Entre la machosfera y el surgimiento de especies antifeministas de extrema derecha
Por Lluvia Caballero Ledesma
En un contexto donde los sujetos posmodernos tienen como único referente de comunidad aquella que establecen en el entorno digital de las redes sociales, donde pasan tiempo que pierde referente real, donde la relación con el Otro se banaliza a likes, retweet, follows, donde estas “comunidades virtuales” se convierten en lugares de encuentro virtual, donde se comparten discursos, ideas, preferencias, fantasías y donde es más ameno y fácil establecer conversaciones, donde se habla de cualquier cosa y eventualmente es más fácil ser parte y ser aceptados, se vuelve necesario analizar los sujetos sociales que se forman allí.
Si bien las redes sociales surgen como un avance tecnológico importante para la sociedad y después de la pandemia han tenido un auge impresionante, en la actualidad es casi imposible prescindir de ellas ya que se han entrelazado con nuestro día a día, en nuestras actividades cotidianas, pero sobre todo en nuestros espacios de ocio, recreación y descanso.
En este sentido, el algoritmo tiene un papel clave en la proliferación de discursos y formas de subjetivación de los individuos. Len Ivón (2025) refiere que la voz imperativa del Superyo de la que habló Freud ahora ha encarnado a los algoritmos que no solo recomiendan contenidos en las redes sociales, sino que además comandan: “goza esto” “mira esto” “sé esto”. Por tanto, es una voz sin ley, que incita a un goce absoluto, el individuo entonces termina siendo un instrumento de esta maquinaria.
“Lacan lo advierte: el Superyo ya no es el heredero de la ley, sino una voz perversa que empuja al sujeto a un goce imposible”. (Ivón, 2025, p. 513)
Lo anterior se inscribe en individuos particulares, vulnerables y en pleno desarrollo, a saber, los sujetos adolescentes[1]. Los adolescentes que se encuentran en búsqueda de su identidad, preguntándose ¿Quién soy yo? ¿Qué se espera de mí?, se enlistan en las filas gracias al algoritmo y a lo que está en tendencia o se viralizó en grupos virtuales, podcast, influencers, promotores de formación o coach, artistas del ligue, aplicaciones de citas, foros, redes de Incels[2] y otras especies antifeministas, con la promesa de restaurar la masculinidad hegemónica[3], la cual, según quienes los convocan, han sido las feministas (o sea las mujeres) quienes han derrumbado el acceso a ese ideal masculino. Lo cual, en cuestiones prácticas y según estos mismos hombres, les ha costado el acceso a relaciones sexoafectivas con mujeres. En ese sentido, refieren que los hombres están peor que las mujeres, que el feminismo ha llegado demasiado lejos, es decir, que hay una especie de victimismo y mucho resentimiento contra las mujeres.
Lo que en realidad ocurre es que están llenos de incertidumbre, vacío y ambigüedad, tienen afectos ambivalentes, agresivos, donde el sujeto no puede lidiar con ellos y no tiene contención, debido al rechazo, la soledad, frustración, impotencia, desorientación, humillación e incluso el desplazamiento de su posición y estatus dentro de la estructura social. Buscan entonces dónde darle sentido al malestar, al síntoma para elaborar su identidad masculina o la crisis de esta. Es allí donde encuentran y en la manosfera (machosfera) un espacio reaccionario, que de alguna forma les permite elaborar lo anterior, pero cuando finalmente no se logra, pueden surgir defensas maniacas[4]. Pero también se puede hablar de una herida narcisista, ante la falta, donde, según Len Ivón (2025), se puede abrir una vía al deseo, pero esta nominación fija al sujeto en una posición gozante, marcada por el rencor, sostenida por estas comunidades virtuales y finalmente por el algoritmo que estabiliza su fantasma.
Porque sí, es verdad que no todos los adolescentes ni todos los hombres, se encuentran inmersos en la machosfera, pero también es real que a algunos o muchos adolescentes y hombres les hacen sentido (o que al menos buscan restaurar su herida narcisista masculina) estos discursos de misoginia, de machismo, sexismo, que buscan el ideal masculino, de poder sobre las mujeres, estatus social, fuerza, ya sea física o simbólica, y riqueza o privilegio.
Aquí es donde los conceptos de Incels, Gymbros[5] y Cryptobros[6] resuenan con los nuevos candidatos, por lo cual parecería que esta machosfera funciona como una especie de sitio de adoctrinamiento para atrapar a estos hombres en sus filas, pero en el trasfondo se encuentran otros hombres que son partidarios de una ideología de extrema derecha y neofacista.
Lo cual, de acuerdo con Nuria Alabao (2026), implica la generación de un ecosistema ideológico que traduce este malestar en derechización, lo que lo convierte en un fenómeno global. Ante la añoranza de lo “tradicional”, los adolescentes, inmersos en internet, asumen y adoptan como propios los valores mainstreams, nuevas formas de interacción y comunicación, es decir, todo aquello que se encuentra en tendencia en la cultura dominante de las redes sociales, impregnados de discursos de índole partidista.
