Por Jacqueline Campos
Mi hijo de 14 años me dijo: “Parece que no te has movido, ayer te vi sentada tecleando, era media noche… ahora me preparo para la escuela y te veo en la misma posición, tecleando con la cara cansada ¿no dormiste?”. Dormí pero muy poco; como muy poco es el tiempo que le he dado a mi hijo, a mi esposo y a mi gato en estos últimos nueve meses asociados a mi nuevo rol de estudiante de posgrado. Nueve meses en los cuales parece que solo los veo a la distancia. Me siento dentro de un escuche, como una muñeca dentro de una caja de cartón con el frente de plástico transparente por donde la muñeca ve el mundo sin pertenecer a él, esperando a que termine el tiempo de estar en la caja. Estoy fijada a una silla del comedor donde leo y tecleo, desde ahí alzo la mirada para verlos de lejos y les digo adiós por las mañanas, tardes y noches. Hasta mi gato ha sufrido la falta de tiempo y atención, se han reducido las caricias, las cepilladas y los baños con agua tibia; él aprendió que está de más maullarme…yo ya no soy quien atiende sus necesidades; ahora parece querer más a mi esposo.
¿Usted tiene ideas románticas de la escuela? Si nos detenemos a revisar el significado del constructo escuela, quizás encuentre elementos similares a los míos… Caminito de la escuela apurándose a llegar, con sus libros bajo el brazo, va todo el reino animal…me cantó mi madre incontables veces, mientras me preparaba para ir al kínder; al cantarme caminito de la escuela pretendía exorcizar mis temores, la ansiedad y el miedo a la separación; quería hacerme sentir que la escuela era un lugar bueno, cómodo, seguro y agradable, donde iba a ser feliz, porque me tratarían bien, haría amigas y amigos, la maestra me enseñaría cosas importantes y me trataría bien. La escuela es un buen lugar, donde tienes que estar y donde vas a ser feliz…La canción caminito de la escuela se lanzó en 1963, pretende asociar la escuela y el proceso educativo con algo emocionante, bueno y agradable, donde todos los que van a la escuela y hacen la escuela son buenos.
Otra idea romántica asociada a la escuela la encontramos en las películas protagonizadas por Mario Moreno (1911-1993), conocido con el personaje de Cantinflas, que continuamente se transmitían en la televisora con mayor poder de transmisión sobre las audiencias mexicanas. Estas películas estrenadas alrededor de 1950 a 1972 reflejan una época donde se idolatraba el rol del que enseña (profesor, maestro, docente y todos los demás sustantivos) y el poder transformador que puede experimentar el sujeto que deberá de ser educado.
Claramente se observan una relación de poder, del que sabe en relación con el que ignora, del que tiene el poder de evaluar un proceso educativo que implica la construcción de conocimientos que suceden al interior de la mente del sujeto que pretende aprender o pretende aprender un plan de estudio que no tomó en cuenta las necesidades y situaciones particulares del sujeto que quiere aprender. El rol del que enseña, es decir el profesor, docente, maestro, pedagogo y demás sinónimos tiene el poder de emitir una etiqueta cuantitativa para representar un proceso cualitativo que sucede en el cerebro del que aprende.
En este proceso de evaluar las capacidades y conocimientos del otro, hay una zona obscura donde se ejerce el poder; los que tienen el poder de evaluar lo hacen sobre ciertas creencias y etiquetas preconcebidas, matizadas por los sentimientos de agrado o desagrado que tiene sobre el sujeto que van a evaluar.
