Por Carmina Cardiel
Coralie Fargeat es una directora francesa controversial que le ha dado vuelta a la cabeza de más de un director y espectador con la manera en la que aborda el body horror desde su trabajo. Para un ejemplo claro tenemos “The substance”, estrenada el año pasado en las salas de cine, con Demi Moore encarnando una historia de horror que vivimos todas las mujeres: sentirnos desechables llegada cierta edad. “Revenge” también retrata ese sentimiento —aunque aquí la edad no es una dimensión de la trama—.
El filme que hoy nos ocupa se estrenó en 2017, pero no en la pantalla grande, sino a pedido; es decir, a través de OTT que es un servicio de televisión de paga en Estados Unidos de América. A pesar de ello, a la directora le fue muy bien con las reseñas que la crítica le hizo en aquel momento, pues, aunque el gore está muy presente en la cinta, el giro que logra darle a la historia es visceralmente emocionante.
La reapropiación del Body horror
El body horror (horror corporal) es un género de cine que tradicionalmente ha explorado la fragilidad del cuerpo, la alteración de la identidad, la invasión, mutación o deformación del cuerpo, lo cual apunta o coincide con ciertas vivencias femeninas todo el tiempo. Desde mi perspectiva, lo que Fargeat hace es reapropiarse del género, que históricamente fue dominado por visiones masculinas (¿el cine de Cronenberg les dice algo?) y usarlo para hablar desde y sobre el cuerpo de la mujer como territorio de opresión, pero también de resistencia.
Revenge es la historia de Jen, una chica joven e inexperta que se enamora, pero el hombre al que elige es un cretino que la mira como un simple objeto sexual con el que él y sus amigos pueden divertirse.
Las primeras escenas de esta cinta he de confesar que me provocaron náuseas, mucho enojo y frustración, pero conforme fue avanzando, me empecé a sentir del otro lado de la balanza, incluso sentí un alivio. Y es que el body horror aparece cuando el cuerpo de Jen es violentado y mutilado. Pero lo que la directora hace con la historia es quitarle el regodeo en el sufrimiento femenino y utilizarlo como un proceso de renacimiento.
El cuerpo de Jen pasa por una transformación brutal y muy dolorosa (y varias aquí sabemos de qué habla la directora), pero ese dolor no la destruye, sino que le permite recuperar agencia. Su cuerpo y su alma sangran y se rompen, pero ella toma al Fénix para sí con toda la carga simbólica que sabemos de esta mítica ave: Resurrección. El horror vivido en su cuerpo es el vehículo de su transformación, regresándole así la dignidad no sólo al cuerpo de Jen en esa película, sino a los cuerpos femeninos en la pantalla grande y eso es digno de aplaudirse de pie, porque Fargeat filma las heridas, la sangre, los planos hiperviolentos como metáfora de la supervivencia, no de la fragilidad. Es decir, el cuerpo femenino no es ya un objeto sexual pasivo en el cine, sino un lugar activo de lucha, de transformación y de justicia. Y también creo que por eso mismo The Substance le causó tanto repudio a una parte de la audiencia, aunque también es una cinta mucho más simbólica.
Implicaciones sociales: Subversión estética y política del género cinematográfico
Para hablar del cine de Coralie Fargeat y antes de que cualquier sabelotodo del cine venga a querer hacer una crítica de la crítica, hay que hablar sobre el rape & revenge, que es un subgénero cinematográfico que surgió hace casi medio siglo y que se caracterizó por su narrativa (de hueva) específica: Una mujer —generalmente— es violada, sobrevive, y posteriormente busca venganza contra sus agresores. Y ustedas han de decir: ¿Y eso qué tiene de malo? Ah, bueno, pues que quienes hacían este cine se estaban colgando de los movimientos feministas de la segunda ola y, por si eso fuera poco, exhibían la violencia ejercida hacia las mujeres como una forma de espectáculo; es decir, eran películas de morbo, al estilo del periódico de nota roja La Alarma! Entre los títulos destacados de ese género destacan: “The Last House on the Left” (1972), “I Spit on Your Grave” (1978), “Thriller – A Cruel Picture” (1974), “Dispara” (1993), “Irréversible” (2002) y “The Girl with the Dragon Tattoo” (2011).