Es importante añadir que el neoliberalismo[7] no es solamente un marco de funcionalidad económica dominante, porque se ha convertido en una fábrica de subjetividades. Por ello es elemental poner en contexto que la masculinidad hegemónica ha encontrado un lugar predominante para poder conservarse y mantenerse a pesar de su contrapeso, el feminismo. Entonces, ante los logros que ha tenido el feminismo, en este “ser mujer” no desde el mandato sino desde otras formas de ser mujer, hay una demanda hacia los hombres de romper también con el mandato de “ser hombre”[8], de cuestionar, de incluir alternativas que no tengan como consecuencias el daño a sí mismo, a las otras y otros, apostar por una vida en común donde el afecto y el respeto sean los ejes principales.
Nuria Alabao (2026) refiere que la lucha no tiene que ser de hombres contra mujeres, por el contrario, es necesario redirigirnos al verdadero problema, al que nos atañe tanto a mujeres y hombres, el neoliberalismo mortífero que ha precarizado la vida, la existencia y la subjetividad, para que todo lo personal se torne político.
Frente a lo anterior, parece ser que efectivamente los hombres están muy solitarios, porque a diferencia de las mujeres que se encuentran en la comunidad feminista, en la alteridad, donde son contenidas sus experiencias, sentimientos y dolor, cuentan con grupos de apoyo que les ayudan a poner en palabra para elaborar y crear; los hombres en estos grupos no son contenidos, escuchados. Al contrario, se amplifica el dolor, resentimiento y frustración en el Otro digital.
Len Ivón (2025) refiere que existe una lógica algorítmica que funciona como operador de repetición, fijando el goce sin mediación simbólica. Entonces el algoritmo funciona como una instancia supuestamente neutra que impone caminos al deseo sin pasar por la falta. Ante una reorganización del lazo social, el sujeto queda atrapado en una dinámica donde el goce se vuelve autista, desvinculado del Otro simbólico. Además, el fantasma en el análisis clínico se torna relevante porque da una orientación, ante una neurosis, el fantasma funciona como una defensa ante el deseo del Otro, sosteniendo una escena que preserva la falta. En cambio, en la perversión, el sujeto se ofrece como causa del goce del otro, eliminando la dimensión de la pregunta por el deseo. No se protege, sino que encarna ese goce. Transformando el fantasma en un guion para el ejercicio de un goce sin límite.
En este sentido, ante la aparición de las etiquetas de “incels” “víctimas de bullying” “cancelado” o “aislado”, nos dice Len Ivón (2025) que el fantasma lejos de operar como defensa se encarna como identidad. Entonces el sujeto queda fijado a una escena sin resto, que es sostenida por discursos que lo atrapan como objeto del goce del Otro. Por tanto, el fantasma pasa a tornarse rígido, deja de organizar el deseo y se convierte en una identidad gozante. Lo que anteriormente funcionaba como confrontación con lo real (castración), hoy se transforma en mercancía, contenido viral, escena repetitiva que captura al sujeto sin dejarle salida, en un sentido mortífero.
Adicionalmente, Len plantea que en la lógica del rechazo es central la mirada del Otro, donde coloca al sujeto en una posición de vergüenza, falta, exclusión, etc., que se capta de manera precoz y contribuye a fijar la posición fantasmática. Donde se experimenta un rechazo primario, especialmente por los progenitores y este inconscientemente se repite en otras vivencias estructurantes e importantes para el adolescente. Se establece un rechazo simbólico: de no “ser el hombre que se espera”, lo que implica quedar fuera del ideal de masculinidad, como vemos en la serie Adolescencia, cuando el padre dice: “dejé de llevarlo al futbol, porque no era como los otros chicos”.
Por otro lado, las figuras masculinas tampoco aportan en diversidad o posibilidades alternativas de ser hombres. Ahí también radica la falla, donde los padres, abuelos, tíos, maestros y otros hombres no aportan al adolescente otras maneras de “ser hombre” no se contiene, no se apalabra, la identificación se queda en el limbo cuando se está en falta. En este momento de vulnerabilidad, aparecen las comunidades incels, quienes prometen dar lugar al malestar. Mas allá de que el adolescente sea partidario o no de estos discursos (incluso de que realmente los comprenda), le permiten organizar y nombrar el rechazo y resentimiento, que los algoritmos sostienen y refuerzan en su posición. El vacío del padre entonces lo ocupan los algoritmos, quienes le ofrecen al sujeto un lugar desde el cual gozar en su condición de excluido.
Aunado a esto, en muchos casos, la función del Otro simbólico ya no se sostiene en figuras como la madre o el padre, sino que se aloja en los dispositivos digitales que ofrecen respuestas prefabricadas, predicen elecciones y anticipan deseos. Además, el Otro edípico es reemplazado y erosionado por otro omnipotente, sin falta. El acto homicida, por tanto, no es un acting out o pasaje acto, es la posibilidad del sujeto de cambiarse de lugar ante la lógica del fantasma y asumir un lugar distinto en la escena, dejar de ser objeto del goce del Otro para alojar algo de su deseo. Y como pasaje de la posición de objeto a la posibilidad de devenir sujeto, en una posibilidad de asumir la implicación,en cuanto al aspecto jurídico.
