Kiersten Jungbluth | Poemas

Kiersten Jungbluth. Licenciada en Literatura por la Universidad de las Artes de Ecuador. Sus poemas han sido publicados en antologías poéticas de editoriales latinoamericanas como Entre espinas y versos de la editorial Komala y Manías de la mente de Ediciones Converso. Además, ha participado en recitales de poesía organizados por el Municipio de Guayaquil y en librerías locales. Actualmente trabaja como docente de español.

 

 

 

La primera vez que el aire te sostuvo

Mantuviste la respiración

tanto tiempo como fue posible

—tenías miedo

y no sabías por qué.

Imaginaste palabras

bellas e infinitas

enredándose en medio del aire,

e intentaste masticarlas

hasta disolverlas por completo.

Te preguntaste

cuánto pesa un alma al abandonar

un cuerpo,

si se lleva consigo los recuerdos

y qué es lo que haría con ellos.

Intentaste recordar, también,

la última vez

que tus dedos tocaron algo blando,

algo que hayas podido estrujar

hasta quedarte sin aliento.

Contaste tus dedos

de las manos

y alineaste todas las estrellas

sobre tu espalda erguida.

Permitiste que tu peso atraviese

toda superficie en su camino,

en la larga espera vertical.

Intentaste ubicar el principio

del dolor y del deseo,

y repasaste sus huellas

sobre tu piel nebulosa.

Pensaste

que te encontrabas en medio

de un lugar nunca antes descubierto,

—que era así, tal vez,

como debía sentirse, finalmente,

suspenderse.

 

 

 

En algún rincón de mí se ciernen todas las posibilidades

Esta noche paseo

por la suavidad,

los bordes lisos de la memoria.

No busco sino recrear,

reinventar,

respirar de nuevo ese aire.

 

Conjeturo el origen del tacto

con un silencio azul

enredado en el cuerpo.

Un gesto

que circunda la mente

es también una cruz.

 

Lo que conozco ya no existe.

Me encuentro por fuera

de mí misma,

pero mi pecho insiste:

el amor es un instante fluorescente.

 

Sostén esto entre tus manos:

todas las palabras

que no alcanzaste a pronunciar

han quedado enterradas.

 

 

 

Debajo de la sal se esconde el milagro

Sobre esta arena reposan las células,

la piel muerta, la sal y la espuma.

En medio de cada grano florece

un acontecimiento luminoso

que se despide al nacer.

Mis huellas no son solo mis huellas,

sino el rastro de cada ser

cuyo peso ha marcado esta superficie.

En la lisura previa, las criaturas del mar

duermen,

reposan, sueñan con días dorados.

Materia que se bifurca

caudalosa y ferviente

ante la imposibilidad del horizonte.

Las mece durante toda la noche

una ola azul,

en la larga estación de la espera,

antes de borrar su recorrido—

las señales,

esa prueba única

de que algo más

 estuvo allí.

 

 

 

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