Manifiesta de las señoras que bailan a pesar del dolor en las rodillas
Por Natyeli Montiel, Piligrosa, Vanessa V. Lizárraga Juárez, Arlette Luévano, Victoria Pantoja Campa, Paola Flores Miranda, Luz Guerrero, Odeth Osorio, Tania Martínez Suárez, Cristy Quiroa, Oli Guarneros, Soledad Díaz Vázquez, Claudia Fragoso Susunaga, Alejandra Olson, Jacqueline Campos y Ximena Cobos Cruz.
Primer acto | Aparecer
Somos un río
ruge, canta
caudal de soles
mar entero de disidencias
tejido inconmensurable
que se hace y deshila en la soledad y la dicha
de mirarnos respirar unas a otras
Estamos naciendo a la libertad que no era nuestra
que no se articulaba en femenino
que no se nos nombraba
tuvimos que darnos a luz a nosotras mismas
en un mundo caótico que se abre para engullirnos
seguimos aquí, haciendo frente a la violencia
bailamos entre las horas de la pérdida
sabemos de resistencia
hermosa rabia
fuego
sin cumplir expectativas ajenas
e x i s t i m o s
Segundo acto | placer y rebeldía
viva la pausa
el descanso
la creación y las amigas.
Viva nuestro arte, nuestra poesía que hace temblar
al patriarcado, lo arrincona y acobarda
aunque quiera siempre aniquilarnos
en todas las etapas de la vida.
Quisieron quitarnos todo
también el amor y la ternura
No esperaban el acto de fuerza que nuestras cuerpas
emanaron…
semillas somos || semillas fueron nuestras madres
abuelas, tías
semillas plantamos
semillas
que al mundo mejoran, porque les dimos la palabra con fiereza,
atraemos la calma, la fuega interna se nos ilumina
no hay maquillaje o mascarilla que nos apriete más
la risa, las tetas, las piernas cansadas de bailar por años.
Mujeres de hoy, ¿señoras? o SEÑORAS,
el tiempo nos acompaña como una sombra
nos aconseja, nos determina y nos termina
de manera inquebrantable…
No obstante [suspiro]
arremetemos contra todo lo que nos han dicho:
decrecimiento, pérdida, deterioro, enfermedad
arrancamos palabras que no nos representan
pues vivimos con fuego por dentro y por fuera.
El cuerpo, con su piel, sus órganos y sus funciones
lo escucha y sin pensarlo, obedece y atiende
las arrugas, la piel que cae, la menopausia
marcan un cambio de estación como del otoño
al invierno, blanco, frío y hermoso
Pero contra todo invierno nos colocamos abrigos
nacemos nuevamente a la ternura de la calma
la comodidad
la paciencia
el tejido, las hamacas, los zapatos sin tacones
Recobramos placeres y creamos nuevos
acontecemos a la edad como la edad acontece a los árboles y las ballenas
Pero no creemos en la condena inmediata de la muerte
Con serenidad y remembranza de lo sucedido
de la vida que nos ha acompañado
con seguridad y sin reproche de lo decidido
con amores y odios apasionados
Seguimos…
Y sentimos el placer de regalarnos tiempo para nosotras,
para hacer o no hacer, solo tiempo para nosotras.
Nos regalamos rebeldía envuelta en miles de formas
como no pintarte el cabello y no elegir la prenda que le guste a los otros, solo elegir la que te guste a tí, no “lo que mejor te va”. Las señoras pueden vestirse de negro en primavera si así lo desean.
Las señoras pueden salir en short o con playeras de gatitos o vestidos vaporosos,
Porque las señoras P U E D E N…
Tercer acto | Voces profundas que emergen
Una declaración en frecuencias bajas,
como canto de ballenas:
Nosotras, las señoras que gozan,
las que vibramos debajo del ruido
que nos movemos lentas y profundas
sabias y tercas
[cetáceas]
que llevan siglos de deseo en el lomo,
no envejecemos para desaparecer;
habitamos el tiempo, señoriamos
con cantos graves, largos
Gozamos en ritualitas pequeñas. Nos han dicho:
el gozo caduca
que hay fecha de vencimiento para el deseo
que hay que bajar el telón
–Pero el gozo es subsuelo, caverna y canción sumergida–
/canícula eterna, maremoto de piel y huesos, diversidad de las edades/
No hay línea recta en nosotras,
hay curvas, flujos, grietas luminosas
pasamos de un tiempo a otro,
de un océano a otro
entre las olas, las eras geológicas
y las compras del mercado
Somos señales acústicas,
frecuencia baja que atraviesa el tiempo y enseña
cómo un cuerpo se mueve en olas y con memoria
Podemos ejercer rebeldías cotidianas, aquellos actos que podrían ser considerados nimiedad, pero que desahogan cargas y hacen ligeros ciertos días sin sentir ansiedad o culpa por dejar los platos sucios, la terraza sin barrer o alargar la siesta, comer un postre antes de la comida o decir no, simplemente y claramente NO, sin culpa.