En conclusión, es importante considerar que el deterioro de los vínculos sociales que ha generado el neoliberalismo ha vulnerado a los sujetos, porque hay menos posibilidad de contención de los grupos primarios y secundarios, como la familia, la escuela, la sociedad, el Estado. En este sentido, existe una corresponsabilidad de todos estos grupos ante los sucesos relacionados con el tema. Por ello, es primordial actuar desde donde nos corresponda para poder rescatar a estos adolescentes vulnerables. Al respecto, la propuesta a nivel Estado es que exista una regulación del uso de los dispositivos móviles para las infancias y adolescencias; por parte de las madres y padres, favorecer el acercamiento emocional y afectivo con los hijos. Desde la escuela, conversar y fomentar el pensamiento crítico, acompañar y atreverse a pensar con los niños y adolescentes, no desde una posición asimétrica o adulto céntrica, sino desde un no saber para crear e imaginar. Hablar de lo que marcha bien, del afecto, las ganas de ser diferente o cambiar y la confianza en el otro. En general crear espacios seguros, afectivos y de confianza para los hombres, donde puedan desplegar su vulnerabilidad, sus angustias ante la vida y las relaciones sexoafectivas, lugares donde exista una comunidad positiva que les ayude a crear e imaginar nuevas posibilidades de “ser hombre”, donde se identifiquen, sean escuchados y contenidos.
Referencias
Alabao, N./Traficantes de sueños. (2026). Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas [Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=bY61wcDszaM
Alabao, N. (2025) ‘Gymbros’, ‘criptobros’ y la promesa neoliberal del control. Demasiadas palabras: un blog de Nuria Alabao. https://nurialabao.blog/2025/08/25/gymbros-criptobros-y-la-promesa-neoliberal-del-control/
Caballero, L. (2025). El significado de la violencia en la relación de pareja para un grupo de mujeres a partir de un proceso psicoterapéutico en el Instituto Nacional de Perinatología Isidro Espinoza de los Reyes. [Tesis de licenciatura, UNAM] TESIUNAM. https://tesiunamdocumentos.dgb.unam.mx/ptd2023/enero/0833911/Index.html
Len, I. (2025). Sujetos del algoritmo. XVII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XXXII Jornadas de Investigación XXI Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. VII Encuentro de Investigación de Terapia Ocupacional. VII Encuentro de Musicoterapia. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
[1] Tomaré el concepto de adolescencia citado por Aberastury (2003): “está caracterizada fundamentalmente por ser un periodo de transición entre la pubertad y el estadio adulto de desarrollo y que en las diferentes sociedades este periodo puede variar, como varia el reconocimiento de la condición adulta que se le da al individuo.” Sherif y Sherif (1965). Además, esta autora menciona que el individuo en esta etapa se reformula conceptos que tiene sobre sí mismo y que lo llevan a abandonar la imagen infantil y proyectarse hacia una vida adulta. En este sentido se plantea una reconfiguración de la identidad adulta, basada en las primeras relaciones objetales-parentales internalizadas y contrastándolas con la realidad social.
[2] Incels: célibe voluntario, forma actual del lazo en torno al rechazo, a victimización y al odio. (Len Ivon, 2025)
[3] Conjunto de prácticas normativas respecto a lo que define a un sujeto como hombre o no. Trae consigo la dificultad para reconocer los procesos de dominación masculina hacia las mujeres como también a las formas de masculinidad que no encajan en el ideal, sin embargo, esto no implica la inexistencia hacia ellos, ya que va más allá de sus prácticas explicitas (González, 2016, pág. 1159 citado en Caballero, 2022)
[4] De acuerdo con Melanie Klein, las defensas maniacas son mecanismos psíquicos primitivos basados principalmente en el control, el triunfo y el desprecio que el yo utiliza para evitar el dolor, la culpa y la angustia depresiva.
[5] Gymbros: la hipermasculinidad emerge como respuesta compensatoria, prometiendo recuperar el control sobre la propia vida a través de la transformación corporal (Alabao, 2025).
[6] Cryptobros: hipermasculinidad que promete el éxito económico a partir de la especulación. (Alabao, 2025).
[7] Como lo expone Rodríguez (2003), el nuevo espíritu del capitalismo en el ámbito político-cultural es una corrosión de la ciudadanía social por una ideología ultraconservadora, en la cual, el mercado, la revalorización de lo individual y el desprestigio de lo colectivo han declinado en la acción social. Además, Franco (2000) menciona que es necesario ilustrar cómo se produce la significación imaginaria social donde la significación imaginaria “neoliberalismo” se ha institucionalizado y por tanto ha establecido nuevos valores, nuevas formas de convivencia, actitudes y normas generando una realidad social y del ser, de lo que cuenta y lo que no (Caballero, 2022)
[8] Ser hombre tiene una relación con la masculinidad hegemónica que anteriormente cité, pero también se puede leer como entidad instituida e instituyente (Caballero, 2022), donde además se aborda el mandato y deconstrucción del “ser mujer”.