¿Se podría identificar o haber escuchado frases o situaciones similares a éstas? Sé que no le caigo bien, me mira feo, me evita la mirada, siento su rechazo, no me da tiempo para explicar, parece no querer entenderme, tiene prisa y no me deja hablar, solo quiere que haga lo que me pide, no acepta debatir o dialogar sobre ese criterio que estableció, no está abierto a escuchar o aceptar mis propuestas para participar proponiendo mi propia forma de evaluar mi proceso educativo…, pide a los demás que me evalúen y me asignen un número y una etiqueta sin que ellos conozcan mi trabajo y mi proceso de aprendizaje. Cuidado si difieres y lo expresas, si dices una opinión diferente, si no sigues el protocolo que pidió, si hablas y dices lo que piensas sobre el juicio, etiqueta o “recomendación” que te hacen los que sí saben… lo tomarán mal, será una herida a su ego, una ofensa a su saber doctoral o magisterial, te tendrán entre ceja y ceja y se vengarán, te van a poner más obstáculos, más trabas, más barreras, te darán menos tiempo del que te daban para conocerte a ti y a tu proyecto de aprendizaje o de investigación. ¡Cuidado, te van a hacer sufrir! Hasta que exprimas tu capacidad de resiliencia o hasta que desertes del posgrado.
Porque obtener un título de posgrado es un privilegio, no cualquiera tiene su maestría o doctorado, hay que sufrirle, chingarle, el que quiera azul celeste que le cueste. El cien es para mí y para Dios. Tú que pretendes aprender y te vas todos los días al caminito de la escuela, apurándote a llegar, con tus herramientas de aprendizaje bajo el brazo, tú que vas con los demás animales al matadero…a la escuelita de posgrado, piénsatelo dos veces, por muy enfoque intercultural en la educación que pretendan tener, donde se debe incluir a los otros en una horizontalidad, donde los otros que llegan al proceso educativo también llegan con sus saberes y conocimientos que deben de ser valorados, porque no vienen sin saber, sin ignorar, llegan con un valor en sus conocimientos previos; donde el enfoque intercultural debe de incluir y tomar en cuenta a todos sin etiquetas sociales, en un ambiente de seguridad y bienestar propicio para la interrelación, la interacción y la producción en conjunto del aprendizaje…
¡Cuidado! Piénsate dos veces expresar tu opinión, tu visión, tu experiencia, tu necesidad de expresarte en tu singularidad y defender el valor de tu proceso de aprendizaje o de tu producto académico logrado con tu esfuerzo, porque el esfuerzo no se valora, no se ve, es subjetivo; solo se valoran los criterios de la rúbrica del que tiene el poder de asignar un número cuantitativo a algo que no conoce a profundidad de ti, con seguridad tú eres uno de muchos estudiantes y tu trabajo esta dentro del mar de trabajos de otros, y no te van a leer y comprender como quieres ser leído y comprendido (si cuando quieres hablar, tampoco te dan tiempo para escucharte y entenderte….menos a tu texto en el mar de textos, cuando mucho te van a leer superficialmente, buscarán las faltas de ortografía y puntuación, y si cumpliste con las normas de APA7; porque eso es más fácil de detectar y ahorra tiempo. Por eso el cerebro del que tiene el rol de enseñar por eficiencia tiene la tendencia de completar la información que ignora de ti, llenándola de lo que sabe ti, por lo que vio o escuchó de ti en algún momento de la interacción contigo. Por eso, por la influencia subjetiva del agrado o desagrado que le provocas te va a etiquetar y evaluar cuantitativamente.
Como dice Eufrosina Cruz en su libro Los sueños de la niña de la montaña, yo también estoy en la lucha de arrebatarle a la vida un grado académico dentro de una Universidad financiada por el Estado. Arrebatar es un verbo transitivo asociado a alguien que realiza algo, para obtener algo que no le están otorgando ¿Pero el derecho a la educación se tendría que arrebatar? ¿En el proceso educativo es necesario que los estudiantes arrebaten a los docentes sus derechos a una instrucción humanizada, sin abusos de poder a razón de su posición jerárquica? ¿Por qué las Universidades que declaran aplicar los conceptos derivados de la epistemología latinoamericana, propician el abuso de poder de sus autoridades académicas (docentes, administrativos y directivos, sobre los estudiantes)? ¿Por qué los docentes y directivos académicos se les dificulta manejar la disidencia de los estudiantes, es decir la expresión formal de un desacuerdo? ¿Por qué se les dificulta estar abiertos al diálogo que tanto recomendó Paulo Freire en el siglo XX.
