Basadas en el libro “¿Existe el método científico? Historia y Realidad” de Ruy Pérez Tamayo
Por Aldo Saúl Uribe Núñez[1]
Introducción
El objetivo de este texto de divulgación es realizar un análisis breve acerca de algunas ideas filosóficas provenientes de Platón, gran pensador de la antigüedad griega, tratadas en el libro del divulgador de la ciencia Ruy Pérez Tamayo ¿Existe el método científico? Historia y Realidad, ideas que han prevalecido hasta nuestros días y han influido de forma considerable en el fascinante mundo de la ciencia y la filosofía a lo largo de la historia.
Tras varios años de estudiar a través de mi formación las características y los métodos que existen en la ciencia, he decidido escribir sobre las ideas filosóficas-científicas de este pensador tan fundamental en la historia de la filosofía. Los postulados de este pensador han impactado en el campo de la política, la educación, la ciencia y la ética, por mencionar algunos; un sabio que nos ha ayudado a interpretar y entender nuestro mundo de una mejor manera.
Sócrates había formado diversos discípulos: pensadores que eran capaces de analizar y recapacitar aquellas palabras de su maestro, pero sólo Platón fue capaz de trasferir a otras generaciones su mensaje y continuar su pensamiento. En el libro de Pérez Tamayo, las ideas revisadas nos permiten contemplar desde sus orígenes la concepción del método científico y la interpretación del mundo que nos rodea, así como la importancia del pensamiento filosófico griego en la historia de la ciencia.
Este maravilloso libro de Ruy Pérez Tamayo, nos conduce al fascinante camino de la ciencia, camino que, si bien nos ha resultado complicado observar y estudiar con detenimiento, nos ofrece una forma de conocernos a nosotros mismos y preguntarnos el porqué de las cosas. La mayoría de los constructos y referencias de los pensadores que se revisan en su libro provienen de las ciencias “exactas”, es decir, ciencias que procuran el conocimiento científico, el cual puede considerarse como verificable y fundamentado (Pérez, 2012).
Sin embargo, no toda la investigación científica procura la búsqueda del conocimiento “objetivo”. En este texto de divulgación, se explora y describe los postulados filosóficos de Platón respecto a la búsqueda del conocimiento objetivo y de la verdad retomando lo que Pérez Tamayo asevera sobre Platón. El rostro que este divulgador nos muestra de tal filósofo nos permite enlazarnos y comprender mejor sus aportes al mundo de la ciencia, con esa forma tan característica y creativa de describir la historia de la misma, a sus pensadores y a sus filósofos.
Platón y la búsqueda del conocimiento.
A lo largo de su vida, Platón plasma sus ideas en distintos diálogos en los cuales nos muestra diversos procedimientos para alcanzar el conocimiento. Por una parte, nos encontramos con una de sus principales teorías: la teoría de las Ideas. Postulado que proviene de una partición entre un mundo de cosas sensibles (mundo sensible) y otra parte que no se puede apreciar por medio de los sentidos (mundo inteligible), mundo donde habitan las Ideas.
Platón contempla a las Ideas como la estructura que forma las cosas físicas, declarando que los hechos y objetos reales y materiales no son sino ejemplos imperfectos de las Ideas. Refirió que cuando adquirimos conocimientos nuevos, lo que estamos haciendo es aumentar nuestra comprensión de esas Ideas, acercándonos más al mundo de las Ideas no por conocimientos incorporados por medio de nuestros sentidos, los cuales consideraba como engañosos e ilusorios, sino que, acercarnos más al mundo de las Ideas por medio del intelecto.
El estudio de la realidad para Platón era algo que contemplaba con desdén, para él, llegar al mundo de las Ideas era su objetivo, mundo en donde todo es perfección absoluta y se alcanza una visión inteligible de la idea del bien. Como ejemplo pongamos la figura de un caballo: desde los postulados de Platón, existe una única forma de caballo (la Idea en sí), mientras que las demás formas de caballos son una “copia” de esa forma única del caballo, es decir, de la Idea del caballo.
El conocimiento para Platón era algo que conllevaba una serie de etapas para su formación. Para esto, introduce la gran alegoría con la que nos hemos encontrado a lo largo de la historia de la filosofía occidental: la alegoría de la caverna. Platón describe con gran acierto cómo el ser humano se sitúa frente al conocimiento. Representa a la caverna como un espacio oscuro, en el cual se encuentran hombres prisioneros, encadenados del cuello y piernas, en una condición en donde sólo pueden mirar hacia la pared del fondo sin la posibilidad de girar la cabeza.
