Por Carmina Cardiel

Jorge Michel Grau (2010)
Jorge Michel Grau es un escritor, productor y director mexicano dedicado al suspenso y también a la docencia en la UNAM. Es director de los cortometrajes “Ya ni Pedro Pablo”, “Mi hermano”, “Kaliman” y “Más bonita que tú”. Su obra más reciente es la película “Perdida” que es un remake colombiano, pero su ópera prima, con la que ganó el Premio Especial del Jurado Hugo de Plata en la competencia internacional del Festival Internacional de Cine de Chicago, misma que fue seleccionada para competir en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes en 2010, “Somos lo que hay”, es de la que hablaremos en esta ocasión para tocar un tema especialmente horroroso y vigente.
El canibalismo en el México antiguo:
El pozole es un platillo que representa no sólo las fiestas patrias, sino la mexicanidad que logró sobrevivir a través de la gastronomía, muy a pesar del colonialismo y el genocidio consumado por el occidente en la entonces Mesoamérica. Algunos antropólogos cuentan que este platillo se describe en el Códice Florentino de Bernardino de Sahagún (s. XVI). El maíz, al ser una planta sagrada para los mesoamericanos, se consumía en ocasiones especiales y siempre dentro de ceremonias marcadas como muy específicas para los guerreros aztecas; sin embargo, solamente sacerdotes y guerreros de alto rango eran quienes lo consumían a modo de gratitud y sacrificio para las deidades.
Se ofrecía el corazón de las personas en sacrificio que, casi siempre, eran guerreros prisioneros y los restos del cuerpo se cocinaban con el maíz, lo que significa que aquí no existía el canibalismo como señalaron los invasores, sino que se trataba más bien de una costumbre ceremonial. Algunas investigaciones han recabado recetas de cocina de carne humana que recogieron los frailes españoles durante su labor evangelizadora tras la invasión a la que le llaman “conquista”, que señalan que nunca se comía asada, sino que siempre se debía añadir al pozole. Según se cuenta en esta recopilación, la carne humana «sabía como la del cerdo», es por ello por lo que, tras ser prohibido su consumo durante la cristianización de los indígenas, fue sustituida por el puerco y así es como lo conocemos hoy en día.
La investigadora mexicana Adriana Pérez de Legaspi, quien ha dedicado gran parte de sus estudios e investigaciones a las costumbres y tradiciones mesoamericanas y su evolución a través del tiempo, sobre el pozole, la académica apunta:
Efectivamente llevaba carne humana, pero no porque los mesoamericanos fueran caníbales como en otras culturas, hay que recordar que la esencia de la cultura de los pueblos mesoamericanos era el de ser guerreros, y parte de sus rituales religiosos era sacrificar a los cautivos de guerra a sus dioses, en algunos otros debían ser jóvenes y vírgenes, dependía de la deidad, pero en su gran mayoría eran prisioneros de guerra los que se sacrificaban.
Ahora bien, el antropólogo Alfonso de Jesús Jiménez Martínez también señala un rasgo importante sobre este ritual al decir que la carne del hombre en el pozole era necesaria para efecto complementario al rito del renacimiento del Sol, pues de acuerdo con el mito de la creación, la ingestión de carne humana era una expresión mística que se puede comparar con el actual rito de la hostia y el vino. Dicho de otra manera, el consumo del pozole estaba cargado de simbolismo y no se hacía como un acto de satisfacción culinaria.
Pero entonces, ¿qué tiene qué ver todo esto con la película de Grau? Pues bien, para ver “Somos lo que hay” no sólo hay que tener estómago duro, sino que hay que ir desmenuzando de a poco lo que la cinta nos arroja desde su atmósfera sombría en medio de un contexto de desigualdad.
Si somos lo que hay, ¿qué hay?
Grau nos presenta a una familia cuyo único sostén es su padre, quien es relojero y de súbito perece afuera de un centro comercial. A partir de su deceso es que empiezan a ocurrir una serie de eventos que se van entrelazando para darnos un panorama en donde la miseria, la corrupción, la incompetencia de las autoridades en México, entre muchos otros problemas sociales, se dejan ver a modo de piezas sueltas, como si se tratara de un cuerpo desmembrado.
La trama he de decir que jamás termina de darnos suelo firme, sino que escena tras escena van apareciendo situaciones una peor que la anterior como suele ocurrir cotidianamente en nuestro país desde ya hace casi 20 años. En México tenemos eventos de canibalismo que nos han dejado sin aliento a las últimas generaciones, tales son los casos específicos de El caníbal de la Guerrero, descubierto en el 2007 tras la denuncia de desaparición de quien fuera su última pareja sentimental. Gracias a esa denuncia se pudo descubrir que “El poeta caníbal”, como fue nombrado luego de descubrir que el sujeto se escondía tras la figura de escritor, poeta y dramaturgo, fue el actor intelectual de 8 feminicidios caníbales.
Por su lado, El caníbal de Atizapán es un anciano en cuya casa se descubrieron 4 mil restos óseos de mujeres asesinadas para su consumo, fue descubierto en plena pandemia allá en 2021 porque su última víctima, quien fuera esposa de un policía, fue buscada arduamente hasta que su pareja sentimental dio con el paradero de su celular gracias a una aplicación de rastreo y al ingresar al domicilio los policías encontraron uno de los peores escenarios vistos en el país.
