Paulamaría | Minificción

Barreras del lenguaje/1

Estábamos en su piso cerca de la Plaza Einstein. Me preguntó qué música me gustaba escuchar. Tomé su teléfono, abrí la aplicación de Youtube y puse la canción “Métele”¹  de Buscabulla. Le comenté que me gustaba la música alternativa o indie, como prefiriese llamarle. –“¿Qué significa ‘bellaco²’?” me preguntó con su acento francófono mientras bailaba. Le dije que “estar feliz”. –“Pues, estoy bellaco” dijo. “Bellaca”, le corregí. Sonreí. Ella estaba bellaca y yo estaba feliz.

 

 

Barreras del lenguaje/2

Celia Wong, la señora que atiende el colmado cerca de mi piso, lleva más de veinte años en Granada. Fui en plan de pedirle disculpas porque ayer estúpidamente le comenté que no me dijera guapa si no me iba a mirar a los ojos. En cambio, hoy, le dije lo guapísima que se veía mientras la miraba a los ojos. Wong y yo comprendimos en esta tarde que los abrazos se sienten de tantas maneras.

 

 

La quenepa de mi abuela

En la visita sabatina a la casa de mi abuela, se narran las pequeñas complicidades contra el sistema capitalista. Tati, mi abuela, narra la odisea de empacarle una fruta para enviar por correo a su hermana menor, porque aún quedan afectos que solo el correo postal sostiene. Narra en detalle su pequeño delito; se supone que el envío postal de esa fruta está prohibido. No le culpo su pequeño crimen, yo también le mandaría a mi hermana cualquier pedazo de paraíso que quepa dentro de una caja de correo postal.

 

 


Paulamaría (Caguas, Puerto Rico). Es arquipoeta lúdica, estudiante de arquitectura, historiadora del arte, practicante de la crítica de arte y curadora de exhibiciones; en otras palabras, le cuesta elegir una sola pasión. Habita con la misma naturalidad un plano que un verso y sospecha que ambos se dibujan mejor con lápiz y café. Investiga el urbanismo feminista porque está convencida de que las ciudades deberían cuidar tanto como impresionan. Le gusta perderse caminando, aunque insiste en llamarlo “site visit”. Cree que las aceras son archivos, las plazas son escenarios y las esquinas siempre esconden una buena historia. Si entra a un museo, probablemente salga con más preguntas que respuestas; si entra a una ciudad, también. Colecciona libros, libretas y fotografías de detalles urbanos que casi nadie mira. Tiene la extraña habilidad de convertir una conversación casual en una discusión sobre arquitectura, arte o Pokémon. Sueña con ciudades que se lean como poemas y con poemas que puedan habitar/se como ciudades. Mientras tanto, sigue dibujando, escribiendo y curando ideas, convencida de que la curiosidad también es una forma de construir. Formas de matar una ausencia (2016, La Impresora) es su primer poemario.

 

 

¹ https://youtu.be/OJ6WgRiqoO4?si=8ddzoH47qUGe9jCr

² https://dle.rae.es/bellaco

 

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