Una rebeldía suprema de las señoras es echar a la hoguera cremas, operaciones, ejercicios, pastillas, fajas, maquillaje y filtros. Reímos fuerte mientras vemos cómo los mandatos se desvanecen. Nos tomamos fuerte de la mano y anunciamos que la potencia no está en el botox, está en nuestra experiencia de transitar este camino juntas.
Reclamamos nuestro derecho a nombrarnos o no, señoras. A que esa palabra no nos marque en relación a otros, a si tenemos descendencia o marido, o cómo nos vemos. Que las mujeres del futuro puedan decidir si ser señoras o inseñoras
si desaparecen la palabra y crean una nueva que nombre
las edades del vientre, la cadera, la piel y los huesos que sostienen
Las señoras que somos ahora crecimos con la exigencia de cuerpos extremadamente delgados
por eso hoy decimos fuerte, sin temor a equivocar una palabra, sin que nos falten letras
con toda la rabia de cuerpas hermosas y extendidas: nadie nunca volverá a ser señora
con la preocupación de la dieta o midiendo calorías…
Somos aquellas que rompen con lo que no quieren ser
sabedoras de los placeres de su cuerpo
conocedoras de fórmulas mágicas para aceptarse así como son.
sin miedo al qué dirán
sin temor al silencio
con aprecio por las arrugas en la piel
y los bordes de la carne
Provocadoras del placer propio y del ajeno
confiadas en los poderes
de sus cuerpas experimentadas
de sus clítoris tintineantes
de sus vulvas pródigas
[*Pausa*]
Una mujer que carga recuerdos que la alegran y otros que quiere destrozar (es señora)
Mudanzas del alma, despedidas y fracasos que pueden oscurecer la visión.
La luz emerge en cuanto puedo sacudir los prejuicios que me atacan.
Esos que me dicen: “Estás vieja”; “No podrás levantarte otra vez”; “Marchita”;
“Vaca de desecho”, “No has sido suficiente”.
Puedo dejarlos atrás, puedo quitarme las ideas de que una mujer se debía a su hogar y a su familia.
Puedo dejar atrás el haber entregado mi tiempo a empresas que un día me dijeron:
“Ahora nos enfocaremos en las jóvenes”.
Puedo florecer otra y otra vez… no soy planta monocárpica.
Florezco en cada estación, en colores distintos, en tamaños distintos.
Con que una parte de mí sobreviva estoy lista para renacer.
[Segundo suspiro]
Las señoras de hoy reclamamos nuestro derecho a ser consideradas personas en crecimiento, inacabadas, vivas.
Tomamos la imperfección como estandarte de la libertad.
Hemos domado “la falta” (lo que dicen que “nos falta”) hasta tenerla echada a los pies como una perra mansa, carente del poder de amargarnos las miradas que aún titilan en las noches y las caminatas
en la espera de hijos
en la fila de las tortillas
mientras trapeamos el pizo al ritmo de una cumbia interminable
Las señoras de hoy reímos a carcajada suelta, con la boca bien abierta y el rostro libre de contenciones que obedezcan al cumplimiento de cierta estética.
Las señoras de hoy conocemos a nuestra señora oscura y la invocamos para defender nuestra inocencia.
No somos indefensas.
Cuarto acto | disyuntiva
Ser señora o no señora, this is the question, entre ropas que no nos acomodan y tenis coloridos, amor por las botas y calzado cómodo,
entre brotes de placer embravecido, marcas de algas con que se rozan las ballenas
Las que somos ahora, señoras / no señoras, miramos a las mujeres del pasado
escudriñamos en sus ropas, sus vestidos, sus olanes
y hallamos no sólo la memoria de lo que nosotras rechazamos
conciliamos con saberes de las cuerpas que no paran: autonomía de las edades
agallas de mujeres que sostienen la vida
y brotan en las fiestas
tomando pulque divertidas, a risa abierta, carcajada de mujer sin pena
/memoria de una hija que se crece/
Las “señoras” de hoy caminamos las calles, atravesamos los mares
Nos hacemos compañía después de una noche, vino e historias, de baile y alegría
[Segunda *pausa*]
La palabra “señora” está sucia, me peleó con lo que contiene.
Su viscosidad aumenta porque condensa el desprecio hacia las mujeres no jóvenes.
No decirla no basta.
Nudos, hilos torcidos, hilos rotos, es preciso limpiar cada letra y tejernos otra vez
esta palabra u otras nuevas.
Tenemos el poder de sacudirnos lo que nos pesa, de salir de donde nos ahogamos.
Podemos ser plenas.
No definirnos en relación con los hombres.
Ampliar nuestros referentes.
Mujeres saliendo de la ética del dolor y la carencia.
Vamos al placer, al gozo, a la presencia, consciencia y plenitud.
Fuertes para construir comunidad.
Bellas, primero y ante todo, para nosotras mismas.
Mujeres infinitas mostrando nuestra idea propia de ser adultas envejeciendo.