El canibalismo en México es un tema tabú que recientemente ha tomado fuerza gracias a los estudios del antropólogo Claudio Lomnitz, quien ha indagado sobre el tema desde el aspecto cultural de organizaciones delictivas en el país. El catedrático apunta que estos actos siempre han existido, aunque de manera aislada desde los tiempos de José Guadalupe Posadas, ya fuera por sobrevivencia o por casos que él anota como “crímenes pasionales” (el caso de la tamalera, por ejemplo), pero lo aterrador llega más recientemente como acto subversivo ante el Estado. Él cuenta que en 1989 se dio el caso de los narcosatánicos en Matamoros, identificada como la organización delictiva que dio inicio a rituales de sacrificio para su protección ante la fuerza que empezó a tomar desde finales de los años 80. El ritual de sacrificio, dice Lomnitz, conlleva casi siempre o siempre un acto antropófago, pues incluso cuando se sacrifica animales, hay que comer, aunque sea unos pocos trozos de carne del animal sacrificado.
Pero esto ha ido en aumento y ha cambiado el sentido, porque lo que solía ser un acto en solitario y secreto como en los casos de los caníbales ya mencionados y los narcosatánicos, ahora son actividades que estas organizaciones delictivas han hecho públicas como en el caso del video en el que se puede ver a un recluta del cártel de JNG mordiendo el corazón de uno de los rivales del cártel de Sinaloa:
Hay diferencias fundamentales entre lo que está pasando y lo que hacían los antiguos mexicanos, porque el sacrificio azteca era un sacrificio de Estado; es decir, estaban sacrificando en el Templo Mayor y estaba relacionado directamente con el Imperio Azteca, en cambio aquí está surgiendo un sacrificio en contra de los valores del Estado, están subvirtiendo la moralidad, los principios y los valores de la sociedad y del Estado.
Las mujeres en los actos antropófagos:
Como hasta aquí hemos revisado, las mujeres ni siquiera figuran en la corta lista de criminales del canibalismo en México. Existe el registro de dos casos que no precisamente son de canibalismo: La Tamalera que descuartizó al marido porque éste la golpeaba; y está el caso de Anabel, la tamalera de Indios Verdes, que por falta de pruebas y mediatización ha pasado a ser una leyenda de la ciudad. Sin embargo, se sabe de fuentes no oficiales que Anabel fue detenida en 2017 luego de que una fuga de gas en su domicilio fuera atendida cuando no estaba.
Si hacemos una lectura sobre los casos de los caníbales de la Guerrero y de Atizapán, entonces encontramos que ambos no sólo cometían actos de canibalismo al azar, sino que el patrón es que sólo comían carne de mujeres. Mientras el caníbal de la Guerrero fue abusado sexualmente en la infancia y le guardaba rencor a su madre, el caníbal de Atizapán declaró que veía a las mujeres como animales a los que se podía y se debía cazar.
En la cinta de la que hoy estamos hablando, Sabina, la hija menor de esta familia caníbal, era quien poseía el temple y temperamento para convertirse en la nueva líder de la familia y por tanto la proveedora, ya que en la trama algo sí queda claro: antes de comer debía existir todo un ritual que parece más de tipo religioso y divino, y no podían comerse a cualquier persona. Sin embargo, existe una disputa por ver quién será el o la nueva líder de la manada y la cosa no termina nada bien.
Ante este panorama me surge la pregunta: ¿Es acaso el canibalismo un acto político masculino? Queda claro que la finalidad de las organizaciones delictivas en el país está mandando un mensaje que no sólo desafía al Estado, sino que nos desafía como sociedad porque no sólo compromete a la moralidad y los valores, sino que además deja una herida irreparable: la de la deshumanización.
Pareciera que lo que el director nos quiere mostrar en todo momento es que en México nos estamos devorando y no precisamente porque el canibalismo sea común entre los ciudadanos de a pie de forma literal, sino porque la corrupción, la pobreza extrema, la impunidad y la ignorancia nos está llevando a un punto de no retorno en donde si como ciudadanos le seguimos dejando toda la responsabilidad cívica, ética y moral al Estado, vamos a terminar en el pozole de unos cuantos desquiciados.
Bibliografía:
- Méndez Enríquez, Elsie, “El Pozole y sus historias” (2020) en Sabores de México y el Mundo. Consultado en https://lossaboresdemexico.com/el-pozole-y-sus-historias/#:~:text=El%20pozole%20era%2C%20y%20sigue,sirve%20para%20alimentar%20a%20muchos.
- “El canibalismo en el crimen organizado es una comunión sin regreso: Claudio Lomnitz” (2023) https://www.youtube.com/watch?v=inGIKEDoyFU
- Cano Joel, ‘El Monstruo de Atizapán’ recibe octava sentencia condenatoria por feminicidio y desaparición (2024) en Infobae https://www.infobae.com/mexico/2024/02/11/el-monstruo-de-atizapan-recibe-octava-sentencia-condenatoria-por-feminicidio-y-desaparicion/
- Jiménez Martínez, Alfonso, “Recuperando significados: el sentido ritual del pozole en la sociedad azteca”, (2006) Universidad del Caribe https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2929674.pdf
