Por Carmina Cardiel
Satanás (2007), es una cinta colombiana dirigida por Andrés Baiz, basada en la novela de Mario Mendoza quien nos muestra un drama de 1986 abordado desde una sociedad desconectada de las emociones a través de historias exaltadas por la violencia, la tentación de ser políticamente incorrectos y el tedio de la cotidianidad.
La maldad como fenómeno social
Satanás es el resultado de una sociedad profundamente golpeada por la violencia y un hombre que ha visto más de lo que cualquiera podría soportar: la guerra de Vietnam. Eliseo es un ex milico reclutado en las filas de Estados Unidos que vive con su madre a sus cincuenta años. En apariencia es un hombre ordinario que imparte clases particulares de inglés, pero conforme vamos adentrándonos en la trama, vamos descubriendo un perfil psicópata y sociópata, además de pederasta.
Aunque el título sugiere una interpretación moral y religiosa, la película no se presta para exponer lo demoniaco como algo sobrenatural, sino que presenta al mal como un conjunto de condiciones sociales determinadas que conducen a la (auto)destrucción humana. Aquí puede relacionarse con la idea de la “banalidad del mal” de Hannah Arendt: el horror puede surgir de personas comunes dentro de contextos sociales en decadencia.
Eliseo no es un monstruo irracional, sino alguien destruido por el aislamiento social, el resentimiento que nace de su poca fortuna con las mujeres, la represión y la incapacidad de conectar con otros seres humanos. Es decir, la maldad es un producto derivado de la propia sociedad, o como diría Sartre: Somos lo que hicieron de nosotros. Recordando que el sujeto se hace a partir de su entorno y viceversa. Desde la sociología clásica, especialmente desde la pluma de Émile Durkheim, el ser humano necesita pertenecer a una comunidad que le dé sentido y límites morales. Cuando esos vínculos se rompen aparece la anomia: un estado de vacío moral y desconexión.
Así recordamos que no es que el ser humano sea bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompa, tampoco es que nazca siendo un monstruo; sino que existe algo que se llama racionalidad y siempre, pero siempre, tenemos la oportunidad de elegir cómo actuar con base en esa razón de la que se jacta la humanidad. Y esa decisión/razón va más allá de títulos universitarios, carteras y color de piel.
Eliseo vive exactamente eso: No tiene relaciones afectivas sanas; no encuentra reconocimiento social; no logra integrarse emocionalmente y percibe constantemente rechazo, pero porque él decidió rechazar al mundo desde el momento en que se enlistó en el ejército de una nación ajena a la suya y no cualquier nación, sino una de las más bélicas en el mundo global. Claro, esto teniendo presente que la falta de oportunidades también juega un papel importante en las decisiones personales.
La película sugiere que el aislamiento prolongado puede deformar la relación con los demás. Los otros dejan de verse como personas y comienzan a verse como amenazas, enemigos o símbolos del fracaso propio. Esta parte es la que nos hace comprender que, finalmente, la violencia no parece ser solamente un acto impulsivo, sino que es la culminación de una ruptura total con el mundo social. Entonces ¿La maldad nace en el individuo o también en las condiciones sociales que lo forman?
La Ciudad como espacio de violencia simbólica
La historia agarra más enfoque cuando nos permite ver a través de la lente caleidoscópica de la cámara a la ciudad de Bogotá no sólo como un escenario, sino como un personaje dotado de ciertas características: es fría, está saturada, es profundamente individualista, acelerada e indiferente. Si le damos el trato personalizado como acompañante de Eliseo, resulta ser una amistad hostil. La fotografía es inmaculadamente melancólica, cuando no saturada de claros que resaltan el escozor de la maldad vista desde afuera, desde la butaca.
Pero también desde la visión sociológica, Simmel ya había hablado sobre las dinámicas sociales en las grandes ciudades: se generan relaciones impersonales y emocionalmente alejadas y, para sobrevivir al exceso de estímulos, las personas siembran, cultivan y hacen crecer la indiferencia.
En Satanás realmente nadie escucha al otro, todos tienen tantos problemas que les es imposible ver siquiera a los demás y sus propias batallas; por tanto, el sufrimiento ajeno se invisibiliza para todos los personajes.
