“Too much”
Por jaazia
Parece que hoy en día es más sencillo hablar sobre las relaciones. Los discursos progres y los feminismos nos han dado herramientas para cuestionar la idealización del amor, la formas de vincularnos y el contexto en el que lo hacemos. O al menos eso pareciera.
Sin embargo, al hacer un breve repaso de mis propios relatos y los de mis amigas, me tropiezo con la misma piedra: la incomodidad y la inseguridad de ser “demasiado”. ¿Somos personas muy demandantes o con estándares imposibles? ¿Pedimos mucho o simplemente somos mucho? o ambas cosas, lo cual resulta, por supuesto, too much. Me resulta fascinante cómo, como humanidad, damos por sentado que el mundo está poblado por personas que sienten y piensan, con sus propias complejidades y contradicciones. Y, sin embargo, parece que se nos olvida constantemente. Estamos tan ensimismadas en nuestro propio sentir/pensar —nuestras necesidades, expectativas, traumas y deseos, siempre los propios— que olvidamos que frente a nosotras existe una otra, igual en humanidad, pero distintas historias.
Creo que la nueva serie de Lena Dunham, Too Much, retrata este proceso de manera tan entretenida como incómoda. Aunque tengo una larga lista de series y pelis para ver, fue gracias al análisis de Nati Maldini sobre la obra de Dunham (en su canal de youtube, que uso y recomiendo) que decidí verla inmediatamente, como ella dice: “la serie no es sobre amor, es sobre traumas”.
Too much, a primera vista, podría parecer sólo una comedia romántica adaptada a nuestros tiempos con una bajada progre y feminista. Pero es mucho más. Narrativamente es una deconstrucción del género, equilibrando humor ácido e incomodidad. Usa flashbacks emotivos, recursos visuales contemporáneos (como el video vertical) y refleja con crudeza la omnipresencia de las redes sociales. Suma un soundtrack impecable, referencias a comedias románticas clásicas, particularmente inglesas, actuaciones espectaculares y un elenco brillante. Además, es autoconclusiva, aprovechando a la perfección el formato de miniserie.
Como si esto no fuera suficiente para maratonear los 10 capítulos en un fin de semana, lo más potente está en su discurso. Dunham mantiene su línea feminista y disruptiva ¿quién podría escribir sobre la complejidad de las personas? ¿sobre la complejidad de vincularse después de los 30? ¿un varón heterocis? no lo creo. Con esto no quiero decir que es igual a Girls, pero hereda su ADN.
La serie retrata a una mujer y sus problemas por ser demasiado; lidiando con sus propias expectativas, idealizando lo desconocido, buscando desesperadamente la validación y la conexión con las otras y otros, abusando de una sinceridad brutal y cargando con su propio caos. Explora cómo las diferencias culturales y de crianza nos construyen como personas y moldean nuestra forma de relacionarnos —parejas, familia, amistades o trabajo—.
Personalmente, disfruté mucho la serie, no sólo por su calidad audiovisual y el chusmerio detrás de la producción (está basada en la historia real de cómo Lena conoció a su actual marido y ambos coescribieron la historia). Sino también, porque, como dice Maldini, es una historia sobre traumas. Me cuelgo de esta lectura y la amplío, sí, es sobre traumas y de cómo lidiamos con ellos (como el consumo problemáticos de sustancias), la constante inseguridad de repetir los mismos errores y la pregunta de si alguien está dispuesto a acompañarnos a lidiar con estos traumas, por muy densos o superficiales que sean ¿es algo que se pide? ¿es algo que se ofrece?
También narra que todo puede ser Too much: la vida familiar, el trabajo, las relaciones sexo-afectivas, afectivas, la impotencia de no alcanzar las propias expectativas en lo personal o en lo profesional; la vida adulta en general es excesiva y abrumadora.
Para mí, la serie fue graciosa pero incómoda, especialmente en su presentación de personajes. Y ahí reside su mayor acierto, refleja perfectamente lo que significa conocer (para más adelante convivir) a alguien o algo nuevo: incomodidad.
En un mundo donde los discursos masivos abusan cada vez más de la superficialidad, reduciendo incluso los vínculos humanos a productos de consumo, Too much emerge como un recordatorio necesario. La serie nos devuelve a las complejidades de lo humano, somos seres construidos por las historias que nos contaron y que vivimos. Nos muestra la locurita que podemos ser, con toda su mierda y sus debilidades. Sin justificarnos, pero explicándonos; no para empatizar, pero quizá entendernos. Dejando siempre abierta la posibilidad al cambio o, en todo caso, a la aceptación.
Por eso, queridas lectoras, no sólo les recomiendo ver esta serie para que pasen un buen rato, las invito a cuestionarse cómo se están vinculando, y que se permitan afectar por estos vínculos afectivos. Pero qué sé yo, yo sólo hablo porque hablar es gratis.
