Por Lina Marcela Arana Paz[1]
Resumen: En el mundo antiguo griego aparece el concepto de parresía, haciendo alusión a la franqueza que se debe tener como ciudadano ateniense; sin embargo, esta práctica necesaria para la sociedad puede ocasionar muchos problemas al individuo que lanza su opinión y que va de acuerdo a un sentir, que no es relativo como de pronto los sofistas lo podría catalogar. De este modo, la parresía puede acercarse a ser un método pedagógico que indudablemente conduce a la virtud porque con la parresía se fortalece la valentía y se asume todas las consecuencias, para valorar la coherencia entre el decir y el actuar como, por ejemplo, lo hizo Sócrates cuando fue sentenciado a muerte.
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La parresía es un concepto que encontramos en el periodo clásico y helenístico griego, el objetivo principal de la parresía es hablar o alzar la voz para darle paso a una opinión que puede no ser grata para muchos, y por consiguiente actuar en función de ella. De este modo, la parresía se podría pensar como un modelo pedagógico que busca dar a conocer algo que está oculto o que es difícil de exponer.
Por lo tanto, al ejercer la parresía no importan las consecuencias, porque inevitablemente está implícito un diálogo entre sus interlocutores, que no necesariamente es pausado, sino más bien acalorado por su misma impulsividad o valentía.
Recordemos a Sócrates como figura incómoda para los atenienses por su personalidad reflexiva que estimula la duda, mas no la imprudencia; sin embargo, aunque la historia presenta a un Sócrates calmado, su ironía directa desconcertaba a los atenienses y exponía la ignorancia que se funda obedientemente en la creencia.
El término parresía, significa entonces franqueza en el momento de expresarse, su objetivo no es persuadir al interlocutor como lo hacían los sofistas de la Grecia clásica, sino que su interés es presentar su pensamiento y un sentir.
En el caso de Sócrates se presenta una necesidad de dudar y poner en debate lo establecido por la sociedad; sin embargo, no se cree portador de la verdad, solo busca ser un partero de ideas, por medio de un diálogo sincero que mira las diferentes perspectivas de un tema, sin importar si son tabú o no.
Por tal motivo, la parresía se puede vincular no solo con el logos sino también con lo emocional, que motiva a aquellas personas que tienden a la honestidad y coherencia entre su pensar y actuar, sin importar las consecuencias, como, por ejemplo, ocurre con comprometidos periodistas o artistas que pasan a la historia por alzar su voz, convirtiéndose así en irreverentes para una sociedad indiferente hacia el otro.
La parresía, al contrario de la retórica, no usa alguna técnica para seducir, porque su fin no es convencer y menos tener la aprobación de los demás, ante esta idea podríamos preguntarnos lo siguiente, ¿puede la parresía ser una virtud? Y si es así ¿puede la parresía tener un carácter pedagógico, precisamente por estimular la duda y el debate?
En el libro “Discurso y verdad en la antigua Grecia” de Michel Foucault, el autor menciona que una a persona que usa la parresía se le llama “parresiastés”, esto significa aquel “que dice todo cuanto tiene en mente: no oculta nada, sino que abre su corazón y su alma por completo…” [2]
De este modo, Foucault presenta al parresiastés como aquel ser humano sensible que usa la razón para “quitar el velo”[3] y acabar con la indiferencia en que nos sumerge la cotidianidad; por lo tanto, expresar nuestra propia verdad se vuelve entonces liberador, una catarsis para desahogarse de todo lo impuesto ya sea por un individuo o una sociedad.
Ser sincero y franco puede traer varias consecuencias porque se llega a ser hiriente para el que las oye, incluso toda una comunidad puede estar en desacuerdo con un individuo que opte por el camino de alzar su voz.
La parresía incomoda al pueblo y a sus dirigentes al mismo tiempo, porque nadie quiere salir de su creencia que está tan arraigada a su ser. La parresía puede entonces tener un fin pedagógico porque llama la atención, busca mostrar otra perspectiva que rechaza las convenciones sociales y culturales, que enajenan a los individuos.
Cuando Sócrates está esperando su condena de muerte, Critón lo visita y busca persuadirlo de escapar, ante esto Sócrates no duda en plantear un diálogo sobre si es virtuoso o conveniente huir de la cicuta.