La maldad entonces no es solamente matar, de hecho, sino que también es la indiferencia cotidiana —¿Se imaginan cómo lo viven las personas en condición de calle, entonces?—. Significa muerte social. El filme plantea una idea fuerte: una sociedad puede acostumbrarse tanto al dolor que termina participando indirectamente en él, ¿les suena familiar esa idea desde el contexto mexicano actual?
El guion pone el dedo en un fenómeno social común: la acumulación. Eliseo no explota por un único evento. Lentamente lo que lo va destruyendo es la humillación, el rechazo sexual, la frustración por precariedad económica, la soledad, la represión emocional y la incapacidad de expresar afecto.
La película muestra que la violencia extrema suele gestarse en experiencias diarias aparentemente “normales”. Aquí podemos hacer un señalamiento importante: La mayoría de las sociedades reaccionan hasta que ocurre la tragedia final porque prefiere ignorar todos los signos previos. El mal aquí aparece como una construcción progresiva alimentada por resentimiento, exclusión, falta de comunidad y ausencia de atención/aprendizaje emocional. Todo esto expuesto ante los ojos de una ciudad que no sabe acompañar ni ser amiga. Pero que alienta para ir hacia la brutalidad de desconexión humana, hacia el individualismo atroz, hacia la ira, hacia la anomia en medio de sus luces y sombras.
Satanás en México
A través de sus entrañas, Satanás muestra cómo la violencia extrema surge no sólo de decisiones individuales, sino también de contextos sociales marcados por condiciones que en México están presentes de forma cotidiana: desigualdad, aislamiento, frustración y descomposición de los vínculos comunitarios. La violencia relacionada con el narcotráfico, los feminicidios, las desapariciones y la inseguridad generalizada no pueden entenderse solamente como problemas criminales; también reflejan crisis sociales más profundas.
Como la maleza, a lo largo del país existen jóvenes que crecen entre precariedad económica, falta de oportunidades, desconfianza institucional y normalización de la violencia. La trama de esta película nos permite hacer la observación de que también así creció Eliseo y su entorno social trajo en consecuencia resentimiento, desesperanza y deshumanización.
La cinta Satanás nos da pauta a pensar cómo la violencia termina incorporándose a la vida diaria, por ejemplo, en México las noticias sobre asesinatos, desapariciones y masacres se han vuelto tan frecuentes que muchas personas han ido desarrollando cierta indiferencia para poder continuar con su vida cotidiana. Pareciera cualquier cosa, pero desde un diagnóstico sociológico, esto resulta grave porque implica una erosión de la sensibilidad colectiva y de la capacidad de empatía sociocultural: una grieta profunda en el entramado social.
Otro punto importante es la debilidad de las instituciones. En la película, los personajes se encuentran solos frente a sus conflictos sociales y emocionales, nada diferente a como se vive en México, en donde sólo se requiere leer en redes sociales cuántas perciben que el Estado, la justicia o incluso la comunidad son incapaces de protegerlas o acompañarlas. Esto genera desconfianza, fragmentación social y una sensación constante de vulnerabilidad.
Finalmente, la película sugiere que la violencia extrema es el síntoma visible de problemas estructurales más amplios. En el caso mexicano, la violencia no puede separarse de factores como: la desigualdad social, la corrupción, la impunidad, la exclusión juvenil, y la normalización cultural de la violencia (la narco-cultura).
Claramente “Satanás” nos muestra que cuando una sociedad pierde cohesión, empatía y oportunidades de vida digna, el mal deja de verse como algo excepcional y comienza a reproducirse dentro de la vida cotidiana. La violencia extrema aparece entonces no como un accidente inexplicable, sino como el síntoma de una sociedad emocionalmente rota.
Bibliografía.
- Arendt, H. (2003) Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.)
- Durkheim, É. (2004) La división del trabajo social (C. G. Posada, Trad.) Ediciones Akal.
- Durkheim, É. (2008) El suicidio (M. Arranz, Trad.) Losada.
- Simmel, G. (1986). “Las grandes urbes y la vida del espíritu” en El individuo y la libertad: Ensayos de crítica de la cultura. Ediciones Península.
Referencia de la novela original
- Mendoza, M. (2002) Satanás. Editorial Planeta.
