Huerto La Grieta: rebeldía y acción colectiva[1] 

Por Ximena Cobos Cruz

“Nada humano me es ajeno, bien.

Nada Utópico me es ajeno, súper bien”

M.S.P

 

El pasado 5 de mayo se inauguró el Huerto La Grieta en la colonia San Lorenzo, de la alcaldía Iztapalapa, como un proyecto cuya consigna principal es rearticular a los habitantes de una comunidad cuyas calles se han transformado con los años en espacios de violencia e inseguridad. Es importante recordar que justo en el sitio donde está ubicado pasa una falla geológica que ocasionó, en 2007, durante una noche de lluvia torrencial, que el enorme agrietamiento de más de 50 metros se agudizara causando una fractura en un ducto de PEMEX cuya consecuencia fue un derrame de gasolina que convirtió las áreas aledañas en zona de guerra, por ello, con dicho nombre se busca revivir no el evento traumático en sí, sino la fuerza, la solidaridad y la acción conjunta que los vecinos tuvieron en aquellas circunstancias lacerantes. Creemos necesario unirnos más allá del espacio compartido, revertir los procesos naturales que la vida en la ciudad ―donde habitamos nuestras casas o departamentos sólo al regreso del trabajo al que se sale muy temprano― encarna en circunstancias tales como nula comunicación entre vecinos, desconocimiento total de sus profesiones, sus nombres y hasta de sus rostros, en suma, una vida comunitaria escindida. Dice Robert Ezra Park que “la ciudad está implicada en los procesos vitales de las personas que la habitan”, bajo esta idea, la creación de un huerto comunitario abierto a todo aquel que desee sumar manos para trabajar la tierra y participar en los procesos de cultivo de los cuales se verá beneficiado pone en marcha una transformación no sólo del entorno, sino del ánimo con que los habitantes aledaños a este foco verde transitarían.

Es momento de parar de negar que el diseño de las ciudades ha de dejar de obedecer cuestiones funcionales sólo de manera política ―principalmente en lo referente a accesos y salidas adecuadas para los elementos de seguridad que detentan el monopolio “legítimo” de la violencia­­­­­­―. Aun cuando el trazo de las colonias periféricas haya sido fincado casi espontáneamente, la readaptación y el reaprovechamiento de espacios en abandono son clave para el mejoramiento de la vida de quienes día a día despiertan con ruido de patrullas, ambulancias, balas que detonan a lo lejos y miedo de transitar por ciertas calles y avenidas. No simplemente porque la calidad de vida esté relacionada a la tranquilidad y la seguridad, sino porque con espacios como el huerto, que buscan convertirse en focos culturales gratuitos y gestados desde la propia comunidad, un cambio en la consciencia y las aspiraciones de las personas puede ser posible, de manera que, si bien no se elimina la pobreza, al menos se cultiva el espíritu y la consciencia posibilitando un impacto a futuro que haga que las nuevas generaciones se impulsen con mayor deseo hacia un nivel educativo más alto y no hacia la adquisición de dinero fácil incursionando en actividades delictivas.  

Frente a esta idea, nuestra reacción ha sido inaugurada con el Festival Son de Barrio que trajo talleres que buscan reactivar la imaginación de niños y adultos adormecida por el uso de tecnologías, como el Taller de GIF análogo que impartió el artista gráfico César Granados, mejor conocido como Astrochavo, egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, cuyo fundamento es explorar las posibilidades de nuestra mente de crear una imagen viva bajo los principios de movimiento y velocidad, a través de la elaboración de dibujos que representen dos momentos que se unan en secuencia. Asimismo, el Taller de mosaiquismo, que dio el compa José de Jesús Pérez, nos mostró que esta actividad no sólo se trata de trabajo con las manos y de reciclado de materiales, sino de la magnífica idea de concretar una imagen mediante pequeños fragmentos de color y formas diversas. Contamos también con el Taller de barro a cargo de Arvid, artista plástico y vecino de la zona, que propone el trabajo de este material para obtener artículos funcionales para el hogar tales como platos, macetas, vasos o cazuelas. Además de las actividades artísticas, la Asociación Civil Gestión Social para el Desarrollo Humano y Comunitario, en representación de Massiel López y Christian Monroy, se sumó con el Taller de protección de datos personales, de gran importancia para que los niños sepan qué medidas tomar durante su uso de internet, así como para alertar a los papás sobre los cuidados que se deben tener con los hijos en los espacios virtuales. Además, durante nuestra jornada artístico-cultural, la Liga Espartaco, proyecto autogestivo conformado por estudiantes de la UACM-SLT, organizó un torneo de fútbol que buscaba reavivar las clásicas cascaritas que de niños muchos gozaban al atardecer, saliendo de la escuela, los fines de semana, en las vacaciones eternas de verano y que, lamentablemente, los niños ya casi no disfrutan porque las calles les han sido negadas ante el ambiente hostil que prima en los barrios. Por ello, con César Romero, estudiante de Modelación Matemática en la UACM, como árbitro, arrancó este torneo más simbólico que competitivo, uniendo a niños y niñas en risas, goles y festejos.   El cierre del evento estuvo a cargo de la compañía de teatro Bla bla bla y Etcéteras, bajo la dirección de Aarón Joe Aviles, con la obra Oig, oig, oigi, ¡allí viene el lobo! y la participación musical de Folie Carademona, quien con una guitarra rocanrolera puso a aplaudir y a mover manos y caderas a los niños que felices disfrutaban el caer de la tarde, el viento y el olor a humedad que alertaban la lluvia que se avecinaba para calmar el calor de todo el día.

