Por Sergio E. Cerecedo

Arttu Haglund (2019)
De lo positivo que podemos sacar del replanteamiento de las formas de programación al que se vieron obligados algunos festivales de cine durante la pandemia podemos destacar la alianza que el festival Macabro realizó con Filmin Latino, poniendo la programación completa en su catálogo durante el tiempo en que tendrían lugar las proyecciones en salas de cine. Me complace mucho que, de esta manera, las películas pudieron llegar a más espectadores de lo usual y que se pudieran ver sin las ataduras de un horario.
En mi opinión se sacaron un 10 y espero que la iniciativa haya generado excelentes números que complementen la partida de lomo de todos los que hacemos, exhibimos y promocionamos el cine de nuestro país así como las producciones de América Latina y otros países que no son Estados Unidos. De esta muestra me tocó el visionado de un producto finés que, aunque tiene momentos desiguales, parte de una premisa interesante y decide llevarla de manera cotidiana y natural.
En esta película nos acercamos a Mätti, un tipo de mediana edad, buena persona, pero apocado, perdido en un trabajo de almacenista y con la monotonía de la vida con su mujer, su hija y un suegro bastante duro y controlador, todo es muy aburrido y sin alternativas hasta que un día, en medio de un momento de desesperación, el hombre desaparece de la nada mientras lleva a su hija a la escuela y aparece en la misma carretera más de 10 kilómetros después.
Luego del reclamo familiar y las mínimas lesiones de su hija, la frecuencia de estas desapariciones se irá incrementando, resultando en su despido del trabajo y una chispa que se prende en su mente para volverse un aventurero del mundo, deseo que había reprimido por sus obligaciones y que gracias a su nuevo don puede llevar a cabo, aunque esto ate su vida al descontrol, pues nunca sabe cuándo volverá a desaparecer sin remedio y esto causará daños a su percepción del tiempo y su vida en general. Una dinámica emocional a la que sin duda aportan mucho las actrices protagonistas y que contrastan con la expresividad reprimida del padre.
Aunque da una tímida pista que no se molesta en resolver ni descartar, la película no necesita explicar por qué Matti empezó a teletransportarse, sino que toma lugar en las consecuencias y actitud que él toma, a veces dando la espalda a su familia por seguir sus viajes, provocándoles el sufrimiento constante,; pues no hace nada por intentar controlarlo; y aunque tiene momentos en los que intenta acercarlas a ese aspecto de su vida, no resultan del todo bien, haciendo una sutil alusión a la diferencia entre la vida de soltero y de casado a la manera como las estructuras sociales la han hecho ver, de una forma tan rígida que no admite mediaciones, o se vive sin protestar o se huye por completo.
La musicalización tiene sus momentos divertidos y hace que la película sea por ratos más digerible y convencional para un gran público. La inclusión de versiones acústicas de canciones de DJ´s de electrónica, por ejemplo, surten este efecto. La gradación de color suave y con azules grisáceos beneficia a la sensación geográfica. La película es muy entretenida en general y da la impresión de que los realizadores también la pasaron muy bien, sobre todo en los detalles de postproducción, como la secuencia inicial donde una toma larga en un paisaje frío y ventoso es seguida de muchas tomas cortas de ciudades distintas, aludiendo a los viajes de Mätti, y un par de momentos donde se usa el efecto de multiplicidad —l mismo actor “clonado” en la escena haciendo varias acciones— que se ha vuelto muy común en la publicidad y redes sociales como tik tok.
De los viajes no se nos explica mucho, se le ve como turista, medio arreglándoselas socialmente con el inglés que sabe, por lo que no sabemos si encontró introspección, alegría o un simple escape como cuando alguien va a la cantina después del trabajo, detalles que le restan entidad a lo que el metraje nos está contando
En lo personal, creo que la mezcla de géneros siempre debe ser algo que favorezca a la película en sí, que le dé un plus que no conseguiría siguiendo los tópicos de un solo género. En el drama, logra conmovernos a pesar de que el personaje principal sí se presenta antipático en muchos momentos; pero en el lado fantástico, se echan en falta mayores aportes de la inclusión de ese poder extraordinario en el drama familiar, se siente que la ausencia podría ser por infidelidad, o simple deseo de viaje sin poderes.
Puedo pensar en películas como “X-Men: Días del futuro pasado” (La secuencia de introducción de Peter Maximoff) o en “Los Increíbles” (El cortometraje “El ataque de Jack Jack”) para dar buenos ejemplos de secuencias donde la cotidianeidad de los humanos superpoderosos lleva a momentos memorables, y aunque estos dos filmes eran producciones de mayor presupuesto que Poissa, es el ingenio más allá de lo técnico el que las hacía funcionar, cosa que aquí parece explotarse poco por su misma carga genérica.
Aunque se siente que la película pierde en parte la originalidad de su premisa, llevándose más por el lado del deterioro psicológico venido de un don sobrenatural, tiene muy buenos momentos y de principio a fin es una agradable alternativa para quienes buscamos vertientes distintas en el cine fantástico y sobrenatural, con un toque cotidiano en la convivencia de los personajes que recuerda a las leyendas que nos contaron de niños.
En conclusión, un buen producto de una cinematografía emergente de la que desearía que exportaran más películas a nuestro país, pues en años recientes su producción ha crecido tanto en cantidad como en oferta comercial y de autor, inclusive una comedia navideña como “Rare exports” (Jalmari Helander ,2010) puede tener rotundo éxito en la cartelera comercial.
