Poesía colectiva: después de leer a Clementina Suárez

 

Por Gloria, Danae, Ixchel, Cristy, Priscila, Victoria, Laura, Diana, Nat, Celia y Ximena

  

I

Hábito este cuerpo tan mío

tan conocido por mis manos

por mis ojos y mi pasado

siempre he sido ésta

bajo esta piel

 

por los pájaros que han venido

con su canto alejado

que a veces siento ajeno

desconocido

 un aliento

me exige volver a existir

cuando el mundo externo reclama

mi presencia

decido ponerme a desentrañar la vida

a ocuparme

a gastar horas enteras

reconociendo

el cuerpo donde me significo

donde soy y respiro

con él acontezco entre aves

que prestan su canto a mis oídos

escucha intermitente de futuro

y de presente desolado

que recibo con el pecho abierto

 

Entonces todo se suscita:

saberme madre de creaciones

de naturaleza y de mares

mi cauce, mi río rojizo,

mi línea segura que resiste

en mi existencia junto a otras

junto a todas

la vastedad que viene con el alba

para atesorar raíces y alas

que soy yo misma

He sabido descubrir

que mi lugar de persistencia

se crea no sólo con la mente

con el vientre, el alma y el pecho

que abrí con mis propias uñas

para reconocer la respiración

con la que me extiendo

me vuelvo enredadera

También alumbra mi ser, mi boca

estas manos con que resisto

he dado a luz palabras que escapan jugueteando

saltan de la pluma

desafían la hoja dorada

con palabras que exploro y desconozco

que quise borrar y alcanzaron vida propia

volaron

libres a la esperanza

que todavía

se postra sobre mis pesadillas

Pero otras veces

soy brinco, quiero brincar

alcanzar las copas de los árboles

andar

sin sentido, sin saber nada

pajareo los terrenos desconocidos

Diviso a lo lejos mi presencia solitaria

me desprendo de mis ojos

pero mi sombra

lejana acompaña a otras

 

¿qué salto daré primero?

-esa es la duda

que me acecha constante

que me agota y me hiere-

si mis fuerzas están conmigo

y no tejidas ya en todos lados

y no desapegadas a mi cuerpo

Dicen que el ayer sólo trae incertidumbres

un pasado que agota las formas posibles

de mi calma,

que ya no existe,

como un pequeño insecto

se ha transformado en nada

cáscara seca su presencia

caparazón oxidado

alas rotas

arenosas

 

El tiempo no espera la factura de los días

madruga para asomarse a la ventana

desconozco la cuenta de sus días

he pagado el doble cada vez que le miro

el reloj que habita mi ternura

es de roble y sin manecillas

gruesa capa ahora ya impenetrable

mi armadura caminante

que me mantiene

rodando en mi mismo eje

 

II

Y Mañana…

Mañana ya no verás mis ojos o quizás sí

-se suman dudas-

Seguiré habitando este espacio

¿cuál espacio?

ahora estaré

bailando sobre la esfera de carne ardiente

la que quisiste apagar con saliva espesa

Esta brisa de tus ojos callados y tu vientre solitario

de tu risa furtiva

y tus emociones apagadas

De este azul blancuzco y estas tormentas

montañas lejanas

con el verde amontonado

manchas naranjas indescifrables

Puede también que haya otros futuros

aunque

quizás ya estaré muy lejos

convertida en gaviota

seré viento y habitaré

con mis ojos colgados sobre las nubes

caminando otros senderos

donde la vida es hermana de la muerte

donde lo real se mezcla con lo imaginario

y no hay temor a la salida

pero sí más dudas

 

¿por qué no decidimos cuándo ni cómo venir?

 

 

 

III

En medio de tanta incertidumbre

                                del presente

gozamos la vida y el deseo:

ojalá podamos elegir

cómo y cuándo nos vamos

y que sea

       digno

       luminoso

convertidas en camino líquido

en memoria

que no se quede quieta

que permanezca

 

Aun así…

hay un dolor que me colma,

una sustancia que supura por los poros

porque los ojos se han resignado

cuando la luz aparece

ante la sangre que los ha cubierto.

Dolor de múltiples rostros

cuerpos cercanos, cálidos

más humanos que sus leyes

sus dichos

más cotidiano que la vivienda,

tan profundo como el hambre

pero tan fuerte como el colectivo,

fuego abrasador de corazones,

esperanza de sabernos refugio ante la voracidad

permanencia de la voz de todxs, que es propia

que es unísono

que ni la muerte le pondrá silencio

 habrá de enaltecerla, es bien sabido

ante el recuerdo que

afuera hay una guerra,

adentro cuerpos que quieren

vivir con justicia

con dignidad

porque no queremos nada que los y las pobres no tengan

nada merecemos que no merezca también

cada ser vivo

   nos merecemos suficientes

   nos merecemos dignxs

así

todos los seres del mundo.

Vivir en plenitud para irnos plenas

llenas de lucha, de rabia

y en medio de todo: la ternura

ojalá escuchando gemidos en vez de balas

ojalá empapadas en sudor y no en sangre

ojalá sin lamentos en el espacio

en la vida

y en la muerte

erguidas

 

 

 

 

 

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