Por Elías Medina
Todos hemos escrito versos alguna vez, no son pocos los poemas que han perecido en un cajón oscuro, quizá porque nos ha parecido que no son dignos de ser leídos por alguien más, porque nos avergüenza nuestra mala ortografía o porque no tuvimos el valor necesario para confesarle nuestros sentimientos a ese amor adolescente. Todos guardamos cadáveres debajo de nuestras almohadas, montañas de poemas que si se reunieran en libros llenarían los estantes de la mítica Biblioteca de Alejandría, pero que nunca conoceremos. En eso reside parte de su belleza: son un vistazo rápido al Edén por la cerradura de una puerta que nunca se abrirá.
Siempre he creído, más allá del lugar común, que todos tenemos la capacidad de volar, metafóricamente hablando, pero pocos nos atrevemos a dar el paso en falso. Leer también es volar, por cierto. La capacidad de experimentar dolor es común a todos los seres vivos y por ende a todos los seres humanos, por lo tanto, la capacidad de experimentar la belleza también lo es. Siguiendo esta línea de pensamiento, el ser humano es un ser artístico, tanto como un ser político. El arte, materia de los sueños, es un músculo más o menos ejercitado por cada uno de nosotros, pero presente en todos, por eso decimos que cualquiera puede escribir poesía. Mas un poeta que se digne de serlo debe superar esa línea entre quien escribe aficionadamente y quien se profesionaliza y, ojo, no digo que no haya talentos enormes sin entrenamiento, sino que un escritor, un poeta, debe exigirse calidad a sí mismo. Esto es a lo que llamamos oficio.
No es secreto que tengo malas relaciones con Canuto Roldán, quien junto a Lía García La novia sirena, cooptaron el Eslam Cuir, a través de prácticas colaborativas desleales en las que capitalizaron beneficios y me marginaron del proyecto que yo mismo había fundado. Desde luego, no lo hicieron solos, tuvieron el respaldo del Circuito Nacional Poetry Slam y, más específicamente, del colectivo Poesía y Trayecto, quienes tienen larga experiencia en aquello que de forma coloquial llamamos pirañeo de proyectos. Afortunadamente, cada día más personas se dan cuenta del tipo de estafadores que son.
Punto y aparte. No pretendo ser imparcial con aquello que nos convoca hoy, no tengo por qué, pero sí quiero advertir al público lector desde dónde escribo. Esta semana llegó a mis manos un “fanzine” de Canuto Roldán, mi primera impresión fue arquear la ceja, ya que lo conseguí en la icónica librería Utópicas; de hecho, al principio pensé que era un libro, pero la ilusión se disolvió en mis manos cuando me di cuenta que era otro panfleto mal armado de Poesía y Trayecto.
Me explico, desde hace más de diez años este colectivo ha recibido presupuesto público para hacer proyectos culturales, pero no se ha visto traducido en productos de calidad, este “fanzine” —lo digo así porque es un insulto a la riquísima cultura de publicaciones independientes— se trata de 5 hojas de papel bond tamaño carta, impresas por ambos lados, dobladas y engrapadas en una portada cuché de mala calidad. El “fanzine” físicamente es un despropósito que por cincuenta pesos nos da una de las más mediocres muestras de poesía queer escrita en nuestros días. Una poesía casi tan mala como la de Sergio Téllez Pon, aunque este al menos pone cuidado en sus ediciones.
Quizá lo más destacado de este “fanzine” sea la fotografía de la portada, la cual estuvo a cargo de Lalo Mixu. La Contraportada estuvo a cargo de La reina de las pájaras y luciría un poco si el “fanzine” no estuviera tan mal guillotinado, (se ven todavía las líneas que sirven de guía). La edición estuvo a cargo de Karloz Atl, no debe sorprendernos su esquema de trabajo endogámico, sino la mala calidad del mismo. Uno pensaría que con el paso del tiempo mejoraría, pero la relación experiencia-calidad de trabajo es inversamente proporcional. No hay oficio de poeta, ni de editor.
En cuanto al contenido, el texto incluye seis “poemas” con sus respectivas traducciones al inglés (la audacia), en ellos el autor habla de la lengua como una posibilidad de diferencia, habla también de las relaciones asimétricas de poder entre lo queer y lo heteropatriarcal y se pronuncia en contra del academicismo y el colonialismo. Posicionamientos y temas que hemos discutido y celebrado en otros autores. Los problemas en la pluma de Canuto Roldán no son pocos. Para empezar, no parece que estemos leyendo poesía, sino un pronunciamiento político a secas, de hecho, si integramos todos los “poemas”, les quitamos la estructura de verso y se lo presentamos por primera vez a un lector, sin duda lo identificará como un discurso político.
Pasa con la “poesía” de Canuto Roldán algo que he criticado mucho del Poetry Slam, la mayoría de los “poetas” escriben textos pensados para su representación escénica, donde juegan aspectos como la pronunciación, la interacción con el público, el performance, la histrionización, etc., pero el texto “por sí solo” no sobrevive en el papel, se cae, necesita las muletas del performance para producir un efecto estético en el público. Esto sucede con este “fanzine”, carece de metáforas, hay algunos juegos lingüísticos rebuscados y, esto es una debilidad de Canuto, son repetitivos. Cualquiera que haya presenciado los performances de Roldán podrá convenir conmigo en que todos sus números pecan de parecido, más allá de que compartan temática. La pobreza de recursos escriturales de nuestro autor hace de esta propuesta una lectura plana, aburrida, repetitiva y decepcionante, tomando en cuenta que estamos ante la obra de alguien con la trayectoria de Roldán, la cual no ha carecido de espacios, presupuestos y difusión. Una estafa.
Un querido profesor de la Facultad de Filosofía y Letras nos comentó alguna vez que el buen crítico literario debía mencionar las fortalezas y las debilidades de un texto por igual, en este espacio he tratado de seguir esta premisa. He mencionado las bondades de los libros aquí analizados y un par de observaciones bienintencionadas sobre algunos aspectos que pueden, o no, ayudar a pulir. Sin embargo, ante este texto de Roldán, me parece que lo mejor que podemos decir es que contiene poemas que cruzaron el umbral del cajón, que llegaron a la impresión y pueden inspirar a otros a sacar sus poemas de la caja de recuerdos, porque todos tenemos derecho a la poesía, aunque no todos puedan llamarse poetas.
No creo que haya madera de vate en nuestro autor, sin embargo, creo que su experiencia estética es legítima, que incluso los malos poemas merecen un lugar en nuestra biblioteca y quién sabe, quizá alguien encuentre la veta de oro entre sus versos. Yo recomendaría a Roldán y a aquellos que han dudado de sus propias letras que lean y mucho, que escriban y mucho, que reescriban, que se obsesionen y llenen la papelera de hojas hechas bolita, porque la frontera entre el cielo y el aterrizaje forzoso es muy delgada. Desde luego, deben leerse estas opiniones como las de alguien que guarda un sincero, pero profesional, resentimiento hacia el autor, en cualquier caso, ustedes mismos pueden hacerse un criterio leyendo su trabajo. Por todo esto nuestra calificación para este “fanzine” es de 1/5.

Tremenda crítica, pero necesaria. Hay tan malos “poetas” como buenas intenciones, y qué mejor que Diego Medina para darle hasta con la sartén retórica del bien hacer. Buen texto crítico. Gracias 🙏