Detrás de los prisioneros, se encuentra una pared con un pasillo, una hoguera y la entrada de la cueva que conduce al mundo exterior, es decir, al conocimiento verdadero (las Ideas). A espaldas de los prisioneros, caminan hombres con diversos objetos proyectando sombras en la pared gracias a la luz de la hoguera. Como los prisioneros, debido a su condición, no son capaces de contemplar y conocer el mundo que acontece a sus espaldas, las sombras son consideradas como la verdad absoluta.
Otro de los diálogos que nuestro maestro nos aporta es la fórmula para comprender la idea de la belleza, la cual se encuentra en el Simposio. Platón desarrolla esta idea a partir de la contemplación de un objeto, el cual todos lo consideraran bello. Escoge como ejemplo a un esclavo hermoso y joven y se reúne con otros jovencitos para contemplarlo. En el acto, tratan de identificar un patrón común de su belleza, para después pasar hacia la belleza propia del proceso mismo de aprendizaje, luego la del incremento del conocimiento, la generalización de las leyes, y así continuamente, hasta, por último, alcanzar la idea misma de la belleza. Por otra parte, en el dialogo Menon, Platón propone que el conocimiento de las ideas es en realidad un reconocimiento, ya que, para él, las conocíamos en alguna encarnación anterior, es decir, formas que nuestra alma ya había visto.
Por último, es en lo que muchos filósofos consideran la obra más importante de Platón, la Republica, que el maestro nos presenta su concepto más desarrollado sobre la forma de lograr acceder al mundo de las Ideas. En ella nos muestra como interlocutor a su hermano mayor Glaucón, un estudiante de filosofía, con el cual Sócrates ensaya sus tres modelos clásicos: el sol, la línea y la cueva, modelos que nos sirven para analizar las diferencias entre el mundo sensible y el mundo ininteligible y entre solo opiniones y conocimiento científico.
Los diálogos de Platón nos ofrecen una forma de repensar aquello que consideramos como verdad, diálogos de gran valor filosófico y de una atractiva composición. A través de mi formación, había retomado y analizado las ideas platónicas con detenimiento, sin embargo, ahora que vuelvo a leerlas en el libro de Pérez Tamayo, me permiten conocer las implicaciones de la ciencia en la interpretación de la realidad, así como las implicaciones de las ideas filosóficas en el método científico y en la búsqueda del conocimiento verdadero.
Platón, como ya se mencionó, rechazaba el estudio de la realidad, una realidad que no es accesible por medio de nuestros sentidos, los cuales consideraba como engañosos. Los seres humanos nos hemos encontrado con esta premisa a través del tiempo, preguntándonos si aquello que observamos y percibimos es real y puede ser interpretado como algo absoluto. En la actualidad, los científicos se disputan la búsqueda del conocimiento verdadero y Platón sigue más vigente que nunca en el pensamiento contemporáneo.
No hay duda de que debemos mucho a Platón al momento de cuestionarnos aquello que observamos, al momento que aprendemos algo nuevo y al momento que transferimos el conocimiento hacia los demás. El objetivo primordial de los diálogos no es llegar a una emisión conclusiva de algo, es decir, a la verdad, sino que en ellos volvemos a la idea emitida por Sócrates, su maestro: “sólo sé que no sé nada”.
La búsqueda del conocimiento verdadero en la filosofía y la ciencia.
A través de la historia, han existido filósofos que se han cuestionado la realidad y el mundo que les rodea. Para muchos, una verdad instaurada como conocimiento verdadero u objetivo debía ser cuestionada y refutada, puesto que si no se hacía, era meramente un juicio emitido por una persona o un grupo de personas. Analizando y estudiando las ideas filosóficas, uno se pregunta si el conocimiento científico solamente existe en la mente humana, es decir, si constituye meramente una construcción existente en el individuo que interpreta un fenómeno/objeto.
Desde dicho punto de vista, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, a través de su aforismo “no hay hechos, sólo interpretaciones”, nos hace pensar que el conocimiento científico es sólo una interpretación, es decir, una construcción que el individuo hace en un momento histórico y social específicos. Por otro lado, un estudioso de Nietzsche, Michel Foucault, retoma este elemento bajo el análisis de las implicaciones del poder en la construcción de la verdad, llegando a la conclusión de que es el poder el que instaura la interpretación del fenómeno ante los demás (Foucault, 1999).
El biólogo y filósofo Humberto Maturana, a través de su tesis de la construcción del conocimiento por medio del observador, declara que “no existe nada sin el observador”, es decir, que todo aquello de lo que el ser humano es consciente es dicho bajo la premisa del individualismo. No existe una verdad absoluta, solamente interpretaciones que el ser humano adjudica ante determinados fenómenos (Maturana, 1996). Para Maturana, el observador es aquel que se pregunta cómo es la realidad y de qué forma puede ser interpretada y entendida. De esta forma, para él no existe una verdad que pueda ser separada del sujeto, la realidad es inexistente sin el sujeto y viceversa.
