El Método de Maximiliano Peralta entre la poesía y la necedad de seguir en pie

Por Diego Medina

 

Llega a mis manos un poemario que brilla en la oscuridad, que me recuerda a esos días terribles en que fui joven y secretamente feliz. No es un poemario nostálgico, sino un poemario atravesado por el dolor, por la carencia, por la crisis de la salud mental, por la incertidumbre y por el amor, todavía puro propio de la juventud. No pretendo con esto juvenear a Maximiliano Peralta, por el contrario, he de decir que hay en sus versos una fuerza evocadora que ilumina la palabra noche.

Este poemario está dividido en 5 actos y un epílogo, a través de los cuales descendemos en la frágil salud mental del yo lírico, en este sentido, se nos presenta como un descensus ad inferos. Sin embargo, la caída no llega a la locura. La esperanza, el amor de Leonardo, a quien está dedicado el libro, y el aprendizaje anclan al yo lírico en el barranco, no lo dejan caer, aunque no lo puedan traer de vuelta. ¿Quién no ha sentido el vértigo de permanecer suspendido en el aire? Mas a pesar del ambiente opresivo en el que se enmarca este poemario, hay momentos luminosos, de metáforas que redondean lo que las antecede: “y el alma, esa cosa. / Esa trampa de luz rebotando dentro de una botella rota, / que llamé “yo” por falta de precisión”, en este sentido nos encontramos ante un texto excepcionalmente lúcido ante la crisis que enuncia.

Hay también versos que son salvavidas, sin ellos, hay que decirlo, algunos poemas vagarían como muertos vivientes entre las páginas de esta opera prima, pero justamente, salvan esos fragmentos y les dan el aire necesario para que el milagro siga en marcha: “Es absurdo no enamorarse / de algo tan indefenso” o “Todo lo que sé es nada. El cuarto de Tula le cogió candela. Pero fue ella quien se quedó dormida y no apagó la vela. Eso, pero en mi cabeza. Y cuando inevitablemente estoy en llamas, entonces pido ayuda y me molesto por la demora. Y si estoy siendo demasiado críptico, permíteme sugerir una sacudida”. Hay en la pluma de Maximiliano Peralta una virtud de la que pocos gozan, considerando el último censo de poetas, y es que logra construir atmósferas con apenas el trazado de unas cuantas líneas y/o versos. Que, por cierto, hay que agregar que la obra no sólo está dividida en 5 actos, sino que salta del verso de arte menor a la prosa ensayística y de ahí a la diégesis con singular facilidad. Aunque tiene sus bemoles, desde luego.

Como todo poemario que roza la muerte con la punta de los versos, la propuesta de Peralta tiene momentos sublimes en que hay espacio para el Eros, no por eso menos cercano a lo efímero y caduco, por ejemplo: “El cuerpo. / Tu cuerpo. / Cada una de las partes / que lo hacen completo. / El lenguaje. La lengua. / La cadera. / El cuello. / El hombro. / La intersección / donde colisionan el uno con el otro. / Muñecas, / manos, / punta de los dedos / deslizándose con gracia sobre un cuerpo ajeno: / mi cuerpo.  […] la saliva el sudor la orina (tibia), / la mente el estímulo el sexo, /la última perla blanca y salada cayendo sobre mi carne. / La visión / el ineludible paso del tiempo dando factura a un senil tú, y un senil yo, / el comedor, el sedán, la eterna devoción de nosotros. / Es compartida”. No tengo dudas de la madera de poeta que ostenta Peralta, por eso cuando digo que su poemario es evocador no puedo sino pensar, no necesariamente en mí, sino en todos los jóvenes de hoy, de ayer y del porvenir. Leer los primeros poemarios de aquellos que tienen el duende, en términos lorquianos, es como estar abatido por el aburrimiento en el mismo antro de mala muerte de siempre, hasta que ponen la canción del verano y alguien entra a la pista de baile por primera vez. La noche renace, así como la poesía renace cuando un poeta publica su primer libro (y conste que me refiero a los poetas de verdad y no a los sofistas vestidos de versadores).

No obstante, no todo es miel sobre hojuelas, aunque hay versos de indiscutible valor, facilidad para crear atmósferas densas, imágenes poéticas muy plásticas y poemas muy bien logrados, también hay momentos en que nuestro autor se entrega a la divagación filosófica, no concreta metáforas, deja sin redondear ideas y en un par de ocasiones dichas divagaciones rozan peligrosamente la prosa de autoayuda. No quiero decir con esto que estemos ante un mal libro, sino que es necesario que nuestro autor trabaje más el pulimiento de algunos pasajes de su obra y es que, como lo sabrán los viejos lobos de mar, es más difícil quitar que poner. Pero estos pecadillos sin duda son parte de la formación de Peralta y sabrá sacarle brillo a su desbordante pluma. Mas aun con estos nimios peros, Método es un libro que inaugura dignamente la carrera literaria de Maximiliano Peralta. Así, por todo lo dicho anteriormente, nuestra calificación para este libro de indiscutible valía en la literatura queer mexicana es de un sólido 4/5.

 

Invito a los lectores y entusiastas de la joven literatura queer mexicana a hacerse de un ejemplar en la preventa que la editorial Abismos ha puesto en marcha a través del siguiente enlace: 

https://loslibrosdebataille.com/products/el-metodo?variant=48844935168256&fbclid=IwY2xjawSclk9leHRuA2FlbQIxMABicmlkETFqRGhsUWp0bjA1TmJJSFY1c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHhauXGRItNhuHKl_w3-ATwi0EpE_Arq9RRz4cGdFmhgZGdrjKH410nUh5qFh_aem_eCLdDv9oKu9fjNhNRfvXLw

 

 

 

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