Por Nancy Medellín
I
Si buscamos en el diccionario de la RAE, sabremos que espacio proviene del latín spatium y se refiere a la extensión que contiene toda la materia existente, el universo, el cosmos. Pero también es un lugar específico, una zona, la distancia entre cuerpos o el transcurso de tiempo entre sucesos. Escribo sobre el espacio que ocupa mi cuerpo.
II
A pesar de añorar una casa amplia y con jardín fui buena amiga de espacios pequeños durante mi soltería, mi departamento tenía lo necesario. Mi área de mayor utilidad era la de mi habitación porque en ese mismo ambiente coexistían otras, recámara, estudio, trabajo, santuario personal, micro spa, baño y clóset.
Según el feng shui, cierto orden y armonía brindan serenidad y paz mental. Si a esto sumamos algo de técnica en dibujo y diseño, parece surgir un proyecto interesante. Fue lo que realicé mientras habitaba ese lugar para poner mi propio sello.
III
En principio todo en mi recámara estaba acomodado funcionalmente, como un organigrama clásico, todo dentro de sus cuadritos, de modo que mi vida cotidiana ocurría sin contratiempos y con un flujo de actividades más o menos rutinarias, sin que esto afectara mi cotidianidad. Qué más podía hacer si no tenía responsabilidades con otras personas en mi casa más que conmigo misma. Y allá afuera, con mi trabajo.
Hacer lo mismo todos los días tarde o temprano comienza a inquietar a una mente enérgica. De pronto aflora el disgusto, el aburrimiento; cierta incomodidad por repetir la misma historia todos los días. Es común que incomodidad y aburrimiento igual que ocurre a infantes desencadenen un fastidio más permanente. Pero es más interesante saber que de ello puede derivar una oportunidad creativa o desarrollo de ingenio, entre otros impulsos positivos. Así comenzó a ocurrir en mí. Ahora que lo recuerdo, me sucedía también siendo niña. Tuve pocos juguetes, de hecho casi ninguno, y cómo las hojas del árbol de aguacate de casa pasadas por barro y agua se convertían en chuletas. Si nos ponemos atentos, podemos desarrollar soluciones, engrandecer proyectos, inclusive cambiar rumbos.
Fue mi caso, yo albergaba una desazón interior y notaba cómo se iba acumulando al pasar el tiempo. A pesar de que todo estaba arreglado y dispuesto para funcionar bajo una agenda organizada, surgía lo incómodo. Creo que así somos las mentes inquietas, de vez en cuando necesitamos ajustes ante esa inquietud y esto puede ser por dentro o por fuera, o ambos.
[Pausa necesaria: Suelo hacer intervenciones disociadas en mis textos, me cuesta sintetizar, tal como a veces me ocurre cuando hablo y, reconozco que puede ser desesperante para otros, por eso lo pongo entre corchetes, por si acaso, lectores, desean saltarlo. En este caso quiero decir que mi propio texto me está gatillando un recuerdo y, me dan ganas de tomar un lápiz de tono tierra, dibujar una línea alrededor de todas las letras que justo ahora, imagino en un lienzo gigante y esa línea que dibujo está formada de minúsculos puntos con poemas de Aspiraciones de la clase media, libro de Brenda Ríos. Es porque me releo y al escucharme, me descubro dentro de ese libro, como si fuera perrito de la pradera bajo tierra, en su propio túnel. Es toda la intervención, tal vez no es tanto intervención disociada, tal vez debería des encorchetarla].
IV
En mi recámara, que era casi mi mundo completo dentro de casa, tenía ubicado en un mismo lado el área de estudio, zona laboral y cama. También ahí se apilaban etéreamente mis preocupaciones, sueños, remolinos mentales y delicadeza. Ahora, lo sopeso y miro cómo los extremos se tocaban tornándose una mezcla extraña, un gris que pudo ser blanco y negro. Tan fusionados estaban que me levantaba soñando con dormir y me acostaba con mi mente llena de asuntos sin resolver.
La zona central del cuarto era pequeña, una oquedad o vacío que me invitaba a dormir. Era raro, sentía ese lugar tan propio y hasta entonces no le había dado ningún uso particular, quizá porque en mi mente tenía la idea de que era como una calle o área común por donde forzosamente hay que transitar para llegar a diferentes destinos. Así era ese hueco, simbólico, me incitaba a rellenarlo de algún modo. Por lo pronto mis ansias e imaginación desordenada lo ocupaban de vez en cuando, ambas sin terminar de verterse por completo allí, tal como palabras que brotan de mi mente y plasmo aquí, a veces desordenadas, otras bien alineadas en la página, constantemente en búsqueda de fluidez al ser leídas.
