Aura Guerra | Poemas

Selección de Donde cae el polvo
(Buenos Aires Poetry)

 

 

 

La niñez creció en mi piel

y cumplí la edad en que se desangran los pájaros 

al desplomarse del nido.

Heredé el síntoma ancestral de la tristeza:
papá murió

y me dejó sus lágrimas,

brotaron desde la tumba

hasta llegar a mi cuerpo.

Intento quedarme en casa

inventar una enfermedad impronunciable, reconocer que la oscuridad

me devoró de noche 

y quedé incompleta.

Muero de madrugada y nace el pánico, toca limpiar mi cráneo de culpas,

empapar de clonazepam

la nube en que floto

y plantar jazmines en mis cenizas.

 

 

 

Una mariposa

estrelló contra el vidrio de mi cuarto. 

Sentí

su muerte.

 

Sus alas —pétalos en declive—  me recordaron que la belleza

desaparece con la violencia del

golpe más leve.

 

Las alas no saben cuánto

tarda una en volverse libre.

 

Deshacen,

como yo,

sin haber aprendido

a regresar del peso de la tierra.

 

 

 

Heredé el mal de mi padre

el embrión de la muerte callada  es raíz

y rompe la firmeza de mis pasos.

Una cicatriz nos ata,

la tristeza es un peso 

que no puedo soltar

y espesa mi sangre.

La sombra compartida 

es infección antigua

que espera en silencio

para devorar mi suerte.

 

 

 

Esta noche, la añoranza y la asfixia son lo mismo
un perfume que me busca

y esfuma si lo hallo.

Cada muerte, una canción,

cada dolor, una voz,

piel que añora caricia

y rasguña lo perdido, 

y no cesa,

como grieta que se expande

en el concreto.

El miedo 

pasa su lengua por mi espalda

y deshace mis raíces.

Soy árbol partido por un rayo

capaz de arrancarme del suelo,

donde la noche se convierte en océano
y no hay puerto,

solo la profundidad que devora

lo que intento hallar

y la asfixia de la noche

que crece, 

como la oscuridad misma.

 

 

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