¿Es la organización social una vía para intervenir en las problemáticas sociales?

El papel de la psicología social comunitaria en el fortalecimiento de la comunidad

 

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

En los últimos años, México ha sido escenario de cambios significativos que han repercutido en su desarrollo social, educativo, político y cultural. Estos cambios han influido sobremanera en la vida de las personas y en su bienestar. Uno de ellos y, quizá el más preocupante, es la violencia sistémica y generalizada que se experimenta en el país.

Ante el incremento y normalización de este y otros problemas como la desigualdad social, la discriminación o la precariedad en todas sus formas, la organización social y comunitaria ha relucido por su nobleza para intervenir en las problemáticas psicosociales que se viven y se avecinan. En este sentido, surge este texto para hablar sobre la psicología social comunitaria y su papel en el fortalecimiento de las personas, las comunidades y la sociedad.

Los aportes psicosociales de la psicología, y las ciencias sociales en general, han tenido como principal objetivo el fortalecimiento y desarrollo de las comunidades. Desde este punto de vista, en el área de la psicología, los diversos campos de estudio provenientes de la psicología social tales como la psicología política o la psicología comunitaria, han buscado la solución de problemáticas sociales a partir del fortalecimiento de la identidad, la cohesión y la ciudadanía de las personas.

Estas áreas de estudio han fungido como campos de vital importancia para el investigador social en su búsqueda del análisis y estudio de los fenómenos y problemas sociales que aquejan a las comunidades de América Latina. La psicología comunitaria se constituye como un campo de estudio que nos permite realizar tales acciones, Montero (2010) refiere que la psicología comunitaria se comenzó a establecer a partir de la crítica de la psicología social existente, campo de estudio que no lograba intervenir ni explicar de una forma óptima las problemáticas psicosociales, sus repercusiones y sus orígenes.

La psicología comunitaria, tal como lo refiere Montero (2004) surge a partir del descontento con las prácticas habituales a principios de la segunda mitad del siglo XX por parte de ciertas ramas de la psicología ligadas a la transformación de las personas y de la sociedad: la psicología de la educación, la psicología social y la psicología clínica. Ramas que se ocupan, históricamente, de procesos en los cuales las personas cambian, ya sea por adquirir conocimientos, por desarrollar comportamientos o por recibir tratamientos y pautas socializadoras que las definen como miembros específicos de determinados grupos o categorías sociales.

Montero (1984) en sus primeros trabajos en la definición de la psicología comunitaria declaró que ésta, al tener un carácter novedoso, se predispone a la confusión respecto a su denominación, objeto de estudio y métodos, lo cual, era percibido como un signo de su juventud y formación. Sin embargo, gracias a los aportes de otros campos de estudio provenientes de las ciencias sociales (la sociología, la antropología, el derecho, la teología, la etnología…), se fue consolidando hasta llegar a ser lo que hoy conocemos.

Históricamente, la psicología ha sido criticada al fundamentarse en valores socioculturales pertenecientes a los Estados Unidos y países de Europa, países dominantes culturalmente y económicamente. La psicología social comunitaria surge en América Latina y se genera como una forma de desenmascarar a la ideología y proveer herramientas y habilidades generadas a partir de las necesidades de la comunidad que permitan hacer frente a las dificultades de la vida diaria latinoamericana, vida caracterizada por el totalitarismo militar y la represión social.

La psicología social comunitaria va de la mano del desarrollo de la psicología de la liberación, campo abordado por distintos teóricos sociales de gran relevancia en América Latina. Burton (2004) refiere que la psicología social de la liberación puede entenderse como parte de un proyecto más amplio de teoría y práctica liberadora, la cual surgió en el contexto del trabajo para y con poblaciones oprimidas en toda América Latina; tal proyecto ha sido sintetizado y formalizado por teóricos como Ignacio Martín-Baró, Maritza Montero, Serrano-García, entre otros.

La psicología social comunitaria se nutre principalmente de posturas filosóficas marxistas, éstas componen una forma de construir una teoría acerca de las distintas formas de subjetividad social específica, es decir, aquellas que se construyen en la comunidad. El campo e identidad de la psicología social comunitaria está determinado por el estudio de la subjetividad que se desarrolla en el nivel de inserción social, un mecanismo que se forma a partir de los elementos que conforman a la comunidad; estudiando a esta unidad social a partir del aspecto psicológico que ésta reviste para las personas y grupos que la conforman (Tovar, 1995).