Quinto acto | la memoria
Respetando a las ancestras dialogamos con ellas y tomamos lo mejor de ellas.
La medicina, el canto, el volver al cuerpo.
En el ir creciendo supe que:
tampoco está mi lugar entre los hombres, me encuentro con las hermanas.
Escucho su canto y bailo con sus ideas.
El tiempo se fusiona para caminar hacia el futuro.
Hembras que envejecemos dejando la función reproductiva biológica para reproducir nuestro mundo, nuestros sueños y para acompañar desde nuestra humanidad.
Cuerpos con memoria que se sacuden el dolor y buscan respirar, sentir la lluvia
paladear las palabras que han ido juntando año tras año
las que inventaron con fiereza de animalas que resisten a toda señal de inexistencia.
También buscan labrar, crear y construir sus sueños.
Sueños y deseos que quedaron en el camino al perderse en el agradar, en el cumplir, en el encajar en un mundo roto.
Podemos ser señoras, pero sigue coexistiendo dentro de nosotras una versión de la niña, la adolescente, la mujer jovén y adulta que fuimos; y en determinado momento, la señora que somos con su sabiduría dejará salir a esa versión que coexiste, para vivir con ella una experiencia ¡Ahhh que delicia es para una señora gozar de un helado de pistache acompañada de su niña interior!
Las señora de hoy, somos diferentes de la señora de ayer, y lo seremos a las de mañana.
No obstante, a pesar del tiempo y la distancia, nos atraviesa el mismo verdugo,
ese que se quiere sentir conquistador de nuestro territorio.
Algunas somnolientas andan los caminos de la luna,
otras hechiceras y brujas, luchan por el despertar.
Las señora de hoy, reivindican la palabra
y la conquistan para habitar espacios negados.
Las señora se convierten así en legión de mariposas,
y vuelan lejos a conquistar mundos inexplorados.
Espacios technicolor para los capullos listos para florecer,
y endulzar los ocasos de las ancestras.
Las señoras del mañana,
serán las grandes libertadoras,
y su conquista descansará sobre
las señoras de antaño y las de hoy.
Entonces todas estaremos libres del yugo opresor
que nos quiere, nos busca, nos exige:
señoras reducidas
cansadas
cojas
lentas
sin sonrisa.
[Tercera *pausa* | aclaramos la voz]
Soy señora y a mucha honra.
No me da miedo expresarlo
me sienta bien serlo
no cambio mi postura, ni mi vida
ni el camino recorrido,
ni mis penas, ni mis alegrías.
Ya mis curvas me recuerdan cada día
de que buena madera estoy hecha.
ya no me vengo abajo con las opiniones
y críticas ajenas
se que están fuera de mi barda que me protege
ya disfruto los silencios
mi ser
mi presencia.
He aprendido a habitarme
sin necesidad de aprobación externa
me gusta ser yo
me gusta ser señora
y a toda honra lo soy.
Sexto acto | Caminar en sincronía
Nos llamaron señoras antes de saber quiénes éramos.
Pero ahora nos nombramos juntas,
con voces contundentes
y con estos cuerpos que aprendieron a sentarse como les da la gana.
Hemos domesticado la culpa.
La tenemos echada a nuestros pies,
como otra perra vieja
que ya no muerde nuestras decisiones.
No venimos a pedir lugar.
Traemos nuestras sillas, nuestros versos y nuestra música.
Y si hay silencio, cantamos.
Y si hay ruido, también.
Sabemos que el deseo no tiene fecha de caducidad,
que el gozo no es pecado,
y que la edad no es excusa para dejar de incendiar el jardín.
Queremos bailar y escribir por siempre.
Porque en el movimiento y la palabra
hemos encontrado casa, fuego, testimonio
y salvación.
Señora, señora, señora,
un saber, un ser construido,
tejido de rezos, de invocaciones profundas,
duelos por lo que fue,
por lo que pudo,
por lo que será,
pero NO MÁS,
somos y estamos en el hoy,
olanes al viento,
medias, maquillaje, o lo que se nos plazca,
el rojo intenso en los labios,
rojo pasional,
pasión construida, sabida,
enarbolada entre los decires,
los deberes, los placeres,
el gozo de ser mujer,
de ser SEÑORA,
sin aparentar, sin juzgar, solo SER.
(
/ ser señora o inseñora cambiando los paradigmas / centrando la magia en el femenino de la cuerpa / tiñendo banderas de espacio con palabras encendidas y mareas en los ojos / inseñora capaz de transformarse / imantar la naturaleza enraizada en el bosque creciendo con uñas y dientes exponenciales a la rabia de llamarse, asumirse femenina, grande y presente /
/ no / no te equivoques / ser señora no es sinónimo de decrepitud ni de olvido / no es fracasar / es mirar hacía oportunidades de una vida sin igual / en la cuerpa de una inseñora los colores más vibrantes destellan ondas electromagnéticas que mueven el viento y los mares / ser señora o inseñora es sinónimo de potencial y energía con ritmo fiero y profundo /
)
