Por Diego Medina
La antología de cuentos de Fernando Yacamán me fue recomendada por diversas amistades, algunas especialistas en literatura gay, otras a las que el libro les llegó por mera casualidad, sin embargo, todos coincidían en que era un libro que disfrutaron a plenitud. Cosa rara cuando los críticos y el gran público comparten puntos de vista. El cuento que le da título a la antología es mi segundo favorito, “La virgen del sado” cuenta la historia de un encuentro sexual en una vecindad, las descripciones hipotácticas de Yacamán crean una atmósfera densa, algunos amigos decían que consideraban que la estética de la novela rosaba los linderos del realismo sucio.
Estoy parcialmente de acuerdo, es cierto que este cuento, y otros, desarrollan sus historias en espacios marcados por la violencia, la indigencia, la marginalidad, la pobreza y las drogas, sus personajes están atravesados por las adicciones, las experiencias paranormales-místicas, el furor y la ansiedad, pero hay cuentos como “Sapo” y “Uróboros” que se sustraen de estas constantes.
Por un lado, “Sapo” tiene un componente fantástico mejor trabajado que en “Zafra” y “Noche menguante”, sus personajes pertenecen a una clase social más favorecida que los del resto de la antología y lo sórdido es más bien delicado, por otro lado, es cierto que hay cuentos como “La virgen del sado”, “Noche menguante” y “El libro rojo” que abundan en escenarios marginales, pero incluso entre estos cuentos hay diferentes registros. Por ejemplo en “La virgen del sado” seguimos la historia de un encuentro sexual sadomasoquista con componentes místico-psicotrópicos, mientras que en “El libro rojo” la historia se centra en un par de jovencitos en pleno descubrimiento sexual que se enfrentan a un suceso paranormal.
En todo caso la versatilidad de Yacamán para conjugar sus temas: erotismo, homosexualidad, lo paranormal, lo psicotrópico, lo poético y lo marginal, es evidencia de una voz pulida. También, es necesario decirlo, hay textos que me parecieron más bien prosa poética, pero no por eso menos interesantes. Una cosa que llamó mi atención es la recurrencia de las imágenes relacionadas con las serpientes, los cráneos, la noche, las estrellas y la frase, repetida en al menos dos cuentos, de que el techo se va a caer. Sin embargo, estas recurrencias no son redundancias, sino un espíritu de la obra: un leitmotiv.
Me permitiré divagar, me llama la atención esta cosa tan mexicana en la que el eros va más allá del thanatos, pienso en Pedro Páramo, en Aura, en Noticias del Imperio, entre otras, en las que los personajes tienen encuentros carnales con fantasmas, brujas, recuerdos y visitaciones, historias que trastocan la realidad y permiten que lo imposible suceda. Algunos cuentos de Yacamán bien puede reclamar esta tradición, sin que ello signifique renunciar a sus personajes y espacios marginales, violentos y sumamente reales, incluso sucios.
Este libro no decepcionará a sus lectores, el precio es de 150 pesos, de hecho se trata de la segunda edición bajo el sello de Ediciones Periféricas, después de este tiraje la obra sólo se imprimirá bajo pedido, lo que puede incrementar sus costes, así que aprovechen que Somos Voces tiene todavía algunos ejemplares. Para la portada está a cargo de Fabián Chairez (no parecen ser pocos los libros gay que ha ilustrado nuestro pintor). En cuanto a los materiales debo decir que son de premium, excelente maquetado. (Encontré dos errores de dedo en el texto, pero son cosas que se perdonan). Mi calificación es de 4/5.