Se mencionó anteriormente que el fortalecimiento de la comunidad era una de las principales labores de la psicología comunitaria. A través de ésta, podemos proveer de herramientas valiosas a las personas y fomentar el uso de sus capacidades y habilidades propias para dar solución a determinadas problemáticas sociales. Ahora bien, ¿Cómo se define el fortalecimiento de la comunidad? Montero (2003:73) asevera que el fortalecimiento de la comunidad es un:

Proceso mediante el cual los miembros de una comunidad o un grupo o miembros de grupos organizados dentro de esa comunidad o personas interesadas en promover y lograr un cambio respecto de alguna circunstancia que afecta a esa comunidad o grupo desarrollan conjuntamente capacidades y recursos para controlar su situación de vida (en un momento específico); actuando de manera comprometida, consciente y crítica, para lograr la transformación de las condiciones que juzgan negativas o que deben ser modificadas según sus necesidades y aspiraciones, transformándose al mismo tiempo a sí mismos.

De esta forma, podemos decir que el objetivo del fortalecimiento en la comunidad es formar una ciudadanía por medio de la afiliación de personas interesadas en cada comunidad (y cada vez interesar a más personas por medio del trabajo colaborativo), a la toma de decisiones y a las acciones de transformación social. El fortalecimiento supone la necesidad de sensibilizar e informar a todas aquellas personas que forman la comunidad sobre lo que se lleva a cabo y sobre las metas a alcanzar y su repercusión en la comunidad.

En el fortalecimiento comunitario las personas desarrollan sus capacidades y recursos de manera conjunta para controlar y mejorar sus condiciones de vida. Esto se logra actuando de forma comprometida, consciente y crítica, reconociendo necesidades y aspiraciones compartidas, así como transformándose a sí mismo (Rivera, 2010 citado por Rivera, Velázquez y Morote, 2014).  La transformación es un proceso que implica alteraciones en varios y distintos niveles, de lo individual a lo social y requiere necesariamente de la participación sustantiva de los actores involucrados en la acción, no así el mejoramiento, que en su expresión más asistencial demanda solo una participación pasiva (Montero, 2010 citado por Berroeta, 2014). 

 

El papel del psicólogo social en la comunidad

El psicólogo comunitario no es alguien que juzga los valores o costumbres del grupo social, sino que los analiza y fomenta la transformación de la comunidad con las herramientas y capacidades que ésta posee. La psicología comunitaria se basa en valores éticamente deseables, es decir, orientados por el respeto y la consideración del otro, por la armonía y lo que en el mundo en que vivimos es considerado positivo. Sin embargo, no olvidemos que los valores son determinados a partir del contexto sociocultural en el cual el grupo o comunidad se desarrolla.

Desde dicho punto de vista, Montero (2004) nos describe un ejemplo brillante: podríamos encontrar grupos, comunidades o sociedades para los cuales la violencia, o bien la perfección física (como sucedió en el caso de Esparta, donde los recién nacidos con defectos innatos eran eliminados), fuese un valor. Así, el psicólogo comunitario debe tener en consideración aquellas características contextuales y socioculturales del grupo social, para que de esta forma, realice un trabajo que le permita crecer y pensar, pero, sobre todo, liberar y transformar a la comunidad.

El quehacer del psicólogo social comunitario se ha ido restructurando y modificando a partir de los fenómenos y problemáticas psicosociales que requieren de atención e investigación. En palabras de Martín- Baró, algunos principios básicos del trabajo del psicólogo social, para su dirección, contenido y definición son políticas en el sentido de capacitar, fortalecer y facilitar la acción transformadora de la sociedad en función de la igualdad y justicia social, escuchar la voz de los silenciados e incorporar el saber popular.

La intervención del psicólogo social comunitario tiene como finalidad respaldar y ampliar los recursos, las habilidades y capacidades de las personas en la comunidad, convirtiéndose así en un catalizador para la transformación de las estructuras sociales (Newbrough, 1979 citado en Marín, 1980).

No hay duda de que la psicología social comunitaria se encuentra en transformación y redefinición. Las crisis y redefiniciones sufridas por la psicología y, específicamente, por la psicología social, no deben ser un retroceso, sino una oportunidad para buscar nuevas alternativas de intervención. Nuestro trabajo debe ir encaminado en este sentido: desarrollar una teoría y praxis que facilite a la psicología y, específicamente, a la psicología social comunitaria, crecer y formar nuevos paradigmas en el mejoramiento de las sociedades latinoamericanas.