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La Ciudad de México en sí misma es ya un espacio en el que fluctúa surrealistamente la alta cultura, las universidades que son más semilleros de ésta y la vida en el barrio que genera tradiciones, las mantiene, las transforma o hasta las rompe sorpresivamente con la llegada de nuevos vecinos, porque tanto la migración diaria que hacen los habitantes del Estado de México para trabajar, como el establecimiento de gente de provincia en las colonias periféricas es un fenómeno que no ha dejado de ocurrir y que, a su vez, produce una hibridación de prácticas culturales que suelen estar desaprovechadas al ser conocimiento acallado. Si más personas nos sumamos a los proyectos comunitarios los saberes tendrían la suerte de conservarse a través de la enseñanza a las generaciones de niños y jóvenes. Porque son ellos quienes necesitan mejores espacios de los que les hemos entregado penosamente, negándoles la convivencia y la libertad con la que todos crecimos en comunidad. Justamente, es en la comunidad donde el individuo se construye después del espacio más cercano que es la familia; es el semillero de la construcción de una voluntad orgánica que, de acuerdo con Morales y Abad, son el conjunto de tendencias básicas e instintivas que dirigen la acción desde dentro, por tanto, debemos tener presentes que la educación de los niños y niñas no se da sólo en las dos instituciones que consideramos pilares: familia y escuela; por el contrario, la comunidad como espacio y como conjunto de personas aportamos e influimos en la consciencia individual y en la construcción de identidad. De tal manera que apoyar y participar en la reapropiación de espacios para volverlos funcionales, como el Huerto La Grieta, reconfiguran la realidad en la que los niños habrán de ser educados.

Por otra parte, Park reconoce que “la ciudad es el intento más coherente y en general más logrado del hombre por rehacer el mundo en que vive de acuerdo a sus deseos más profundos […], indirectamente y sin ninguna consciencia clara de la naturaleza de su tarea, al crear la ciudad el hombre se ha recreado a sí mismo”, es por ello que quienes ponemos en marcha el proyecto del Huerto La Grieta no buscamos tan sólo beneficiar a los habitantes de la zona como si aquellos a quienes nos referimos fueran entes con los que nada tenemos en común, estamos movidos por un deseo auténtico de constituirnos en grupo como agentes de transformación social, porque no queremos mudarnos hacia espacios “modernizados” donde la gentrificación obedece al capitalismo rapaz que margina a los más desfavorecidos. Si Park estaba en lo cierto, subraya David Harvey en Ciudades Rebeldes, la cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede separarse del tipo de individuo que queremos ser; así, construir el huerto en comunidad implica seguir construyéndonos a nosotros mismos como actores sociales, y aplicar parte de nuestro saber teórico por el que nos hemos construido ideológicamente, pues creemos que de nada sirve una teoría sin praxis y menos aún erigirnos como intelectuales en un pedestal que no aporta nada a la realidad concreta en que vivimos. Este proyecto no es una ocurrencia, tiene sus bases en todo un trabajo previo de Ángel Mancilla, vecino que creció y vive en la zona, quién desde hace varios años está activo con proyectos comunitarios que buscan mejorar el entorno y la calidad de vida. Con tal ejemplo, e impulsados por nuestros propios ideales, nos sumamos Alonso Mancilla, Ximena Cobos, Arvid Salinas y Lidia Zúñiga al trabajo de limpiar y preparar el terreno que es hoy el huerto, pues estamos incómodos con el entorno y las políticas de embellecimiento que sólo aplican capas de pintura y no consideran las necesidades reales de las personas, así como de las teorías que se ven superadas una a una sin generar un impacto real y permanecen sólo como discursos que miran a los sujetos de estudio como meras estadísticas y datos, que los objetivizan sin considerarlos sujetos capaces de hallar soluciones a sus problemas así como de transformar su entorno y su propia realidad. Por ello, decidimos inaugurar el Huerto La Grieta buscando que deje de ser un espacio ajeno a todos los vecinos y en su lugar se convierta en un sitio de convivencia, acción y rebeldía.        

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[1]Agradezco a Amaury Cobos Cruz por creer en mis acciones hippies y donar el mezcal que simbólicamente fue entregado a los talleristas como la moneda que no compra nada, pero alegra el espíritu. Además, agradecemos infinitamente a aquellos que colaboraron con nosotros y cooperaron para que esto fuera posible: Jonathan Lagunes, Dana García (Lunita), Juan Pablo, Angélica Mancilla, Christian Jiménez, Rodrigo Mancilla, Janethe Sánchez y a todos los vecinos que participaron y disfrutaron con nosotros.

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Un comentario

  1. ¿Dónde se puede contactar a l@s integrantes del huerto, algún correo electrónico y/o teléfono? Estoy interesado en su iniciativa como parte de mi trabajo de campo. Gracias.

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