En una esquina de la recámara había una puerta que daba a un cuartito, era el guardarropas que para mi gusto fue construido con una visión práctica pero estrecha. Contaba con entrepaños en la parte baja y un amplio espacio arriba cuyo límite era el techo y justo ahí, otro vacío, literalmente cuadrado. Ese minúsculo rincón desataba mis miedos, inseguridad, oscuridades. Parecía que ahí se concentraban apartados en una esquina en lo alto, casi inalcanzables e inasibles, escondiéndose donde nadie pudiera verlos solo mi osadía y yo. Qué paradoja, esto dinamitó mi mente de diseñadora. Pensé en la estrechez de visión del arquitecto porque a partir de mi análisis y a ojo de buen cubero, habría sido simple adaptar una escalera para llegar a la zona más alta y volverla eficaz. ¿Cómo sería una escalera para llegar a mis miedos y a mis oscuridades? ¿Qué pasos tendría que dar yo u otra persona para acceder a ellos? Me surgían esas preguntas. Si observamos con cuidado, en la vida usamos escalones que llamamos estrategias para alcanzar metas o sueños, esto nos facilita el avance y accionar para lograr propósitos, objetivos. La situación de ese vacío escondido que guardaba cosas sumaba razones a mi inquietud.
[Otra intervención: Al leer mi texto encuentro que mezclo absolutamente todos mis aprendizajes, gustos o experiencias, por ejemplo, feng shui, administración, dibujo y diseño, psicología y teoría psicoanalítica, planeación estratégica, yoga, meditación. ¿Seré un caos? No lo sé. Sigo]
V
Las sensaciones de amontonamiento, rutina y estrechez y mis reflexiones al respecto que se iban haciendo recurrentes, poco a poco decantaron en una sencilla pero profunda restructura del lugar, por tanto, significativa. No tuve problema en hacerme cargo del compromiso que eso significaba, sabía que era conmigo y si esa restructura fallara nada perdería, todo sería ganancia, en último caso, experiencia. Pensaba que como en la vida, podemos convertir en aprendizaje aquellos actos propios a partir de la automotivación, así sería este reacomodo. Compré un libro, Feng Shui habitación por habitación, con la mente puesta en mi época estudiantil cuando cursaba mi materia de diseño de interiores o composición. Qué fabulosa es la combinación de arreglar espacios a través de la ciencia y técnica, usar medidas, orientar y agregar el toque yin del Feng Shui: Colores, símbolos, elementos de la naturaleza, ritual, armonía.
Comencé por derribar pequeñas barreras o salientes, obstáculos que salían al paso mientras me desplazaba, como las jaboneras y azulejos rotos del baño. Taladro, tornillos, taquetes y clavos en mi mano desplazaron entrepaños del clóset hacia arriba. Dejé espacio generoso en el cuartito para incluir estante, espejo de cuerpo entero y hasta arriba, un portaequipaje. Pinté sus paredes de color claro para iluminar el área, cambié lámparas a luz clara y cálida extendiéndome hasta las paredes de la habitación.
Además hice tres cosas más que fueron definitivas: Instalé un biombo negro entre cama y área laboral y estudio, coloqué un ara en la pared y aproveché la oquedad del piso para practicar yoga.
El área se volvió una inspiración para meditar, era una repisa de vidrio en la pared con ménsulas plateadas, sostenía una espada bañada en oro, vela e incienso que encendía a la hora de yoga y meditación. El cambio de mis pensamientos y emociones fue progresivo migrando hacia una calma y fluidez.
El uso de tonos claros, la práctica de respiraciones profundas y el descanso apropiado fomentan un estado de tranquilidad, estado necesario para aliviar mente y emoción y paulatinamente abrir una puerta a un ciclo virtuoso, de bienestar. El entorno físico fue mi punto de apoyo para permitir ese pequeño éxodo de sentimientos y emociones sin dejar de lado mi voluntad, un aspecto determinante en tal proceso. No recuerdo quién dijo, “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, pero creo que tenía razón, se pueden hacer muchas cosas cuando utilizamos ese principio de palanca.