¿De dónde viene la idea, el paradigma, el estereotipo de que los estudiantes tienen que sufrir para lograr su grado académico? Tenemos ideas románticas de los centros educativos, pero en las escuelas hay violencia y discriminación, las personas que tienen los roles con posición de poder son los que suelen ejercer ese poder sobre los que no tienen ese rol y poder. Cuando sufrimos experimentamos un estado de malestar psicoemocional que podría derivar a estados de malestar físicos; luego entonces, suelen sufrir quienes reciben la agresión o la violencia de alguien con un rol de poder, en un contexto específico.
Lo que describo y afirmo existe como parte del multiverso de las escuelitas, centros educativos y universidades de todo tipo, incluyendo a las nacidas de la lucha contra lo hegemónico, lo colonial y eurocéntrico como productores del conocimiento principalmente valioso. Esto que expreso sobre la posición del papel que desempeñan los que tiene el rol del que sufre y el que hace sufrir en el contexto escolar, que compete al que tiene el rol de poder para “enseñar y evaluar” y a los que deben de “someterse” para ser trasformados por el proceso educativo y sus docentes.
¿Has notado similitudes en tu experiencia educativa? ¿Algo de lo que he descrito te resuena? En la cultura de la educación de posgrado también impera el estereotipo del estudiante que debe “aguantar con resiliencia, las agresiones y violencias silenciosas de aquellos con poder dentro del sistema escolar. Subtipo de violencia en el contexto académico que aún no está nombrada y luego entonces, reconocida y estudiada como tal.
Porque en el romanticismo de la escuelita como un ambiente bueno, cuidado, agradable, donde seremos felices y es por nuestro bien, el que debamos dejar nuestra casa y distanciarnos de tiempo, conexión y experiencias con nuestros seres queridos…en búsqueda de algo mejor para nuestro futuro y luego entonces el de ellos; en el romanticismo que cargamos en nuestras ideas primarias de la escuela (del proceso transformador, reformador de la educación en nosotros) es que los maestros son buenos y tiene la razón, hay que hacerle caso a la maestra o al maestro, aunque sea borracho, aunque te vea los senos, aunque no te de tiempo para escucharte o conocerte, aunque te hable mal y no se aprenda tu nombre, aunque no lea con detenimiento tus trabajos, no permita un dialogo contigo para entender tu proceso de crecimiento en los temas abordados. Siempre debes de respetar a la maestra o el maestro y más si es doctor o doctora, porque ellos son los que saben y el grado académico lo confirma, no te atrevas a disidir, a romper el protocolo, no provoques o des pie a un diálogo que no te pidieron, ni quieren darte, no seas rebelde, no pienses diferente y mucho menos lo expreses, entiende que aunque tengas la edad, los saberes y el conocimiento para hacerlo y con razones justificas…no tienes el derecho, porque si en la escuelita todo es bonito y los maestros también, y si estás ahora en el rol de estudiante, parte de tu papel es aguantar, aguantarse, sufrir sí, pero en silencio, que no se te note, que no se enteren, si resistes, si te acostumbras al maltrato… serás resistente, resiliente y te saldrán callos, con suerte y esfuerzo tendrás tu maestría o tu doctorado, entonces sí podrás expresarte, mandar, controlar, juzgar, etiquetar, ordenar, imponer, evaluar, etiquetar, complicar, ignorar, callar, darte el lujo de hacer sufrir…mientras tanto, calladita te vez más bonita.
Psc. Jacqueline Campos (Mérida, Yucatán, 1976), radico en Baja California donde soy activista a favor del empoderamiento de las mujeres en situación de desventaja social, realizo diversas actividades de voluntariado en asociaciones comunitarias que representan a mujeres con cáncer, madres con hijos con discapacidad y en situación de violencia; y soy radialista en la radio XEQIN. Soy esposa, madre de un hijo adolescente y ama de casa de tiempo completo; con el tiempo que me queda soy estudiante de posgrado y escritora. Mi gato se llama Chilaquil Jim Morrison (se adjunta foto).