Los científicos y filósofos se han preguntado de qué forma se desarrollan, evalúan y cambian las teorías científicas. Así fue cómo poco a poco se formó un campo de estudio de la filosofía: la filosofía de la ciencia. Este campo funge como un elemento de vital importancia para analizar e interpretar el conocimiento. La filosofía de la ciencia es una filosofía que permite generar caminos favorables para la conducción de la investigación científica (siempre y cuando se adecue correctamente a un campo científico). Bunge describe de una forma muy acertada dicho punto:
La filosofía de la ciencia es sólo una de las muchas filosofías de x, donde x es un espacio en blanco o una variable que puede representar las matemáticas, a las ciencias naturales, las ciencias sociales, la tecnología, la medicina, la política, el derecho, la moral, el arte, la religión, etc. Ahora bien, una filosofía de x debería adecuarse a x en lugar de estar en conflicto con x porque sólo entonces será capaz de a] dar una descripción adecuada (verdadera) de x, b] sugerir caminos provechosos para la conducción de la investigación en x y c] participar de manera competente y efectiva en las controversias filosóficas dentro de cerca de x (Bunge, 2014: 25).
En la actualidad, Bunge declara que los diversos sistemas de lógica formal y los distintos capítulos de la matemática pura (al igual que en otras ciencias “exactas”), se constituyen como racionales, sistemáticos y verificables, pero no son objetivos, puesto que no nos ofrecen información acerca de la realidad y tratan de entes ideales, abstractos como interpretados, existiendo solamente en la mente humana (Bunge, 2014). Para este filosofo de la ciencia, existen estadios principales para realizar investigación científica, es decir, pasos fundamentales a seguir para una adecuada aplicación del método científico. Él los describe de la siguiente manera:
1) enunciar preguntas bien formuladas y verosímilmente fecundas; 2) arbitrar conjeturas, fundadas y contrastables con la experiencia, para contestar a las preguntas; 3) derivar consecuencias lógicas de las conjeturas; 4) arbitrar técnicas para someter las conjeturas a contrastación; 5) someter a su vez a contrastación esas técnicas para comprobar su relevancia y la fe que merecen; 6) llevar a cabo la contrastación e interpretar sus resultados; 7) estimar la pretensión de verdad de las conjeturas y la fidelidad de las técnicas; y 8) determinar los dominios en los cuales valen las conjeturas y las técnicas, y formular los nuevos problemas originados por la investigación (Bunge, 2000: 8).
A partir de lo planteado, podemos decir que, para los filósofos de la ciencia, el conocimiento científico se constituye como un saber crítico, el cual está fundamentado por una serie de pasos y puede predecir y explicar hechos por medio de leyes. Este conocimiento es metódico, universal y objetivo, al mismo tiempo que puede ser comunicable por medio de un lenguaje científico. De esta forma, los filósofos de la ciencia buscan cumplir con uno de los objetivos de Platón: discernir entre sólo opiniones y un conocimiento científico y filosófico verdadero.
La mayoría de los campos científicos se alejan totalmente de lo que Platón denominaba como verdad, es decir, se pueden considerar como meras “opiniones” de la realidad observable. El tipo de conocimiento que Platón denominaba ciencia se divide en ciencia en un sentido estricto y pensamiento discursivo. La ciencia para el maestro consistía en un conocimiento estricto, el cual fuese universal y necesario, en donde las leyes establecidas se pudieran repetir en cualquier lugar e individuo.
Retomando lo anterior, las matemáticas es el campo de estudio que más se puede acercar a dicha idea, al igual que la física o la química por su carácter matemático y racional, pero ¿qué pasa con los demás campos de estudio? ¿son sólo generalizaciones o, como Platón diría, “opiniones”? ¿confundimos la realidad con las sombras? Aquí es donde las ideas platónicas nos permiten cuestionarnos acerca de los juicios emitidos como conocimientos verdaderos por otros campos científicos, tales como la psicología, la sociología, la historia, la economía y otras ciencias humanísticas y sociales. Sin embargo, recordemos que no toda investigación científica busca encontrar un conocimiento objetivo en el más puro sentido positivista.
No nos queda duda que en la actualidad el método científico del sistema filosófico de Platón aún sigue en boca de científicos y filósofos, tratando de contestar aquellas preguntas que el maestro se formuló 25 siglos atrás, preguntas que si bien nos han servido de forma esplendida para interpretar el mundo que nos rodea, también nos han permitido conocer de qué forma el hombre ha buscado encontrar una verdad, así como un conocimiento que le permita crecer y evolucionar.
