Mientras hablar sea gratis

Por jaazia

 

“La escritura (uno)”

Una vez más vengo con más preguntas que respuestas. He pensado mucho en la escritura, en su transformación con el paso del tiempo, el peso o la importancia que tiene o que le damos y, por último, la banalización y comercialización. La escritura es el factor principal de uno de los cambios de paradigma más grandes en la historia de la humanidad, es una técnica, es un lenguaje. Y me parece que al día de hoy la damos por sentada, la infravaloramos, lo mismo que con el lenguaje oral y el diálogo, no le prestamos atención, está tan inmersa en nosotras y en nuestra cotidianidad que le prestamos poca atención, quizá la mínima necesaria y eso.

La historia de la escritura es larga y tendida (les recomiendo seguir a @linguisticamentehablando divulgadora y lingüista, la escritura es uno de sus temas de interés y está bastante formada en ello), pero más allá de adentrarnos en las particularidades de su historia, me interesa destacar algunos momentos relevantes:

  1. La escritura como técnica, particularmente para la memoria y el conocimiento. Por un lado encontramos la escritura como este registro de la memoria colectiva y, por otro lado, también encontramos la escritura para la transmisión de conocimiento; me parece relevante subrayar que en ambos aspectos siempre fue importante la colectividad, tanto de una manera previa, quiero decir, para la construcción del relato, como en su paso posterior, que es el diálogo o la discusión de lo leído (no me voy a enfocar mucho en este aspecto, ya que la lectura en sí misma tendrá su propia columna).
  2. La literatura. En algún momento de la historia, la escritura además de ser utilitaria o funcional, se convierte en una expresión estética, artística o como la quieran llamar. La consolidación de la escritura como “arte” o expresión artística en donde la técnica incluye interés por la forma o el formato y el contenido.

Estos dos momentos me parecen relevantes porque creo que con el paso del tiempo se nos han mezclado un poco las técnicas, los saberes, los usos y desusos. Y aunque a mí me encanta la mezcla, la hibridación y todo eso, ha llamado mi atención el estado actual de la escritura. Hasta acá todo bien, no quiero adentrarme en el clasismo y racismo dentro de las academias o las grandes instituciones del buen escribir y que se aferran, como perro a su hueso, a la pureza de la lengua y todas esas barrabasadas que por ahora no me interesa debatir, estoy pensando un poco más en la versión más “literaria” de la escritura.

Primero que nada los varones, como siempre, apoderándose del mundo, llegaron los señoros escritores, los poetos, los grandes maestros que llegaron a decir y decidir cuáles eran los temas y las formas de la buena escritura, de la escritura que vale la pena; que vale la pena ser escrita, ser leída, e incluso, publicada y distribuida. Entonces llegaron las feministas, como siempre, las feministas a pensar cosas, esas mujeres que hasta parecen personas porque tienen ideas propias y propuestas ¿Quiénes se creen? Llegaron las feministas a rescatar a un montón de mujeres escritoras que la historia (escrita por varones) invisibilizó por no sé cuántos años, y lo sigue haciendo. Entonces, estas feministas cambiaron el paradigma de la literatura, se recuperaron formas y temáticas que fueron ninguneadas por el simple hecho de que fueron escritos por mujeres y no cumplían con las reglas establecidas de la “buena literatura”. Como siempre, las feministas llegaron a romperlo todo y nos dieron la oportunidad de explorar temáticas y formas para nuestra exploración literaria, sin duda, nos dieron un panorama más amplio. 

Aquí me detengo, un breve paréntesis; sí, hay escritoras (aquí incluyo también a varones) que rompieron los cánones de lo literario, y quizá hasta establecieron otros nuevos, pero estos personajes que transgreden las formas y las temáticas establecidas, han existido en todos las áreas, en todos los campos, durante toda la historia de la humanidad, es importante nombrarlas, pero quisiera descartarlas como factores de cambio, ya que me interesa pensar la escritura en contextos más macro, en contextos más estructurales o sistémicos.

Regresando a lo anterior, de la misma manera en que las feministas cuestionaron los cánones con una clara perspectiva de género, hicieron lo propio otros grupos marginados, oprimidos y vulnerabilizados. La gente negra, los colectivos LGBTQ+, los grupos racializados, la gente trabajadora, etc. Y se amplió más y más el panorama, no sé si la llamaría una “democratización” de la escritura, pero podría ser algo cercano.

Quisiera poner un alfiler a este tema, porque hay un par de cositas que quiero mencionar, pequeñeces que también cambiaron el rumbo de la humanidad.

Tenemos el uso, la masificación y expansión de las redes sociales, desde la llegada del internet hasta nuestros días ha sido una transformación constante y casi imperceptible de un montón de cosas en el mundo. Las redes sociales, quizá como todo, es un arma de doble filo, pero me interesa pensar, primero el internet como un espacio de escritura para cualquiera, quizá personas que en otro contexto no tenía las condiciones materiales o el capital económico ni cultural para la publicación, la colectivización de la escritura para su diálogo o discusión, o la compartición de los sentires y pensares, no más por compartir (como una condición innata de la vida misma, “nadie se salva solo”).

No sé hasta qué punto, como humanidad, nos pasamos dos pueblos, gracias a las redes sociales, particularmente al like, y llegamos al punto tal de creer que todas y cada una de nuestras opiniones tienen que ser dichas, verbalizadas, gritadas, escupidas al ciberespacio, y parece que perdimos cierto decoro de pensar antes de hablar (si es que alguna vez lo tuvimos) y no solo eso, cada vez más y más se pierde la práctica del diálogo, creemos que nuestras opiniones son las opiniones correctas, adecuadas o no sé.

Siguiendo esta línea, viene la segunda cosita, los blancos (incluyo también a las mujeres) la gente blanca tiene un poder místico mágico de arruinar todo lo que toca, no sólo se apropia de las cosas y las hace así como ellos, incoloros, sin chiste, sin ritmo, sin sabor, aburridos; además de eso, lo mercantilizan todo, lo individualizan y lo convierten en un producto de consumo y entonces lo arruinan de nuevo, pero de otra manera.

Hasta aquí me surgen algunas preguntas: ¿qué tan difuminada está la diferencia entre la escritura como el mero registro de la memoria y la escritura como expresión estética o artística? ¿Hay una distinción? ¿Debería de existir alguna? ¿las redes sociales han sido participe de esta difuminación? ¿Por qué esto es conveniente para el capitalismo? ¿Es conveniente para el capitalismo? Dejo estas preguntas para pensarlas, no solo como cliffhanger para la siguiente columna en la que quiero seguir hablando de esto, pero realmente para pensar en qué sigue después o simplemente seguir pensando, o quién sabe, de cualquier manera, yo solo hablo mientras hablar sea gratis.

 

 

 

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