Por Nora, Cristy, Danae, Ixchel, Victoria, Diana, Nat, Gloria, Priscila, Laura, Celia y Ximena
En medio de la noche que acontece al mundo
en la injusticia
soy voces de agua fría
el río que divide el pueblo.
El resto del tiempo es difícil creer en tanta enfermedad,
aplicarte todos los remedios no evitará que despiertes
que abras los ojos
y descubras las heridas que sangran,
día y noche, sangran.
Ofrezco a cambio la sed
el odio insospechado que moldea esta hora
y esta rabia…
Sé de un poder para mostrar la verdad descarnada
una potencia de la lengua que también sangra
y escupe las cosas que nadie había querido
ver, escuchar, sentir, alumbrar con los ojos abiertos,
enrojecidos de tanto velar la vida
que se escapa
ojos que arden en la llama de la injusticia
en la boca abierta de la burla
y el grito señalador del inocente
Yo, que acontezco entre la tierra
Sangro por 5 días y no muero
porque la sangre en mi cuerpo de mujer
es más vida que muerte
sangro como sangra la tierra en las minas
donde se pierden jornales
no personas
no rostros, ni ojos que miran a sus hijos
que duermen los sueños del mañana
Pero mi sangre sostiene la vida
la entiende en su compleja existencia
que anuncia un fin o algún inicio
sangro y esos días la vida mancha mi calzón
mis piernas y el azulejo del baño
no me escandaliza porque somos viejas conocidas,
compañeras del dolor.
Pero entre tanta sangre hay otra que es distinta
La sangre del obrero mancha la tierra
no la inexistente conciencia del patrón,
como si el mundo quedara intacto
superficialmente conmovido:
sólo son jornales,
brazos fácilmente repuestos
ausencias indiferentes para algunos
heridas profundas de los pueblos en lucha
menos que rocas enmudecidas
cráneos aplastados entre la tierra
ideas que no ven la luz porque aquí
sólo se habita la oscuridad
ideales muertos a manos de la riqueza
y el poder de los desconocidos
Pero Yo, otra vez yo
neciamente
En los cuerpos de otros
me encuentro a mí misma
Viento, agua y fuego
como parte de la propia naturaleza
levanto el vuelo y muestro
mis llagas, mi sangre, mis heridas
que encuentran cabida en las raíces
que van y arrastran la indiferencia de las minorías
Me sale la bestia
engendrada
de mis memorias
por la tierra que crece
A veces seca, a veces inflorescencia repleta
Con espinas y jazmines
Reverdezco siendo montaña
alimentada por el fuego interno
de quienes nos acompañamos en el llanto
y seguimos el camino aferradas a la memoria
de quienes han sido asesinados
Pero llega el día en que esperas con ansias
el abrazo eterno que ofrece la tierra
esperas oculta detrás de las letras para que un otro
te desentierre
La palabra, igual que el cuerpo, queda escindida
¿Para dónde ver?
Lo colorido se apagó y sólo sobrevive el rojo
Noto un gesto de desprecio y le soplo para lanzarlo lejos
Ahora flotan en el aire gotas carmín
Abajo yacen charcos de sangre obrera, minera, campesina
Las vidas que no valen nos saludan
con los pulmones y corazones destrozados
con gargantas quemadas de tanto grito
que es desoído
Quisiera no verlo, no quiero verlo
Mis ojos se sostienen paralizados ante la sangre
Es que las venas de esta América Latina no pueden parar
Cae uno, cae una, rueda uno, rueda otra
Los espíritus descartables gritan en las noches vacías y frías,
a pesar de la amenaza y la mordaza
resistir, renunciar a ser silencio
aunque la vida se vaya en ello
Llaman a la puerta traen los restos quemados de las costureras
El patrón les pidió que se pusieran la camiseta -de fuerza-
Cuerpos achichinados, dientes al aire
Complacer y sonreír
Obedecer y olvidarse del cuerpo
Reír por fuera a pesar del llorar interno
Las uñas manchadas
Un rasguño en la cara
“Perdimos a Ernesto”
Gritaban
-¿Quién era ese hombre?
-Un Don Nadie
¿Quién soy yo?
Carne, sangre, hueso
Nervios que queman
Sigo aquí y precariamente me digo:
“También soy una Doña Nadie”
En mi sangre encuentro el palpitar
ahí está la reafirmación de mi ser
y prefiero derramarla en la lucha
que ser indiferente a los dolores míos
que son los de todxs
Mis ojos rojos delatan mis noches despierta
una araña me confirma estar viva
Mi cantar es amargo como la noche derrotada
veíamos los soles anunciando el principio y el fin
De eso no queda nada, solo la negrura inacabable de las entrañas
¿cómo encontrar lo que nunca estuvo?
Una piel, una mano,
compasión
justicia
En la tierra buscamos lo que nos falta dentro
solo hambre
solo abandono hallamos
Perforamos las montañas sin sueños de mañana
somos brazos, fuerza, músculo desgarrado
cuerpo sobre la ola del tiempo
Aferrados a la memoria nuestras heridas resuenan
somos los que caen, los que gritan
hijas e hijos de la tierra,
nosotrxs somos lxs que no importan.