[Nota: No recomiendo en todos los casos el uso del principio de palanca, en específico apalancamiento financiero. Aunque sabemos que se basa en el mismo principio, es riesgoso en muchos sentidos, sobre todo porque las instituciones que otorgan créditos se volvieron perversas, cobran altísimos intereses y pueden terminar estrangulando las sanas y/o austeras finanzas personales. O a la misma persona. Vivir eternamente endeudado o apalancado debe ser una especie de estrangulamiento].
Quedaba por ver qué ocurriría luego a la remodelación del clóset el cual se transformó en clóset vestidor. El feng shui sostiene que regularmente hay energía estancada en los lugares que habitamos. Movemos pocas veces las cosas de su sitio y la disposición no siempre es armónicamente organizada u orientada, entonces al comenzar a fluir la energía, en lo físico se destapan cosas que así lo requieren, simplemente truenan y/o se rompen. Los estudiosos y practicantes de este arte oriental aseguran que esto ocurre principalmente en tuberías de agua o estructuras débiles que terminan por vencerse. Me hace sentido pues por las tuberías es donde se mantiene el flujo de lo líquido, ahí es donde algo puede desbordarse o se puede tronar aquello que lo contenga, las estructuras sólidas deben ser más difíciles para demolerse o tronar, a menos que la construcción de estas contenga puntos frágiles o toda sea frágil.
En un sentido físico, el reacomodo y restructura del clóset me costó más que las otras áreas porque moví piezas de lugar y derribé pequeñísimos bordes de muro y trocitos de madera que antes sostenían entrepaños. En fin, derribé, resané y pinté.
VI
Junto a la serenidad lograda, el resto de mis emociones se pusieron a prueba. Por ejemplo, mi relación de pareja terminó por esos días. Se dio el paso para derribar, romper y sí, ésta quedó vencida ante el reinicio de emociones y energía. La sensación de pisar descalza en días fríos y lluviosos no fue cómoda pero viví con naturalidad el rompimiento. Se dice y es verdad que igual que en una empresa bien organizada, la restructura de procesos, objetivos y horizonte conlleva cambios y, las personas integrantes de esta quedan incluidas en esa transformación, se adaptan o si no, salen disparados de la estructura. Esta remodelación de closet me trajo lo mismo, como habitante del departamento fue imposible excluirme de ese torbellino de cambios.
Finalmente, de acuerdo con el estado de mis emociones pienso que un factor importante fue el biombo. Había separado dos zonas más o menos contrarias pero complementarias: el trabajo-estudio y el descanso. Necesitaba dar solo un paso para estar en una de ellas y había un contraste entre el significado de una y otra. Desde que ese panel tuvo un sitio como separador, me parece que cada cosa encontró un límite en dónde acomodarse sin privar de espacio a todo lo demás. Esto me trajo paz, afiné mi concentración, mis ideas y mi sensación final fue de agrado y calma.
No cabe duda, el espacio, en general reducido pero bien acomodado y pulcro, potenció los sueños ahí concebidos, mantuvo y estimuló mi autoconfianza y motivación. Abrió paso a un flujo de actividades más flexibles sin perder el hilo articular. La inmersión en el concepto feng shui aplicado a una reorganización lo más armoniosa que pude hacer y mi propia licencia de experimentar todo cuanto sucedía y, al mismo tiempo, conectar con mis conocimientos técnicos, me otorgaron mayor fluidez de emoción, pensamiento y reflexiones que iban derivando del proceso.
[Creencia nueva: Proceso que vuelto un río sigue su cauce al infinito].
Eso no duró tanto tiempo, después pasé a otra esfera vital: El matrimonio, pero esa, es otra historia por contar.
Nancy Medellín (Monterrey, México) escribe poesía, ensayo y prosa narrativa. Tiene estudios formales en administración y psicología laboral y positiva. Ha publicado reseñas literarias, narrativa y poesía en revistas y medios digitales como Hipérbole Frontera, Ediciones Morgana, Voz del Narrador y Anfibias Literarias. Forma parte de las antologías poéticas Representar lo femenino (UNAM, San Antonio Texas, 2024), La Bestia Indócil (Ediciones Morgana, 2024), es una de las veinticinco ganadoras del segundo concurso nacional de poesía de la Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas (FENALEM) y forma parte de su Antología 2024. Sus textos siguen en proceso de
construcción, entre otros su libro Ultramar.