Las ideas platónicas han sido aceptadas por unos y cuestionadas por otros. A pesar de la poca información que tenemos sobre nuestro mundo, para seguir el camino de Platón, sólo nos queda hacer lo imposible por seguir aprendiendo, por seguir pregúntanos el porqué de las cosas, por seguir desarrollando y discutiendo aquello que se instaura como una verdad absoluta y seguir luchando cada día por difundir el maravilloso mundo de la ciencia y la filosofía; un camino que no es fácil de recorrer, pero que si es caminado con la ayuda de grandes maestros como Platón, permitirá lograr una mejor sociedad y desarrollo en las personas.
A modo de conclusión
Este breve artículo permitió analizar, explorar y estudiar la maravillosa filosofía de Platón, una filosofía que no sólo ha inspirado a los filósofos y humanistas, sino que ha permitido a los científicos interpretar y cuestionar los hechos presentados como una verdad. Los distintos diálogos platónicos estaban sujetos a una sola premisa: el mundo de las Ideas. Diálogos que nos hacen abrir los ojos y replantearnos si aquello que sabemos y vemos corresponde realmente con la realidad o si, por otra parte, son, tal y como él lo describe, “sombras”.
Para aquellos que queremos seguir el camino de Platón, cuestionarnos la realidad y seguir buscando la verdad, es una tarea primordial. En un mundo donde todo gira alrededor de la producción, el dinero y el trabajo, parece ser que el ser humano se ha olvidado de una parte importante: cuestionarse la realidad. Preguntarnos si aquello que damos por hecho debe ser así y si el conocimiento impuesto como verdadero, realmente nos permite desarrollarnos como sociedad y como personas.
Actualmente no existe un interés por la ciencia o la filosofía, así como por la investigación científica. Lamentablemente, los métodos para divulgar y universalizar el conocimiento científico no son exitosos y carecen de interés por parte de la sociedad. Es por ello, que, para un joven con inquietudes científicas, este libro de Ruy Pérez Tamayo resulta fascinante en todos los aspectos, no sólo porque nos muestra de una forma esplendida el camino de la ciencia y su historia, sino que nos permite encontrar el interés y amor a la divulgación científica y a las ideas filosóficas.
Como se mencionó al inicio, este breve escrito solo toma de forma general las características de los postulados de Platón. Por ello, se invita al lector y al público en general, a descubrir el interesante mundo de la filosofía y de la ciencia, algo que, sin duda, el autor de este libro nos inspira a hacerlo; seguir buscando respuestas, seguir cuestionando, pero, sobre todo, seguir investigando.
Bibliografía consultada
Pérez Tamayo, R. (2012). ¿Existe el método científico? Historia y Realidad. Fondo de Cultura Económica.
Foucault, M. (1999). El orden del discurso. Tusquets Editores.
Maturana, H. (1996). La realidad: ¿Objetiva o construida?. Editorial Anthropos.
Bunge, M. (1999). Buscar la filosofía en las ciencias sociales. Siglo XXI Editores.
Bunge, M. (2014). La ciencia, su método y su filosofía. Penguin Random House,.
Bunge, M. (2000). La investigación científica: su estrategia y su filosofía. Siglo XXI Editores.
[1] Licenciado en Psicología (UdeG). Maestro en Humanidades, Línea de Formación Docente con eje de especialidad en Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicación (UAZ). Tiene una Especialidad en Diagnóstico Clínico y Tratamiento de los Trastornos Mentales (AMSP, A.C.), una Especialidad en Psicosomática Psicoanalítica (IPPF, A.C.), una Especialidad en Clínica Psicoanalítica Lacaniana (UniFreud), una Formación en Teoría Psicoanalítica y Atención a Adultos Mayores (AEEP, A.C.); una Formación Psicoanalítica Especializada en Psicopatología (AMSP, A.C.); una Formación Psicoanalítica Especializada en Psicoanálisis Lacaniano (UniFreud); así como diplomados en materia de ciencias sociales, psiquiatría, criminología, ciencias forenses y derechos humanos. Fue becario por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT). Colaboró como auxiliar de investigación en distintos centros de investigación (CICS, DECS, DS, UdeG). Ha cursado seminarios de investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y ha sido ponente en congresos y coloquios nacionales e internacionales. Actualmente divulga las humanidades y las ciencias sociales en revistas académicas estudiantiles y medios digitales, escribe literatura para distintas compilaciones, trabaja como becario- asistente de investigación en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y es candidato a cursar el Doctorado en Investigación Interdisciplinaria con Orientación en Estudios Sociales (UAdeC).