Sócrates no dudó en que lo correcto es seguir las leyes, su propia razón y estilo de vida, no quiere huir, quiere ser coherente, pero no por ello iba a dejar de expresarse, al contrario, estuvo más motivado para defender sus ideas.
“Pero si mueres, morirás víctima de la injusticia, no de las leyes, sino de los hombres; en lugar de que, si sales de aquí vergonzosamente, volviendo injusticia por injusticia, mal por mal, faltarás al pacto que te liga a mí, dañarás a una porción de gentes que no debían esperar esto de ti… Me parece, mi querido Critón, oír estos acentos como los coribantes creen oír las flautas sagradas.”[4]
Si la parresía puede ser pedagógica, desde mi punto de vista se hace en los términos de otredad porque aquel que dice lo que siente no solo quiere expresarse, sino que quiere motivar e incentivar un diálogo en donde cada individuo, incluso el mismo parresiastés, reflexiona sobre su propio actuar, por tanto, la parresía es una opinión franca que ejercen los más valientes y reflexivos, capaces entonces de ser amigos y tutores.
De esta manera, se puede concluir que la educación busca el debate y la coherencia, valores que se han ido perdiendo en la sociedad posmoderna que se esconde a través de un mundo de apariencias y presenta una máscara para interactuar en un mundo cambiante donde todo es relativo.
Cuando abordamos lo que es en esencia la parresía, es inevitable recordar a Sócrates, que perseguía la verdad y nunca creyó que esta debía imponerse, porque para él cada individuo tiene una conciencia en su interior que lo conduce al conocimiento.
Su método pedagógico no era imponer la verdad, sino que ayudaba a los atenienses a parir un conocimiento[5], que considera doloroso, precisamente por la confrontación interna que se debe asumir. Sócrates compara la acción de conocer con el dar a luz de una madre, porque en ambas situaciones se debe ser valiente.
De este modo, el método socrático busca por medio de un diálogo llegar a la verdad, tanto así que Sócrates se vuelve un ciudadano incómodo para algunos atenienses, y este hecho lo lleva a la muerte.
En conclusión, la parresía la practican los individuos valientes, que quieren expresarse y comunicar su sentir y pensar, lo cual los lleva en contravía de lo normal y lo establecido, su ideal es vivir de acuerdo a su conciencia.
“El parresiastés prefiere ser alguien que dice la verdad antes que un ser humano que es falso consigo mismo” [6]
¿De qué manera podemos concebir a un filósofo, un amigo o pedagogo mentiroso y cobarde? desde muchas perspectivas sería absurdo concebirlo y más aún aceptarlo, si miramos más allá podemos pensar, ¿cómo creer en un profesional que busque aparentar en vez de realmente prestar un servicio a la sociedad?
Muchas veces se nos inculca ser prudentes, callados, mirar y no hablar, pero es necesario alzar la voz cuando podemos despertar conciencias y defender la justica, casi siempre manipulada para beneficio de unos cuantos, que se engañan a sí mismos, siendo este hecho una condena que lo priva de toda coherencia con su ser.
Incentivar la parresía en los ciudadanos, es motivar la virtud y la defensa no solo de lo que se quiere decir, sino de lo que es verdad y se puede probar; por lo tanto, por medio de la franqueza y la crítica justificada podemos ser libres con o sin consecuencias.
Bibliografía
Foucault Michel, 2004, Discurso y verdad en la antigua Grecia. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica, S.A.
Platón, 1998, Diálogos platónicos. Santafé de Bogotá. Editorial Panamericana.
[1] Magíster en Humanidades. Universitat Oberta de Cataluna
[2] Foucault Michel, 2004, Discurso y verdad en la antigua Grecia. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. Pág. 36-37.
[3] Alétheia: Lo que es verdadero y no está oculto.
[4] Platón, 1998, Diálogos platónicos. Santafé de Bogotá. Editorial Panamericana. Pág.49.
[5] Mayéutica: método dialéctico usado por Sócrates, en donde se busca que el aprendiz encuentre por medio de un análisis lógico un conocimiento verdadero.
[6] Foucault Michel, 2004, Discurso y verdad en la antigua Grecia. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. Pág. 43.
