árbola almendra | Poesía

La almendrona o egombegombe (Ciudad de México, 1999) es una árbola lesbiana tropical de densa sombra y roja madera, de hojas grandes y ovaladas. Da frutos en forma de vulvas verdes. Al envejecer, su follaje se aplana, formando un jarrón. Hija de Zoraida y nieta de Manuela Tiburcio, que tenían mecedora de almendrona en casa, para resistir la humedad de su territorio costero veracruzano. Ésta árbola almendra es tejedora, bordadora, poeta y acompañanta de procesos comunitarios de mujeres y niñas. 

 

 

 

Manglaras simétricas

octubre, 2024

Nos dijeron que no nos parecíamos.

 

Pero nos recuerdo a nosotras

igualando el grosor de nuestras pieles

reubicando lunares

abogando por la simetría.

¿Qué somos, sino análogas,

                                                 cuando es el músculo interno de tus piernas

                    lo que me impulsa cuando nado en costa?

 

Te recuerdo a ti

a nosotras

anudadas en la mecedora

contando el tiempo.

¿Quién, sino tú, la que le dice al silencio

                                         todas sus memorias vinculadas

                                                                                     con el dolor?

 

Toda una vida

se mapea en el tejido interno

de la fibra entrelazada

de nuestros cabellos rizados.

 

¿Quiénes sueñan, sino nosotras,

                                           en la dignidad de las pestañas que

                                                 cuidan nuestros ojos, que protegen

                                 nuestros sueños?

Te recuerdo

resguardando pájaros heridos

alimentando iguanas abandonadas

en medio de suradas.

 

Te recuerdo

siendo protectora de lo correcto

cuidando de las criaturas

que no pueden defenderse.

¿Quiénes, sino nosotras,

                que te defendemos de

                            la herida humana, de la llaga al árbol caduco?

 

Y encajamos la una en la otra

como corteza que envuelve árbol.

                                  Una corteza con lesiones naturales.

                                  Un árbol talado.

 

¿Quiénes somos, sino nosotras, nuestro propio lugar sagrado?

Cuando te recuerdo

con la piel untada en aceite de almendras dulces

miel en nuestros labios

y amatistas en mi brasier.

 

Yo digo que si nos parecemos.

 

Tú eres la manglar que resguarda a las animalas en la tormenta

y yo soy la bagre

                            y yo soy la tormenta

y tú eres la testiga,

                             que lo contempla todo.

 

 

 

Insulina húmeda

marzo, 2025

Si hiciéramos un mapa

de la celulosa de mi cuerpa,

si le preguntáramos a mi insulina

su recuerdo primigenio,

nos marcaría como origen

el territorio nombrado Yanga.

había unas manos con cien callos    No.    había treinta manos negras con cuatrocientos callos de memoria que cortaban caña de azúcar plantas de pies que cruzaron el municipio de Tamarindo dejando atrás árboles de copal

¿Qué habrán sentido ustedas, mujeres cimarronas, en aquel gran segundo desenraizamiento? ¿De pasar de vida húmeda a supervivencia seca y luego a libertad tropical, húmeda nuevamente? ¿Su cuerpa habrá recordado y reconocido, se habrán sentido seguras de nuevo entonces? ¿O las habrá asustado el abrazo de espina del más reciente árbol, la ceiba?

 

Zoraida nació en un poblado del sector cañero azucarero, que se resiste a morir.

Hace unos años le dijeron que era diabética por el estrés, nosotras llegamos a la conclusión que eran sus células en fandango.

Si le preguntáramos

al páncreas de mi mamá

porque está en huelga

nos diría que la diabetes significa

caminar     a través de     andar       pasar     transitar

y que por eso baila.

Nos diría que es así cuando las células endocrinas prefieren morir que cortar caña a mano otra vez.

Allá dicen, que el miedo fue un importante vehículo propiciador de la esclavitud.

no el suyo cimarronas es el de ellos al suyo cimarronas porque saben saben que su miedo moviliza es el miedo a su propia fuerza a su propia memoria cimarrona y su propia inteligencia vegetal que marca indicios y que mapea visiones en sus tramas neuronales

Si le preguntáramos

a mi dolor de estómago secreto

qué debo hacer

para dejar de sentir miedo

miedo al miedo

al desenraizamiento

de raíz de agua

miedo a ver de nuevo

lo que la estancia obligatoria

al territorio del sueño vegetal

le hace a las mujeres

qué debo hacer

en medio de una hipoglucemia

me diría que siga el indicio

que haga un altar fresco de mi boca

que muerda acuyo

que tranque la memoria

No.

que rehabilite la memoria

que no me olvide

que sienta la escara de la úlcera verde

que rememore a las infecciones bacterianas

que calcifique el recuerdo

que haga de mí mandinga pluvial

que me resguarde

en cada parte cóncava de mi cuerpa

Nos habremos reconocido entonces, a su llegada.

estábamos nosotras ella y yo volviendo a compartir sueño ritmo circadiano a dormir en la misma cama como lo hacíamos antes entre mis almohadas infantiles mientras a unas cuadras una joven ceiba resguarda mis recuerdos contabiliza con sus ramas espinosas nuestros miedos y los pudre con su humedad histórica ancestral aquella que trajo consigo desde la costa y a unas calles la pata de vaca un árbol de insulina cuida nuestros sueños leguas a la redonda

 

 

 

Cultivo matrilineal

(Poesía en voz alta: deja que la voz atraviese tus oídos aquí) 

  agosto, 2024

La ceniza empieza en la historia del fuego.

Alza un brazo, trenzado de extremidades, baile de anticipos, te arrastra a la candela, nos engulle a ambas.

La tierra empieza en poro,       abre y cierra,           bienvenida la semilla.

Aquí pon, ven y aquí pon           el mensaje, el recuento.

Fuimos muchas, en mi médula están las instrucciones de esta trama,

bebe agua aquí, enraíza allá.

El oxígeno desinstálalo del mar        y úsalo.

Imagina, con ojo abierto, la absorción de la humedad en este marco climático.

Aprende a emplear esta estructura,     casa de hojarasca,    cama empapada.

Ya miro desde el cielo, alcanzo nube y miro abajo, ya tengo fundamento.

La raíz adopta la banqueta afuera de la casa y desde ahí alcanzo a mirarte desde la ventana, mientras costureas la falda, calientas la olla de peltre azul oscuro que me gusta tanto. Veo cómo te encierras en tu cuarto

Nos veo llegar,           comparto la historia del fuego,          me crecen frutos.

La almendra, drupa ácida, tómame, me doy la bienvenida

Convierte el ánimo de la tierra,      el propio ánimo,      escucha a la corriente sanguínea.

Mi capa ha sido dura, mi adentro fruto seco

Me hago mecedora, me pudro y nazco de nuevo.

La humedad empieza con la historia del viento.

Estamos aquí, desde el inicio de los tiempos.

Te veo y recuerdo la necesidad que llevo adentro,        por la que me reconcilio.

Déjame la llave abierta, compárteme lodosas emociones

Escribe en mi corteza         y regresa.

 

 

 

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