestro.
Las relaciones humanas vistas como relaciones económicas
La trama se construye desde un fraccionamiento privado y exclusivo llamado “Altos de la Cascada”, un barrio donde habitan empresarios, ejecutivos y familias de clase alta. En la Argentina, este tipo de construcciones proliferaron durante la década de los años 90 como resultado del modelo económico impulsado por las privatizaciones, la apertura de mercados y el aumento de la desigualdad social. Estas burbujas, muy similares a las que encontramos en la zona de Santa Fe en CDMX llamados countries, tenían una carga simbólica que garantizaba seguridad y prestigio, pero también una creciente fragmentación del tejido social, tal como ocurre en nuestro país con respecto a este tipo de construcciones.
Cuando las personas de cierto grupo deciden que deben vivir apartados como en el country (barrio cerrado), no sólo están aludiendo a un estilo de vida que consideran mejor que el del promedio, sino que, además, están apartando a quienes consideran diferentes. El country no es solamente una locación, sino que representa una institución social diseñada para la segregación.
Se sabe que el neoliberalismo transforma las relaciones personales en relaciones económicas, pero en este tipo de fraccionamientos es aún más notable dicho proceso porque no sólo se busca la riqueza, sino que se busca la aprobación constante y aceptación de los vecinos ricos: casas lujosas, automóviles exclusivos, clubes deportivos, fiestas privadas, viajes internacionales, consumo ostentoso. Es decir, la construcción de lo que Bourdieau llama status a partir de los tres estados del capital: económico (recursos materiales y financieros), cultural (conocimientos, títulos educativos y habilidades) y social (redes de contactos, influencias y relaciones de parentesco).
Sin embargo, señala el sociólogo francés, también existe algo que se llama habitus, el cual entra en la constante lucha del espacio social y que refiere al conjunto de disposiciones duraderas y transferibles que las personas adquieren a través de su proceso de socialización. Estas disposiciones orientan la forma de pensar, sentir, valorar y actuar sin que exista una reflexión de por medio en la acción cotidiana. Es aquí donde entramos a un tema que por más escabroso que resulte, así funciona en la sociedad: campos y violencia simbólica. Pero ¿a qué se refiere estos términos?
Pues bien, Bourdieau señala que los status se desarrollan dentro de campos que son estructuras de relaciones sociales (institución, arte, educación, política, economía, ciencia, religión) que, por supuesto, están permeadas por relaciones de poder y competencia de recursos y capital. Así es como se entiende el status más alto aquel que logra imponer su cultura y visión del mundo como “legítima” y “natural” sobre los demás, ejerciendo lo que Bourdieu denominó violencia simbólica.
En “Altos de la Cascada”, la interacción entre sus miembros se empieza a tornar escalofriante cuando la trama de la cinta nos deja ver lo que hay al interior de la casa de cada familia, pasando de lo privado a lo público. “Las viudas de los jueves” es un grupo de mujeres cuyos maridos parecen ser el centro de sus vidas y el eje de sus actividades, pero estas mujeres funcionan dentro de esta sociedad cerrada como la representación de la conservación del orden familiar, el mantenimiento de las apariencias, la administración emocional, a su vez, son víctimas del propio sistema cerrado al que pertenecen porque, lejos de ser vistas como seres humanos, son vistas como un instrumento de legitimidad y pertenencia para los propios hombres de la comunidad. Viven subordinadas al prestigio social de sus maridos y aceptan relaciones disfuncionales marcadas por la dependencia económica, la infidelidad y el silencio.
Masculinidad y éxito económico: la ficción de “la pertenencia” y el poder
Lamentablemente el rol histórico de las masculinidades como proveedores ha llegado a un punto en el que los hombres construyen su identidad a partir de lo efímero: el trabajo, el dinero, la autoridad familiar y, por tanto, el poder. Esto resulta grave en la medida de que, si carecen de éxito económico, sienten que pierden su valor como personas. Han perdido la noción de ser humanos sin el rol de proveedores y eso es lamentable, pues un ser humano va más allá de lo que el capitalismo nos ha inculcado como “éxito”. Si bien Hanna Arendt sostiene que el trabajo es parte fundamental de ser humanos y del mundo de la vida, el ser humano no sólo sirve para trabajar y eso es lo que hemos perdido de vista como especie.