Vemos pues, que psicología social comunitaria es un área fundamental de la psicología social y la psicología en general. No sólo nos permite conocer las distintas metodologías que existen en la investigación social, también nos ayuda a entender de una forma más íntegra el quehacer del científico social en la transformación y fortalecimiento de la comunidad.

El sentido de comunidad es variado y dentro de ésta cabe destacar que muchas veces el investigador se encontrará con situaciones conflictivas, externas o internas, que pueden llevar a frenar y obstaculizar su trabajo.  El científico social, sea cual sea su ámbito de estudio, debe tenerlo en cuenta, con el objetivo de contemplar posibles formas de intervenir, investigar y explicar fenómenos sociales, escuchando y conociendo a cada miembro de la comunidad y entendiendo que todo grupo humano está sujeto a cambios y épocas históricas que determinan su pasado, su presente y su futuro.

Los aportes al crecimiento de psicología social comunitaria son diversos, y requieren de una serie de presupuestos y procesos para su adecuada implementación. Depende de nosotros, pues, desarrollar y estudiar este maravilloso campo, con la finalidad de transformar nuestro contexto, pero sobre todo, a nuestra propia comunidad.

En ese sentido, este artículo de divulgación tiene como principal objetivo poner de manifiesto el origen, características e importancia del fortalecimiento de la comunidad desde la psicología social comunitaria y cómo la organización social de los miembros de una comunidad es fundamental para intervenir en las problemáticas psicosociales.

Mucho se ha especulado acerca de la consolidación de esta rama de la psicología, sin embargo, no podemos negar que ha representado una forma valiosa para intervenir, fortalecer y construir a la comunidad, haciendo de nosotros y de los actores involucrados, personas más críticas y preocupadas por dar solución a los problemas comunitarios, logrando una mejor calidad de vida y bienestar social.

 

 

 

Bibliografía consultada

Berroeta, H. (2014). El quehacer de la Psicología Comunitaria: Coordenadas para una cartografía. Psicoperspectivas, 13 (2), 19-31.

Bruton, M. (2004). La psicología de la liberación: aprendiendo de América Latina. Polis: Investigación y Análisis Sociopolítico y Psicosocial, 1(4), 101-124.

Montero, M. (2003a). Teoría y práctica de la psicología comunitaria: la tensión entre comunidad y sociedad. Buenos Aires, Argentina: Paidós. 

Montero, M. (1984). La psicología comunitaria: orígenes, principios y fundamentos teóricos. Revista Latinoamericana de Psicología, 16 (3), 387-400. 

Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.

Marín, G. (1980). Hacia una psicología social comunitaria. Revista Latinoamericana de Psicología, 12(1), 171-180.

Rivera, M., Velázquez, T., y Morote, R. (2014). Participación y fortalecimiento comunitario en un contexto post-terremoto en Chincha, Perú. Psicoperspectivas, 13 (2), 144-145.

Tovar, M. (1995). Psicología social comunitaria: teoría y concepto. Revista Cubana de Psicología, 12(3), 143-150.

 

 

[1] Licenciado en Psicología (UdeG). Maestro en Humanidades, Línea Formación Docente (UAZ). Tiene una Especialidad en Diagnóstico Clínico y Tratamiento de los Trastornos Mentales (AMSP, A.C.), una Especialidad en Psicosomática Psicoanalítica (IPPF, A.C.) y posee una Formación en Psicogerontología (AEEP, A.C.); una Formación Psicoanalítica Especializada (AMSP, A.C.); así como diplomados en materia de ciencias sociales, psiquiatría, criminología, ciencias forenses y derechos humanos. Fue becario por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología (CONAHCYT). Se desempeñó como asistente de investigación en distintos centros de investigación (DP, UG; CICS, DECS, DS, UdeG). Ha cursado seminarios de investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y ha sido ponente en congresos y coloquios nacionales e internacionales. Actualmente es colaborador en revistas académicas estudiantiles y medios digitales, estudia la Especialidad en Clínica Psicoanalítica Lacaniana (AMSP, A.C.) y trabaja como docente e investigador independiente.

 

 

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