“Antología” la miel como verso femenino

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Entre la flor y el mundo, la abeja dice: yo muero, pero la miel queda.

Porque en la miel reposa el verano; porque en cada gota el tiempo es infinito; porque en su néctar vibra la danza secreta del pétalo; porque su nobleza limpia la infamia; porque es bálsamo para el peregrino, dulzura sin artificio; porque el vuelo de la abeja es la promesa de que algo del mundo, aunque efímero, solo por un pequeñísimo instante, puede salvarse.

 

La miel parece invisible, pero como pocos alimentos mantiene la pureza de su estado original. En cualquier mezcla de fogón conserva su esencia franca sin imponerse a otros sabores o texturas, por más untuosa que sea la combinación. De hecho, se brinda como un toque final de la receta. Sus hilos dorados, simplemente se dejan caer con delicadeza y al tocar la lengua, desata un estallido de placer.

 

Pero para que se genere esa experiencia sensorial, la miel debe pasar por un proceso, diríase, demasiado perfecto. En medio de la pradera y bajo la luz del sol, la abeja recoge el néctar de la flor para condensarlo en la colmena. En el sentido más sublime, cada momento representa una sagrada comunión entre la vida y la muerte. Violentar ese ciclo es profanar lo divino.

 

Desde esa sacralidad, el verso femenino se ha ocupado de presentar toda esa dulzura en su estado más original. No para domesticarla ni racionalizarla, sino para permitir que fluya como una metáfora del cuerpo, las emociones y la creación íntima de las mujeres. Aunque no de manera exclusiva en términos de género, para las poetas, la miel simboliza aquello que se transforma, pero que nunca debe transgredirse.

 

“…Dentro del cajón las abejas son pequeñas y furiosas…
Tal vez el oro de la miel
sea el miedo cuando se vuelve dulce…”

 

Sylvia Plath escribió una secuencia poética sobre las abejas y la miel. En cada entrega, exploró las inquietudes y vivencias femeninas como metáfora del lenguaje creativo del zumbido sobre la flor. En el poema “La llegada de la caja de las abejas” la miel podría representar la palabra que se destila para aliviar. En cada gota habita el dolor, la rabia o la euforia, sentires a los que les urge estar fuera. Claro, el cajón es la mente que frena. Salir de ahí, puede ser un acto peligroso, porque significa sonorizar nuestro propio eco interior en un mundo que se empeña en acallarlo. Pero una vez hecho, sin duda, el camino siempre resulta luminoso y el final eterno.

 

Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra

Mi pájaro carpintero serpiente emplumada

colibrí picoteando mi flor bebiendo mi miel

sorbiendo mi azúcar tocándome la tierra…”

 

En su poema “Amor en dos tiempos” de la antología “Escándalo de miel”, Gioconda Belli le otorga a la miel una feminidad corpórea. Pero no en el simple sentido carnal, sino como una apuesta a la exploración del gozo sin censura. Aquí, la mujer glorifica la pulcritud de su sexo desde lo simbólico y lo estético devolviéndole la dignidad y el derecho a la vida. El alma se nutre de la escritura, el cuerpo del placer. El poema está lejos del miedo, este, de la vergüenza. 

 

En otras entregas Belli apelará a la miel como el sabor de la resistencia femenina frente al dolor. “De huesos triturados esparcidos por el tiempo” el poema “Poda para crecer” nos invita a “Escarbar la esperanza en la desesperanza, buscarle a lo amargo el conocido, presentido, sabido, sabor de la miel.”

 

“…El linaje de la miel
no le importa a la abeja.
Su oficio es recolectar
el alma del verano…”

 

El poema “El pedigrí de la miel” de Emily Dickinson, podría tener, al menos, dos interpretaciones. Una, referida al reconocimiento de las personas desde la igualdad. Esto sugiere, distanciarse de cualquier preconcepto sobre el estatus o la riqueza como la forma más natural de salvar nuestro lugar en el mundo. Tal como lo haría la abeja. A ella no le importa el linaje de la miel, ni le interesan las jerarquías. Su trabajo es transformar en dulzura el verano que se crea al interior de las flores. Luego, entregarla como un regalo para la humanidad. Ese es pues su honor.

 

La segunda interpretación se refiere al valor de lo que llamamos humanidad que debiera estar presente en esa capacidad de transformar la fragilidad en compasión. La abeja sabe que su existencia apenas es tocada por el tiempo. Por eso dispone su miel como el oro más refinado para el alma y el cuerpo.

 

En su versatilidad, la miel va bien con el azúcar o la sal, con el vinagre o el picante. Suaviza sabores, aligera texturas. Basta dejar el tarro sobre la mesa para que su brillo cálido se enrosque en la boca como una ceremonia que acuna la vida. Del mismo modo, su néctar se transforma en palabra. No intenta cambiar el sentir, solo permanece paciente para que el alma la interiorice y la devuelva al mundo como materia poética. Y de todas las formas, siempre alivia la herida.

 

Querida lectora: sea cual sea su experiencia más íntima de la vida, deje que la miel le hable gota a gota como si la acabara de descubrir. Permítase la libertad para, en un acto de paciencia y curiosidad resignificar en su dulzor sus propias memorias. Tómese el tiempo de contemplarla, sentirla, dejar que su espesor fluya en cada espacio de su alma y prepare su propia receta. Esta es apenas una de tantas que la miel inspira.

 

Receta:

 

Ingredientes:

 

Una cucharada de miel,

Silencio en abundancia,

Un rayo de luna o de sol o de fuego.

También sirve una gota de lluvia.

Preparación:

Cierre los ojos; respire en cuatro tiempos; expanda su pecho, contenga el aire, suéltelo con suavidad; deje que los hilos de la miel caigan, uno a uno, lentamente hasta tocar su lengua. Sienta cómo sus notas, cálidas e incesantes se despliegan sobre la piedra tibia de su paladar. Ahora susurran como un eco tibio en la campanilla de su garganta. Permita que recorran sus lamentos, que despierten sus tardes densas, que abracen su humanidad de un modo casi maternal. Luego, sienta cómo su mundo toma forma de manera misteriosa, como la bruma entre los arbustos. La dulzura de su néctar basta.

 

 

 

 

[1] Comunicadora Social, especialista en Comunicación Organizacional, Magister en Ciencia Política. Interés en escribir sobre la comida como elemento narrativo en la literatura y como arte simbólico de la memoria social.

 

 

 

Publicado en Literatura y etiquetado , , , , , .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *