Por Sergio E. Cerecedo

Alonso Ruizpalacios (2018)
Juan, pasante de veterinaria, vive una existencia Gris y en medio de ningún lado trabajando en el Museo de Antropología como asistente, lo mismo que su mejor amigo Benjamín Wilson, quien cuida a su padre enfermo. En la víspera de navidad, ambos habitantes de ciudad Satélite parecen destinados a tareas rutinarias en que sus familias los envuelven, pero Juan tiene otro viejo plan que parece hecho para la ocasión: sustraer máscaras y reliquias de la sala Maya del Museo de Antropología. Irónicamente tiene razones contradictorias, por un lado, sacando su nacionalismo, cree que esto ayudará al pensamiento general a voltear a ver a estas culturas y a todo lo acaecido en la conquista; mientras que, por otro lado, busca hacerse de dinero. Una contradicción que persigue a los dos ninis, hasta que se deciden a materializar su plan el 24 de diciembre.
Lo primero que puede alejar al público es que su propuesta es inspirada en los hechos y no basada en ellos, quiero decir con esto que la verdad histórica no importa del todo, pues dentro de lo acontecido en realidad los personajes no eran nada ingenuos, los años previos a la recuperación de las piezas se dedicaron al contrabando y el narcomenudeo, lo cual los metió en situaciones de excesos y a hablar de más en un bar ante desconocidos, por lo cual fueron descubiertos y aprehendidos. El universal publicó la crónica de lo sucedido realmente. Por lo que, en general, Museo es una ficción que aborda lo histórico de una forma onírica y de iniciación, con ciertos dejos místicos, lo cual le permite ser, independientemente de la opinión personal, un viaje para los sentidos.
Y es que todo lo irreal que puede ser la trama se compensa con el realismo y atmósfera que el director imprime, filmada parcialmente en Satélite, Jardines de san Mateo (Naucalpan) y Atizapán de Zaragoza, las zonas geográficas y sus características son un protagonista activo que en mucho nos ayuda a definir el estado de los personajes a medida que se van adentrando en su propia aventura, pues después de robadas las piezas, viajarán a Palenque para intentar negociarlas, y es en este tramo donde la película nos da una sensación de alivio y a los protagonistas les brinda una temporal felicidad.
La película en general tiene un despliegue técnico notable, la fotografía de Damián García busca en cada encuadre transmitir la sensación de estar presenciando material de archivo. Repito, ahí sí la estética es muy realista y reminiscente de la época. De verdad es formidable cómo el montaje de Yibrán Asuad ensambla esos encuadres en secuencias como la del robo, donde un sonido de diapositivas de acetato acompaña una sucesión de tomas fijas donde elementos como el vapor producido por los químicos que se usan para derretir las vitrinas que guardan las reliquias toman parte de la escena. También en momentos que pudieran parecer inverosímiles pero funcionan y emocionan en el momento, como cuando Juan alucina con ver a Pakal, rey de Palenque, al huir por el ducto de ventilación del museo.
En sus puntos flacos, después del encuentro con el coleccionista, la película cae en picada a nivel guion y se siente vacía, pues todo lo que sucede después parece circunstancial y poco creativo para el equilibrio entre forma y fondo que se había mantenido en la narración, encontrándonos con una narración muy íntima, pero que ya no trasciende mucho en lo que cuenta. Es por eso que le comparo con un gran trueno, escandaloso y difícil de ignorar, pero que dura poco y puede ser hasta innecesario para los que lo atestiguan
En el apartado de las interpretaciones, Gael García entrega una actuación muy mediana, posada, que intenta ser natural, pero se nota desencajada y que estos papeles coming of age allí ya no le iban tanto, pues lo aborda con cierto carisma, pero no aporta más allá que un sucedáneo de su Julio de “Y tu mamá también”. No así Leonardo Ortizgris que le imprime mucho nervio a su personaje. Mención aparte los actores que dan vida a la familia de Juan, quienes junto con el diseño de producción, proyectan el ambiente de una auténtica familia clasemediera del estado de México de los ochentas, desde el tío y sus anécdotas —la anécdota del incendio hace un buen apunte hacia qué es una verdad y qué es pasado por verdad por quienes lo vivieron—, hasta las señoras regañonas y los primitos ansiosos de regalos.
Como reflexión personal, como un entusiasta del sonido en el cine y los nuevos medios, me da gusto poder atestiguar el trabajo de Javier Umpiérrez (ex crítico de música para la extinta revista R&R), quien realiza un diseño de audio tan minucioso como la imagen misma. Estableciendo símbolos sonoros como la constante presencia del silbato de un afilador, muy parecido al sonido de instrumentos de viento precolombinos, que aparece en momentos decisivos para el protagonista, las pesadillas de Juan, donde sus conocidos le recitan diálogos ininteligibles, o su secuencia inicial con un grupo de adolescentes con uniformes de secundaria federal tocando una pieza para flauta, uno de esos instrumentos que es enseñado en la educación básica pero que casi nadie recuerda cómo tocar después.
Debo también apuntar que en las siempre escandalosas redes sociales ha surgido un cuestionamiento sobre algunas películas mexicanas ante el pronunciamiento de sus directores de que “Verlas en cine es mejor que en formato casero”. Lo cierto es que aquí no se habla en términos de mejor y peor (o no debería), sino que al recordar que el sonido y la visión son fenómenos que involucran el espacio, un trabajo de mezcla en el cual el audio (diálogos, ambientes, incidentales) viajan de bocina a bocina, debe considerarse que es una experiencia distinta y que el trabajo realizado para la mezcla (que no es ni barato ni sencillo) merece su apreciación.
“Museo” constituye una cima en propuesta estética y un buen punto de continuidad en la carrera de Alonso Ruizpalacios, es apenas su segunda película. La verdad que a mí su ópera prima Güeros me parece una película fallida, pero con un interés latente en indagar en la memoria emocional que el cuerpo y la mente tienen sobre los hechos históricos y la introspección de personajes perdidos dentro de dicho contexto social, cuestiones que continúa con creces en Museo, y que nos dan cuenta de una buena evolución.
