Ana Chig (Los Mochis, Sin., 1974) poeta, editora, creativa gráfica y gestora cultural. En 2012 funda y dirige la revista mensual de poesía Frontera Esquina y Nódulo Ediciones. En 2015 y 2016 formó parte del jurado para el Premio Nacional de Poesía Tijuana. Actualmente es beneficiaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Sinaloa (PECDAS 2024-2025). Ha publicado: La noche sobre el rostro (2010), antología de poesía “La Ciudad, encuentros y desencuentros”; (2016), Estanques de Arena (2022). Su obra se incluye en antologías nacionales, internacionales y en revistas electrónicas e impresas.
Pedwest San Ysidro
¿Hasta cuándo he de esperar tu vuelta, como si volvieras
de tiempos lejanos, desde remotas y extrañas tierras?
María Polydouri
Camino la noche que me he inventado
cruzo el Pedwest San Ysidro,
retorno por el breve puente de La Línea,
emerge la cegadora estructura del Easy Park.
Hay un camino de luces en la ciudad,
lejanos y sombríos apartamentos,
esbeltas torres de concreto
que apenas dialogan entre sí.
La noche en Tijuana
es como un gran yonke asediado por el fuego,
un repositorio de sustancias en veda,
duro gesto no olvidado de cierto desencuentro,
«The Nearness of You», baby… cuesta ser así,
Red Garland, tuvo que sitiarse también en alguna esquina de este lugar,
púgil de manos de oro, dijo alguien,
«Round About Midnight» y un trago de Whisky en el bolsillo.
Somos pugilistas de palabras, la fuerza alienante del egoísmo,
el combate continuo de contradicciones,
heridores –al– fin de la gran bestia amorosa de los días.
La galería sin título*
Visto el día transcurrir, ayer también fue la noche.
Una hilaza trazando la ruta centenaria,
el Centro y su vieja panadería, un swap meet en ruinas,
la estación de bomberos erigiéndose
como crepúsculo nocturno —en la memoria.
Lo inmediato de una proyección fotográfica induce el
pensamiento,
ese instante de quietud y silencio adentrándose en el sigiloso
paso del tiempo.
Hay nubes, otros mares, rostros, vacíos, acentos extraños,
el olor a esmalte reptando en altos muros que nos rodean,
una agenda que principia en este marzo.
Camino sujeta a un brazo que se oculta
remolcando promesas inscritas en sus pasos.
Una acera limpia y luminosa en la calle Séptima,
la confusión del juego en la cantina, humo, cigarro,
fútbol, papas fritas, invariable: una Corona en la calle Sexta.
Siempre se vuelve al sitio del recreo, y resulta imposible
quedarse quieto entre las formas y cuerpos violentados,
en la instantánea hora de la eterna galería sin título
que es la ciudad y sus imágenes habitándonos.
*Del libro Estanques de arena, Editorial ISIC, 2022
Somníferos marinos
Cómo es el agua de mar que se trae en la memoria
ese mar destemplado, ensombrecido, maligno
que arrastra diminutos anzuelos con restos descarnados,
hilos de marfil que se deslizan como vivientes seres acuáticos
el mar que busca amar, ese carguero de la infamia,
los somníferos marinos y dos o tres cuchillos inmóviles
que observan cierta luz en el arenal de mi desnudez.