Ahora bien, la ficción dentro de la cinta no sólo la vemos desde lo que estos hombres creen de sí mismos y de sus éxitos, sino que también está la parte de cómo estas familias del country perciben a la otredad, a la gente que convive fuera de la burbuja arquitectónica en la que decidieron encerrarse. Desde la perspectiva del historiador y geógrafo urbano Mike Davis, la urbanización contemporánea ha dado lugar a una “arquitectura del miedo”, entendida como el diseño de espacios que buscan proteger a determinados sectores sociales mediante mecanismos de exclusión, vigilancia y control.
En Las viudas de los jueves, esta idea se materializa en “Altos de la Cascada”, visto como un refugio seguro frente a una ciudad percibida como peligrosa e impredecible. Los muros perimetrales, las rejas, los controles de acceso y la vigilancia permanente no solo delimitan un espacio físico, sino que también construyen una frontera simbólica entre un “nosotros”, asociado con la seguridad y el privilegio, y un “ellos”, entendido como riesgo y amenaza. De esta forma, la arquitectura funciona como un dispositivo de segregación social que busca aislar a los habitantes de las consecuencias de la desigualdad.
Sin embargo, la película pone en evidencia la paradoja señalada por Davis: la seguridad que promete esta arquitectura es meramente aparente. Aunque los personajes casi logran excluir el peligro externo, no pueden escapar de los conflictos internos, como las tensiones familiares, la competencia por mantener el status, las crisis económicas y su vacío existencial. Así, el miedo deja de provenir exclusivamente del exterior para instalarse dentro de la propia comunidad cerrada, revelando que la arquitectura del miedo no elimina las inseguridades sociales, sino que las desplaza y las oculta tras los muros, tal como se ocultan los problemas graves de las familias que buscan mantener su estatus social: violencia intrafamiliar, infidelidad, adicciones, problemas psicológicos, falta de comunicación y entendimiento con los hijos, entre otros.
Ante la crisis económica, los varones de Las Viudas deciden hacer su último acto de guardar las apariencias a través de un deceso que ellos mismos planean para conservar su estatus después de la muerte a través de sus esposas; un deceso de ficción para conservar su supuesta identidad y pertenencia, aunque algunos de ellos bien sabían que no nacieron cobijados por el mismo habitus que el del resto de la comunidad.
Vista con lente sociológico y violeta, Las viudas de los jueves puede entenderse como una crítica al proyecto neoliberal de la Argentina de los años noventa, pero también de sociedades actuales ante la crisis económica que azota actualmente al mundo global. El country es la metáfora de una sociedad que intenta aislarse de la desigualdad mientras reproduce valores como el individualismo, la competencia y el consumo. Cuando el modelo económico colapsa, también lo hacen las identidades construidas sobre el éxito material y la apariencia.
En conjunto, la película muestra que la verdadera tragedia no es únicamente la muerte de tres hombres bajo una estructura patriarcal (otra vez), sino el derrumbe de un orden social basado en la exclusión, la ostentación y la ilusión de que el dinero puede sustituir a los vínculos humanos. Por ello, la obra se convierte en una reflexión sobre la fragilidad de las clases privilegiadas cuando el capital económico deja de sostener el capital simbólico.
Pero también sirve como una reflexión para preguntarnos cuál es nuestro “Altos de la Cascada”; es decir, ¿en dónde, cuándo y con quiénes buscamos mantener un estatus alejad*s de la realidad social que atraviesa el mundo que se resquebraja diariamente? ¿A caso también vamos a seguir manteniendo las apariencias ante un mundo huérfano de empatía? ¿Para qué queremos prestigio literario, académico, científico, económico y social si vivimos dentro de la ficción llena de vacíos y apariencias? Y para mis amigos varones: ¿qué significa entonces ser hombre en una sociedad de consumo en donde su humanidad pasa desapercibida?
Bibliografía:
- Bourdieu, P. (2003) El campo científico. Anagrama
- Bourdieu, P. (2007) El sentido práctico. Siglo XXI Editores
- Bourdieu, P. (1990) Sociología y cultura. Grijalbo
- Davis, M. (2001) Ecología del miedo: Los Ángeles y la imaginación del desastre. Virus Editorial.
- Davis, M. (1990) City of Quartz: Excavating the Future in Los Angeles. Verso Ed.