Uno de los logros más notables de Revenge es cómo utiliza la estética del cine de acción y horror para subvertir el discurso tradicional del “rape & revenge”. Fargeat se apropia de los códigos del cine de explotación —hiperviolencia, planos largos, sangre estilizada—, para resignificarlos. En lugar de usar la violencia como un espectáculo, la convierte en “ritual” de empoderamiento y de alguna manera ese mensaje llega fuerte a los ojos del público. La violación de Jen es un punto de inflexión no solo narrativo, sino discursivo. A diferencia de muchas películas del subgénero, Fargeat evita mostrar la escena de forma explícita. Esta acción no minimiza la violencia, sino que niega al espectador el lugar cómodo del voyeur del morbo. La verdadera violencia se manifiesta en la complicidad masculina (pacto patriarcal), en el silencio del otro amigo, en la desestimación del novio y en la posterior tentativa de asesinato. El cuerpo de Jen es descartado, arrojado como un desecho, símbolo de la forma en que el sistema patriarcal trata a las mujeres una vez han sido “usadas”.
La película, con sus colores saturados, sus encuadres incómodos y su ritmo hipnótico, huye del realismo para abrazar al hiperrealismo simbólico. Si se fijan bien, verán que los colores que utiliza Coralie para los fondos y la ropa de Jen, incluso en la tipografía del nombre de la película, dicen mucho de la inocencia impuesta (que siempre es más jugosa como en Lolita) y los roles de género con los que nos educa la sociedad desde niñas. También marcarían la inocencia de Jen y de otras mujeres que son culpadas de su propia violación, porque después de que la protagonista “muere”, esa paleta de colores también desaparece. En The Substance sucede algo similar con el cuidado de los fondos.
El cuerpo de Jen es puesto en primer plano, pero ya no como objeto sexual, sino como campo de batalla. Su andar sangrante, sus heridas abiertas, su torsión física, recuerdan más a un proceso alquímico que a una simple historia de venganza. Así, el horror corporal se convierte en una herramienta política: el cuerpo femenino herido no es una víctima pasiva, sino un sujeto de acción, de ruptura y de justicia.
Coralie Fargeat no solo denuncia la violencia de género, sino que desmonta la narrativa cinematográfica que históricamente la ha reproducido. Mediante una mirada crítica, una estética subversiva y una reconfiguración del cuerpo femenino como espacio de resistencia, la película ofrece una alegoría sobre el trauma, la agencia y la reapropiación del cuerpo.
Desde una perspectiva sociológica, Revenge expone cómo las estructuras simbólicas y materiales del patriarcado se manifiestan en la cultura, y cómo es posible, desde lo visual, narrativo y corporal, abrir caminos para la disidencia y la transformación. En este sentido, la película no solo es una historia de venganza: es una metáfora del despertar feminista que convierte la herida en arma y el cuerpo silenciado en sujeto político. De esta manera podríamos decir que, en efecto, el body horror también tiene el ingenio de convertir el terror en arma.
Bibliografía.
- Mulvey, L. (1975). Visual pleasure and narrative cinema. Screen, 16(3), 6–18. https://academic.oup.com/screen/article-abstract/16/3/6/1603296?redirectedFrom=fulltext
- Bourdieu, P. (1998). La dominación masculina. Anagrama
- Creed, B. (1993). The monstrous-feminine: Film, feminism, Routledge.
- Vivas, S. (2018, diciembre 22). Morir como mujer objeto o matar como heroína de acción. elDiario.es. https://www.eldiario.es/cultura/cine/revenge-matar-morir-mujer-objeto_1_1968852.html
